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REVISTA SEMINARIUM BOGOTENSE Nº 1 - 2002
LA INVESTIGACIÓN SOCIOLÓGICA EN EL SEMINARIO MAYOR DE BOGOTÁ: UNA RECONSTRUCCIÓN DE LA EXPERIENCIA EN EL CURSO SEGUNDO DE FILOSOFÍA.
Temas para la catequesis

 

Por JORGE ENRIQUE CELIS GIRALDO·

“El mejor tipo de investigación empírica
es la investigación empírica
con un fundamento teórico”

Anthony Giddens – 2000

Este escrito pretende hacer una reconstrucción sintética del ejercicio de investigación en sociología urbana, realizado durante el primer semestre de 2002 en el curso de Segundo de Filosofía del Seminario Mayor de Bogotá. Mediante estas memorias se evidenciarán las diferentes etapas del proceso investigativo.

Consideración preliminar.

El curso de sociología urbana [i] tuvo como finalidad primigenia, infundir en los estudiantes una aptitud para observar y describir algunas realidades de la ciudad, con base en la articulación creativa entre la teoría, las técnicas de investigación y la imaginación sociológica. Para tal fin, se les sugirió que llevaran a cabo un ejercicio de investigación sobre algún problema concreto de Bogotá. Debido a las características del escenario (una parroquia), los trabajos pastorales adelantados por ellos y la discusión teórica sobre algunos autores clásicos de la sociología urbana, se propuso como tema de estudio el reconocimiento de algunos elementos sociales asociados con la participación de un urbanita en un grupo parroquial en el sur de la ciudad [ii] .

El principal inconveniente de este cometido fue la escasa o casi nula claridad conceptual sobre qué es hacer investigación. Varios estudiantes asociaron el ejercicio con la realización de encuestas o entrevistas, sin importar los tópicos teórico y operativo. También se encontraron algunos que sobredimensionaron la teoría hasta tal punto, que hacer investigación era elaborar una especie de ensayo, desconociendo tajantemente la información recolectada en los escenarios de trabajo; había una bifurcación irreconciliable entre los principios teóricos y su aplicación para entender un fenómeno social. Por esto, se propuso hacer una aproximación somera a qué es la metodología de la investigación en las ciencias sociales y cuáles son sus principales polos.

¿Qué es la metodología en las ciencias sociales? : Un acercamiento conceptual [iii] .

La metodología es la orquestación entre el proceso mediante el cual se hace el diseño de la investigación, el análisis de la información y la presentación de unos resultados. Está presente tanto en la delimitación del objeto de estudio como en su aplicación; se desplaza desde la conceptualización, pasando por las técnicas hasta el campo de investigación, regresando nuevamente desde la información recolectada hasta los supuestos teóricos. No puede asociarse luego, con un conjunto de etapas o si se quiere, a un recetario, el cual hay que cumplir al pie de la letra, paso a paso, de manera cronológica; al contrario es una reflexión topológica dinámica sobre los conceptos y los datos. Un investigador está constantemente determinando los datos con la teoría y la teoría con los datos. Se podría afirmar que la metodología es una manera articulada de acercarse y apropiarse de la riqueza empírica de un escenario social.

Dependiendo del problema de investigación planteado se escoge una metodología. Identificar y describir unos elementos urbanos que inciden en la conformación de un grupo parroquial, le exige al investigador que entre en un contacto directo con los individuos, se percate de la manera cómo un urbanita se ve a sí mismo y en su entorno social religioso. Para este caso, la metodología que mejor presta servicios a este propósito es la cualitativa, que aborda y centra su reflexión en la forma como los individuos construyen sentido y le dan significación a sus actos, tal como ellos definen su mundo social. Concentra su interés en la dimensión subjetiva del individuo para comprender los entramados de significación social que condicionan su actuar cotidiano [iv] .

La condición más importante para desarrollar esta metodología es que el investigador mantenga al margen, hasta donde le sea posible, sus propias creencias, sin superponer su cosmovisión sobre la de los individuos que está investigando. Lo que le debe concernir es la realidad subjetiva del individuo, la manera como él se percibe en su realidad social.

Es conveniente señalar que las diferentes teorías de las ciencias sociales influyen en la  definición de la metodología cualitativa. Los desarrollos epistemológicos pueden transformar o revaluar los intereses del investigador en el escenario social. De ahí que las teorías dinamicen la metodología y condicionen la construcción de su objeto de estudio, así como su interpretación [v] . La metodología incorpora los supuestos teóricos para trazar un horizonte de preocupaciones investigativas.   

¿Cuáles son los polos de la metodología en la investigación social?.

La metodología está conformada por tres polos: el teórico, el morfológico y el técnico. Cada uno de ellos es independiente del otro pero guardan una relación de interdependencia, debido a que el análisis de una realidad exige el enlace de todos ellos para entenderla [vi] . Por ende, estos diferentes polos mantienen una relación dialéctica entre sí. No sobra advertir que cuando un investigador inicia su trabajo puede partir desde cualquier polo, lo importante es incorporarlos todos para realizar su investigación; la organización depende de la manera como se vaya construyendo un objeto de estudio en el devenir de una investigación.

El polo teórico hace referencia a los marcos interpretativos ofrecidos por las teorías para entender unos fenómenos de la realidad socialmente construida. Usualmente la teoría proporciona los contenidos conceptuales necesarios para determinar la manera de abordar una realidad, por tanto, unos preceptos teóricos condicionan, parcialmente, el acercamiento del investigador al campo de investigación.

