Novena de Navidad

Con Justicia Social, la Paz es posible

Conferencia Episcopal de Colombia
Secretariado Nacional de Pastoral Social
Caritas Colombiana


Oraciones para todos los días

ORACIÓN PARA COMENZAR

Benignísimo Dios de infinita caridad, que nos has amado tanto y que' nos diste, en tu Hijo, la mejor prenda de tu amor, para que, encarnado y hecho nuestro hermano en las entrañas de la Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; te damos gracias por tan inmenso beneficio.

En retorno te ofrecemos, Señor, el propósito sincero para hacer de nuestros hogares verdaderas familias formadoras de personas, educadoras en la fe y promotoras del desarrollo.

Te pedimos que esta Navidad, fiesta de paz y alegría, sea para nuestras familias un estímulo, a fin de que viviendo como hermanos, busquemos más y más los caminos de la verdad, la justicia, el amor y la paz. Amén.

Se reza un Padrenuestro.

Después de esta oración sigue la consideración para el día respectivo.

 

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN

Soberana María, te pedimos por todas nuestras familias; haz que cada hogar sea fuente de comprensión, de ternura, de justicia y de verdadera vida familiar. Que esta fiesta de Navidad, que nos reúne alrededor del pesebre donde nació tu Hijo, nos una también en el amor, nos haga olvidar las ofensas y nos dé la sencillez para reconocer en nuestros hermanos los pobres y necesitados la presencia de tu Hijo amado.

Madre de Dios y Madre nuestra.

Todos: intercede por nosotros. Amén.

Se reza el Avemaría.

ORACIÓN A SAN JOSÉ

Santísimo José, esposo de María y padre adoptivo del Señor, tú fuiste escogido para hacer las veces de padre en el hogar de Nazaret. Ayuda a los padres de nuestras familias: a ser siempre en los hogares imágenes del Padre celestial, a ejemplo tuyo; que cumplan cabalmente la gran responsabilidad de educar y formar a sus hijos, entregándoles, con un esfuerzo continuo, lo mejor de sí mismos. Ayuda a los hijos a entender y apreciar el abnegado esfuerzo de sus padres.

San José, modelo de esposos y padres.

Todos: intercede por nosotros. Amén.

ORACIÓN AL NIÑO JESÚS

Señor, Navidad es el recuerdo de tu nacimiento entre nosotros, es la presencia de tu amor en nuestras familias y en nuestra comunidad. Navidad es la certeza de que el Dios del cielo y de la tierra es nuestro Padre, porque tú, divino niño, eres nuestro hermano.

Que esta reunión junto a tu pesebre nos aumente la fe en tu bondad, nos comprometa a vivir verdaderamente como hermanos, nos dé valor para matar el odio y sembrar la justicia y la paz.

Oh Niño Jesús, enséñanos a comprender que donde hay amor y justicia, allí estás Tú y allí también es Navidad. Amén.

Se reza: Gloria al Padre...

Gozos para todos los días


DULCE JESÚS MIO, MI NIÑO ADORADO, VEN A NUESTRAS ALMAS;
VEN, NO TARDES TANTO.

1. Niño del pesebre
nuestro Dios y hermano,
Tú sabes y entiendes
del dolor humano;
que cuando suframos
dolores y angustias,
siempre recordemos
que nos has salvado.

Dulce Jesús mío...

2. Oh luz de los cielos,
sol de eternos rayos,
que entre las tinieblas
tu esplendor veamos.
Oh divino niño,
ven para enseñarnos
la prudencia que hace
verdaderos sabios.

Dulce Jesús mío...

3. Del débil, auxilio,
del doliente, amparo,
consuelo del triste,
luz del desterrado.
Ven a nuestro mundo
que sufre y anhela
un mundo más justo,
un mundo de hermanos.

Dulce Jesús mío...

4. Tú te hiciste niño
en una familia
llena de ternura
y calor humano.
Vivan los hogares
aquí congregados
el gran compromiso
del amor cristiano.

Dulce Jesús mío...

5. Bajaste del cielo,
te hiciste un esclavo,
para libertamos
de toda opresión.
Todos somos hijos
del Padre celeste
y todos hermanos:
familia de Dios.

Dulce Jesús mío...

6. El cielo y la tierra,
el hombre y su Dios,
en tu amor de niño
se integran los dos.
Gloria al Dios del cielo
y paz a los hombres
es tu Buena Nueva:
nuestra salvación.

Dulce Jesús mío...

7. Haz de nuestro hogar
una gran familia;
siembra en nuestro suelo
tu amor y tu paz.
Danos fe en la vida,
danos esperanza
y un amor sincero
que nos una más.

Dulce Jesús mío...

8. Tú eres nuestra vida,
eres nuestro guía
y eres el camino
que nos lleva a Dios.
Amándonos siempre
te haremos presente,
mientras que esperamos
que vuelvas, Señor.

Dulce Jesús mío...

9. Ven, Salvador nuestro,
por quien suspiramos.
Ven a nuestras almas,
Ven, no tardes tanto.

Dulce Jesús mío...

