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LA PARROQUIA COMO ESPACIO PEDAGOGICO
PARA LA SOCIALIZACION
Temas para la catequesis

Alexánder Barrera Paredes

Estudiante del curso 1º  de Teología
Seminario Mayor de Bogotá

Los estudiantes del Seminario Mayor de Bogotá reciben una adecuada formación pastoral con el fin de adquirir destrezas para el ministerio sacerdotal en medio de una realidad urbana, que exige de quienes aspiran al presbiterado un conocimiento profundo de la realidad en la que van a desarrollar la actividad evangelizadora y misionera que requiere la ciudad de Bogotá, para que el mensaje que transmiten sea realmente comprendido y asimilado. Para ello, resulta útil la comprensión y descripción sociológica detallada del fenómeno religioso en la ciudad, su punto de origen, su desarrollo y su alcance en la vida misma de quienes se acercan a la parroquia para pertenecer a un grupo parroquial.

Este ejercicio de comprensión lo realizamos en el curso segundo de filosofía del año 2002 en el área de  Sociología Urbana, en la cual fue necesario entender ciertas categorías que están a la base del acercamiento sociológico de la realidad urbana en la que vivimos. En este curso analizamos la constitución de la ciudad como el lugar físico en el que las personas se aglomeran y establecen relaciones de afectividad entre sí, proceso que no se da de manera espontánea, sino que necesita del establecimiento de ciertos patrones de socialización que se encargan de transmitir entre los individuos de un mismo círculo social las tradiciones, costumbres, hábitos, actitudes y sentimientos propios de la cultura y de la época1.

La estructura de la ciudad abarca desde los elementos físicos e institucionales hasta factores afectivos de relaciones recíprocas entre individuos, sin olvidar, claro está, las problemáticas sociales que se viven por la influencia de la división del trabajo, la organización de la industria y el comercio, que son los factores que inciden en la corporación y competencia de los sujetos, ya que en cierta medida, la sociedad busca intereses económicos comunes que otorguen los elementos necesarios para dominar la naturaleza y alcanzar una rápida adaptación al mundo exterior.

En este proceso, externo a los individuos, se desvanece la vida subjetiva de cada persona, es decir, la vida interior y espiritual, su identidad y su singularidad, en otras palabras, existe una escisión entre la realidad interior del individuo, su libertad e independencia singular y la realidad exterior, la sociedad tecnológica, la industria, el mercado y la productividad. Con lo anterior se abre paso a una  tesis: La estructura social externa realiza una ruptura de los lazos espirituales y familiares generando relaciones sociales despersonalizadas, debido a que se deteriora la comunicación causando el aislamiento, con lo cual sobrevienen consecuencias que son nefastas: indolencia, ensimismamiento, indiferencia, silencio, repulsión mutua, odio, lucha, inconsciencia, antipatía, distanciamiento, disociación y en últimas desvalorización de la persona2.

El paso de las relaciones familiares a las relaciones sociales es problemático, ya que la cultura objetiva, es decir, la realidad social con su conglomerado de instituciones se alza por encima del individuo quien no permanece inerte y pasivo sino que intenta buscar su libertad, por eso encuentra una salida en los grupos sociales que valoran y desarrollan su singularidad personal; como consecuencia de ello nace las relaciones con sujetos que convergen en intereses y expectativas comunes, encuentran comprensión mutua, identidad individual y grupal y un espacio donde desenvolver y manifestar sus cualidades y capacidades personales, olvidadas en el proceso de anonimia sufrido en el núcleo social exterior3.

Un ejemplo evidente de grupo social donde se desenvuelven este tipo de relaciones recíprocas es la parroquia, institución eclesial  que se convierte en un grupo de socialización secundario [i] , en el cual la cooperación personal y la solidaridad entre los individuos intentan superar la crisis del aislamiento. Esta fue una de las conclusiones a la que se llegó luego de estudiar la conducta y personalidad de los jóvenes que hacen parte de los grupos pastorales de la parroquia San Juan Neumann en el barrio Usminia. El estudio permitió observar que la gran mayoría de  los jóvenes que hacen parte de la comunidad parroquial requieren de un lugar o un espacio en el cual puedan recuperar su personalidad opacada por los problemas familiares y sociales de violencia, maltrato e incomunicación y problemas económicos como la falta de oportunidades laborales.