La teoría se encuentra ubicada en una disciplina específica, la cual ha ido definiendo unas proposiciones analíticas para explicar ciertos temas sociales. Empero, los intereses teóricos de una disciplina siempre están relacionados con un contexto histórico [vii] . Pero no todos los marcos interpretativos de una época en una disciplina, se convierten en un sustrato conceptual (acumulación originaria) para entender más, o de otra manera, la vida social [viii] .

Otra situación que se da en el interior de una disciplina es la diversidad de temáticas en que se divide. Por ejemplo, las unidades de análisis de la sociología urbana son diferentes a las de la sociología de la educación; sus preocupaciones han hecho que adopten un lenguaje distinto. No obstante, algunos autores insisten en la necesidad que las distintas especializaciones sociológicas incluyan en sus trabajos los nuevos modelos interpretativos de la teoría sociológica general [ix] .

Actualmente una tendencia interesante es la de concebir un objeto de estudio para las ciencias sociales, sin interesar la división entre las disciplinas; los diferentes desarrollos de cada una sirven para dar mayor solidez al análisis del objeto de estudio. Aunque muchos catalogan esta actitud como de ecléctico, es una alternativa saludable para abrir el espectro analítico de las relaciones sociales [x] .

En el caso del curso, se hizo una aproximación histórica a la consolidación de la ciudad con un trabajo realizado por F. Braudel. Asimismo, se conocieron los problemas centrales de la ciudad moderna mediante el estudio de algunos textos de los sociólogos G. Simmel, R. Park y L. Wirth, quienes postularon los conceptos básicos de esta disciplina [xi] . Un sociólogo urbano que no estudie estos autores no entenderá los desarrollos teóricos de este tipo de sociología [xii] y la discusión actual de los fenómenos urbanos [xiii] . Dentro de los objetivos del curso no estaba el hacer un estudio de la historia ni de la sociología, ni de la sociología urbana, sino hacer una propedéutica sobre las categorías conceptuales que sirven para entender el fenómeno urbano.

Con la lectura de Braudel se examinaron por un lado, los procesos que configuraron una ciudad en cualquier civilización y por otro, las dinámicas específicas que determinaron las ciudades en Occidente [xiv] durante los siglos XV y XVIII.          

Toda ciudad nace en un lugar determinado y trata de ser un mundo aparte. Durante el siglo XI fue un común denominador la construcción de murallas, que tenían como principal propósito delimitar el espacio perteneciente a la ciudad de los terrenos más cercanos y defenderse de posibles ataques. Fue así que cada ciudad hizo una apropiación del espacio (diseño de edificaciones y calles), generando unos estilos de vida contrarios a los del campo, e igualmente, apropiándose de unos signos como la bandera, la artillería y la infantería, que la simbolizaban, dándole unas características a sus habitantes para diferenciarlos de los demás. 

Toda ciudad es un mercado. La necesidad y demanda de ciertos productos en una ciudad crean numerosas concentraciones y dispersiones de hombres, de diferentes bienes, haciendo que alrededor de la ciudad se organicen pequeños centros; es como un sistema solar en el cual hay una ciudad sol y alrededor de ella giran las demás. Se establece pues, una dependencia funcional entre ellas debido a las dinámicas de la vida económica, que excluye las unidades secundarias de los entramados urbanos para beneficiar las más importantes.

Toda ciudad es producto de una civilización [xv] . La ciudad expresa la organización de una sociedad: “Son lo que la sociedad, la economía, la política les permiten ser, les obliga a ser. Son una medida, una escala” [xvi] . De hecho, la cosmovisión de unos habitantes de una ciudad se refleja en la manera como se construyen las casas, las calles, se distribuye el espacio y en últimas, se la concibe. Por esta razón, se puede diferenciar entre las ciudades de Oriente y Occidente. 

La libertad y la autonomía que daban las ciudades a los individuos marcaron su originalidad en Occidente. El uso activo de la moneda y la aparición de la industria posibilitaron una nueva forma de intercambiar mercancías, dando paso al incipiente capitalismo: el uso activo del cálculo racional. A estas condiciones materiales, hay que agregar la identidad social. En la ciudad no sólo se vivía una tensión entre sus habitantes sino también habían enemigos externos como los nobles o príncipes que los podían invadir, entonces para mantener la unidad se exacerbó el sentido de pertenencia de los ciudadanos mediante el patriotismo territorial. Este principio de pertenencia y la organización del trabajo facilitó la entrada del Estado, el cual reguló racionalmente las relaciones sociales mediante leyes que regían los mínimos para la convivencia; buscó el desarrollo técnico a toda costa para mantener las demandas del mercado. Sólo a través de los alcances que tuvo la racionalidad en Occidente se puede entender el funcionamiento de las ciudades que día a día crecían en número de habitantes.

Podría sostenerse entonces, que al entrar en el estudio de las configuraciones de una ciudad se debe explorar la esfera económica, los usos y las costumbres que condicionan las relaciones sociales en una urbe -toda esa acumulación cultural que se va dando en el devenir histórico y que se mantiene latente en la ciudad-. 

Posteriormente, se realizó el estudio de algunos escritos relevantes de Simmel, Park y Wirth, quienes centran su atención en el urbanismo como “un modo de vida”, mostrando cómo incide en la interacción social y  en la conformación de diferentes círculos sociales en una ciudad. 

La vida social transcurre entre una multiplicidad de interacciones. Hombres y mujeres construyen sus vivencias cotidianas en diversos círculos sociales urbanos en los cuales interactúan de acuerdo con la ubicación espacial y temporal en la que se encuentran. Tales interacciones se pueden llevar a cabo tanto en sitios públicos como en privados.