 

Consideración para el primer día (Dic. 16)

 

"Trabajar por la justicia social, un compromiso de todos"

Comenzamos hoy la novena de preparación a la gran solemnidad del nacimiento de: nuestro Salvador. Queremos hacerlo con la mejor disposición y, más que pedir favores para nosotros, deseamos crecer en la amistad con Jesús y hacernos cada vez más dignos del misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, por el cual Dios se ha hecho tan cercano y solidario con nosotros. Por eso, además de contemplar cada día el pesebre, vamos a meditar juntos el evangelio del día.

Del Evangelio según san Lucas (7, 24-30)

24 Cuando los mensajeros de Juan se alejaron, se puso a hablar de Juan a la gente: "¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
25 ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten magníficamente y viven con molicie están en los palacios.
26 Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta.
27 Este es de quien está escrito: He aquí que envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino.
28 "Os digo: Entre los nacidos de mujer no hay ninguno mayor que Juan; sin embargo el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él.
29 Todo el pueblo que le escuchó, incluso los publicanos, reconocieron la justicia de Dios, haciéndose bautizar con el bautismo de Juan.
30 Pero los fariseos y los legistas, al no aceptar el bautismo de él, frustraron el plan de Dios sobre ellos.

 

Reflexión

En la Iglesia vivimos aún el tiempo del Adviento, que es un tiempo de espera gozosa y de conversión. Estos días, que este año van del 28 de noviembre hasta el 24 de diciembre, nos invitan reflexionar sobre el sentido de la Encarnación del Hijo de Dios en favor de toda la humanidad y, para ello, destacan el papel de quienes rodearon el misterio del nacimiento del Hijo eterno del Padre en nuestra carne mortal. Son días para pensar que así como Él vino una vez para compartir nuestra historia, vendrá de nuevo al final de los tiempos, en el momento menos esperado, para entregar la obra de la redención de toda la humanidad al Padre Dios. Por eso, en estos días debemos trabajar más por nuestra conversión, para que Dios vea que de verdad nos hacemos discípulos, es decir, seguidores de su Hijo.

Hoy comienza nuestra novena con la presentación de Juan el Bautista, pariente del Señor. El mismo Jesús nos lo presenta como un hombre que hizo una opción libre por un estilo de vida austera y moderada. Se trata del Precursor del Señor, quien con su testimonio quiso preparar los caminos al Hijo de Dios encarnado. Su misión es tan importante, que nuestro Señor lo llama "el más grande entre los hombres".

En Juan el Bautista, nosotros encontramos un paradigma digno de seguir, ya que no puso su confianza en lo terreno, sino que confió solamente de Dios. Vemos a un hombre que exigió a cada uno, según su profesión, que viviera de manera digna ante Dios, que ama a toda la humanidad sin distinciones. De hecho, Juan exhortó a todos los hombres de cualquier raza y condición social a que se comprometieran con el desarrollo de un mundo más justo y humano, donde se pongan a disposición de los demás todos los bienes y donde la Paz que el Mesías quería dar a la humanidad necesitara de una sincera conversión de los corazones hacia la justicia verdadera.

También hoy, tenemos que preparar caminos al Señor. La Navidad se nos puede convertir en todo menos en la fiesta de Jesús, cuando celebramos sin pensar en compartir con los más necesitados. Y Jesús no va a morar en los corazones que se encuentren indiferentes al sufrimiento de los más pobres. No es justo que unos derrochen mientras otros pasan hambre. De nosotros depende también que haya relaciones de verdadera justicia en nuestra patria. La paz que tanto queremos es posible, si logramos que haya una verdadera justicia social.

¿Cómo me voy a preparar y qué puedo hacer para acoger a Jesús en mi corazón en la Navidad, sabiendo que Él quiere que yo dé felicidad abundante a quien no la tiene?

Compromiso personal y comunitario

Esta noche tendré un diálogo intenso con Jesús para presentarle mis buenos propósitos de amarlo y de acogerlo como mi mejor amigo, mi Dios y Salvador, buscando la amistad de las personas que a Él más le preocupan, es decir, los más pobres, mujeres y hombres que están solos, marginados, que tienen dificultades. De la misma manera, si no lo he hecho y lo necesito para comulgar, desde hoy voy a preparar mi confesión.


Consideración para el segundo día (Dic. 17)

 

"Los excluidos son hijos de Dios y merecen un trato digno y justo"

La novena de Navidad de este año nos pone frente a la necesidad urgente de hacer un compromiso responsable y sincero con la paz de nuestro país. Por otra parte, sin apartamos del pesebre e iluminados por la Palabra de Dios, queremos vivir estas fiestas como verdaderos hijos e hijas del mismo Padre y dar testimonio de que de verdad hemos recibido al Salvador que ha venido de parte suya.

Del Evangelio según san Mateo (1, 1 - 17).

