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No habían pasado cincuenta años de la fundación
de Santafé en el Nuevo Reino de Granada, cuando el Arzobispo Luis
Zapata de Cárdenas, recién llegado a esta ciudad como segundo
Arzobispo y preocupado por responder a las exigencias del Concilio
de Trento que pedía expresamente que todas las catedrales metropolitanas
e iglesias mayores tuvieran un colegio para formar los ministros
de Dios, y queriendo consolidar la diócesis naciente, con espíritu
visionario, funda, en 1581, el primer seminario conciliar de la
Nueva Granada y también, primer seminario conciliar de América,
para formar su propio clero nativo. Por ser un seminario incipiente,
ante las primeras exigencias, los 15 o 16 alumnos abandonan el
seminario en 1586 y queda clausurado.
Después de él, para los arzobispos de Bogotá,
la formación del clero ha sido objeto de su mira.
El siguiente Arzobispo, Bartolomé Lobo Guerrero,
decide reabrir el seminario en 1605 y encomendarlo al cuidado
de la Compañía de Jesús, con el nombre de Colegio Seminario de
San Bartolomé. Allí se fueron formando no sólo sacerdotes sino
dignos personajes de la nación.
Particularmente difícil fue para la Iglesia
el final del siglo XVIII por la expulsión de los jesuitas los
dominios españoles, el enciclopedismo rampante, la revolución
francesa, el despotismo ilustrado en la Europa Central y las luchas
independentistas que en toda América empezaron a surgir. El seminario
se cierra en 1797 y sólo después de la campaña libertadora, en
la cual jugó un papel importante el clero secular, por ser nativo
y estar bien formado, vuelve a abrirse como Colegio de Ordenandos
de San José, en 1823, con el anhelo de responder a la situación
que vivía el país al ser República; será el Arzobispo Manuel José
Mosquera quien logre darle una nueva y definitiva configuración
en 1840 con el nombre de Seminario Conciliar de San José.
Al comenzar este nuevo siglo, el actual Arzobispo
de Bogotá, Cardenal Pedro Rubiano Sáenz, consciente de los retos
que el mundo de hoy nos plantea a los creyentes, en esta megápolis,
que es Bogotá, a la cual confluyen, de todos los rincones del
país, colombianos deseosos algunos de salvar su vida o en busca
de mejores condiciones de vida otros o por razones de diversa
índole muchos, ha querido que el Seminario Mayor de Bogotá siga
formando y preparando convenientemente a los futuros pastores
del pueblo de Dios en medio de una cultura cambiante.
Proyectar el Seminario para que en lo académico
se convierta en facultades de Teología y de Filosofía, es brindar
a la Arquidiócesis un instrumento que incentivará, aún más, el
anhelo de una sólida preparación intelectual, que convierta a
los presbíteros en reconocidos interlocutores de la ciudad, en
búsqueda de respuestas audaces dentro de la difícil tarea de evangelizar
la cultura, de propiciar cambios sociales hondos a la luz del
evangelio, de crear una comunidad creyente que testimonie a Jesucristo,
Camino, Verdad y Vida, y anuncie la misericordia, el perdón, la
reconciliación y la justicia que nos conduzcan a la paz.
Durante los años anteriores, el Seminario tuvo
la revista Ensayos, como órgano de expresión del pensamiento
tanto de seminaristas como de sacerdotes. Dentro de esta misma
línea, hemos querido dar continuidad a este esfuerzo y, pensando
en el futuro, hemos creado la Revista SEMINARIUM BOGOTENSE,
que nos complace presentar a todos, como un instrumento más en
el compromiso de la formación. Pido al Espíritu de Sabiduría que
nos ilumine para poder expresar a través de ella, con claridad
y convicción, el fruto del trabajo de reflexión y de investigación
que vayamos haciendo y sea un aporte más en el caleidoscopio de
aproximación a la Verdad.
José Roberto Ospina Leongómez
Pbro.
Rector
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