Para entender el concepto sociológico de interacción en las grandes ciudades, siguiendo los propósitos del curso, hay que ubicarse en el contexto de la vida moderna, en el cual la economía de mercado y la división del trabajo han alcanzado un grado de desarrollo que ha sumido al individuo bajo las regularidades de su dinámica; este desarrollo de la economía de mercado ha creado un ambiente social artificial en el cual el individuo entra en conflicto con la sociedad al tener que adaptarse a las demandas que ésta le exige [xvii]

Para delimitar la  interacción en este contexto es de vital importancia no concebir la ciudad  como un agregado o una concentración ascendente de individuos sobre un espacio [xviii] , sino más bien, desde la perspectiva de sus realidades propias, aspecto objetivo (la sociedad históricamente constituida con su cultura y su técnica), y de la forma cómo los individuos se relacionan entre sí a partir de estas, aspecto subjetivo (individuo). Pero, lo objetivo se hace dominante en la vida moderna y ejerce presión sobre lo individual; esta condición tiende a mantenerse y a acrecentarse sobre todo con la división del trabajo que reduce al individuo a un engranaje dentro de la organización de la ciudad [xix] .  

La ciudad puede ser definida como un establecimiento relativamente grande, denso y permanente de individuos socialmente heterogéneos. Cabe formularse la siguiente pregunta: ¿Cómo se delimita la interacción en esta óptica sociológica?. Para dar respuesta a este interrogante se proponen tres elementos: el tamaño de la población, la densidad y la heterogeneidad. Por consiguiente, hay que percatarse de cómo cada uno de estos elementos determina y configura la interacción en la ciudad.

Tamaño de la población: El tamaño de la población, sobre todo la elevada especialización del trabajo, los espacios y las actividades urbanas, obliga a los individuos a abrirse a un compás de interacciones en los múltiples círculos que componen la ciudad. Esta situación disemina y debilita los lazos de parentesco y vecindad; no hay posibilidad de conocimiento mutuo y personal entre los miembros de la sociedad. Por esto, las interacciones que dominan la ciudad son los contactos secundarios, en tanto que las relaciones íntimas entre las personas se reducen cada vez más a causa del aumento poblacional y la dependencia que cada individuo tiene de un sinnúmero de personas que le son desconocidas. Esto hace que las relaciones con los otros sean impersonales, superficiales, transitorias y segmentadas.

En otros términos, en la gran ciudad tienen lugar una variedad de actividades, regularmente desconectadas entre sí. Un individuo necesita ingresar en diversos escenarios para poder cumplir su rutina. Generalmente, en estos espacios, las personas que interactúan se relacionan de acuerdo con el papel social que desempeñan. Surge así una situación de impersonalidad que se sustenta en un estado de indolencia que como fenómeno anímico es exclusivo de la gran ciudad. La indolencia y con ella el carácter anónimo que asumen los individuos en la ciudad, eclosionan como un fenómeno de adaptabilidad para un urbanita que pretende habitar en ella.

La actitud de los individuos urbanos se torna cada vez más reservada, ya que se hace imposible que el contacto con cada persona reciba una respuesta emotiva como sucede en los conglomerados pequeños, donde hay un conocimiento cercano entre los individuos. Si esto se intensificara en un lugar donde cada individuo tiene contacto con un sinnúmero de personas desconocidas se caería en un estado mental y anímico insoportable; luego, la principal característica de la interacción es el anonimato, el cual permite mantener una distancia moral en medio de la promiscuidad física.

Densidad [xx] : Para el caso de la densidad poblacional, la interacción se determina con base en la necesidad del aumento de la especialización y la diversificación de las actividades que desempeñan los individuos. Pero, ¿cómo exterioriza un individuo su intimidad en las grandes urbes?.

En la ciudad las interacciones que puede establecer un individuo necesariamente no se tienen que guiar por su profesión u oficio. Al contrario, hay ciertos círculos sociales que se consolidan de acuerdo con los intereses de las personas. Por ejemplo, círculos artísticos, de lectura o religiosos. Los intereses compartidos son pues, la fuerza que cohesiona la reunión de un grupo de personas.

Este principio de asociación social permite explicar la consolidación de un barrio, en él sus habitantes comparten ciertas condiciones materiales como existenciales. A través del tiempo van consolidando unas rutinas, unas estructuras de significación, que llenan de contenidos sus interacciones. En consecuencia, el barrio posibilita que un individuo se identifique con la ciudad, es su primera representación social de la urbe. De ahí que la vecindad sea la forma más elemental de interacción urbana.

La ciudad posibilita que un individuo se mueva en diversos espacios, los cuales estarán determinados por su especialización laboral y por sus intereses personales; esta capacidad asociativa no sólo permite al individuo el reconocimiento con la ciudad sino como persona, al ser aceptado por otros. 

Heterogeneidad: En virtud de los diversos intereses que promueven los diferentes aspectos de la vida social, un individuo es miembro de grupos ampliamente divergentes, cada uno de los cuales requiere un simple segmento de su personalidad. En este caso, la interacción se perfila dinámica en la medida que el individuo está sujeto a moverse en diferentes círculos que le exigen un cierto tipo de interacción dependiendo de la relación que esté estableciendo con un grupo determinado. Los grupos con los cuales la persona está afiliada son, más bien, tangenciales uno con respecto al otro y se interceptan de un modo muy variable.

El aumento paulatino de la población y el de los círculos sociales, en la gran ciudad, hacen que la interacción se acelere: el individuo urbano, reducido a un estado de impotencia virtual como individuo, está condenado para obtener sus fines, a empeñarse en lograr una unión en grupos organizados con otros individuos de intereses similares, algunas veces, o aprender a convivir con otros que requiere para desarrollar su vida diaria, así no comparta con ellos ninguna afinidad.