1 Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham:
2 Abraham engendró a Isaac,Isaac engendró a Jacob,Jacob engendró a Judá y a sus hermanos,
3 Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara,Fares engendró a Esrom,Esrom engendró a Aram,
4 Aram engendró a Aminadab,Aminadab engendró a Naassón,Naassón engendró a Salmón,
5 Salmón engendró, de Rajab, a Booz,Booz engendró, de Rut, a Obed,Obed engendró a Jesé,
6 Jesé engendró al rey David.David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón,
7 Salomón engendró a Roboam,Roboam engendró a Abiá,Abiá engendró a Asaf,
8 Asaf engendró a Josafat,Josafat engendró a Joram,Joram engendró a Ozías,
9 Ozías engendró a Joatam,Joatam engendró a Acaz,Acaz engendró a Ezequías,
10 Ezequías engendró a Manasés,Manasés engendró a Amón,Amón engendró a Josías,
11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia.
12 Después de la deportación a Babilonia,Jeconías engendró a Salatiel,Salatiel engendró a Zorobabel,
13 Zorobabel engendró a Abiud,Abiud engendró a Eliakim,Eliakim engendró a Azor,
14 Azor engendró a Sadoq,Sadoq engendró a Aquim,Aquim engendró a Eliud,
15 Eliud engendró a Eleazar,Eleazar engendró a Mattán,Mattán engendró a Jacob,
16 y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo.
17 Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

 

Reflexión

El mensaje que hoy nos trasmite san Mateo muestra que el plan de Dios para la Encarnación de su Hijo incluye el deseo de manifestar, por medio de la elección de una familia concreta, una profunda solidaridad con la humanidad. Como todos los seres humanos, también Jesús tiene una familia con una historia de luces y sombras, fidelidad e infidelidad. Una familia normal.

Todo el camino de la Encarnación es testimonio del deseo de Dios de rescatar a la humanidad esclavizada por sus propias pasiones y pecados, sin detenerse en miramientos de tipo personal, sin preferencias de ninguna clase, sin exclusión alguna de ninguna persona.

La condición humana asumida por la Persona del Hijo eterno es la misma que compartimos los hombres y las mujeres de todos los tiempos, razas, culturas e incluso religiones. Una de las cosas que impide el establecimiento de una paz sincera y duradera en nuestro país es que todavía hay gente que mira con antipatía a los demás, como viendo que unos son más que otros y sin conocer las dificultades y miserias de los más alejados de los beneficios de la sociedad. Es como si de verdad algunos creyeran que son de mejor familia o condición social.

Hoy, sabiendo que Dios pensó en mostrar su solidaridad a toda prueba con toda la humanidad, sin distinciones ni preferencias, reflexionemos sobre la necesidad que tenemos de ser sinceros en la consideración de la igualdad fundamental de todos los hombres y mujeres del mundo. Dicha igualdad no excluye algunas diferencias. Pero nosotros, que queremos amar, seguir y servir a Jesús, proclamamos a los cuatro vientos que las diferencias legítimas no nos separan sino que nos unen y complementan. Cuando hay una diferencia entre nosotros que es buena y querida por Dios, es motivo de agradecimiento al mismo Creador que distribuye sus bienes a todos para la edificación de su pueblo en la variedad de servicios y maneras de vivir la condición de seguidores de Cristo.

Dediquemos un momento a repasar en nuestra mente a todas las personas que conocemos para hacer pasar ante los ojos de nuestra imaginación a las que hemos visto por las calles. A todos los vamos a considerar como verdaderos hermanos y hermanas, poniendo especial cuidado en experimentar esta fraternidad de manera muy sincera con los que nadie quiere y con los que son despreciados por su pobreza, ignorancia, apariencia o manera de ser o de pensar. ¿Qué piensa Jesús de ellos, que vino por su amor?

(Momento de silencio.)

Compromiso personal y comunitario

Desde hoy haré el más honesto esfuerzo por considerar como iguales en todo a mí a los que me rodean. Por amor a Jesús que se hizo hombre, semejante a nosotros menos en el pecado, buscaré tratar a todos con dignidad, respetando su estado de vida o la condición en que se encuentren.

 

Consideración para el tercer día (Dic. 18)

 

"Justicia es disponibilidad, solidaridad, honestidad"

Alrededor del pesebre (como familia, como comunidad) experimentamos una alegría especial. Nuestras tradiciones de diciembre llenan de esperanza los corazones y hacen que todos queramos compartir una novedad y una ilusión. Pero sabemos que la verdadera fiesta le pertenece a Jesús y no a nosotros, y por eso, al hacer nuestra oración queremos descubrir lo que Él mismo desea de nosotros.

Del Evangelio según san Mateo (1,18-24)

18 La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo.
19 Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.
20 Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo.
21 Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados."
22 Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta:
23 Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: "Dios con nosotros".
24 Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.
25 Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.

 

Reflexión

Entre los personajes que nos invitan a vivir bien estos últimos días del Adviento, justo antes de la Navidad, está san José. El Evangelio que acabamos de escuchar lo llama "hombre justo" y aprecia sus gestos de amor para con María, su prometida. Dios mismo sale en su ayuda para que su comprensión sea recompensada por un mensajero del cielo que le revela que ella fue elegida para llevar a cabo la misión de madre del Mesías y que, en el mismo orden, él ha sido elegido para cumplir la honrosa misión de ser el padre adoptivo del niño que ha de nacer. De acuerdo con las profecías antiguas, san José debe recibir al Hijo Eterno del Padre, que será el enviado a manifestar que Dios está cerca de todos los seres humanos. Y desde aquel momento, ejecuta el plan de Dios con total obediencia en el amor.

