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PALABRA
DE DIOS
PALABRA
DE HOMBRE
La
palabra creadora de Dios
Palabra, palabras.
Comunicación.
La historia del encuentro de Dios con el
hombre
está marcada por el continuo hablar
de Dios.
Su amor infinito ha hablado,
tantas veces y de tantos modos,
hasta pronunciar
su Palabra plena:
Jesús de Nazaret.
Una palabra-persona.
Uno de nosotros.
El encuentro con él cura la sordera
Y vence nuestro mutismo.
Libera en nosotros el testimonio
valiente.
Nos hace testimonio de su amor
por los hermanos.
Si lo queremos.
1.
LA PALABRA
Canto:
Señor, tú tienes palabras (C. Gabaráin)
Guía:
La Palabra.
Revelación de una presencia,
Sonido revestido de humanidad.
Expresión de la persona que se manifiesta.
Llanto de un niño, alegre griterío de los niños,
Palabra de hombre.
Palabra susurrada, gritada,
Palabra que da seguridad, conforta, sostiene.
La Palabra existía antes de los comienzos.
Todo fue hecho por medio de ella.
¡Palabra en los confines del silencio!
Palabra creadora,
Palabra fiel,
Palabra de Dios!
Dios Palabra:
¡Jesús, nuestro salvador!
ORACIÓN
Oh Dios, Padre nuestro, que
en Cristo, tu Palabra viviente, nos has dado el modelo del hombre
nuevo, haz que el Espíritu Santo nos haga no sólo oyentes, sino
que nos haga llevar a la práctica el evangelio, para que todo el
mundo te conozca y glorifique tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
2.
LA PALABRA VIVA Y EFICAZ
Lectura: del libro de Isaías
(55,
«Que el malvado abandone su
camino y el criminal sus planes; el Señor se apiadará de él si se
convierte, si regresa a nuestro Dios que es rico en perdón. Porque
mis planes no son sus planes, ni sus caminos son mis caminos. Oráculo
del Señor. Tan lejos como está el cielo de la tierra, así mis caminos
de ustedes, y mis planes de sus planes. Como la lluvia y la nieve
caen del cielo, y sólo regresan allí después de empapar la tierra,
de fecundarla y hacerla germinar para que dé semilla al que siembra
y pan al que come, así será la palabra que sale de mi boca: no regresará
a mí vacía, sino que cumplirá mi voluntad y llevará a cabo mi encargo».
Diálogo con la Palabra
LECTOR
Tu Palabra es lámpara para mis pasos, luz
en mi sendero. (Sal 118,105)
ASAMBLEA
Tu Palabra has dicho
es lámpara para mis pasos y luz en mi sendero.
LECTOR
La semilla caída en buen terreno significa
aquel que oye la palabra y la acoge y ella da fruto (Mt 13,23).
ASAMBLEA
Tu Palabra has dicho
es semilla que fructifica cuando el corazón es un terreno libre
y bueno.
LECTOR
Como lluvia o nieve que bajando del cielo
no regresan allí sin haber empapado y fecundado la tierra, así es
mi Palabra (Is 55,10).
ASAMBLEA
Tu Palabra has dicho
es como lluvia o nieve que empapa y hace germinar y no regresa al
Padre sin cumplir aquello para lo cual fue mandada.
LECTOR
La Palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante
que espada de doble filo (Heb 4,12)
ASAMBLEA
Tu Palabra has dicho es espada
afilada que penetra en lo profundo y hiere para sanar.
LECTOR
He aquí que vendrán días dice el Señor
Dios en que enviaré el hambre al país, no hambre de pan y
sed de agua, sino de escuchar la Palabra del Señor (Am 8,11)
ASAMBLEA
Mi Palabra como has dicho quita
la sed más que el agua y quita el hambre más que el pan.
LECTOR
Tus normas eran mi canción en tierra extranjera
(Salmo 118,54)
ASAMBLEA
Tu Palabra como has dicho es canto
para el corazón a lo largo de mi camino de peregrinación. Tu Palabra
como he entendido, es el corazón del ser y su revelación.
Haz que yo me vuelva pobre y vacío para acogerla, puro y silencioso
para darle resonancia.
3.
CRISTO, LA PALABRA QUE SANA
Mientras se ejecuta la
aclamación al Evangelio, el presidente sale y regresa trayendo solemnemente
el libro del Evangelio, acompañado de los ciriales
Canto: Tu Palabra me
da vida, confío en ti, Señor;
Tu Palabra es eterna,
en ella esperaré.