En síntesis, podría aseverarse que las estructuras económicas y la división social del trabajo han generado un tipo de interacción social caracterizada por ser anónima y exageradamente instrumental. Empero, también esta imposición estructural ha hecho que la individualidad se exacerbe, al grado que un individuo tiene la libertad de asociarse en distintos círculos sociales, los cuales no le comprometerán toda su personalidad sino una parte. En la semana un individuo puede ser un empresario y el domingo asiduo hombre de parroquia.

El polo morfológico es la manera como se delimita el objeto de estudio en la investigación, es decir, la selección que hace el investigador de un fenómeno dentro de la gama de fenómenos que componen la realidad urbana. 

El objeto de estudio surge tanto de las observaciones y descripciones hechas en el campo como de los principios teóricos estudiados; unos y otros generan en el investigador un interrogante, que se convertirá en la brújula y en el sentido de una investigación.

En el curso, el problema de investigación tuvo como telón de fondo la discusión teórica. Se resaltó la posibilidad que tienen los urbanitas para asociarse en diferentes círculos sociales, de acuerdo con sus intereses, los cuales necesariamente no tienen que ser económicos o políticos sino también religiosos. Obviamente, para que los individuos puedan reunirse requieren tanto de un tiempo como de un espacio específico. De aquí surgió la pregunta problema de la investigación: ¿Qué elementos están asociados con la participación del urbanita en un grupo parroquial?. Respecto a este interrogante, era imprescindible tratar de establecer los factores sociales que intervienen en la conformación de un grupo parroquial en la ciudad.

En un primer momento, los estudiantes trataron de hacer una elaboración conceptual sobre qué es un círculo social religioso, cuáles son sus elementos específicos. Se determinó que este círculo comparte características con cualquier otro círculo social en la ciudad. Un grupo parroquial servía para romper las relaciones anónimas de la ciudad, al permitirle a los individuos compartir sus historias de vida, posibilitándoles un reconocimiento y aceptación entre ellos. Las finalidades de un grupo parroquial eran el interés de compartir unas experiencias de fe, así como la necesidad de ilustrarse sobre los dogmas de la Iglesia católica. En otros términos, el círculo se podía analizar desde dos tópicos: por un lado, desde las vivencias individuales y por otro, desde los principios teológicos que rigen la institución eclesial [xxi]

Después se trató de establecer como esos diferentes intereses condicionan la interacción en el círculo parroquial. La interacción no era de acuerdo con la racionalidad instrumental sino más emocional debido a que las experiencias de fe tienen que ver más con las vivencias personales, marcadas por situaciones gratificantes o tristezas relevantes. Este principio también se aplicó a la formación institucional en la medida que los individuos requieren altas dosis de carisma para transmitir su conocimiento eclesiástico.

Otro factor que se tuvo en cuenta fue la vecindad de los integrantes. Usualmente los individuos pertenecen al mismo barrio; un círculo parroquial se mantiene por las relaciones de vecindad que comparten personas que habitan un mismo territorio y que pueden dedicar un tiempo a varias actividades, entre ellas la religión.

Esta delimitación conceptual se hizo operable mediante las distintas formas de asociación que tenían los individuos en los diferentes grupos parroquiales. Por ejemplo, en un grupo bíblico asistía el padre con su hijo, él quería transmitirle su experiencia de fe a través del estudio de la Palabra de Dios. Otras personas acudían al grupo parroquial para desahogar sus problemas familiares, hacerlos más llevaderos, buscando iluminarlos, por lo menos, desde la fe en Dios. Hubo grupos que también se reunían para que sus integrantes no se sintieran solos, frecuentemente eran personas de edad, pensionadas y enfermas.   

El polo técnico son los instrumentos empleados para la recolección de la información en el campo de estudio. Según el problema planteado se escogen unas técnicas de investigación, por tanto, las técnicas se acoplan a las exigencias del planteamiento del problema, no al contrario. Pero la dificultad no sólo es saber cuál técnica es la más apropiada para la recopilación de los datos sino cuándo debe hacerse la recolección. El escenario, la población y el problema de investigación son los condicionantes primarios que debe tener en cuenta un investigador a la hora de hacer su trabajo de campo.

Indagar sobre los elementos que inciden en la conformación de un grupo parroquial requiere que el investigador entre en contacto con los individuos, dialogue con ellos y haga una reconstrucción sus experiencias. Por esto, en el ejercicio de investigación se seleccionaron los siguientes instrumentos: el diario de campo y la entrevista en profundidad.

El diario de campo es el registro escrito que hace un investigador sobre el fenómeno social seleccionado. Allí describe tanto el escenario, las personas como las interacciones que se establecen entre los individuos, no solamente lo que conversan sino sus actitudes gestuales. El diario de campo rehace un aspecto de la vida cotidiana de unos individuos.

Al diario de campo hay que dedicarle un espacio obligado de redacción después de la observación. Es indispensable no dejar pasar demasiado tiempo finalizada la observación, de lo contrario, se pueden olvidar unos sucesos importantes que más adelante, pueden ser fundamentales para la investigación.

El diario de campo debe estar en función del problema planteado. Era cardinal tratar de contrastar lo propuesto en el polo morfológico con lo que los individuos hacían en el escenario parroquial. Al asumir esta sugerencia, los diarios de campo dejaron de ser unos anales para centrarse en un problema específico; se fueron concretizando y se dejaron de atiborrar al no tratar más de abarcar todo lo que sucedía en los fines de semana. 