Todo lo que un buen discípulo puede contemplar en san José habla de fidelidad al plan de Dios. Y mientras hacemos esta novena compartiendo alegrías con muchas personas, cambiando de rutina y buscando cómo divertimos un poco, podríamos estar olvidando lo que es importante y dedicándonos a lo superficial y a lo inútil. En otras palabras, podríamos estar alejándonos de esa fidelidad que hoy contemplamos en San José y en la Virgen María mientras esperan la llegada del Hijo encarnado.

Sabemos con total certeza que Jesús como hombre fue íntegro, supo hacer en cada momento lo que convenía, incluso cuando era invitado a fiestas. Jesús aprueba que aprovechemos esta ocasión para alegramos por su venida, para cantar y para adornar nuestras casas, pero a la vez nos invita a que pensemos en aquellas personas que no tendrán la posibilidad de celebrar la Navidad. Todo lo que vemos de luces y colores puede verse vacío si no hacemos algo urgente por decorar primero la dignidad de quienes todo lo han perdido. Nuestra novena y nuestra alegría deben tener un motivo especial que es complacer a Jesús.

Para dar gusto al Señor en esta novena, hoy queremos preguntamos qué es lo que hace que el Evangelio llame a San José el "hombre justo". En otras palabras, queremos aprender lo que agrada al Señor. Y resulta que en la Palabra de Dios la justicia es una actitud muy profunda del corazón que tiene tres dimensiones: la capacidad de renunciar a todo lo que es pecado o falta de solidaridad con los más pobres, que desagrada a Dios porque Dios merece que en todo lo amemos y sirvamos (es lo que la Biblia llama "ayuno"); la disponibilidad para estar siempre en contacto amoroso y sincero con Dios por nuestra oración personal; y la permanente salida de nosotros mismos en gestos de verdadera compasión y misericordia ayudando a aliviar las necesidades y angustias de los que nos rodean (que la Biblia llama "limosna").

)Cómo puedo hacer que esta justicia se viva eficazmente a nivel personal y social? ¿Por qué tantas personas viven tan superficialmente? ¿Será que en el fondo no tienen verdadera fe o no saben qué es lo que pide Jesús?

(Momento de silencio)

Compromiso personal y comunitario

No dejaré terminar esta jornada sin organizar en familia o con la comunidad una acción humanitaria que responda a las necesidades sentidas de los niños, mujeres o ancianos del sector que viven situaciones de maltrato y abandono.

Consideración para el cuarto día (Dic. 19)

 

"No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón"

De nuevo estamos reunidos en la presencia de la familia de Nazaret y nuestro corazón se regocija ante la proximidad de la Navidad. También hoy queremos ofrecer al Señor el homenaje que sólo Él merece y progresar en la gracia del Adviento que nos quiere preparar de la mejor manera a la celebración de la Navidad y a la espera de "los cielos nuevos y la tierra nueva" de los que habla la Escritura para el final de los tiempos. Escuchemos las palabras del Evangelio y busquemos en él el sentido de nuestras celebraciones.

Del Evangelio según san Lucas (1 ,5-25)

5 Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una mujer descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel;
6 los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor.
7 No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos de avanzada edad.
8 Sucedió que, mientras oficiaba delante de Dios, en el turno de su grupo,
9 le tocó en suerte, según el uso del servicio sacerdotal, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso.
10 Toda la multitud del pueblo estaba fuera en oración, a la hora del incienso.
11 Se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso.
12 Al verle Zacarías, se turbó, y el temor se apoderó de él.
13 El ángel le dijo: "No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan;
14 será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento,
15 porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre,
16 y a muchos de los hijos de Israel, les convertirá al Señor su Dios,
17 e irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, = para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, = y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto."
18 Zacarías dijo al ángel: "¿En qué lo conoceré? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad."
19 El ángel le respondió: "Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena nueva.
20 Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo."
21 El pueblo estaba esperando a Zacarías y se extrañaban de su demora en el Santuario.
22 Cuando salió, no podía hablarles, y comprendieron que había tenido una visión en el Santuario; les hablaba por señas, y permaneció mudo.
23 Y sucedió que cuando se cumplieron los días de su servicio, se fue a su casa.
24 Días después, concibió su mujer Isabel; y se mantuvo oculta durante cinco meses
25 diciendo: "Esto es lo que ha hecho por mí el Señor en los días en que se dignó quitar mi oprobio entre los hombres."

Reflexión

El relato del anuncio del nacimiento de Juan el Bautista que recibió su padre Zacarías en el templo nos recuerda la anunciación del arcángel san Gabriel a María Santísima. Sin embargo, nos muestra la diferencia en la actitud: Zacarías permaneció mudo porque no creyó inmediatamente el mensaje celestial; María, en cambio, se puso a la orden del Señor para que en ella y por medio de ella se hiciera todo lo que Dios quisiera. Eso es lo que falta seguramente a muchos discípulos de Jesús que podrían colaborar tan decididamente en la realización de los planes de Dios sobre el mundo si fueran más dóciles a la Palabra.

