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¡Ardientemente
he deseado celebrar esta Pascua con vosotros!
Ardientemente
desea Jesús celebrar la Pascua, la cena, el compartir,
el morir y e! entregarse. Son palabras últimas, definitivas. Estamos
asistiendo a momentos definitivos de la vida de
Jesús. Momentos sagrados, marcados por el sello de la nueva
creación, de la nueva alianza, de la nueva era de los hombres.
Jesús desea
ardientemente culminar su obra, su entrega obediencial a los misteriosos
planes de Dios, que son su entrega
en plenitud a los hombres. Su amor se hace oblación al
Padre y a los hombres.
Ha llegado
el momento de su amor apasionado... "Habiendo amado a
los suyos, los amó hasta el extremo...". El amor se hace pasión, entrega, crucifixión. El amor se hace entrega,
se
hace pan en pedazos compartidos, se hace comida divina
para sus amigos. El amor de Jesús se derrite en ternura y
cercanía, envolviendo la cena, la última, porque es eterna e
infinita, en abrazo de despedida y de testamento.
Os
dejo, pero me quedo. Seré inmolado, crucificado, pero para
resucitar a una vida nueva y permanecer vivo en vuestros corazones.
Seré humillado hasta la tierra, pero mi nombre
será exaltado hasta el cielo. Seré enterrado en la roca, pero
mi nombre será santo y seña que atravesará tiempos y
países dando luz y vida a todos los hombres.
Es la cena
definitiva. Ya no habrá más cena pascual que esta, porque será
esta el pleno y definitivo paso del Señor en
persona. No será un "paso" más del Señor por nuestra
historia.
Es el único, definitivo y pleno porque será un paso del
Señor que se convertirá en eterno y permanente. Ya está realizada
la entrega total.
Esta cena
sella una alianza que es total comunión entre vosotros
y yo. Así, vosotros en mí y yo en vosotros, como el
Padre en mí y yo en él. Así se hace realidad el sueño y la nostalgia
del hombre desde los albores de la historia: la comunión
con Dios, llenar su vida de Dios. Así será realidad el plan de
Dios: derramarse sobre el hombre hasta llenarlo de su Espíritu en comunión total: "Yo seré vuestro
Dios y vosotros
seréis mi pueblo...".
La
unidad entre el hombre y Dios y entre Dios y los hombres,
se hace realidad viva en Jesús, Dios y hombre. En esta noche
santa y misteriosa, Jesús nos consagra a los hombres en
él, nos hace sagrados, nos une y nos asume en él en unidad total
y plena, y en él nos une al Padre. Somos hijos en el Hijo. Somos
uno en el Espíritu.
En
esta sagrada cena, asistimos al testamento supremo de
Jesús. Tomad, comed mi cuerpo... Bebed mi sangre..., que
será derramada por vosotros. Comedme..., dejadme entrar
en vuestro cuerpo, en vuestro corazón, en vuestra mente,
en vuestro espíritu. Llenaos de mí, saciaos de mi vida, de
mi espíritu, de mi luz, de mi palabra. Dejad que mi sangre
corra por vuestras venas. Comedme, sentidme en vosotros,
abrid vuestra mente y vuestro corazón a mi presencia entre
vosotros.
Dejadme
que os llene por dentro y por fuera. Sois todos hermanos,
estáis llenos del mismo pan y del mismo vino. Sois todos
alimentados del mismo Espíritu. Amaos... Permaneced unidos
como granos de trigo molidos y amasados por mi mano
suave y amorosa. Soy yo quien os amaso a unos con otros,
con el espíritu de mi amor. Mi amor os hace uno...
Que
os relacionéis porque os amáis..., y que os améis porque
os relacionáis... Compartid mi palabra, mi pan y mi vida...
Si compartís mi pan y mi vida, siempre estaréis unidos...,
siempre os llevaréis bien... Sed uno conmigo. Así permaneceréis
unidos. Si os separáis de mí, viviréis desunidos, cada
uno por vuestro lado.
Os reconocerán
como discípulos míos si os amáis, si compartís
mi palabra y mi vida, mi cuerpo y mi sangre, si os reunís
cada jornada a vivir y renovar vuestra comunión conmigo,
y vuestra comunión entre vosotros.
Este es
el testamento de Jesús. Su última voluntad, su deseo supremo.
Son estos momentos de amor apasionado y
apasionante. Su amor apasionado a los hombres y su amor
que apasiona, que seduce y conquista el amor de sus amigos,
de sus íntimos.
Seréis míos,
de los míos, si os queréis, si compartís, si os
dejáis transformar por mí. Haced continuamente presente
esta cena última. Haced esto en memoria mía. Seguid todos reunidos,
amasados, compartiendo la vida, el dolor, la alegría
y el trabajo.