Durante el curso, se le propuso a los estudiantes organizar el diario de campo por temáticas. Una parte dedicada a detallar el barrio donde estaba la parroquia, otra a los encuentros con los grupos parroquiales y finalmente a describir cada miembro del grupo. Este fue un ejercicio que ayudó a focalizar la recolección de la información. Un tema interesante que también se abordó en los diarios fueron las experiencias personales de los estudiantes; cada uno plasmaba sus impresiones sobre su trabajo pastoral, las relaciones con su grupo de apostolado [xxii] , el párroco y el director de curso.

Estas memorias también pueden servir como herramientas para su discernimiento vocacional. Podría pensarse a futuro institucionalizar esta práctica del diario de campo para todos los cursos del Seminario porque le exige al estudiante sistematizar su vida pastoral durante su proceso de formación, es decir, reflexionar sobre su propio trabajo, así como las ideas y emociones que suscitan en su biografía personal.

La entrevista en profundidad pretende hacer una reconstrucción de un aspecto de la realidad individual. Aquí es importante que el investigador mantenga una actitud muy relajada con el entrevistado con el fin de posibilitarle una exposición fluida, casi natural. En esta técnica el investigador debe realizar un formulario de acuerdo con los intereses del problema de investigación; de otra manera recolectará una cantidad considerable de información, que más adelante no sabrá como utilizar para el análisis.

Algunos estudiantes creyeron conveniente centrarse en la experiencia religiosa de las personas en relación con la consolidación del barrio. Otros decidieron preguntarles por su vida cotidiana entre semana y compararla con la del fin de semana. Hubo otros que indagaron el papel que juega la parroquia en el barrio. 

Después de recolectar la información, algunos supuestos de la teoría se mantuvieron y otros fueron revaluándose. Por ejemplo, los estudiantes descubrieron que muchos jóvenes están allí no por su propio interés sino por obligación con sus familias. También había jóvenes que se mantenían en los grupos juveniles porque podían encontrar trabajo. Se encontraron grupos que estaban conformados por amigos de hace mucho tiempo. Hubo grupos donde la variable edad era el factor integrador. Tal vez un aspecto muy interesante para la sociología urbana fue la incidencia avasalladora que tuvo una comunidad religiosa en el barrio, a pesar de ya no estar allí. Estos sacerdotes ayudaron a consolidar no sólo la parroquia sino el barrio, apoyando a las personas en otros aspectos diferentes al espiritual. 

Análisis de la información.

El proceso de análisis de la información consiste en proponer uno(s) postulado(s), como posible(s) respuesta(s) al interrogante planteado en el ejercicio de investigación. Hay pues, una correspondencia casi lineal entre el problema de investigación y el postulado, el cual será ilustrado en la producción de un informe final. En otros términos, el postulado es el eje sobre el cual versa todo el análisis del material empírico, en cuanto permite comprender el fenómeno social seleccionado.

El análisis de la información tiene dos componentes: el diseño de la investigación y la imaginación sociológica. La imaginación sociológica no sólo apunta a crear unos indicadores para observar fenómenos sociales sino también busca hacer una heurística de la teoría a partir del análisis y síntesis entre las categorías sociológicas y los datos obtenidos en el campo de investigación; realizar una triangulación creativa entre la dimensión ontológica y epistemológica de la teoría, el ámbito técnico de la investigación y la ‘ocurrencia’ del investigador para ofrecer una metodología capaz de abordar y dar cuenta de los problemas urbanos [xxiii] . En consecuencia, el análisis empieza desde el momento mismo en que se apropia una metodología y se pone en marcha a través de sus polos y se va combinando con las ideas u ocurrencias de un investigador.

En primer lugar, se les  solicitó a los alumnos que hicieran una lectura cuidadosa de la información, seleccionando unos factores urbanos que fueran determinantes para entender la asistencia de las personas a un grupo parroquial. El postulado, obviamente, tenía que ser el factor o los factores sociales que más había estado presente tanto en las observaciones como en las entrevistas realizadas por los estudiantes.

Para el análisis se emplearon las tipologías, las cuales conjugaban los principios teóricos con la información recolectada en el campo [xxiv] . La categoría central era la de grupo parroquial, sobre ella se construyeron las diferentes tipologías. Por grupo parroquial se entendió la reunión de dos o más personas que mantienen una afinidad de fe.

La redacción del texto final se hizo por temas [xxv] : la ubicación de un grupo parroquial en la ciudad, la relación entre la gran ciudad y un círculo social religioso y las tipologías de los individuos que asisten a un grupo parroquial y al final unas conclusiones. Todos estos temas giraron alrededor del postulado propuesto por cada uno de los estudiantes. Sin embargo, el problema común en los informes finales fue la presentación de unos datos empíricos desconectados de una postura teórica y poca imaginación sociológica. Hubo estudiantes que desperdiciaron la información recolectada en los diarios de campo y en las entrevistas.

La conclusión que propusieron casi todos los estudiantes fue la incidencia de la familia en la conformación de un grupo parroquial. Otros postularon que el grupo parroquial era un círculo social que se prestaba para que los individuos se sintieran acompañados, un lugar que les posibilitaba exteriorizar sus problemas personales. Unos se percataron que a través de la consolidación de un grupo religioso se construían unos lazos de solidaridad capaces de solucionarles dificultades económicas; el grupo religioso era el inicio de una empresa.  

Consideraciones finales.

Este ejercicio de investigación fue formativo para los estudiantes en la medida que conocieron una manera distinta de relacionarse con el conocimiento de las ciencias sociales, el conocimiento aplicado a comprender un fenómeno social de la ciudad.

Promover este tipo de actividades en el Seminario podría ser una alternativa creativa para generar una línea de investigación institucional: la sociología urbana, enfatizando siempre en la parroquia como unidad de análisis.