Pero hoy queremos fijar nuestra mirada en la misión encomendada desde el primer momento a Juan el Bautista. A él le correspondió hacer que muchas personas volvieran al Señor, convencer con entusiasmo a todos sobre la urgencia de la reconciliación general y buscar portadas los medios que los rebeldes volvieran a la sensatez de los justos.

En este sentido, la justicia y la reconciliación son la única posibilidad sensata para quienes quieren acoger la paz. Justicia de los individuos y justicia de los grupos humanos. Reconciliación con Dios y reconciliación entre nosotros. Juan predicó a los pecadores la conversión en la certeza del amor misericordioso de Dios que siempre ha querido y quiere mostrarse abierto a quien busca perdón. Y el milagro del perdón es lo único que permite a los seres humanos vivir en paz consigo mismos. De hecho, la posibilidad de reconciliación es la puerta abierta de la paz interior.

Pero esto es exacto también a nivel más amplio, al nivel de la sociedad. Si la sociedad entera se abre al amor de Dios y al misterio del perdón, si se entra en un proceso de reconciliación nacional, todo puede ser mejor. Nada vale para la paz el solo silencio de las armas. Ese silencio puede ser macabro por la terrible posibilidad de una simple superioridad de recursos, de fuerzas y de pactos. En cambio, la paz sí se construye por el camino de un proceso de reconciliación en el que la justicia sea resarcida de todas las partes y en que las responsabilidades sean reconocidas, aceptadas y satisfechas dentro de los cauces de la verdad y del derecho.

Al preparamos a la Navidad debemos meditar muy bien cuáles son las opciones del Evangelio por la paz. De hecho, nuestro Señor llamó "bienaventurados a los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios". Como el Hijo de Dios dio su vida por la paz del mundo, así los cristianos debemos comprometemos en instaurar el nuevo orden que haga posible la paz.

Pensemos un momento si vivimos con alegría nuestra propia relación con Dios que tanto nos ha perdonado y que tanto nos ama. Reconociéndonos pecadores perdonados, ofrezcamos el perdón a todos.

(Momento de silencio.)

Compromiso personal y comunitario

Buscaremos un espacio para la oración personal y, haciendo pasar ante nuestra mirada interior a todos los que nos hayan ofendido, les daremos el perdón sincero. De la misma manera haremos propósito de no llevar cuentas de las ofensas recibidas en el pasado ni durante este año. Pediremos al Señor que ilumine a todos los que tienen poder decisorio en nuestro país para que se convenzan de la necesidad de establecer procesos de reconciliación que promuevan una paz verdadera.

Consideración para el quinto día (Dic. 20)

 

"La justicia exige relaciones nuevas"

La tradición del pesebre fue inaugurada por San Francisco de Asís y ha servido para que muchas generaciones de cristianos contemplemos los misterios de la Encarnación y del Nacimiento de Jesús, el Señor. Pero resulta extraño que nuestra generación haya perdido la sensibilidad de quienes más de cerca han vivido este misterio. Dejemos que la Palabra de Dios despierte de nuevo en nosotros verdaderos sentimientos de apertura y entrega a Jesús y al Padre, a María y a José y a todos aquellos por quienes dio su vida Jesús.

Del evangelio de san Lucas (1,26-38)

26 Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
28 Y entrando, le dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo."
29 Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.
30 El ángel le dijo: "No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios;
31 vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.
32 El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;
33 reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin."
34 María respondió al ángel: "¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?"
35 El ángel le respondió: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.
36 Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril,
37 porque ninguna cosa es imposible para Dios."
38 Dijo María: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra." Y el ángel dejándola se fue.

Reflexión

El Evangelio de hoy relata la Anunciación del arcángel San Gabriel a María Santísima y, en el mismo acontecimiento, la Encarnación del Hijo de Dios. Se trata de una palabra que produce gran alegría a quienes nos reunimos en torno al pesebre. Dios mostró su misericordia a María y le reveló la manera como ella, por el poder del Espíritu, llegaría a ser la Madre de Dios, Él mismo quiso dar pruebas de su poder a María, quien a su vez ofreció al Señor toda su disponibilidad como humilde servidora de sus planes.

En el camino de quienes queremos ser verdaderos discípulos de Jesús, la disponibilidad se presenta como condición insustituible de seguimiento, porque la vida cristiana no es hacer muchas cosas sino dejar a Dios hacerlas en el mundo y en nosotros. Si bien esta actitud comporta un riesgo, lejos de suprimir nuestra libertad de acción, enaltece nuestro compromiso de fe. Dios es Dios y sólo Él tiene todo el poder y la gloria. Por eso, quien lo conoce y sabe de su amor por la humanidad entera, sabe también que Él actúa siempre a favor nuestro.

Pero la disponibilidad ante Dios puede ser falsa, si no está sinceramente acompañada de una actitud de apertura frente a todos los que nos rodean. Ser disponibles a quienes acuden a nosotros, a quienes no se atreven a pedir un favor y a quienes lo piden de manera poco conveniente, ser abiertos y sensibles a las necesidades de los demás es la prueba de la otra apertura fundamental a la Gracia que Dios nos da.