De Evangelio según san
Marcos (7,31-37)
«Dejó el territorio de Tiro
y se dirigió de nuevo, por Sidón, hacia el lago de Galilea, atravesando
el territorio de la Decápolis. Le llevaron un hombre que era sordo
y apenas podía hablar y le suplicaron que impusiera sobre él la
mano. Jesús lo apartó de la gente y, a solas con él, le metió los
dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Luego, levantando
los ojos al cielo, suspiró y le dijo: Effatha (que significa:
ábrete). Y al momento se le abrieron sus oídos, se le soltó la traba
de la lengua y comenzó a hablar correctamente. Él les mandó que
no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más insistía, más lo proclamaban.
Y tremendamente asombrados decían: Todo lo ha hecho bien.
Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»
Meditación sobre la Palabra escuchada
Guía: Introducción
1.
Lectura:
Del Comentario sobre el Diatessaron de san Efrén,
diácono
¿Quién podrá alguna vez penetrar
con la mente uno de tus dichos, Señor? Es más lo que dejamos que
lo que aferramos, precisamente como los sedientos que beben en una
fuente.
La Palabra de Dios es el árbol
de la vida que de todas sus partes te ofrece un fruto bendito, como
aquella roca que se abría en el desierto para ofrecer por todos
sus lados una bebida espiritual. «Comían», dice el Apóstol, «una
comida espiritual y bebían una bebida espiritual».
Por tanto, aquel a quien le
tocó en suerte una parte de aquel tesoro, no crea que en esta palabra
se encuentra sólo lo que él ha descubierto, sino considere que ha
podido descubrir sólo esto entre las muchas cosas están en ella.
Ni, por el hecho de que sólo esta parte ha llegado a él y le tocó
en suerte, diga que la palabra misma es pobre y vacía, y la desprecie,
sino porque no puede aferrarla, dé gracias por su riqueza. Alégrate
de ser vencido, y no te entristezcas porque te ha superado. El sediento
está contento cuando bebe, y no se entristece porque no puede vaciar
la fuente, porque si tu sed se sacia sin que se agote la fuente,
cuando tengas todavía sed podrás nuevamente beber de ella; si en
cambio, saciada tu sed, se secara también la fuente, tu victoria
se transformaría en tu mal.
Da gracias por aquello que
has recibido y no te entristezcas por lo que ha quedado y sobreabunda.
Lo que has recibido y a lo que has llegado es propiedad tuya, y
lo que ha quedado es tu herencia. Lo que por tu debilidad no puedes
entender en una sola hora, si perseveras lo podrás comprender en
otras horas. Y no intentes con una mente reducida tomar de un solo
sorbo lo que no puede ser aferrado de una sola bebida, ni debes
desistir por pereza de aquello que puedes adquirir poco a poco.
2.
Meditación dialogada
Presidente:
Dios en los tiempos antiguos
habló muchas veces y de muchos modos a nuestros padres por medio
de los profetas. Ahora en nuestros días, ha hablado por medio del
Hijo (Heb 1,1). Hermanos y hermanas, Dios nos ha dirigido la Palabra.
No una Palabra de Dios en un lenguaje incomprensible, sino una Palabra
humana, inolvidable, su Hijo Jesús.
Asamblea:
Jesús, tú eres la Palabra
hecha carne, por obra del Espíritu Santo. Eres el Hijo de Dios que
se hizo nuestro camino, verdad y vida.
Presidente:
Esta Palabra ha atravesado
los tiempos sin perder sabor y nos llega en todos nuestros idiomas.
Es válida para el bebé y para el viejo, ilumina al rico y al pobre,
sale al encuentro hasta del que no cree.
Asamblea:
Tu Espíritu hace viva esta
Palabra a fin de que hable al corazón de toda persona que esté dispuesta
a acogerla.
Presidente:
La Palabra de Dios es Palabra
eficaz como la lluvia que cae en la tierra y la hace fecunda. Ella
nos arranca de nuestra soledad, penetra en nosotros como la lluvia
en la tierra árida. Nos da refrigerio, nos indica la dirección y
el camino.
Asamblea:
Feliz quien escucha esta
Palabra y la custodia en el corazón.
