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1. ¿Qué es el Adviento?
Es
el tiempo litúrgico marcado por las cuatro semanas antes de Navidad,
en las que centramos nuestra mirada en la espera y preparación
de la venida de Jesucristo. No se trata de hacer como una ficción
consistente en simular que Jesús todavía no ha venido a nuestro
mundo, e imaginarnos que somos la gente del Antiguo Testamento
que esperaban la llegada del Mesías. Jesús ya vino hace dos mil
años, y con su venida ha transformado nuestra historia y nuestra
vida. Somos sus seguidores y hemos recibido su Espíritu para ser
continuadores de su obra. ¿Qué quiere decir entonces, esperar
y preparar su venida? Quiere decir varias cosas: en primer lugar,
significa revivir la venida histórica de Jesús, quiere decir mirar
hacia atrás, hacia ese acontecimiento trascendental sucedido hace
dos mil años y revivirlo con toda la intensidad. Por eso en el
Adviento nos preparamos para celebrar, con toda intensidad ese
hecho decisivo para nuestra salvación: Dios se ha hecho hombre,
ha venido al mundo a vivir como uno de nosotros, ha entrado en
nuestra historia para librarnos del pecado y del mal, ha asumido
nuestra naturaleza humana, nuestra carne, y ha hecho de ella vida
plena, vida divina. Adviento significa en segundo lugar celebrar
y abrirse a la venida constante de Dios, de Jesús, a nuestras
vidas y a la vida de la humanidad, venida que se realiza ahora,
en cada momento. El tiempo del Adviento nos ayuda a tener presente
que Dios viene constantemente a nuestras vidas, a través de los
acontecimientos y de las personas con que nos encontramos a diario.
Todo hombre y toda mujer, todo acontecimiento que sucede es una
llamada que nos hace Dios, una presencia de Dios que nos interpela.
Finalmente, en el Adviento celebramos una tercera venida del Señor:
es su última venida, la venida definitiva al final de los tiempos,
cuando llegará a término nuestra historia humana y entraremos
para siempre en la vida de Dios. Este es el horizonte final de
nuestra existencia: compartir con toda la humanidad la vida plena
de Dios. Jesús vendrá entonces y transformará definitivamente
nuestro mundo y nuestras vidas para que sean para siempre vida
de Dios, Reino de Dios.
2. Las actitudes del
Adviento
Las actitudes interiores
que mejor nos preparan a esta venida se pueden expresar de la
siguiente manera:
- Mantenerse vigilantes en la fe, en la oración,
en una apertura atenta y disponible a reconocer los signos
de la venida del Señor en todas las circunstancias y momentos
de la vida, y al final de los tiempos. Por la fe percibimos
y reconocemos la presencia de Dios en los sacramentos, en su
Palabra, en la asamblea litúrgica y en el testimonio de cada
uno de los bautizados. La vigilancia nos pone en guardia ante
el mal que nos acecha y nos invita a poner nuestra confianza
en Dios que nos salva y nos libera de ese mal y que pasa por
nuestras cosas.
- Andar por el camino
trazado por Dios, dejar de andar por caminos torcidos: convertirse
para seguir a Jesús hacia el reino del Padre.
- Andar por el camino
trazado por Dios, dejar de andar por caminos torcidos: convertirse
para seguir a Jesús hacia el reino del Padre.
- Dar testimonio de
la alegría que nos trae Jesús salvador, junto con la caridad
afable y paciente hacia los otros; estar abiertos a todas las
iniciativas que busquen el bien común, a través de las cuales
ya se construye el Reino de Dios.
- Profundizar en el
espíritu de oración: el Adviento invita a vivir más intensamente
el espíritu de oración. Acercarse más al Señor que viene, desear
su venida, poner ante él la debilidad de nuestra condición humana,
reconocer que sin él no podemos hacer nada, compartir con él
la vida que hemos vivido y descubrir en ella su presencia, compartir
con él nuestras alegrías e ilusiones. Sin espíritu de oración,
todo el camino de espera de la venida del Señor sería una cosa
externa a nosotros, no llegaría a nuestro interior. Todo el
Adviento tiene que ser vivido como un levantar el corazón a
Dios, para que penetre muy adentro en nosotros su presencia
salvadora.
