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El profeta Oseas
Temas para la catequesis

La persona

En torno al 750, cuando Amós terminaba su ministerio, profetizó en Israel Oseas, hijo de Beerí, originario del Reino del Norte; él fue testigo de los mismos males que vio Amós en Israel (injusticia social, idolatría, olvido de Dios, falsa seguridad religiosa…), porque predicó al final del ocaso del reinado de Jeroboam II. El año 745 a.C. sube al trono de Asiria Tiglatpileser III y reinará hasta el 727; con él, Asiria empieza a extender su supremacía hasta el Mediterráneo mediante su política de intimidación. Los años de bonanza para Israel desaparecieron, pues terminó pagando vasallaje a Asiria (cf 2Re 15,16). Los reyes sucesores de Jeroboam II se sucedieron por golpe de estado y desarrollaron una política imprudente, que llevó a la destrucción del reino del Norte en 722/1 a.C.

En los tres primeros capítulos del libro, se describe el drama familiar vivido por Oseas con la infidelidad de Gomer, su esposa. Ese engaño le sirve al profeta para leer la situación de infidelidad de Israel para con Dios que viene desde la misma salida de Egipto. Dios es el esposo fiel e Israel es la esposa que, lo abandona para irse con otro (Baal) o con otros (Asiria y Egipto) desconfiando de Dios. Del matrimonio de Oseas con Gomer nacieron tres hijos: dos niños y una niña, a quienes puso nombres simbólicos para mostrar el rechazo de la infidelidad de Israel.

 

Fe separada de la vida

En tiempos de Oseas, la vida religiosa del reino estaba contaminada por el baalismo. Esperaban que Baal fecundara el suelo y para ello adoptaban rituales cananeos como la prostitución sagrada y ritos de fertilidad, o bien, atribuían a Yahvé las mismas funciones de los baales cananeos. La moral estaba divorciada de la práctica religiosa: sólo se preocupaban de ofrecer oraciones, ofrendas, ceremonias pomposas con las que creían contentar a Dios y lo que él quería era que se convirtieran y siguieran sus caminos, practicando el derecho y la justicia y que el culto estuviera respaldado por una vida santa. Yahvé siguió siendo el Dios de Israel, pero quien satisfacía las necesidades primarias era Baal. Es una religión muy moderna, pues hoy mucha gente se considera creyente pero su vida moral es peor que si Dios no existiera, al margen de Dios. ¡No quieren que Dios les diga cómo tienen que comportarse pero, eso sí, le piden que les dé de todo! Oseas dirá que Yahvé es un Dios que no permite competencia de ninguna clase.

 

El mensaje de Oseas

Denuncia las injusticias y la corrupción reinante (4,1-2), critica la superficialidad y falsedad del culto (6,4-6; 5,6), condena durísimamente la idolatría que tiene dos vertientes: cultual y política. La cultual es la adoración a Baal, con sus ritos de fecundidad (4,12b-13; 7,14b; 9,1). La otra vertiente es la política: en esa época tan convulsionada, Israel busca la salvación fuera de Dios, en las alianzas con Egipto y Asiria, las grandes potencias mundiales del momento, que ante Israel aparecen como nuevos dioses capaces de salvar. Israel se va tras ellos olvidando a Yahvé. Con la idolatría contravienen el primer mandamiento.

Otra imagen usada por Oseas para describir a Israel es la del hijo rebelde, que desobedece a su padre (11,1-12). Oseas nos permite acercarnos al corazón de Dios y descubrir que es ternura y misericordia, que sigue amando a Israel a pesar de que no se lo merezca (11,7-9) y no se cansa de llamarlo a la conversión. Israel por su parte no le hizo caso y se precipitó a su ruina en manos de Asiria. Vale la pena leer el libro con un comentario bíblico para conocer la historia.

 El profeta Isaías

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