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¿Hay que ir a la misa?
Temas para la catequesis

Nadie asiste a la Misa, todos participan en ella, aunque algunos tienen en ella un papel particular.

v     Dígame con franqueza: ¿Hay que ir a la misa?

Francamente, no, en el sentido en que uno no asiste a la misa, sino que uno participa en ella.

v     Está bien, uno participa en la misa, pero reconozca que uno está muy pasivo en la misa, ¡sentados los unos junto a los otros!

¿Ha observado usted toda la acción que se despliega en la Misa?

ü      Ante todo, usted tiene que desplazarse para venir. Hay pues una marcha, un movimiento.

ü      Luego usted se reúne con otras personas para hacer grupo, hacer un cuerpo, una asamblea.

ü      Escuchar es una acción que moviliza a toda la persona porque hay que aguzar el oído, tratar de comprender y de aceptar que aquello impregna el corazón.

v     ¡Pero para hacer todo eso uno permanece estático!

Menos estático que en un espectáculo:

ü      Uno se levanta para mantenerse en pie delante de Dios, tomando la actitud de los vivos, de los resucitados;

ü      Uno se sienta para escuchar;

ü      Uno canta para manifestar la unidad de la asamblea y expresar su oración.

v     A pesar de todo, ¡uno podría todavía quedarse con los brazos cruzados!

Sin duda... pero se puede también:

ü      Extender las manos para orar, como lo hace el sacerdote,

ü      Abrirlas para el gesto de compartir en el momento de la ofrenda,

ü      Tenderlas hacia los hermanos para el gesto de la paz,

ü      Juntarlas para recibir el Pan de Vida.

v     ¡Yo quisiera que hubiera mucho más movimiento!

Esto es posible en las asambleas pequeñas donde los fieles pueden reunirse en diferentes lugares: a la entrada del templo para el rito de la acogida, en torno al Libro de la Palabra (leccionario) para escuchar a Dios que nos habla, en torno a la mesa eucarística para compartir el Pan de Vida, junto a la puerta del templo para el rito del envío...

Pero incluso en las grandes asambleas, existe al menos la procesión de comunión que nos pone en camino al encuentro de Aquel que se entrega.

v     ¡A pesar de todo eso, tengo la impresión de que en la celebración hay sólo algunos actores y muchos espectadores!

Es verdad que se puede esperar que eso suceda, pero uno puede también estar muy activo como acabo de decírselo.

En cuanto a los actores, yo prefiero hablar de aquellos y aquellas que están al servicio de la asamblea: el animador de los cantos, el organista y la coral allí donde haya una, las personas que recogen la ofrenda y los ministros que reparten la comunión, los niños y jóvenes que ayudan en la misa como monaguillos (acólitos), sin olvidar a todos los que preparan materialmente la celebración, hacen los arreglos florales, disponen las hojas de cantos, etc.

v     Entonces, ninguno asiste a la misa!

No, nadie asiste a la misa, todos participan en ella, aunque algunos tienen un papel particular que desempeñar en ella.

Venga la próxima vez a la misa sin emplear ningún verbo en pasivo, sino solamente verbos de acción.

Gérard Nassin
(Traducido de la revista Signes d’aujourd’hui No. 157, sept.-oct. 2001)

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