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Daniel Arturo Delgado Guana Pbro.
Resulta común, por los
días cercanos al nacimiento del Señor, que la programación de
televisión y las grandes pantallas de los cinemas se vean saturadas
de películas caracterizadas por un sentimiento creado y bien explotado
por los productores de Holywood: el espíritu de la navidad.
Tal vez ninguno de nosotros
esté exento de haber vivido a través de los films esas sensaciones
de placidez, de satisfacción y de agradecimiento que se experimentan
cuando después de múltiples aventuras entre paisajes nevados y
árboles rutilantes, los deseos prácticamente irrealizables de
un niño se hacen realidad. Un matrimonio arregla sus diferencias,
una persona enferma recupera la salud, un animal abandonado encuentra
cobijo y dueño, un ser amado que está ausente regresa a casa...
Todo termina con una exclamación: ¡Feliz navidad! seguida de una
típica carcajada de Santa Claus mientras se siente alejarse un
trineo surcando el cielo y dejando tras de sí una estela de sonrisas,
de alegrías, de brillos y colores. ¿Es esto la navidad?
Es posible que para muchos
la navidad sea esto y nada más y para ello se preparan durante
los días precedentes, pero para quienes vivimos la navidad como
experiencia del amor salvador de Dios que irrumpe en la historia
en la humildad del Niño de Belén, la preparación es otra cosa.
Disponerse con auténtico espíritu cristiano para la navidad es
ante todo memoria agradecida del pasado: El Señor se encarnó en
las entrañas de una Virgen y nació para nuestra salvación; es
recuerdo expectante del futuro anunciado: el Señor volverá tal
como nos lo ha prometido; y es experiencia alegre de su presencia,
hoy, en medio de nosotros. Estas tres actitudes son el motor del
estilo de vida cristiano que no se nutre de quimeras, que es realista,
que espera pero a la vez tiene los pies puestos en la tierra,
que mira hacia el cielo sin olvidar el mundo en donde hay una
tarea qué cumplir. Esto es el adviento. Mejor aún, toda la vida
del cristiano es un continuo adviento.
Preparar la navidad con
la ilusión de que ella trae consigo la solución de las dificultades
y el alcance de los imposibles es un imaginario que produce al
final sentimientos de frustración de engaño y de desilusión.
La navidad pasa y las escenas de las películas no se repiten en
los hogares: Las diferencias y los conflictos continúan, la soledad,
la enfermedad, la tristeza... El día después todo es igual cuando
no peor para quienes esperan una noche mágica que evite toda dificultad
y que exima de todo compromiso.
Esto no es el adviento.
* Reflexión para "Liturgia
para desprevenidos"
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