La disponibilidad resplandece como virtud necesaria en el camino de la paz, tanto en nuestro medio más cercano, familiar o comunitario, como en el gran medio de la sociedad en que vivimos. Porque la paz se construye sobre la realidad del diálogo y de la escucha, es decir, sobre relaciones nuevas en las que haya verdadera consideración por la necesidad ajena. La misma justicia social, condición indispensable para la paz, requiere que todos revisemos nuestra capacidad de salir de sí mismos para ir al encuentro solidario con el otro, reconociendo su dignidad y respetando sus derechos.

)Seremos de los que sólo pretenden conservar sus privilegios de clase o de posición? ¿Estamos atentos a escuchar siempre a los que nos rodean y nos necesitan, sin anticipar respuestas, acogiendo de corazón sus iniciativas?

Compromiso personal y comunitario

Desde hoy haré el propósito de crear relaciones nuevas con los familiares, amigos y compañeros a los que no he sabido escuchar, aceptar o comprender. En oración le voy a pedir a la Santísima Virgen su ayuda para poder lograrlo.


Consideración para el sexto día (Dic. 21)

"La paz es posible, si actuamos con justicia y rectitud"

Avanza la Novena de Navidad y los que la hacemos con amor queremos agradar sinceramente a Jesús, nuestro Señor y hermano, nuestro amigo entrañable. Por eso tratamos de ver más allá de los signos exteriores que embellecen nuestras casas y las calles de nuestra ciudad y procuramos ver qué es lo que realmente desea el Dueño de la Fiesta.

Del Evangelio según Lucas (1 , 39-45)

39 En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá;
40 entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
41 Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo;
42 y exclamando con gran voz, dijo: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno;
43 y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?
44 Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno.
45 ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!"

Reflexión

Acabamos de escuchar cómo la Madre de Dios, inmediatamente después de recibir en sus purísimas entrañas al Hijo Eterno, bien consciente de quién es el verdadero protagonista de toda la historia humana, sale a prestar un servicio de caridad. Su actitud es un ejemplo para nosotros en esta Navidad. En nuestras fiestas, muchas veces, se olvida quien es el motivo de las fiestas y nos dedicamos a cosas que nada tienen que ver con lo que estamos celebrando. María, en cambio, a pesar de ser la que más tendría "derecho" de hacerse fiesta, entiende que su misión comienza con un notable gesto de servicio.

Por otra parte, las palabras de asombro de Isabel cuando María llega a atenderla y el salto de gozo de la criatura en su vientre, confirman la certeza incontenible de la conciencia que sabe que Dios ha venido a visitar a su humanidad de manera nueva y definitiva. Dios se ha comprometido con la causa de todos los seres humanos hasta el punto de enviar a su Hijo en persona. ¿Cómo hacer que todos los creyentes lleguen a experimentar algo del asombro de Isabel? ¿Cómo hacer que nuestra fe involucre todas las fibras de nuestro ser?

En las circunstancias actuales de nuestro país, no podemos menos que pensar qué es lo que no está funcionando desde la fe. Nos preguntamos si es que no hemos acogido el anuncio gozoso de la llegada del Hijo de Dios a compartir en todo nuestra historia y, sobre todo, si es que no se ha sabido todavía que Él puso las verdaderas condiciones para la paz. Si Él hizo presentir su llegada desde cuando habitaba el vientre purísimo de María, ahora, después de su muerte y de su resurrección, después de la efusión del Espíritu Santo, Él mismo hace experimentar el perdón, la reconciliación y la paz a cuantos lo acogen por la fe. La Iglesia que nació de su costado traspasado, de la reunión de los primeros discípulos y del portento de Pentecostés, ha dado testimonio de estos hechos.

A nuestro país le hace falta acoger de verdad y con sinceridad la obra de la gracia de Dios. Le hace falta cumplir la misión encomendada por Jesús, ser fuente de vida, de respeto por la dignidad de las personas, de humanidad. La coherencia de la vida y el testimonio de cada uno de nosotros y de las comunidades que conformamos será el único signo válido para que llegue la paz. No podrán darse condiciones adecuadas para llegar a ella si no vivimos en rectitud y justicia, individual y socialmente, de acuerdo con lo que hemos recibido.

Meditemos un momento acerca del misterio de María que nos entrega a Jesús, a quien los profetas anunciaron como "el Príncipe de la Paz". No se trata de una tierna imagen que no nos compromete, sino de un llamado serio y dichoso para que decidamos qué vamos a hacer desde hoy para que Jesús sea conocido, amado, respetado por todos y para que todos vivan de manera conforme a sus enseñanzas.

(Momento de silencio.)

Compromiso personal y comunitario

Haré hoy un examen de conciencia en el que reflexionaré sobre mis incoherencias y temores que me impiden el verdadero encuentro con Jesús y con los hermanos. De la misma manera ofreceré al Señor mi sincero propósito de hacerlo conocer y amar en los ambientes en que vivo y trabajo cada día.

 

Consideración para el séptimo día (Dic. 22)

"Felices los que tienen hambre y sed de justicia..."

