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LA INSPIRACIÓN DIVINA DE LA ESCRITURA
Temas para la catequesis

La Biblia nos habla de las relaciones que un pueblo mantuvo con su Dios a lo largo de muchos siglos, la religiosidad de un pueblo; por eso se trata de un libro religioso. En este sentido no se diferencia de otros libros religiosos. Lo particular de la Biblia es que ella nos presenta a un Dios que toma la iniciativa de comunicarse con su pueblo y quiere establecer un diálogo con él.

¿Cómo ha hablado Dios?

La Biblia nos dice que Dios no quiso quedarse oculto como un Dios desconocido o imposible de conocer. Todo lo contrario, a Él le gusta darse a conocer, manifestando el misterio de su voluntad («El nos ha dado a conocer su plan salvífico, que había decidido realizar en Cristo», Efesios 1,9) y lo ha hecho de diversos modos: lo ha hecho a través de la perfección y belleza de la naturaleza, de modo que al contemplar las obras de la creación, podemos darnos cuenta de su inmenso poder. Nos habla por medio de las experiencias de la vida. También lo hizo por medio de personas escogidas por Él en el AT y al llegar la plenitud de los tiempos, nos habló por medio de su Hijo Jesucristo («Muchas veces y de muchas maneras habló Dios a nuestros antepasados por medio de los profetas, ahora en este momento final nos ha hablado por medio del Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo también el universo», Hebreos 1,1-2), Él es la palabra de Dios hecha carne («Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros; y hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad», Juan 1,14). Jesucristo es el mejor retrato que Dios nos ha dado de sí mismo; su vida y sus palabras nos muestran quién es Dios. Jesús es Dios que se hizo hombre, vivió entre nosotros y mirándolo a Él podemos entender lo que es Dios para nosotros. La Biblia es un importante medio a través del cual Dios se sigue comunicando con nosotros, la Biblia nos habla de Él, del ser humano, del mundo y del plan que Dios tiene para nosotros. A través de la lectura de la Biblia podemos entablar un diálogo con Dios y entrar en comunión íntima con Él.

Biblia, palabra de Dios y palabra humana

La Biblia tiene una doble autoría. Por una parte, Dios es autor de la Biblia, porque Él habló por medio de personas como nosotros; Él hizo que algunos hombres y mujeres escogidos por Él dijeran y escribieran lo que Él quería decir en ese momento. Durante un proceso de varios siglos se redactaron y reunieron esos escritos constituyendo lo que ahora es nuestra Biblia; en ese proceso Dios intervino cuidando de que aquello que era escrito siguiera siendo lo que Él quería decir a los hombres y mujeres de las generaciones posteriores, es decir, se preocupó de que lo escrito en la Biblia siguiera siendo palabra de Dios. No se puede decir que Dios literalmente dictara palabra por palabra a los escritores lo que Él quería que escribieran. Las personas que proclamaron la Palabra de Dios y la pusieron por escrito fueron iluminadas, guiadas por el Espíritu Santo, para transmitir fielmente lo que Dios quería decir, pero al mismo tiempo usaron para esa tarea los propios recursos de que disponían, es decir, su propia voz, su propio lenguaje, su propio modo de expresarse. El autor de la segunda carta de Pedro dice «pues ninguna profecía procede de la voluntad humana, sino que, impulsados por el Espíritu Santo, algunos hombres hablaron de parte de Dios» (2 Pedro 1,21).

Inspiración de la Escritura

La Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II sobre la Revelación Divina, nos dice que «en la composición de los libros sagrados, Dios se valió de hombre elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería» (DV 11). Esto es lo que significa que la Biblia es Palabra inspirada por Dios. El hecho de que Dios se hubiera valido de varias personas para escribir la Biblia, cada una con su propia personalidad y sus propios recursos y cualidades hace que exista tanta variedad en la Biblia. Es un libro verdaderamente humano. Pero a través de esa gran variedad humana nos llega la voz del Dios vivo que hablaba a los hombres en ese tiempo y nos sigue hablando hoy también a nosotros a través de ellos. La Iglesia sostiene que los libros de la escritura, por ser inspirados por Dios, «enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en esos libros para salvación nuestra» (DV 11), y por ello es camino seguro para conocer lo que Dios quiere de nosotros. San Pablo nos habla de la gran utilidad de la Biblia: «Toda Escritura ha sido inspirada por Dios, y es útil para enseñar, para persuadir, para corregir, para educar en la rectitud, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer el bien» (2 Timoteo 3,16-17).

Dios nos habla hoy

Algunas personas creen que Dios habla hoy por medio de sueños o visiones. Normalmente no lo hace. En cambio sí nos sigue hablando por medio de la Biblia. Ella puede parecer a algunos un libro anticuado, para ser conservado en un museo, pero no lo es de ninguna manera. Los cristianos creemos que la Biblia sigue siendo válida hoy por varias razones:

1) Porque Dios está vivo, Él que creó cuanto existe e iluminó a los escritores sagrados que escribieron la Biblia nos sigue hablando hoy a través de la Escritura, porque quiere seguir en comunicación con nosotros;

2) Porque Dios es fiel y veraz, y por eso tanto Él como sus palabras son de fiar. Él no nos engaña y su palabra es “lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino”, si la interpretamos correctamente bajo la guía de la Iglesia. En la Sagrada Escritura podremos encontrar la verdad sobre Dios, sobre nosotros mismos, sobre el mundo y sobre el modo como tenemos que vivir para ser santos;

3) Porque así como escogió a Israel como su pueblo escogido, así también Él nos eligió en Cristo, nos hizo sus hijos adoptivos y por ello tiene derecho sobre nosotros y espera nuestra respuesta. Por eso, al abrir la Biblia y al leerla, estamos escuchando la voz de Dios que nos creó y nos habla con autoridad a través de ella y sabe lo que más nos conviene para ser plenamente felices.

La verdad de la Escritura

Por ser inspirada por Dios, que es veraz y no engaña, la verdad es una de las características de la Sagrada Escritura. Pero hay que tener en cuenta que ella no enseña verdades históricas y científicas tal como las entendemos hoy, sino las verdades referentes a nuestra salvación (cf. DV 11). Por eso no se puede leer la Biblia como una enciclopedia, ni como un libro de historia o de ciencias naturales. Los que lo hacen cometen un grave error y la malinterpretan, haciéndole decir cosas que no pretende decir. La Constitución Dei Verbum en el No.12 nos enseña la manera correcta de interpretar la Escritura: entre otras cosas nos dice que para hacerlo, es necesario leerla e interpretarla “con el mismo Espíritu con que fue escrita” (de hecho la Biblia fue escrita por personas de cultura y de mentalidad diversa y en una época completamente distinta de la que estamos viviendo nosotros), teniendo en cuenta el contenido y la unidad de toda la Escritura, la Tradición viva de la Iglesia y la “analogía de la fe”. La Iglesia como custodia de la Palabra de Dios, la interpreta y la enseña guiada por la acción del Espíritu Santo. Por eso, no es correcto interpretarla según nuestro parecer, sino ateniéndonos dócilmente a la manera como la Iglesia la expone y la enseña con autoridad.

La Biblia, libro prohibido? (primera parte)

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