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PROFETAS DEL SIGLO VII A.C.
Temas para la catequesis

Contexto histórico

En el siglo VII sucede un gran cambio respecto del anterior, que fue el siglo de oro de la profecía en Israel. El Reino del Norte había caído en manos de Asiria y Judá había quedado sometido a tributo por la imprudente decisión del rey Acaz durante la guerra siro-efraimita (734 a.C.). La primera mitad del siglo VII estuvo dominada por el reinado de Manasés (698-642), el reinado más largo de la historia de Judá (55 años). El autor deuteronomista califica su reinado como el peor de los reinados de Judá (2Re 21,1-18). Reedificó los altares y santuarios paganos que su padre Ezequías había derribado, derramó mucha sangre inocente y una antigua tradición rabínica dice que él martirizó a Isaías aserrándolo por la mitad. Permaneció tanto tiempo en el poder no sólo por su política tiránica sino principalmente porque era un fiel vasallo de Asiria y no le importó desangrar a Judá con tal de pagar el tributo para mantenerse a toda costa en el poder; como dijo años atrás un mal gobernante nuestro, “aquí estoy y aquí me quedo”.

Figuras proféticas

A diferencia del siglo anterior, es curioso que durante la primera mitad del siglo VII no haya noticia de un profeta destacado de la talla de Amós, Oseas, Isaías o Miqueas. Durante el reinado de Josías (640-609), aparecen tres figuras proféticas importantes: Nahúm, Sofonías y Jeremías. El tema dominante del libro de Nahúm es el anuncio del juicio divino contra Nínive y la caída de la ciudad (Nah 3,18-19). De hecho, Nínive fue destruida en el 612, tras un ataque continuo de la coalición de medos y babilonios. El breve libro de Nahúm, de sólo 3 capítulos, es uno de los más coloridos del AT con su descripción del feroz asedio babilónico a Nínive y contiene en su mayor parte ira y odio sin compasión contra Asiria. El primer capítulo describe a Yahvé como guerrero castigando a  los idólatras y librando a Judá de sus enemigos; el segundo describe la batalla contra Nínive y el tercero mezcla escenas de batalla con las razones de la ira de Dios.

Aunque es uno de los más emocionantes del AT, el libro de Nahúm es más bien misterioso. No sabemos nada de su autor, salvo su nombre; no nos da detalles personales ni un mensaje consolador sobre el Dios de la alianza y su misericordia. Su carácter unitario indica que todo el libro fue escrito o proclamado en un solo momento, quizás como un largo poema, durante alguna fiesta en el templo. Tiene la forma de maldición de batalla, que era parte del mensaje profético en muchas naciones antiguas: antes de una batalla, el profeta pronunciaba un oráculo de fatalidad contra la nación enemiga y uno de esperanza para el pueblo, para elevarles la moral. En este caso, la descripción de la caída de Nínive es tan clara que Nahúm posiblemente habló muy cerca de la fecha del evento, entre el 615 y 610 aproximadamente. Por su fuerza y su profunda confianza en la protección de Dios, las palabras de Nahúm fueron preservadas e integradas a los libros proféticos, para que las generaciones posteriores supieran lo que Dios había hecho y aprendieran a confiar en él, como lo hizo Nahúm.

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