Sería conveniente institucionalizar en la formación filosófica la investigación descriptiva y luego conectarla con el tipo de investigación de intervención social propuesta en la Teología, mediante el diseño de los planes pastorales. Habría una relación más lógica y fluida entre la Filosofía y la Teología.

Para este fin, es conveniente ampliar los espacios académicos dedicados a la formación en habilidades para la investigación, tales como las técnicas de investigación y la teoría sociológica urbana. 

 



· El autor quiere expresar su agradecimiento al filólogo José Rodrigo Huertas Ch. por sus sugerencias y precisiones gramaticales, así como al sociólogo Paulo César Guatame C. por sus aportes sociológicos e investigativos.

[i] El curso estaba organizado de la siguiente manera: 24 horas al semestre, distribuidas en 12 semanas, destinadas a discutir la conceptualización de las diferentes categorías sociológicas en aras de entender el fenómeno urbano, así como el estudio de algunas técnicas de investigación para recoger información.

Por otro lado, los estudiantes los sábados en la tarde y los domingos en la mañana, durante 15 semanas, se dedicaron a recolectar la información en el campo de investigación, en este caso, las parroquias asignadas por el Seminario Mayor.

Este curso fue tanto teórico como práctico. Los estudiantes estudiaban los textos asignados por el profesor, los cuales se convertirán en su sustento teórico para elaborar unas categorías conceptuales para abordar los temas de la ciudad. Más adelante, estas categorías se hacían operables en diferentes técnicas de investigación, que fueron los medios para recolectar la información.

[ii] Las parroquias donde se adelantó el ejercicio de investigación estaban ubicadas en la Localidad de Usme. Los barrios eran El Virrey, Comuneros, Chicó Sur y Serranías donde está ubicada la parroquia María Estrella de La Evangelización. Los barrios Monte Blanco, Tenerife, Brazuelos y Montevideo donde está la parroquia Cristo Misionero. Por último, el barrio Usminia donde está la parroquia San Juan Neumann.

Algunos estudiantes estuvieron a cargo de la catequesis de Primera Comunión o de Confirmación. Otros fueron guías espirituales en los grupos de Biblia, de Acólitos, Primera Comunión, Coro o en las pequeñas Comunidades de Base.

[iii] La definición sobre metodología que aquí se plantea, no debe ser asumida como algo taxativo. Esta es fruto de la experiencia personal como de la formación institucional que tuve en el Departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia. Tampoco se debe asemejar a un manual, simplemente se busca llamar la atención sobre algunos elementos conceptuales que ayudan a definir la metodología para la investigación en las ciencias sociales.

[iv] “La frase metodología cualitativa se refiere en su más amplio sentido a la investigación que produce datos descriptivos: las propias palabras de las personas, habladas o escritas, y la conducta observable.

Los investigadores cualitativos tratan de comprender a las personas dentro del marco de referencia de ellas mismas. Para la perspectiva fenomenológica y por lo tanto para la investigación cualitativa es esencial experimentar la realidad tal como otros la experimentan”. (TAYLOR, S.J y BOGDAN, R. Introducción a los métodos cualitativos de investigación. Paidós. Buenos Aires. 1987, p.19 - 20.)

[v] “De la perspectiva teórica depende lo que estudia la metodología cualitativa,  el modo en que lo estudia, y en que se interpreta lo estudiado”. (Ibíd., p.23)

[vi] “Estos polos no representan momentos separados de la investigación sino aspectos particulares de una misma realidad de producción de discurso y de prácticas científicas. Toda investigación compromete implícitamente estas diversas instancias cada una de las cuales está condicionada por la presencia de las otras”. (DE BRUYNE, J. Y HERMAN, M. “Metodología y práctica de la investigación en Ciencias Sociales”. París. 1974. EN: Técnicas I. Lecturas - Departamento de Sociología. Universidad Nacional de Colombia, p.A – 9)

[vii] A mediados del siglo XIX, la sociología nace como una ciencia asociada a los procesos de modernización en la nueva organización económica, política y cultural de los países de Europa Central, para tratar de dar respuesta a las transformaciones que produjeron en el modo de vida de los individuos, entre los cuales la urbanización tenía un lugar importante: vista como indicador de una estructura social desigual o como el ámbito generador de la sociedad capitalista. En el caso de K. Marx y F. Engels, al estudiar la expansión y consolidación de las ciudades industriales, señalaban la importancia de la cuestión urbana en el desarrollo del sistema capitalista de producción. Por su parte, M. Weber sentó las bases para una sociología centrada en la ciudad. Cada uno de estos enfoques teóricos ha sido la base de estudios urbanos posteriores, -si bien los estudios sobre la ciudad de estos autores constituyen líneas de investigación secundaria-. No obstante, determinados conceptos fueron asociados a otros y reformulados o desarrollados a problemas que las teorías en un principio esbozaron. Más adelante, con el uso de otros métodos (epistemología científica) en las ciencias sociales en concordancia con los resultados de las investigaciones, han replanteado ciertas explicaciones del fenómeno urbano. Por esto, en la investigación urbana los tópicos ya no sólo se centran en la apropiación y organización de un territorio, o en la constitución del Estado–Nación y el mercado capitalista, o las formas culturales que definen la integración social, sino también en los efectos que han tenido las telecomunicaciones en la definición de qué es una ciudad, los medios de comunicación en la conformación de nuevos espacios públicos, a partir de conceptos como el de ciudadano-político, el consumidor de servicios o ciudadano-identidad. Otro tema interesante ha sido el observar la diversa gama de grupos que se conforman en la ciudad, que en su mayoría tienen como principio satisfacer los deseos que cada individualidad busca, tales como la religión, la música, la moda, etc.