- Conservar un corazón
pobre y vacío de sí mismo, imitando a san José, a la Virgen
y a san Juan Bautista, los otros pobres del evangelio,
quienes precisamente por ser así, supieron reconocer en Jesús
al Hijo de Dios, venido a salvar a todos los hombres y mujeres.
El Adviento también es tiempo de conversión, es reconocer que
necesitamos de él. Implica una actitud de hambre y de pobreza
espirituales, hambre de ser liberados de las opresiones y esclavitudes
del pecado. Pobreza que nos lleva a sentirnos necesitados de
Aquel que es más fuerte que nosotros. Disposición para acoger
cada una de sus iniciativas.
- Participar en la celebración
eucarística durante el Adviento, significa acoger y reconocer
al Señor que siempre viene a estar en medio de nosotros, seguirlo
por el camino que conduce al Padre, para que con su venida gloriosa
al final de los tiempos, él nos introduzca a todos juntos en
el Reino, para hacernos tomar parte de la vida eterna,
con los bienaventurados y santos del cielo. El Adviento es tiempo
propicio para escuchar la Palabra de Dios que nos invita a estar
alerta: Tengan cuidado: no se les eche encima de repente
ese día y queden al margen.
- Despertar los sentimientos
de alegría, esperanza y paz, aun en medio de las dificultades.
Esta actitud va muy unida a la vigilancia. La segunda venida
del Señor nos da alegría y paz y alimenta nuestra esperanza,
mientras caminamos en este mundo. Porque sabemos que, pase lo
que pase, siempre tenemos la confianza de que Dios nos ama y
nos acoge a todos, pero especialmente a los pobres y a los que
más han sufrido, y nos dará una vida nueva que nadie nos
nos podrá arrebatar, no sólo individualmente sino a todos, porque
todos los hombres y mujeres, la humanidad en colectivo, estamos
llamados a la vida de Dios.
- Actitud misionera:
es hacer presencia de Cristo en el mundo. El hombre busca ansiosamente
su razón de existir. A pesar del avance de la tecnología que
ha facilitado mucho las comunicaciones, el hombre no ha llegado
todavía al coloquio fraterno. Cada vez se siente más necesitado
de la comunidad que se establece entre las personas. El cristiano
debe ser signo de fraternidad y comunión, y testigo de Cristo
en un mundo que, tentado por el progreso técnico y por el humanismo,
a veces quiere emanciparse de Dios.
- Cultivar la virtud
de la paciencia: los primeros cristianos pensaban que la segunda
venida del Señor se realizaría muy pronto y que ellos serían
llevados, aún con vida, hacia la vida definitiva. Con el paso
del tiempo al ver que esto no ocurría, los apóstoles y los responsables
de las comunidades fueron descubriendo que había que tomar otra
actitud: hay que pasar de la tensión del que espera el fin inmediato
del mundo que dé seguidamente la salvación a la actitud de considerar
la vida en este mundo como un camino hacia la plenitud que un
día llegará. Es cierto que el Señor viene, que está cerca, pero
no sabemos exactamente cuándo se manifestará definitivamente
(cf. St 5,7-8; Mc 4,26-29; Mt 13,24-30).
3. Las dos partes
del tiempo del Adviento
Un aspecto importante
del Adviento es que litúrgicamente está dividido en dos partes.