Se aproxima el gran día de la Navidad que todos esperamos con ilusión, hay ambiente festivo en casi todas partes y corremos el riesgo de olvidar que todavía estamos en Adviento, es decir, en la espera, en un tiempo dedicado a la conversión. Nuestra novena tendrá sentido más auténtico si no olvidamos esta dimensión de nuestra fe.

Del Evangelio según san Lucas (1, 46-56)

46 Y dijo María: "Engrandece mi alma al Señor
47 y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador
48 porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,
49 porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre
50 y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen.
51 Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón.
52 Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes.
53 A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada.
54 Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia
55 como había anunciado a nuestros padres - en favor de Abraham y de su linaje por los siglos."
56 María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.

Reflexión

Acabamos de escuchar el cántico que brotó de labios de María cuando oyó la profesión de fe de Isabel, su pariente, el día de la Visitación. A partir de sus palabras, nos damos cuenta de la conciencia que María tiene de haber sido elegida para la misión única y dichosa de ser la Madre del Salvador. Pero su canto de alabanza también nos hace testigos de su fe y de su esperanza. En la fe, ella sabe que la gracia incomparable que ha recibido es regalo para todas las naciones. Sabe que el único protagonista es Dios nuestro Señor. Y su esperanza iluminada por el cumplimiento de las promesas antiguas hechas a los padres en la fe, se hace constatación alegre de la llegada del tiempo en el que los pobres, los pequeños y los pecadores, serán tratados por Dios de manera especial.

¡Cómo se equivoca tanta gente con la Navidad haciendo de ella una ocasión para despilfarrar fortunas en cosas inútiles! (Si al menos algunos se dieran cuenta de los verdaderos preferidos de Dios y compartieran con Dios su preocupación por ellos, muchas cosas cambiarían! iY cómo se cae fácilmente en el sin sentido de celebraciones exteriores! Hasta los signos y los adornos parecen haber olvidado al Dueño de la Fiesta. Hasta "de moda" se nos ponen algunos arreglos. Y, mientras tanto, los más pobres, los pobres pecadores, los débiles, que son los que Jesús quiere que amemos y reconozcamos como hermanas y hermanos nuestros, siguen padeciendo nuestra indiferencia total.

Pero las palabras de la Virgen María son suficientes para el que quiera entender: "Dios dispersó a los soberbios... derribó del trono a los poderosos y enalteció a los humildes, a los que tenían hambre los colmó de bienes y a los ricos los despachó vacíos..." El darse cuenta de estas realidades es la verdadera alegría de María, quien florece ante Dios como su obediente y humilde esclava desde el instante de la Encarnación. Ella sí se supo poner al servicio de este plan de Dios desde el lugar en el que Dios mismo la puso. ¿Cómo se podría hacer para que la alegría de nuestras fiestas estuviera acompañada de verdaderos signos de justicia social, que nos permitieran salir al encuentro de los pobres, de los pecadores, de los excluidos y marginados por la sociedad en que vivimos? El Santo Padre nos lo recuerda siempre: "Si quieres la paz, sal al encuentro del pobre".

(Momento de silencio)

Compromiso personal y comunitario

Dialogar por un momento en familia, en comunidad, sobre la situación de injusticia social, de desigualdad que vive nuestra sociedad y compartir actitudes, hechos o acciones personales o comunitarias que realizamos para que en nuestra familia, estudio, trabajo, comunidad haya igualdad de derechos, equidad, desarrollo, defensa del bien común.

Consideración para el octavo día (Dic. 23)

 

"De la justicia, brota la solidaridad y la misericordia"

La Navidad nos debe llevar a profundizar más en el misterio de la infinita misericordia que Dios ha tenido con toda la humanidad de todos los tiempos. El nacimiento del Salvador es el signo más excelente de la cercanía de Dios a nosotros y de su compromiso definitivo y total con la humanidad.

Del Evangelio según San Lucas (1,57-66)

57 Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo.
58 Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella.
59 Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías,
60 pero su madre, tomando la palabra, dijo: "No; se ha de llamar Juan."
61 Le decían: "No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre."
62 Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase.
63 El pidió una tablilla y escribió: "Juan es su nombre." Y todos quedaron admirados.
64 Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios.
65 Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas;
66 todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: "Pues ¿qué será este niño?" Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.

Reflexión

Alrededor del nacimiento de Juan el Bautista, Precursor del Señor, ocurren muchas maravillas que manifiestan de manera luminosa la bondad infinita de Dios. Los vecinos reconocen que el Señor ha tenido una gran misericordia con ella. Y Zacarías, el padre del niño, desata su lengua y se pone a bendecir y a alabar a Dios.

La proximidad de la fiesta de Navidad nos pone en esta actitud de bendición y de alabanza. Y al conocer la manera como Dios preparó los acontecimientos nos llenamos de admiración y cariño.

Pero todo lo anterior no nos puede distraer de la idea central del Evangelio escuchado que nos muestra en cada acontecimiento y en cada intervención de Dios su gran misericordia. De la misma manera y según lo que hemos meditado en esta novena, resuenan a nuestra conciencia otras invitaciones de Jesús: "Sean misericordiosos como vuestro Padre del Cielo es misericordioso", "perdonen y serán perdonados", "presten sin esperar recompensa", "acompañen al que los hace caminar con él", "amen a sus enemigos", "oren por los que los persiguen y calumnian".

