La historia de la catequesis ilumina nuestro caminar
Para
entender el caminar de la catequesis en América Latina, para juzgarla
y, si es necesario, corregirla, es bueno saber algo sobre la catequesis
del pasado. La catequesis atraviesa una historia de casi 20 siglos.
Ha tenido sus altos y bajos. Y es mucho lo que podemos aprender
para iluminar nuestra catequesis actual.
Desde sus orígenes, la Iglesia ha procurado poner en práctica
el mandato de Cristo: 'Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos"
(Mt 28,19). Los apóstoles anunciaron el mensaje de Cristo; y, a
lo largo de los siglos, los misioneros dejaron su tierra para llevar
el Evangelio a todas partes del mundo.
Generalmente se hace una distinción entre "evangelización"
y "catequesis". Evangelización sería el anuncio
a los hombres.
La catequesis lleva a la celebración
de la vida en la liturgia.
Los Obispos en Puebla dijeron que no basta anunciar la Palabra y denunciar
el pecado que existe en nuestra realidad. Necesitamos también
celebrar nuestra vida y nuestra fe. Nosotros lo hacemos en
los sacramentos. En la vida cristiana, los sacramentos son
momentos fuertes de comunión de Dios con los seres humanos
y de éstos con Dios.
Los Obispos dijeron:
"En toda catequesis integral están inseparablemente unidos:
- El conocimiento de la Palabra de Dios,
- La celebración de la fe en los sacramentos,
- La conesión de la fe en la vida cotidiana (P. 999).
En la Liturgia celebramos nuestra vida y nuestra fe. La palabra "Liturgia"
viene de dos palabras griegas: leito: del pueblo; ergon:
obra, acción, servicio.
La Liturgia es, por tanto, la acción de Dios en favor del Pueblo, y la acción
del Pueblo en relación con Dios. Nos reunimos ciertos días y en
ciertos lugares para rezar y expresar nuestra fe. El lugar es generalmente
la Iglesia. Se celebra la Misa y se administran los Sacramentos.
Se celebra la Liturgia: el culto del Pueblo a Dios. Y Dios se comunica
con su Pueblo.
El acto litúrgico, el culto, es una acción de alabanza a Dios, es un acto comunitario,
de comunidad, del Pueblo de Dios. Es un acto ofrecido a Dios en
unión con Jesucristo. En la Liturgia, Jesús está en medio de nosotros,
como nuestro herrmano que, con nosotros, rinde alabanza a Dios Padre.
La Liturgia no se dirige, a Jesús, sino al Padre.
En la Liturgia, no sólo alabamos a Dios. También le damos gracias
por los beneficios recibidos.
Pedimos perdón de nuestros pecados y faltas, y pedimos las gracias
de Dios.
El acto litúrgico se hace con ceremonias, gestos, oraciones, lecturas,
expresiones corporales y momentos de silencio.
El culto a Dios beneficia también al ser humano. Este, al entrar en
contacto con Dios, toma conciencia e su condición de criatura. Se
siente pequeño y pecador.
Toma conciencia de su tarea y misión. Pide a Dios la gracia de poder
concretar en la vida lo que expresa en la Liturgia: Dios tiene que
ocupar el primer lugar en la vida. La voluntad de Dios es la primera
preocupación. Toma conciencia de que la voluntad de Dios es transfomar
este mundo en un mundo mejor y hacerlo más cristiano.
La Eucaristía está en el centro de la Liturgia. Alrededor de ella giran los otros
sacramentos, todos orientados por ella: el Bautismo, la Confirmación,
la Confesión, la Unción de los Enfermos, el Matrimonio, el Orden.
El domingo, sobre todo, la comunidad se reúne para celebrar la Eucaristía, siguiendo
la costumbre de los primeros cristianos. Ellos se reunían ese día
para conmemorar la muelle y resurrección de Jesús. El domingo se
convirtió en "el día del Señor", en que el Pueblo de Dios
expresa su unión como familia, su fraternidad y solidaridad.
El pueblo reza, canta, participa del banquete de la unión. Nunca el Pueblo es
tan "Pueblo" de Dios como cuando, unido en a misma fe,
se expresa y se compromete en la Eucaristía.
Pero este acto de culto sólo tiene sentido si los cristianos, en la
vida de cada día, viven lo que están celebrando. Si no hay compromiso,
si no hay una vivencia verdaderamente cristiana, no tiene sentido
alabar a Dios sólo con plabras. La Liturgia y la vida no pueden
separarse nunca.
Los otros sacramentos están orientados a la Eucaristía. Y, preferentemente,
deberían celebrarse dentro de la misa. Detengámonos un poco más
en este punto:
- Para poder participar en la Eucaristía, es necesario pertenecer al
Pueblo de Dios, a la comunidad de los cristianos. Entramos en
esta comunidad por el BAUTISMO. Y asumimos un compromiso con esa
comunidad.
- Una vez que pertenecemos a la comunidad cristiana, tenemos que ser miembros responsables,
dedicados al servicio del Reino de Dios. Esto se expresa sobre
todo por la CONFIRMACIÓN. Este sacramento confirma nuestro compromiso
como miembros del Pueblo de Dios. Contamos con la gracia del Espíritu
Santo para vivir nuestro cristianismo hasta las últimas consecuencias.
- Cuando fracasamos como miembros de la Iglesia, podemos contar con la misericordia
de Dios en el sacramento del PERDÓN. Con nuestro pecado perjudicamos
a la comunidad cristiana. Necesitamos volver, confesar nuestros
pecados y pedir perdón a Dios y a la comunidad. Perdonados, estaremos
más preparados para celebrar el culto a Dios en la Eucaristía,
con la comunidad.
- Cuando alguien está enfermo o debilitado por la edad, la comunidad cristiana
quiere estar presente con la UNCIÓN DE LOS ENFERMOS. No es un
sacramento aislado de la comunidad. Expresa la presencia de ella
en la enfermedad. Quiere expresar también la presencia del enfermo
en la comunidad por la comunión, participando así de la celebración
de la Eucaristía.
- El MATRIMONIO expresa el amor entre Cristo y la Iglesia, la entrega total del
uno al otro, como Cristo la vivió y como nosotro la vivimos en
la Eucaristía.
- Finalmente, el sacramento del ORDEN ordena a los sacerdotes que presiden la
Liturgia, que animan y orientan al Pueblo de Dios y que, por medio
de los sacramentos, hacen presente la acción liberadora de Cristo.
Así, todos los sacramentos forman una unidad, teiendo a la Eucaristía
como centro.
Reflexión en grupos
¿Cómo debe ser nuestra catequesis de manera que forme a los catequizandos para
una vivencia litúrgica?
En el plenaria, tegamos en cuenta los puntos siguientes:
- La Eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia.
- Es el Pueblo que se reúne con Jesús, para
rendir culto al Padre. El Padre es el fin. Cristo es el mediador.
3. La Liturgia es siempre comunitaria.
4. Todos los sacramentos están orientados a la
Eucaristía.
5. No puede haber culto a Dios sin vivencia
cristiana.
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