De esta manera, lo urbano ha dado un valor agregado no sólo al entendimiento de ciertos cambios o inercias de la sociedad moderna sino que ha nutrido las teorías sociológicas generales.

Lo cierto es que para abordar los problemas relacionados con la ciudad, históricos o actuales, hay que introducirse en el conocimiento de las distintas aproximaciones teóricas que han contribuido a la construcción de un análisis de lo urbano. Estos aportes, cada uno desde una perspectiva muy definida con supuestos de partida muy diferentes entre sí (hasta antitéticos), posibilitan la interpretación de los fenómenos urbanos.

[viii] Para M. Weber las ciencias de la cultura no deben partir de un primado "nomológico inmutable" del cual sea deducible, a través de un sistema de premisas, la realidad social.

En tal caso, Weber no ve en las leyes la finalidad de la ciencia social sino más bien,  teniendo como referente  la "individualidad histórica" que se vaya a determinar, como "medios cognoscitivos": instrumentos para analizar la individualidad. En efecto, si la configuración de la ciencia social viene dada por su carácter de "significación cultural", conexión de sentido, en una individualidad histórica, ella no es deducible de un sistema de conceptos legales. Asimismo, el carácter de la ciencia social es empírico, por tanto, los conceptos, los cuales son cardinales en la investigación, se constituyen a partir del contacto con la realidad. En este caso, si la ciencia social persigue comprender fenómenos individuales en su singularidad, la labor de los conceptos será dilucidar las conexiones de sentido en la individualidad en cuestión. En síntesis, al ser las leyes medios de conocimiento, la realidad por un lado, no es deducible de leyes pero por otro, permite establecer conexiones. Dicho en otros términos, el "qué", la manera en que se construyen problemas con respecto a fenómenos históricos - concretos, parte de un punto de vista subjetivo: principio de selección, que plantea una significación, en principio, para las ideas de valores culturales que se traten de abordar en una individualidad. La pregunta que guía al investigador no se refiere a leyes sino a "conexiones de sentido", ya que siempre se refiere a una individualidad.  Aunque las leyes, en cuanto medios, ayudan al investigador en el "análisis" de la individualidad. De aquí que se pueda hablar, a través de las leyes, de la "imputación causal" de una individualidad: tratar resultados de ciertos fenómenos. Es decir, Weber no excluye de las ciencias sociales, la formulación de conceptos abstractos. Al contrario, los conceptos son necesarios para la imputación causal: "la imputación de resultados concretos a causas concretas".

Sin embargo, Weber no equipara la formulación de leyes al canon de la generalidad al cual aspiran las ciencias de la naturaleza. En el caso de las ciencias sociales, las leyes serán más "explicativas", en su relación causal, en cuanto más centren en la realidad de la individualidad en cuestión: no hay que reducir la riqueza empírica de una individualidad a leyes.

¿Cómo se establece pues, estas conexiones de sentido en la imputación causal? Porque los "fenómenos culturales" están cargados de sentido y al investigador le interesan su conexión de sentido. El punto de partida de la ciencia social es específicamente "particular": "sin las ideas de valor del investigador no existiría ningún principio de selección del material ni conocimiento de lo real en cuanto individual". (WEBER, Max, “1. La objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política social (1904)” EN: Ensayos sobre metodología sociológica. Amorrortu Editores. Buenos Aires. 1982, p.71) Así, la relación de valor es un principio de "selección" posibilitado a través de premisas subjetivas "en cuanto se ocupa sólo de aquellos elementos de la realidad que muestra alguna relación, por indirecta que sea, con procesos a los que atribuimos significación cultural". (Ibíd., p.72) En consecuencia, la imputación causal requiere tanto un punto de vista subjetivo, que halle significado cultural en un fenómeno, como de conceptos abstractos que permiten dilucidar las conexiones de sentido.

Ahora bien, las "ideas" que importan al investigador dependerán de la época, así como del "método" empleado, el cual será guiado por el "estado del arte de la ciencia social", de tal manera que la ciencia de la cultura no puede formular un sistema de conceptos cerrados en los cuáles la realidad pasada, muestre el presente como una realidad explicada. Por tanto, la metodología de la ciencia social "fluye": tanto lo que es significativo, cómo la manera de acceder a esa individualidad; las ciencias sociales están en una evolución permanente; puntos de vista sucesivos e inagotables con respecto a un fenómeno: no sólo son complementarios sino criticables.

[ix] Por ejemplo, actualmente en la sociología de la educación se está incorporando la Teoría de la Estructuración Social de A. Giddens para analizar los procesos de escolarización que se llevan a cabo en el interior de la escuela. (BONAL X., Sociología de la Educación. Una aproximación crítica a las corrientes contemporáneas. Editorial Paidós. Buenos Aires. 1998, p.13 – 28; 171 – 204)

[x] Un ejemplo muy ilustrativo de esta nueva tendencia es la Teoría de la Estructuración Social del sociólogo inglés A. Giddens, quien se propone como objeto de estudio para las ciencias sociales las prácticas sociales ubicadas en un espacio – tiempo. Para abordar este cometido emplea no sólo la sociología sino también la sicología, la geografía, la historia, la filosofía del lenguaje. (GIDDENS, Anthony. La Constitución de la Sociedad. Bases para teoría de la estructuración. Amorrortu Editores. Buenos Aires. 1995)

[xi] Si bien en el curso, por diferentes motivos, no se alcanzó a trabajar la lectura El Urbanismo como modo de vida del sociólogo L. Wirth, es importante mencionarlo para la exposición del artículo. “Cierto número de autores relacionados con la Universidad de Chicago desde los años veinte a los cuarenta, sobre todo Robert Park, Ernest Burgess y Louis Wriht, desarrollaron ideas que durante muchos años constituyeron la base principal de la teoría e investigación en sociología urbana. Dos conceptos desarrollados por la Escuela de Chicago son dignos de especial atención. Uno es el denominado enfoque ecológico del análisis urbano, el otro la caracterización del urbanismo como un modo de vida, desarrollado por Wriht”. (GIDDENS, Anthony. “Urbanismo Moderno” EN: Sociología. Alianza Editorial. España. 1996, p.603.)