A la luz de las enseñanzas del Evangelio sabemos que la misericordia, más allá de cualquier sentimiento, es una actitud de generosa disponibilidad frente a las limitaciones y deficiencias, frente a la pobreza y a las miserias de los que nos rodean. Lá misericordia que debemos vivir los discípulos de Jesús se parece a la bondad del Padre Dios que, sin preguntar "qué te hace falta", conoce y sabe la necesidad primordial de la humanidad entera y se toma la molestia de resolverla. Aún a pesar de no ser agradecido y hasta el límite de ser incomprendido y rechazado por los mismos beneficiados, Dios se compromete hasta el final en la solución del gran problema humano.

Dediquemos un momento a pensar lo que sería una nación en la que las necesidades de todos realmente fueran satisfechas por los responsables antes de que los pobres y postergados tuvieran que humillarse más. Pensemos en cómo hacer para que en todas partes se experimente la solidaridad y la responsabilidad en el destino común de la nación. ¿Tengo sincero interés por vivir la solidaridad y la misericordia para con todos los que me rodean?

(Momento de silencio.)

Compromiso personal y comunitario

En familia, recordar cuáles son las obras de misericordia espirituales y corporales, revisar nuestro compromiso frente a ellas y hacer el propósito firme de ponerlas en práctica todos los días.


Consideración para el día noveno (Dic. 24)

 

"La Justicia y la Paz se han abrazado"

Mañana se celebra y comienza la Navidad, un tiempo propicio para recordar las maravillas que Dios ha hecho y sigue haciendo en la historia; estamos comprendiendo que la verdadera alegría es la de una vida conforme a las enseñanzas de Cristo y nos hemos llenado de esperanzas de poder alcanzar la paz como fruto de la justicia. El Evangelio del 24 de diciembre nos ayuda a entrar en la alabanza. Hoy nos vamos a unir a la lectura evangélica repitiendo con un estribillo:

BENDITO SEAS, DIOS PADRE, QUE NOS HAS DADO A TU HIJO COMO SALVADOR Y REDENTOR.

Del Evangelio según San Lucas (1,68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David su siervo, tal como lo anunció
por boca de sus santos profetas desde los tiempos antiguos.

BENDITO SEAS, DIOS PADRE, QUE...

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian,
para mostrar misericordia a nuestros padres,
y para recordar su santa alianza
y el juramento que hizo a nuestro padre Abraham.

BENDITO SEAS, DIOS PADRE, QUE...

Para concedernos que, libres de la mano de nuestros enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia
en su presencia todos nuestros días.

BENDITO SEAS, DIOS PADRE, QUE...

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor a preparar sus caminos
para dar a su pueblo el conocimiento de la salvación
por el perdón de los pecados.

BENDITO SEAS, DIOS PADRE, QUE...

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el Sol que nace de lo alto,
para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

BENDITO SEAS, DIOS PADRE, QUE...

Celebrando ya, prácticamente, la fiesta de la Navidad, nos alegramos con este cántico de alabanza de Zacarías y, al hacer nuestras sus palabras, reconocemos el poder admirable de la venida del Salvador. Porque todos los enemigos que nos oprimían y la mano tenebrosa de todos los que nos odian, han sido ahuyentados y van de retirada como se retiran las tinieblas al amanecer, cuando comienza a resplandecer el Sol que nace de lo alto.

Queremos ser fieles y constantes en el seguimiento del Salvador y queremos acogerlo en nuestra vida personal y social. Los temibles enemigos de la injusticia y la violencia caerán cuando nuestros corazones estén verdaderamente evangelizados, conscientes de su compromiso cristiano en el mundo, libres y liberadores porque saben que Uno mayor que todos ya rompió las cadenas que nos oprimían. Como dice el salmo 85 en el versículo 10: "La misericordia y la verdad se encuentran, la justicia y la paz se besan." Y todo es posible gracias al cumplimiento de la promesa porque como lo anunciaba Isaías 9,6: "Un niño nos ha nacido, un Hijo se nos ha dado... que se llamará Consejero Admirable, Dios Poderoso, Padre Sempiterno, Príncipe de la Paz."

Meditemos asiduamente cómo hacemos cada vez más fieles a las enseñanzas y a los mandatos de Jesús, con una religión pura y sincera que estimule la caridad al ejemplo del mismo Señor. Reflexionemos sobre la manera como vamos a hacer que esta Navidad dé el fruto que debe dar en nuestra vida. Para que Jesús realmente reine en nuestra patria se requiere que establezcamos nuevas relaciones basadas en la justicia y en la solidaridad en la cordialidad sincera y en la disponibilidad a todo lo que construya la armonía entre todos. El Rey de la Paz quiere la reconciliación de todos y ofrece su Evangelio y su Gracia para que ella sea una realidad.

(Momento de silencio)

Compromiso personal y comunitario

Viviré esta noche santa en paz y armonía con todos los que están a mi lado, sin exigir nada para mí y tratando de dar alegría a los que me rodean. De ahora en adelante:

Si las circunstancias me lo permiten, voy a comulgar para experimentar de la manera más intensa mi amistad con Jesús.