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La participación se inicia en la preparación
Por:
Tadeo Albarracín Montañez, Pbro.
Para
salir al paso a los errores protestantes del siglo XVI sobre el
sacerdocio ordenado, la práctica pastoral y litúrgica insistía sobremanera
en el papel de sacerdote ordenado al punto de casi reducir la misa
a un asunto del padre. Aún se encuentra uno sacerdotes que «dicen
misa» y laicos que «oyen misa». El Misal de Pablo VI tiene partes
que son propias de la asamblea y que el presbítero en ocasiones
invade o no respeta.
A
veces el Misal ofrece opciones variadas y propone que se escoja
tal o cual por «razones pastorales», o que se seleccionen los textos
«que mejor respondan a la preparación espiritual y modo de ser de
quienes participan en el culto» (IGMR 313). No hay que caer en el
«asambleísmo», pero sí hay oportunidades en las que los fieles tienen
que ser oídos. El Ritual del matrimonio pide que el presidente prepare
con los contrayentes la celebración y que con ellos seleccione los
textos bíblicos y las fórmulas rituales; esto también debería hacerse
con las misas en donde se celebran los otros sacramentos y en los
funerales. Cabrá la disculpa aquella de que «los laicos no están
preparados», pero ya es hora que la participación no se vea reducida
a «acompañar con las palmas» las melodías de cantos que no tienen
mayor contenido.
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