Esto se nota principalmente en la distribución de las lecturas.
a. La primera parte del Adviento
Es la que va desde el
primer domingo hasta el 16 de diciembre. Durante todo este tiempo,
lejos aún de la preparación de la Navidad, las lecturas de la
misa invitan a vivir la esperanza en la venida del Señor en todos
sus aspectos: la venida salvadora al final de los tiempos, la
venida salvadora ahora, cada día, y la venida salvadora que tuvo
lugar hace dos mil años. Estos tres aspectos se mezclan y son
enfocados por las lecturas de los profetas y de los evangelios.
Los primeros días del Adviento (hasta el miércoles de la segunda
semana), el centro de interés de las lecturas está en unos textos
tomados del profeta Isaías, leídos como primera lectura. Los oráculos
de Isaías nos van guiando en la espera de la vida nueva de Dios
que el Mesías viene a traer. Como complemento, el evangelio nos
presenta un conjunto de escenas de la vida de Jesús que muestran
que las profecías de Isaías se van cumpliendo en las palabras
y los hechos de Jesús.
A partir del jueves de
la segunda semana, el personaje principal de las lecturas es Juan
Bautista. Desde este día hasta el 16, se leen trozos del evangelio
en los que aparece Juan Bautista o se habla del significado de
su misión como precursor del Señor.
b. La segunda parte
del Adviento
Al llegar el día 17,
cambia la escenografía del Adviento. Esta última semana se concentra
en la preparación de la Navidad. El día 17 se dejan las lecturas
que se venían haciendo según el orden semanal y se empieza el
nuevo orden de lecturas que va según el número del día (17 de
diciembre, 18..., etc.) Esta semana guarda una cierta semejanza
con la Semana Santa que concluye la Cuaresma y conduce a la Pascua.
Por eso algunos la han llamado la semana santa que prepara
la Navidad. La liturgia invita a vivir estos días con mayor
alegría, guiados por los personajes que vivieron con tan de cerca
el acontecimiento del nacimiento del Mesías: María, José, Zacarías,
Isabel, etc.
Los evangelios de estos
días nos preparan ya directamente para el nacimiento de Jesús:
se lee primero el capítulo 1 del evangelio de Mateo, luego las
escenas del capítulo 1 de Lucas. Así se puede contemplar toda
la preparación inmediata del cumplimiento de las promesas de Dios.
Esas promesas de Dios, que se habrían de cumplir en Jesús, se
leen en los pasajes del Antiguo Testamento, como la primera lectura.
La Liturgia de las Horas
también contiene muchos elementos que preparan para la Navidad.
4. Los cuatro domingos
del Adviento
Los cuatro domingos del
Adviento son la columna vertebral que ayuda a la vivencia de este
tiempo. El domingo sentimos de manera especial que lo que vivimos
a diario entra en contacto personal y comunitario con el Señor.
Hay toda una pedagogía para vivir el tiempo del Adviento desarrollada
progresivamente a lo largo de los cuatro domingos: el primer
domingo se centra la atención sobre todo en la venida gloriosa
del Señor al final de la historia para llevar a cabo la consumación
de su Reino. El segundo y tercer domingos, el interés se
centra el Juan el Bautista y nos apremian a preparar el camino
del Señor, a estar atentos a su venida constante. El cuarto
domingo se centra en la preparación de la fiesta ya muy cercana
de la Navidad: María es la figura central, y su espera es el modelo
y estímulo de nuestra espera. Ese itinerario está complementado
por las primeras lecturas: en los tres primeros domingos, las
primeras lecturas recogen las grandes esperanzas de Israel, y
en el cuarto domingo también conducen junto con el evangelio a
las promesas más directas del nacimiento del Hijo de Dios. Los
salmos por su parte cantan la salvación del Dios que viene o son
plegarias que piden su venida o su gracia renovadora. Las segundas
lecturas,tomadas de las cartas de San pablo o demás cartas apostólicas,
exhortan a vivir la venida del Señor.
Una buena manera de vivir
el Adviento será dedicar cada semana un rato a reflexionar sobre
estos textos, sobre todo, las lecturas del domingo correspondiente.
A continuación se presenta un esquema de las lecturas de estos
días.
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