Sergio Pulido Gutiérrez, Pbro.
Profesor de Teología Dogmática
SEMINARIO MAYOR DE BOGOTÁ
A la luz de la liturgia de la Iglesia y de sus
contenidos podemos resumir algunas líneas del pensamiento teológico
y de la vivencia existencial de este tiempo de gracia.
1. Adviento, tiempo de
Cristo: la doble venida
La teología litúrgica del Adviento se mueve, en
las dos líneas enunciadas por el Calendario romano:
- la espera de la Parusía,
revivida con los textos mesiánicos escatológicos del AT y
- la perspectiva de Navidad
que renueva la memoria de alguna de estas promesas ya cumplidas
aunque si bien no definitivamente.
El tema de la espera es vivido en la Iglesia con
la misma oración que resonaba en la asamblea cristiana primitiva:
el Marana-tha (¡Señor, ven!) o el Maran-athá (el Señor
viene) de los textos de Pablo en 1 Corintios 16,22 y del Apocalipsis
22,20, que se encuentra también en la Didaché (cfr. “Los
Padres de la Iglesia”, José Vives, pp.21), y hoy en una de las
aclamaciones de la oración eucarística(“¡Ven, Señor Jesús!”).
Todo el Adviento resuena
como un "Marana-tha" en las diferentes
modulaciones que esta oración adquiere en las preces de la Iglesia.
La palabra del Antiguo Testamento invita a repetir
en la vida la espera de los justos que aguardaban al Mesías; la
certeza de la venida del Mesías en la carne estimula a renovar
la espera de la última aparición gloriosa en la que las promesas
mesiánicas tendrán total cumplimiento ya que hasta hoy se han
cumplido sólo parcialmente. El primer prefacio de Adviento
canta espléndidamente esta compleja, pero verdadera realidad de
la vida cristiana (cfr. Misal Romano, edición típica, española,
pp.422).
El tema de la espera del Mesías y la conmemoración
de la preparación a este acontecimiento salvífico toma pronto
su auge en los días feriales que preceden a la Navidad (del 17
al 24). La Iglesia se siente sumergida en la lectura profética
de los oráculos mesiánicos. Hace memoria de nuestros Padres en
la Fe, escucha a Isaías, recuerda el pequeño núcleo de los anawim
de Yahvé que está allí para esperarle: Zacarías, Isabel, Juan,
José, María.
El Adviento resulta así como una intensa y concreta
celebración de la larga espera en la historia de la salvación,
como el descubrimiento del misterio de Cristo presente en cada
página del AT, del Génesis hasta los últimos libros Sapienciales.
Es vivir la historia pasada vuelta y orientada hacia el Cristo
escondido en el AT que sugiere la lectura de nuestra historia
como una presencia y una espera del Mesías que viene.
En el hoy de la Iglesia, Adviento es como un redescubrir
la centralidad de Cristo Jesús en la historia de la salvación.
Se recuerdan sus títulos mesiánicos a través de las lecturas bíblicas
y las antífonas: Mesías, Libertador, Salvador, Esperado de las
naciones, Anunciado por los profetas... En sus títulos y funciones
Cristo Jesús, revelado por el Padre, se convierte en el personaje
central, la clave del arco de una historia, de la historia de
la salvación.
2. Adviento tiempo por
excelencia de María, la Virgen de la espera
Es el tiempo mariano por excelencia del Año litúrgico.
Lo ha expresado con toda autoridad Pablo VI en la Marialis
Cultus, nn. 3-4.
Históricamente la memoria de María en la liturgia
ha surgido con la lectura del Evangelio de la Anunciación antes
de Navidad en el que con razón ha sido llamado el domingo mariano
prenatalicio.
Hoy el Adviento ha recuperado de lleno este sentido
con una serie de elementos marianos de la liturgia, que podemos
sintetizar de la siguiente manera:
-
Desde los
primeros días del Adviento hay elementos que recuerdan la espera
y la acogida del misterio de Cristo por parte de María, la Virgen
de Nazaret.
- La solemnidad de la
Inmaculada Concepción se celebra como preparación radical a
la venida del Salvador y feliz principio de la Iglesia sin mancha
ni arruga (Marialis Cultus 3).
- En las ferias del 17
al 24 – me refiero a las ferias, no propiamente a la Novena
de preparación a la Navidad - el protagonismo litúrgico de la
Virgen es muy característico en las lecturas bíblicas, en el
segundo prefacio de Adviento que recuerda la espera de la Madre
(cfr. Misal Romano, edición típica, española, pp.422), en algunas
oraciones, como la del 20 de diciembre que nos trae un antiguo
texto del Rótulo de Ravena (cfr. Misal Romano, edición típica,
española, pp.153) o en la oración sobre las ofrendas del IV
domingo que es una epíclesis significativa que une el misterio
eucarístico con el misterio de Navidad en un paralelismo entre
María y la Iglesia en la obra del único Espíritu (cfr. Misal
Romano, edición típica, española, pp.149).
