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El catequista, servidor de la Palabra
Quiero
compartir con ustedes una pequeña reflexión surgida en un encuentro
con catequistas. Este encuentro era la segunda etapa de un proceso
de formación de dos años que estábamos realizando con los catequistas,
rurales y urbanos de una sufrida región de nuestro país. Los catequistas
rurales son personas muy sencillas y llenas de Dios, pastores,
campesinos, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos... en sus desoladas
tierras son los arroyos que llevan el agua viva de la Palabra
a sus comunidades.
La
Biblia nos habla de las personas que anuncian la Palabra
«Yo,
por mi parte, era como un canal salido de un río, como un arroyo que
se pierde en un jardín del Paraíso. Yo pensé: voy a regar mi huerta,
voy a regar mis flores. Pero mi canal se convirtió en río, y el río
en mar. Entonces dije: Haré brillar como la aurora la instrucción, llevaré
a lo lejos su luz. Derramaré la instrucción como una profecía y la dejaré
a las generaciones venideras. Comprueben ahora que no he trabajado para
mí solo, sino para todos los que buscan la sabiduría.» Eclo. (Sir.)
24, 30-34
La vida del catequista a la luz del texto bíblico
Como catequistas somos servidores de la Palabra. Pequeños canales, sencillos
y humildes, que surcan la vida de nuestra comunidad... Cuando
tomamos concienciade nuestra vocación y decidimos emplear nuestro
tiempo, nuestras capacidades y nuestros dones al servicio de nuestra
gente, descubrimos, con alegría y sorpresa, que el Dios generoso
multiplica nuestros esfuerzos. Si nos entregamos con confianza
a Dios, sabiendo que somos simples canalitos para que su Palabra
llegue con su frescura y novedad a los demás, El se encarga de
hacer de nosotros arroyos y ríos.
El texto nos habla de la experiencia de un hombre sabio, que ha descubierto la
obra de Dios en su propia vida y decide comprometerse en el anuncio
de su Palabra. Como catequistas somos llamados a transmitir las
enseñanzas de Jesús y promover el encuentro de los demás con el
Dios verdadero, que cambia la vida y nos descubreel sentido profundo
de la existencia.
¡Qué alegría poder decir como el
sabio del texto, he trabajado para los demás, paraque los otros
conozcan la sabiduría, es decir la Palabra del Dios de la Vida! Para rumiar el texto y rezar la vida
El catequista, servidor de la Palabra en su comunidad
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¿Somos canales por donde circula el agua viva de la Palabra de Dios?
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¿Qué actitudes de nuestra vida «secan» nuestro reserva de agua viva?
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La Palabra es la Fuente donde nace nuestro canal, ¿está presente en
nuestra vida de todos los días? ¿Acudimos a ella? ¿Nos nutrimos
con su lectura y oramos con ella? ¿Estudiamos la Palabra para
poder transmitirla mejor?
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Compara las palabras del texto con tu vida, ¿eres un verdadero arroyo
para tu comunidad? Los demás ¿se encuentran con el Dios de la
Vida a través de tu testimonio y enseñanzas? -
¿Qué puedes y debes cambiar de tu manera de ser para ser un arroyo
más transparente, más caudaloso, más fecundo?
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Ofrécele tus reflexiones a Dios a través de una oración escrita por
tus propias manos.
Continúa 
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