Haced
esto en recuerdo mío... Que en medio de vuestra vida hagáis presente
este momento eterno e infinito de mi consagración
a vosotros y de vuestra consagración a mí... Así, todos, en unión
del Espíritu, viviremos definitivamente para
Dios, mi Padre y vuestro Padre.
Por eso,
haced esto en memoria mía. Que haya entre vosotros
presencia continua de mi sacerdocio.
Hoy
quiero establecer definitivamente mi sacerdocio entre vosotros.
Todos juntos sois un pueblo sagrado, sacerdotal... Yo
soy el único sacerdote, el único pontífice que une el cielo y
la tierra. Yo soy un puente que acerca el cielo a la tierra y
que eleva la tierra
al cielo. En mí se une el cielo y la tierra. En mí, Dios se hace
presente entre vosotros, y en mí, la tierra,
el cuerpo, toda realidad humana, se eleva al cielo...
Jesús
es el supremo y eterno sacerdote, el sumo
pontífice...
El puente que une
a Dios con el hombre, y al hombre con
Dios. Él asume nuestra realidad humana su naturaleza humana,
y en ella, a todos nosotros..., y la ofrece en unión con
la suya al Padre... Es el sí total del hombre a Dios.
Jesús,
Dios encarnado, es la entrega total de Dios al hombre.
En Jesús, Dios se introduce en la tierra, en nuestra vida humana,
llenándola de su presencia... Es el sí total
de Dios al
hombre.
En
Jesús se consagra la humanidad a Dios... En Jesús se entrega
Dios a los hombres. Jesús es, pues, el sumo y eterno
sacerdote. Él consagra nuestra vida. Esos discípulos suyos,
en torno a su mesa en la última cena, son un pueblo sagrado, sacerdotal.
Dios en Jesús y a través de su Espíritu está llenando la vida de la comunidad de amigos de Jesús.
Es
una comunidad sagrada, sacerdotal. Vosotros haced esto en
memoria mía... Es el único y eterno sacerdocio, el sacerdocio
de Jesús, que se prolonga en su comunidad...
Los discípulos
están viviendo momentos sobrecogedores. Jesús
está ultimando su obra, su entrega, su última y definitiva
pascua. Juan, Pedro, Santiago..., estaban profundamente
emocionados. Todo su ser se conmovía al sentir el calor y
la hondura de las palabras de Jesús. Era Jesús en cada palabra,
era un amor infinito, una mirada..., una voz entrecortada, profunda, cargada de eternidad. Eran momentos de
amor, de plenitud,
de dolor, de tragedia. Eran vivencias que caen
en el alma como llamaradas que encienden y calman, que
elevan y asombran, que interrogan y unen en comunión profunda.
La última
cena es para vivirla, contemplarla en silencio. Para
volver una y otra vez a sentarnos en una "esquinita"
observando
a Jesús con los ojos del alma para gustar su intimidad,
para dejarnos embargar de su amor apasionado y apasionante,
hasta dejarnos seducir..., hasta fundirnos con él y ser uno con
Jesús, en la vida y en la muerte, y ser uno con
los que compartimos el mismo pan.
Todos
en torno a Jesús, en silencio y contemplación, queremos
vivir esta última cena hasta beber su mismo cáliz y comer
su mismo pan. Quedémonos en silencio recibiendo su
palabra y su intimidad. Quedémonos en silencio compartiendo
su muerte, su vida y su comunión...
En cada
eucaristía vivimos la Cena del Señor. En cada eucaristía volvemos
a sentir y escuchar las palabras eternas de Jesús:
Yo os he lavado los
pies, siendo vuestro maestro...
Lavaos
también unos a otros..., servios con amor...
Seréis
dichosos si vivís esto.
Tomad..., comed mi cuerpo...
Tomad..., bebed mi sangre
que será derramada por vosotros...
Permaneced en mí como
yo permanezco en vosotros...
Sed uno conmigo como
yo soy uno con el Padre...
Yo en vosotros..., vosotros en mí...
Nadie tiene mayor amor
que el que da la vida
por sus
amigos...
Yo doy mi vida por vosotros...
No me elegisteis vosotros
a mí...,
sino que
yo os elegí a vosotros...
Amaos los unos a los
otros... como yo os quiero...
En esto conocerán que
sois mis amigos, conocerán que vivís unidos a mí...
Hagamos
de cada eucaristía una vida..., una manera de estar
en la vida... Que se irradie nuestra eucaristía en la vida, en
la convivencia, en el trabajo..., en todo...
Hagamos de la vida una
preparación para la eucaristía..., una manera de disponernos para
la experiencia vital de cada eucaristía...
Hagamos de la eucaristía
una vida... Hagamos de la vida una Eucaristía...
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