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La
Biblia es para los creyentes palabra de Dios
y por ello ha gozado del aprecio y veneración entre los judíos y
los cristianos por encima de cualquier otro libro, pues ha sido
medio de comunicación de Dios con el hombre. Pero al comparar las
diversas Biblias se puede constatar que existen diferencias entre
ellas. Quizás el lector se ha preguntado por qué un cierto número
de libros integran la Biblia y no otros. A lo mejor ha tenido alguna
vez la oportunidad de comparar una Biblia católica con una protestante
y se ha dado cuenta de que mientras la católica tiene 73 libros,
la protestante sólo tiene 66. Todo esto nos lleva a hablar del llamado
canon de las Escrituras.
1.
¿Qué es el canon?
La
palabra canon se deriva del hebreo
hånfq, que significa caña y en sentido
figurado quiere decir fuste o caña de
medir (Ez 40,3), dando la idea de algo firme y recto.
En el Nuevo Testamento (NT) el término griego kanwn significa norma,
principio, regla
(Flp 3,16 en algunos manuscritos; Gal 6,16), o límite (2 Cor 10,13.1516).
Así el término canon viene a significar dos cosas: norma
y lista, Aplicando estos dos sentidos a las Sagradas
Escrituras, tendríamos que canon se puede definir como la lista
de los libros que se consideran inspirados (más adelante
hablaremos de este concepto) y son norma de vida para los
creyentes que los aceptan como palabra de Dios.
Como los libros de la Biblia no fueron escritos
todos de una vez, sino en un largo proceso, así también la lista
de libros inspirados tuvo un largo proceso de formación hasta quedar
en la forma definitiva. En ese proceso intervinieron las comunidades
de creyentes, tanto judíos como cristianos, que utilizaron esos
libros, y al final se fijó la lista definitiva oficial. No hay una
sola lista de libros de la Biblia universalmente aceptados como
inspirados, sino que hay diversos cánones. Cada uno siguiendo ciertas
criterios acepta o rechaza algunos libros de la Biblia.
2. El canon judío
Los judíos tienen su propio canon de las Escrituras.
En algunos pasajes del Antiguo Testamento (AT) hay referencias
a una lista de libros sagrados. Una de las más claras es la del
libro del Eclesiástico, 1,1-2, donde se habla de la Ley, los Profetas
y los otros escritos. Estas 3 partes conforman la Biblia o las Escrituras
de los judíos. El canon judío comenzó a gestarse hacia el s. VI
a.C. y después de un proceso de varios siglos, quedó fijado en el
concilio de Yamne, en la llanura costera de Filistea, por una autoridad
religiosa de 72 ancianos cuando el Rabino Eleazar ben Azarías llegó
a encabezar la Academia de Yamne hacia el año 90 d.C. Los criterios
que usaron para incluir los libros en el canon fue el reconocimiento
de la autoridad divina del libro, la importancia del autor a quien
le era atribuido, su antigüedad y que el libro hubiera sido escrito
en hebreo.
Los judíos llaman TaNaK a la parte hebrea
del AT. Esta palabra se compone de las iniciales de los tres términos
que designan cada una de las partes de la Biblia judía: Torah
(el Pentateuco cristiano), Nebiim (Profetas) y Ketubim
(Escritos). Para las autoridades judías antiguas, estos libros manchan
las manos de todo el que los toca, como consecuencia de
su santidad. Junto a la sinagoga se instituye
la Guenizah, una especie de despensa, anexa a
la sinagoga, para depositar allí los escritos sagrados cuando no
se usaban, a fin de evitar la profanación del nombre de Dios que
se encuentra en ellos.
3. El canon alejandrino
Otro canon importante es el canon alejandrino, que
es el de la traducción de los Setenta (LXX). Este canon acepta todos
los libros del canon judío, pero le agrega otros siete libros: Tobías,
Judit, Baruc, Sabiduría, Eclesiástico, 1 y 2 Macabeos, y algunos
pasajes en los libros de ester y Daniel, que fueron escritos en
griego. Aunque estos libros escritos en griego fueron apreciados
en un comienzo por los judíos hasta el inicio de la era cristiana,
no fueron finalmente aceptados en el canon judío. En el s.XVI se
les dio el nombre de libros deuterocanónicos.
Otro canon menos conocido es el canon samaritano (s. II a.C.), integrado
por el Pentateuco. Ellos no reconocen los demás libros. Originalmente
estaba escrito en hebreo antiguo y los samaritanos hicieron más
tarde una traducción al arameo.
4. El canon cristiano
Desde el comienzo los cristianos asumieron el canon
alejandrino, no el hebreo, pues la única traducción usada por ellos
era la de los Setenta, escrita en griego. Luego le añaden
progresivamente los libros del Nuevo Testamento. San Jerónimo (342-420
d.C.) hizo la traducción de las Escrituras judías del hebreo al
latín y excluyó los libros escritos en griego como no canónicos;
a esto se opuso san Agustín y ratificó la importancia de los libros
escritos en griego en el concilio de Hipona (393). A partir del
s. IV la Iglesia introduce el término canon, para indicar
con él la clausura física del conjunto de libros, integrados
por el AT y el NT. Así se declara que la Biblia, por ser inspirada
por Dios, es normativa en el ámbito de la doctrina y de la fe.
Después de los debates originados por la Reforma
Protestante, el concilio de Trento en 1546 definió dogmáticamente
es decir, solemne e irreversiblemente para la Iglesia católica el
canon de las Escrituras, es decir, la lista de los libros sagrados
o inspirados por Dios. Esta lista incluye 46 libros para el AT y
27 para el NT. Por eso, al comparar una Biblia católica con una
protestante, vemos que esta última carece de los siete libros del
AT escritos en griego que mencionamos arriba, es decir, se ciñe
al canon judío, mientras que la Biblia católica asume esos siete
libros y los considera también inspirados por Dios.
5. Los libros del Nuevo
Testamento
A partir del siglo I d.C. comenzaron a surgir múltiples
escritos en torno a Jesús. Debido al peligro de la herejía del gnosticismo,
se hizo necesario seleccionar los libros que eran considerados por
la comunidad cristiana como inspirados y legítimos. La selección
se hizo con base en dos criterios: 1. Que el libro tuviera origen
apostólico y 2. Que fuera aceptado y usado por aquellas comunidades
cristianas que tuvieron contacto con los apóstoles. No fue fácil
el proceso de selección, pues se discutió mucho la admisión de algunos
libros en el canon del NT. A finales del s. II d.C. ya existía en
Roma el canon o fragmento de Muratori, documento
que contiene la lista de los libros del NT que la Iglesia de Roma
consideraba y aceptaba como inspirados. El canon en la Iglesia oriental
está consignado en la Epístola Pascual de Atanasio de Alejandría
(367 d.C) y en occidente en el sínodo de Hipona (393 d.C.). Posteriormente
se encuentran la carta del Papa Inocencio I (año 405), el concilio
de Florencia (a. 1441) y el concilio de Trento (a.1564), que vuelven
a pronunciarse al respecto y a fijar la lista de los libros inspirados
del NT.
La
inspiración divina de la Escritura 
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