| El catequista, artesano del encuentro
La
catequesis es espacio eclesial para el descubrimiento del Dios
de la Vida y el nacimiento de la experiencia de fe y comunidad.
A través de un itinerario permanente (que no atañe solamente a
los años de la infancia) busca desarrollar un proceso que conduzca
a las personas a:
- conocer a Dios, amarlo y buscar su voluntad,
- fortalecer
la fe en Dios, conocer las enseñanzas de su mensaje,
- integrarse
a una comunidad de fe para vivir lo que Dios propone,
- sumarse a la tarea
de anunciar la Buena Noticia de Jesús y construir su Reino de
vida.
Este proceso es un camino
que se inicia en la familia, núcleo privilegiado para la transmisión
de la fe, y continúa con las distintas opciones que ofrece la
comunidad eclesial, conforme a la edad de las personas y a su
iniciación en la fe.
Todos esos espacios que la catequesis ofrece están atravesados por una experiencia
que los unifica y da sentido: el encuentro con Dios vivo y el
encuentro con los hermanos. La catequesis puede ser el lugar que
enseñe y capacite a las personas para el encuentro con Dios y
los demás.
Si consideramos esto como el eje que vértebra toda acción catequística de la
comunidad, el responsable de animar esta tarea es el catequista
que puede descubrir una misión profundamente enraizada en su vocación:
ser artesano del encuentro.
Ser artesano
Todos conocemos, seguramente, algún artesano, ya sea por contacto directo o por
referencia. A partir de esa/s personas que conocemos, reflexionemos
algunas de sus características propias:
- Ama profundamente lo que hace (le da sentido
a su vida).
-
Aplica un saber nacido y acrecentado
en la experiencia.
- Busca nuevas maneras de hacer sus cosas
(se renueva).
- Es paciente, con sí mismo y con su obra.
- Lo que sabe lo aplica (hace con las manos).
¿Puedes agregar otras características que hayas reconocido en artesanos?
Artesano del encuentro
Apliquemos estas características a la tarea catequística para descubrir nuevas
luces que iluminen nuestro caminar:
Ser artesano del encuentro, de Dios con los demás y de los demás entre sí, requiere
catequistas que:
- Amen profundamente a Dios y encuentren
en la catequesis el llamado de Dios para sus vidas. Nadie puede
dar lo que no tiene. Para enseñar y transmitir las cosas de
Dios hay que llevarlo muy adentro en el corazón.
-
Para ayudar a otros a encontrar
a Dios hay que partir de la propia experiencia de haber encontrado
a Dios en la propia vida. La transmisión de la fe nace del testimonio
vivo (recordemos los relatos de la iglesia naciente, en el libro
de los Hechos de los Apóstoles).
- El artesano es un innato investigador,
busca, desarrolla, experimenta... El catequista que quiera provocar
el encuentro debe vivir en permanente búsqueda, desinstalarse
y estar abierto a lo nuevo. La capacitación y formación es una
herramienta privilegiada para crecer y aprender, para enseñar
y transmitir mejor.
- Dios enseña que nos espera siempre, y que,
pacientemente, sale a nuestroencuentro con la alegría de la
primera vez (Parábola del Padre Misericordioso). Sencillamente,
si Dios es paciente... nosotros también...
-
El artesano no es un intelectual
teórico. Sabe, posee un saber intelectual, pero no se queda
en palabras, su obra es la obra de sus manos. De la misma manera
el catequista muestra con sus obras su capacidad de generar
encuentro.
Para pensar y meditar
- Piensa en la catequesis como en una artesanía del encuentro con Dios:
¿qué actitudes de un catequista favorecen su trabajo?
- El mismo Dios es un artesano de tu vida, relee el hermoso pasaje de
Jeremías (18, 1-4) y aplícalo a tu vida. ¿Qué características
tiene el modelado de tu vida que va proponiéndote Dios?
- Piensa en dos actitudes que puedas comprometerte a vivir en tu misión
de catequista para generar encuentro con Dios y con los demás.
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