Presidente:
Una vez escuchada, no la olvidamos
más. Ella vuelve a aparecer cuando creíamos haberla olvidado. Nos
espera, nos acoge, nos introduce en un espacio nuevo. Es Palabra
inexplicable. Hecha de silencios, de encuentros, de sonrisas, de
acontecimientos, de cotidianidad. Es Palabra hecha de historia,
nuestra historia. Palabra hecha del hoy, del aquí y el ahora.
Asamblea:
Tu Palabra, Señor, quiere
tomar carne en nosotros, que formamos el Cuerpo de Cristo. Danos
tu Espíritu, y seremos capaces de acogerla.
Presidente:
Una historia, la nuestra convertida
en lugar, habitación de Dios. Palabra de gestos, buena noticia.
¡Anuncio de alegría! ¡Esperanza cierta! Palabra que vence nuestro
mutismo, abre nuestros labios a la explosión de alegría. Cristo
nos confía su Palabra, a nosotros en que se mezcla la fidelidad
y la infidelidad, el amor y el no amor, historia típica de cada
uno de nosotros. Nosotros llegamos a ser, para los hombres de hoy,
una carta de Cristo resucitado, carta escrita no con su papel precioso,
sino carta escrita por nuestra vida.
Asamblea:
Conviértenos en tu carta,
Cristo Señor, escrita no con la tinta, sino con el Espíritu del
Dios viviente. (2 Cor).
Presidente:
Cristo nos confía su Palabra;
el Padre nos da la alegría de ser palabra verdadera. En nosotros
pone su Espíritu, que transforma nuestras dudosas e ineficaces palabras,
transforma nuestra vida en su mensaje de amor, su Palabra transformada
en uno de nosotros: Jesús. ¡A él sea el honor y la gloria!
Asamblea:
Jesús, tú eres la Palabra
hecha carne, por obra del Espíritu Santo. Eres el Hijo de Dios que
se hizo nuestro camino, verdad y vida.
4.
OYENTES Y ANUNCIADORES DE LA PALABRA
Canto: Yo
quisiera escuchar (C. Gabaráin)
Gesto
1)
Cada uno se acerca al presidente, que sostiene el libro de los Evangelios
y lo apoya sobre la cabeza de cada uno: la Palabra inviste toda
la persona del cristiano, llamado a anunciar a Cristo.
2)
La acogida de la Palabra produce vida nueva, que se expresa como
caridad. El compartir es el signo. Vivamos con esta conciencia la
colecta cuaresmal.
5.
ACCIÓN DE GRACIAS
Presidente:
El Señor esté con ustedes.
As: Y con tu espíritu
Levantemos el corazón. As:
Lo tenemos levantado hacia el Señor
Demos gracias a Dios, nuestro
Padre. As: Es justo y necesario
Presidente:
En verdad es justo y necesario
darte gracias,
es bueno cantar tu gloria,
Padre santo, único Dios vivo
y verdadero:
Tú existes desde siempre y
para siempre
en tu reino de luz infinita.
Tú solo eres bueno y fuente
de la vida,
y has dado origen al universo,
para infundir tu amor tu amor
en todas las creaturas
y alegrarlas con el esplendor
de tu luz.
Te agradecemos, Padre,
por el don de tu Palabra;
cantamos tus alabanzas por
tu Hijo Jesucristo.
Anunciado y esperado por los
siglos,
Él vino al llegar la plenitud
de los tiempos,
como revelación perfecta de
tu infinito amor.
Por medio de él
hemos conocido el cumplimiento
de las profecías,
hemos descubierto tu designio
de salvación,
y hemos entrado en comunión
contigo.
Resucitado de entre los muertos,
Él es la Palabra siempre viva,
la luz para nuestro camino
y la fuerza para nuestra debilidad.
Él nos ha hecho, Padre, el
regalo de tu Espíritu Santo,
para que sepamos acoger con
fe viva
la alegre noticia de la salvación.
Por eso entonamos nuestro
alegre canto de alabanza:
Canto:
Hoy, Señor, te damos gracias (C. Gabaráin)
Bendición propia del Tiempo
de Cuaresma (tomada del Misal Romano).
Presidente:
Que la Palabra sembrada en
ustedes dé fruto abundante para la vida eterna, haciéndolos testigos
del amor de Dios por todos los hombres.
Asamblea:
Amén.
Presidente:
Vayamos en paz.
Asamblea:
Demos gracias a Dios.
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