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José
Aldazábal
Lo
anterior es una presentación general del sentido del Adviento
y sus diferentes aspectos. Ahora recogemos aquí algunos elementos
concretos que ayudan a celebrar y a dar color a ese tiempo.
1.
Los cantos del Adviento.
Cuando el primer domingo
de Adviento, reunida la asamblea para iniciar la Eucaristía, todos
se ponen de pie y cantan «Cielos lloved» o «Esperamos tu venida»,
o cualquier otro canto en el que resuenen los sentimientos de
este tiempo, y se canta con bastantes estrofas, se crea un clima
que ayudará mucho más a vivir el Adviento que todas las exhortaciones
o explicaciones que podamos hacer. Hay que asegurar que el canto
de entrada de Adviento sea muy propio de ese tiempo, que sea más
bien largo, y que no se cante en ninguna otra época del año: así
la asamblea se identifica inmediatamente con el tiempo litúrgico;
y se podría pensar también en la conveniencia de repetir como
canto de entrada cada domingo el mismo, para reafirmar esta identificación.
Y también los demás cantos de la celebración, en tanto que sea
posible, tendrían que ser propios del tiempo.
2.
La ambientación de la Iglesia.
Antes del canto de entrada, no obstante, hay otro elemento
identificador, Y es que, al entrar en la iglesia, se ha de notar
que estamos en un tiempo litúrgico nuevo. Ya son bien conocidas
las distintas posibilidades de ambientación, que dependerán del
tipo de iglesia y del tipo de gente que puede colaborar en la
ambientación de la misma. Un aspecto es el tono austero: plantas
en lugar de flores ayudarán a dárselo. La corona de Adviento en
un sitio bien visible (si puede ser cerca del ambón) mostrará
también que comenzamos un nuevo tiempo litúrgico. También un cartel
(grande o pequeño, según el lugar) que diga: «Ven, Señor Jesús»
o alguna frase similar. Y, además, música de fondo para cuando
la gente vaya entrando (por ejemplo el «Rorate» y otros
cantos gregorianos).
3.
La corona de Adviento, en la iglesia
y en casa.
Es un rito ya muy asumido, significativo e identificador,
que además de hacerse en la iglesia vale la pena invitar a hacerlo
también en casa. Una corona de ramas verdes, colocada en lugar
visible, con cuatro cirios vistosos: el primer domingo se enciende
uno, el segundo, dos, etc. En la iglesia se encienden después
de la salutación y la introducción, mientras se repite el canto
de entrada o se lee la plegaria correspondiente: (ver oraciones
de C. Gabaráin). En casa, se enciende el domingo a la hora de
comer o el sábado antes de ir a dormir, recitando la misma plegaria.
4.
Un encuentro de oración.
Puede ser una buena oferta invitar a un encuentro de oración durante
este tiempo. Se podría realizar de dos maneras. Una, como el inicio
de un encuentro periódico todo el año: por ejemplo, fijarlo definitivamente
el primer y tercer miércoles de cada mes. Otra, como una invitación
más intensiva sólo para este tiempo, por ejemplo una vez a la
semana. En todos los casos hay que avisar la hora de empezar pero
también la de acabar (media hora puede ser una buena duración),
y ser fiel a ello. La plegaria puede consistir en algún salmo,
alguna lectura bíblica, algún texto de reflexión, espacios de
silencio, algún canto si se puede... Aunque venga poca gente,
será útil.
5.
Una catequesis sobre Isaías.
El tiempo de Adviento es el tiempo de los oráculos mesiánicos,
sobre todo de Isaías. Los leemos cada domingo y también los días
laborables. Por eso, se podría pensar en convocar (mejor diversas
parroquias juntas) algunos encuentros de catequesis
sencilla repasando estos oráculos. Estaría bien leer los textos
(más extensamente de como figuran en el leccionario), comentar
la época (de los tres autores de Isaías) y el sentido primitivo,
ver el sentido mesiánico y el sentido cristiano, hacer alguna
aplicación... No hace falta una exposición de especialista, basta
con una presentación hecha por alguien que lo haya preparado leyendo
alguna introducción o incluso las notas exegéticas de los tres
ciclos.
EL
CALENDARIO DE ADVIENTO
(DIARIO
O SEMANAL)
Se va extendiendo entre
nosotros una práctica de Adviento, originaria de los países del
norte y centro de Europa, que puede tener una buena influencia
pedagógica: el calendario de Adviento. Se trata de un cuadro más
o menos vistoso, de imágenes navideñas, en el que se han marcado
veinticinco aberturas, con una distribución irregular; cada día
de diciembre los pequeños buscan el número correspondiente a la
jornada, abren la ventana, y aparece un motivo navideño. Cuando
se abre el día 25 aparece una imagen del Niño Jesús. El carácter
de juego y sorpresa que tiene el calendario de Adviento lo convierten
en un buen instrumento de preparación progresiva para la fiesta
de Navidad, y, sobre todo, ofrece una buena oportunidad a los
padres y educadores para ir explicando, al ritmo pacífico de cada
jornada, diversos aspectos de la fiesta que se aproxima.
El significado que podría
darse a esta apertura progresiva de las ventanas del calendario
sena el de preparar todas las cosas y los personajes para que
entre de par en par la luz de Jesús (comparación con las ventanas
de la casa, que se abren para que entre la luz y el aire); también
se podría proponer el significado de la búsqueda: abrimos las
puertas para encontrar lo que buscamos, hasta que lo encontramos;
y otros... Quizá también esta escena infantil de ir abriendo la
ventana del calendario, durante el Adviento, podría dar ocasión
a una breve plegaria familiar; o situarla en el contexto de la
plegaria familiar. Así, por ejemplo, se podría hacer una breve
lectura del profeta (la lectura primera de la misa del día, sacada
de un misal ferial manual, o un fragmento de la primera lectura
del domingo anterior), una frase sálmica de entre las clásicas
de Adviento (p.ej.: Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme
en tus sendas, o bien: Muéstranos, Señor, tu misericordia,
y danos tu salvación), y la recitación del avemaría. Todo
ello explicado y motivado para que sea acogido con fruto.
Un problema que pueden
presentar los calendarios de Adviento que existen en el mercado
es que, con frecuencia, mezclan las imágenes bíblicas navideñas
con imágenes de la literatura infantil: caperucita, blancanieves...
o papá Noel. Desgraciadamente, esto no es exclusivo de los calendarios
de Adviento. A nivel comercial, las imágenes navideñas se van
asociando cada vez más a las imágenes de los cuentos y de la imaginación:
los libros para niños, los discos y cassettes, las pequeñas figuras,
etc. Habría que andar muy alerta con esta asimilación, aparentemente
inocente, pero a la larga totalmente antieducativa para la fe
de los niños. Si Navidad es como blancanieves, un cuento, una
leyenda, un relato de la tradición infantil... ¿qué puede significar
para la fe cristiana y para la vida de los hombres? Si no pueden
ofrecerse calendarios de Adviento en los que quede clara y no
mezclada la referencia bíblica, es preferible no introducir a
los niños en esta práctica.
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