La persona
Isaías es uno de los más grandes profetas bíblicos.
Aunque gran parte de su vida estuvo inmerso en problemas políticos
― cuando el Reino de Israel estaba por caer en manos de Asiria
― su mensaje sigue siendo muy actual. Desarrolló su ministerio
en la segunda mitad del siglo VIII a.C., en Jerusalén durante el reinado
de Ozías, Jotán, Acaz
y Ezequías. Nacido hacia el 760 en una familia
aristocrática, fue un hombre culto y cercano a círculos de sabios
y de funcionarios reales. Exhortó a Judá,
asediada por el ejército asirio, a confiar sólo en Dios y a conocer
sus caminos. Una leyenda judía tardía recogida por la obra apócrifa
La Ascensión de Isaías, narra su
martirio bajo el reinado de Manasés, quien
lo habría aserrado por la mitad.
El libro
El libro de Isaías es muy largo: consta de 66 capítulos.
No se puede atribuir a Isaías en su totalidad, sino que hoy se distinguen
en él tres partes, correspondientes a tres períodos sucesivos, que
van desde el siglo VIII al V a.C.: el primer Isaías (caps. 1-39) que contiene oráculos de esperanza y de juicio
divino contra Judá y otras naciones, data
del siglo VIII y fue compuesta en parte por Isaías y en parte por
sus discípulos; el segundo Isaías (caps.
40-55), llamado el “libro de la consolación” data de finales del exilio
de Babilonia (siglo VI) y contiene la predicación de un profeta anónimo
sobre el tema de la salvación: anuncia que la liberación de Judá
está próxima. Finalmente, el tercer Isaías (caps.
56-66) es obra de varios autores posteriores al exilio. Denuncia los
pecados del pueblo elegido y evoca la restauración de Jerusalén. Intima
a Israel a defender el derecho y la justicia, porque la salvación
divina está por manifestarse. Las tres obras fueron organizadas por
un redactor final.
El mensaje
Su experiencia vocacional lo hace constatar la indignidad
humana ante la santidad de Dios. Anuncia la grandeza de Dios,
Señor del mundo y de la historia, y la necesidad de proclamar
su gloria al universo entero. Uno de sus temas principales es
el de santidad o trascendencia de Dios. La fórmula “Yahvé,
el Santo de Israel” está presente en todo su libro. Ahora
bien, la opresión de los débiles es una ofensa a la santidad
de Dios; por eso, Isaías habló con fuerza de la justicia social
estrechamente ligada a la santidad divina. Su mensaje abarca
dos grandes puntos: la cuestión social, al inicio de su actividad
y la política, a partir del 734. En su denuncia social fue influido
por el profeta Amós. Critica a la clase dominante por su lujo
y orgullo, por su codicia desmedida y sus injusticias, y denuncia
el que estas injusticias quieran compaginarse con una vida “religiosa”
centrada en el culto (‘el que peca y reza empata’).
En su postura política recuerda al pueblo que las promesas de
Dios a David y a Jerusalén exigen como respuesta del pueblo
la fe sólo en Dios y no en las seguridades humanas. Isaías con
su predicación pretendió convertir a sus contemporáneos. Sus
denuncias sociales, sus críticas a autoridades y jueces buscan
un cambio de conducta: “Dejen de hacer el mal, aprendan
a hacer el bien. Busquen el derecho, protejan al oprimido, socorran
al huérfano, defiendan a la viuda… Si obedecen y hacen
el bien, comerán los frutos de la tierra; si se resisten y son
rebeldes, los devorará la espada” (Is 1,16ss).
El
profeta Miqueas 