| Los frutos del espíritu en la vida del catequista
«El fruto del Espíritu es caridad, alegría, paz, comprensión
de los demás, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí mismo.»
Gálatas 5, 22
El
tiempo de Pentecostés es un excelente momento para revisar nuestra
vocación y práctica de catequistas.
Ser catequista es anunciar la Palabra de Jesús, dar testimonio
del Evangelio, y enseñar a los demás con nuestra palabra y nuestra
vida.
El origen de la palabra catequista es «hacer resonar». Siempre
que pregunto en los talleres de espiritualidad del catequista,
con qué imagen asociamos este significado tan motivador des ser
catequista, me responden «con una campana». En nuestros días se
escuchan pocas campanas, pero si andamos en este mundo podremos
recordar campanas que escuchamos sonar.
Yo me acuerdo mucho de dos:
-
La campana del colegio... Señalaba el comienzo (¡alegría!)
del recreo, y también su finalización (no tanta alegría...)
- La campana de la parroquia... Marcaba las horas
del día y sonaba con fuerza antes de cada misa dominical llamando
a la comunidad.
La campana era una señal, con su tañido nos hablaba de otra
realidad más importante y trascendente que su sonido mismo.
Ser catequista tiene mucho que ver con ser campana. Nuestro
sonido (nuestra vida, nuestra palabra) debe ser capaz de evocar
algo más importante que nos trasciende: la Palabra de Dios, el
encuentro con Jesús.
El sonido de la campana es signo... y también
lo es nuestra misión de catequista. Signos de la vida nueva a
la que Dios nos invita, signo de la compañía de Dios que camina
a nuestro lado-signo de la comunidad que nace en torno a la palabra,
a la oración, a la enseñanza, a los sacramentos, al compartir.
El catequista vive animado por el Espíritu
de Jesús, pide su guía y su aliento para er fiel a su misión y
poder anunciar el Evangelio.
- ¿Cómo está «sonando» nuestra campana en
estos tiempos?
- ¿Estamos dando los frutos que el Espíritu
espera de nosotros?
Para
trabajar en grupos
Los frutos del Espíritu en la vida del catequista
Leemos
el texto de Gálatas 5, 22
Recortamos siete campanas de cartulina y le ponemos a
cada una el nombre de uno de los frutos del Espíritu (conviene
que las campanas sean grandes).
Nos dividimos
en parejas (y si somos pocos cada uno trabaja con una campana).
A cada pareja se le da una campana y la siguiente guía:
- ¿Qué significa ser campana de caridad, alegría, paz...
(cada uno completa según su campana) en la vida de un catequista?
- Nombrar tres actitudes que como catequista ayudan a que
suene esa campana.
- Nombrar tres actitudes que como catequista no ayudan
a que la campana suene, actitudes que ahogan ese fruto, que
no lo muestran, que no lo transmiten.
- Escribir una pequeña oración que comience con la frase:
«Espíritu de Jesús ayúdanos a ser campana de...»
Las actitudes y la oración se escriben dentro de la campana
de cartulina.
Se pone en común lo trabajado en los grupos (o individualmente
si son pocos).
En ronda realizamos una oración compartida. Si es posible
tener una campana de verdad, a medida que cada catequista va haciendo
su oración personal en voz alta, al terminar hace sonar la campana
y se la pasa al de al lado.
Entre todos escribir una nueva campana con un compromiso
común a intentar vivir como catequistas. Colgar esa campana en
un lugar visible dentro de la parroquia.
Terminar con un canto al Espíritu Santo.
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