Las siguientes expresiones son como pinceladas
que esbozan la figura de María, la Virgen del Adviento:
- Es la "llena
de gracia", la "bendita entre las mujeres",
la "Virgen", la "sierva del Señor".
- Es la mujer nueva, la
nueva Eva que restablece y recapitula en el designio de Dios
por la obediencia de la fe el misterio de la salvación.
- Es la Hija de Sion,
la que representa el Antiguo y el Nuevo Israel.
- Es la Virgen del Fiat,
la Virgen fecunda. Es la Virgen de la escucha y de la acogida.
En su ejemplaridad hacia la Iglesia, María es
plenamente la Virgen del Adviento en la doble dimensión que tiene
siempre en la liturgia su memoria: presencia y ejemplaridad.
- Presencia litúrgica
en la palabra y en la oración, para una memoria grata de Aquélla
que ha transformado la espera en presencia, la promesa en don.
-
Memoria
de ejemplaridad para una Iglesia que quiere vivir como María
la nueva presencia de Cristo, con el Adviento y la Navidad en
el mundo de hoy.
En la feliz subordinación de María a Cristo y
en la necesaria unión con el misterio de la Iglesia, Adviento
es el tiempo de la Hija de Sión, Virgen de la espera que en el
Fiat anticipa el Marana tha de la Esposa (Iglesia);
como Madre del Verbo Encarnado, ha hecho posible su ingreso definitivo,
en el mundo y en la historia del hombre.
3. Adviento, tiempo de
la Iglesia misionera y peregrina
La liturgia con su realismo y sus contenidos pone
a la Iglesia en un tiempo de características y expresiones espirituales:
la espera, la esperanza, la oración por la salvación universal.
Preparándonos a la fiesta de Navidad, nosotros
pensamos en los justos del AT que han esperado la primera venida
del Mesías. Leemos los oráculos de sus profetas, cantamos sus
salmos y recitamos sus oraciones. Pero nosotros no hacemos
esto poniéndonos en su lugar como si el Mesías no hubiese venido
todavía, sino para apreciar mejor el don de la salvación que
nos ha traído. El Adviento para nosotros es un tiempo real.
Podemos recitar con toda verdad la oración de los justos del AT
y esperar el cumplimiento de las profecías porque éstas no se
han realizado todavía plenamente; se cumplirán con la segunda
venida del Señor, en la Parusía. Debemos esperar y preparar esta
última venida.
En el realismo del Adviento podemos recoger algunas
actualizaciones que ofrecen realismo a la oración litúrgica y
a la participación de la comunidad:
- La Iglesia ora por un
Adviento pleno y definitivo, por una venida de Cristo para todos
los pueblos de la tierra que todavía no han conocido al Mesías
o no lo reconocen aún al único Salvador.
- La Iglesia recupera
en el Adviento su misión de anuncio del Mesías a todas las gentes
y la conciencia de ser "reserva de esperanza" para
toda la humanidad, con la afirmación de que la salvación definitiva
del mundo debe venir de Cristo con su definitiva presencia escatológica.
- En un mundo marcado
por guerras y contrastes, las experiencias del pueblo de Israel
y las esperas mesiánicas, las imágenes utópicas de la paz y
de la concordia, se convierten reales en la historia de la Iglesia
de hoy que posee la actual "profecía" del Mesías Libertador.
-
En la renovada
conciencia de que Dios no desdice sus promesas - ¡lo confirma
la Navidad! - la Iglesia a través del Adviento renueva su misión
escatológica para el mundo, ejercita su esperanza, proyecta
a todos los hombres hacia un futuro mesiánico del cual la Navidad
es primicia y confirmación preciosa.
A la luz del misterio de María, la Virgen del
Adviento, la Iglesia vive en este tiempo litúrgico la experiencia
de ser ahora "como una María histórica" que posee y
da a los hombres la presencia y la gracia del Salvador.
La espiritualidad del Adviento
resulta así una espiritualidad comprometida, un esfuerzo hecho
por la comunidad para recuperar la conciencia de ser Iglesia para
el mundo, reserva de esperanza y de gozo. Más aún, de ser Iglesia
para Cristo, Esposa vigilante en la oración y exultante en la
alabanza del Señor que viene. |