La persona
Miqueas es uno de los llamados “profetas menores”,
contemporáneo de Isaías. Él predicó durante los reinados de Jotán,
Acaz y Ezequías
en Judá. A diferencia de Isaías, que era citadino, Miqueas era
un campesino originario de Moreset-Gat, localidad de la
Sefelá, la fértil llanura
al suroeste de Judá; huyó de allí y se refugió
en Jerusalén por la ocupación asiria.
Miqueas constató los mismos problemas que Isaías,
las mismas injusticias y la misma maldad en Judá.
Fustigó sobre todo a los terratenientes que se aprovechaban
del pobre, y prevé el mismo juicio divino contra el pueblo y
sus líderes, como había anunciado Isaías. El mensaje de estos
profetas es tan similar, que corroboran la gravedad de la situación
de Judá. Su mensaje impactó tanto
a la gente de su tiempo, que sus palabras, animando al rey Ezequías
a emprender la reforma religiosa, serán recordadas por Jeremías
un siglo más tarde (Jr 26,18-19).
El libro
El libro se divide en 4 partes que alternan entre
juicio y esperanza: oráculos contra Israel y Judá
(1,1―3,12), oráculos de esperanza y restauración (4,1―5,15),
juicio contra Israel por sus pecados (6,1―7,7), visión de la
victoria de Dios sobre los enemigos de Israel (7,8-20).
Los capítulos 1―3 comienzan condenando a los
líderes de Judá por sus pecados, anunciando
el día del juicio (1,5): los poderosos usan su posición para arrebatar
las herencias ancestrales a los pobres, que se ven obligados a dejar
sus casas y granjas por la codicia de oficiales cívicos, sacerdotes,
adivinos e incluso otros profetas. La chocante serie de oráculos termina
con una visión en 3,12 en la que Jerusalén es destruida junto con
el templo.
Después de este horrible presagio, los capítulos 4―5
invierten la escena mostrando el tiempo de la reconstrucción de Sión y Judá más gloriosamente que
antes. No sólo brillará Jerusalén, sino que las pequeñas aldeas vivirán
en paz y prosperidad nunca imaginadas, con la condición de que destierren
el culto falso y los ídolos.
Los capítulos 6 y 7,1-7 comienzan con lenguaje judicial:
Dios habla simultáneamente como acusador y presidente de la corte.
Se habla de un juicio contra Israel; Dios defiende su posición y emite
un veredicto acusatorio sobre Israel. Dios siempre ha cuidado de Israel
desde el éxodo; a cambio el pueblo le ofrece muchos sacrificios pero
con los corazones vacíos de bondad y justicia, y esperan que Dios
los perdone y olvide los lamentos de las víctimas de sus injusticias.
Miqueas 6,8 durante mucho tiempo ha sido reconocido como una afirmación
clave de lo que debería ser la alianza: “se te ha hecho saber, hombre, lo que es bueno, lo que el Señor pide de
ti: tan sólo respetar el derecho, amar la fidelidad y obedecer humildemente
a tu Dios”. Ese versículo resume la predicación de Amós, Oseas
e Isaías. Los rabinos que comentaron este versículo en los primeros
siglos de la era cristiana lo llamaron el resumen
en una línea de la Ley entera.
El capítulo 7,1-7 concluye este juicio con un
catálogo de todos los grupos sociales israelitas que corrompieron
sus caminos. Como los profetas anteriores a él, deja pocos grupos
sin tocar. Miqueas termina con una firme resolución de oponerse
a las prácticas y creencias comunes de que “como todo
el mundo lo hace, está bien”. Él mirará sólo al Señor,
confiará únicamente en el Dios que puede salvar y está seguro
de que Él lo escuchará. Este acto de fe concluye las palabras
de Miqueas contra su pueblo e introduce la sección final, una
promesa de Dios de restaurar a Israel tras castigar su maldad
mediante un ataque enemigo. La visión de 7,8-20 ve un nuevo
día del Señor, cuando Dios reconstruirá de la ciudad y la repoblará.
Profetas
del siglo VII a.C. 