[xii] Parafraseando a Alexander: “Los clásicos son productos de la investigación a los que se les concede un rango privilegiado frente a las investigaciones contemporáneas del mismo campo. El concepto de rango privilegiado significa que los científicos contemporáneos dedicados a esa disciplina creen que entendiendo dichas obras anteriores pueden aprender de la obra de sus propios contemporáneos”. (ALEXANDER, Jeffrey, “La centralidad de los clásicos” EN: La Teoría Social Hoy. Alianza Universidad. Madrid. 1998,  p.23.) 

[xiii] “(...) la Escuela ecológica delinea claramente un modelo de ciudad que no es, en absoluto, distante del que se puede proponer hoy en día: la ciudad crisol, de grupos diferentes e intereses divergentes, la ciudad como forma de organización social perennemente inestable, a punto de caer en el caos, la ciudad que sufre de gigantismo y que se extiende sobre el territorio perdiendo una connotación unitaria y tal vez su especificidad”. (BETTIN, Gianfranco, Los Sociólogos de la Ciudad. Editorial Gustavo Gili. Barcelona. 1982, 15.)

[xiv] Esta caracterización se hará con base en el método sincrónico (larga duración) de la historia propuesto por F. Braudel, el cual relaciona dialécticamente las categorías de civilización material (objetos, instrumentos, costumbres) y económica (mecanismos de producción e intercambio), y tiene como finalidad comprender las civilizaciones para entender los procesos de gestación y organización de las ciudades: “Son esas sucesiones, esas series, esas largas duraciones las que han tenido mi atención: dibujan las líneas de fuga y el horizonte de todos esos paisajes pasados. Introducen un orden, suponen equilibrios, ponen de relieve permanencias, todo aquello que es, en suma, más o menos explicable dentro de ese aparente desorden... La vida material se somete más fácilmente a esas lentas evoluciones que los otros sectores de la historia de los hombres. Entre las regularidades, el lector habrá observado que hemos puesto en primer plano aquellas que forman parte de las civilizaciones y las culturas. Este libro se titula, no sin motivo, Civilización material, lo que supone escoger un determinado lenguaje. Las civilizaciones crean, en efecto, lazos, es decir, un orden, entre miles de bienes culturales, de hechos heterogéneos, a primera vista extraños los unos a los otros, desde los que pertenecen a la espiritualidad y a la inteligencia hasta los objetos y útiles de la vida cotidiana (...) Es un hecho que cada universo de poblamiento denso ha elaborado un grupo de respuestas elementales y tiene una enojosa tendencia a mantenerlas, en razón de una fuerza de inercia que es una de las grandes artesanas de la historia. ¿Qué es entonces una civilización sino el antiguo asentamiento de una determinada humanidad en un determinado espacio?”. (BRAUDEL, F., Civilización material, economía y capitalismo. Tomo I. Alianza Editorial. Madrid. 1984, p.491 – 492)  

[xv] “La relación entre ciudad occidental y ciudad moderna tiene profundas raíces históricas, raíces que encontramos en las peculiares condiciones sociales, políticas y económicas que acompañan a la constitución de nuevas formas urbanas en diversos períodos de la democracia occidental”. (Opcit. BETTIN, p.9.)

[xvi] Opcit. Braudel, p.489.

[xvii] SIMMEL, Georg, “Las grandes urbes y la vida del espíritu” EN: El individuo y la libertad. Península. España. 1986, p.247 – 261.

[xviii] WIRTH, L. “El Urbanismo como modo de vida” y PARK, R. “La Ciudad”. Ambos textos se encuentran en las Lecturas de Sociología Urbana No. 259. Departamento de Sociología. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá. 1962.

[xix] Un aporte muy importante del ensayo Las grandes urbes y la vida del espíritu de Simmel, es mostrar la influencia de las estructuras objetivas de la ciudad en la personalidad y mentalidad de los individuos que la habitan. Además, plantea una interesante paradoja que se podría resumirse en la siguiente afirmación: la economía de mercado constriñe pero posibilita la exacerbación de la individualidad. 

[xx] La densidad es entendida por Wirth como la concentración de la población en un espacio limitado.

[xxi] Es importante aclarar que los grupos parroquiales se reunían con una periodicidad en unos horarios establecidos. De ahí que no confundan con las personas que asisten a la eucaristía, que generalmente no se conocen entre sí.

[xxii] Los grupos de apostolado estaban conformados por estudiantes del curso de Segundo Filosofía, así como por Teólogos.

[xxiii] MILLS, C. Wriht, “La Promesa” EN: La Imaginación Sociológica. Fondo de Cultura Económica. Méjico. 1977, p.23 - 43.

[xxiv] “El desarrollo efectivo de una tipología no es un ejercicio puramente lógico o conceptual: se debe recurrir constantemente a la información de campo”. (HAMMERSLEY, Martyn y ATKINSON, Paul, “La escritura etnográfica” EN: Etnografía. Métodos de Investigación. Paidós. Barcelona.1983, p.202)

[xxv] Ibíd., p. 227 - 252.

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