En ese sentido, la parroquia, el ambiente de religiosidad y el tipo de relaciones de cercanía y afectividad que allí se dan restablecen la comunicación, cultivan la vida interior y del espíritu,  recuperan la realidad y vivencia sentimental de las personas y  adquieren un lenguaje corporativo de comprensión mutua con el fin de transmitir contenidos religiosos a otros sujetos. Con el grupo se establecen nuevos vínculos sociales y relaciones de contacto permanentes que facilitan la expresión, no sólo de sentimientos sino de realidades vivenciales, cualidades y talentos, con lo cual, los miembros intentan alcanzar de parte de los demás la aceptación para librarse del anonimato y el olvido causado por el ambiente urbano. Por ello, la sinceridad de los jóvenes y la manera como expresan sus problemáticas espirituales revelan una carencia en la forma de dialogar las dificultades en la familia, es por ello que se puede explicar, en algunos casos, la participación constante y hasta permanente de algunos de ellos en las actividades de la parroquia durante la semana.

Con lo anterior vale la pena vislumbrar la problemática que poseen las prácticas pastorales en este ambiente, pues los sujetos que se especializan en la comunicación de contenidos religiosos (evangelizadores) suponen la necesidad de dicha transmisión, creen que las personas necesitan hablar de Dios para vincularse a la parroquia, es más, consideran que todas las personas que llegan a ella necesitan de manera obligatoria recibir y manejar con claridad el cúmulo de contenidos religiosos que declara la Iglesia Católica. Con ello, se prescinde de una parte muy importante de la persona, es decir, su historia personal, su realidad concreta, la experiencia vivencial particular que ha tenido, la problemática interior y social que la rodea. En otras palabras, se olvida el proceso mediante el cual dicho sujeto se vio en la necesidad de apropiar elementos religiosos a su vida para manifestarse como individuo existente en un contexto de socialización secundaria determinado llamado parroquia5.

En este sentido, el seminarista o cualquier agente de  pastoral en la parroquia puede actuar como “otro significante”, es decir, como una persona cercana que entabla una relación de interacción basada en el afecto, con lo cual se abre camino a la posibilidad de que el individuo asuma los patrones de pensamiento y de acción que posee la persona significativa, y de esta manera le otorgue elementos para vislumbrar y reinterpretar los procesos de aprendizaje y acercamiento a la realidad que ha tenido el sujeto en el grupo socializador de origen6. Esto resulta problemático si se comprende que incluso la nueva forma de relación conlleve a asumir una actitud crítica  de la realidad familiar en la que ha vivido.

En efecto, los jóvenes y adultos que participan en la parroquia  con otros significantes, que tienen las mismas actividades de tipo pastoral, descubren los significados que buscan en los diferentes grupos parroquiales para interpretar y darle sentido a su existencia, estructuran su conciencia mediante el conocimiento de los vínculos que se establecen con Dios en la religión. Con ello, la parroquia y esas personas “significantes” se convierten en nuevos horizontes de referencia para resolver inquietudes de la vida personal. Se generan nuevos vínculos relacionales en los cuales se puede expresar la  personalidad, los rasgos de la identidad, elementos que no se manifiestan al interior del hogar, debido a los pocos espacios que se dan en éste para hacerlo7. Es así como las situaciones de alejamiento y poco diálogo con los padres van deteriorando los vínculos emocionales establecidos por sus hijos y precisamente en estos  acontecimientos se hace evidente que la labor de los padres de determinar las  certezas sobre lo que debe ser en la vida pierden plausibilidad8 y validez, ya que su orientación en la vida, su sentido de la realidad y de la identidad sólo generan incertidumbre, incomprensión, soledad y sin sentido.

Por ello, la vinculación e interacción con otras personas en el ambiente de la parroquia se lleva a cabo por la mediación de una gran carga emocional y sentimental que usa el lenguaje de los contenidos religiosos como pretexto o excusa con el fin de mantener dichas relaciones de cercanía en la normalidad de conversaciones y diálogos de amistades que se vuelven  necesarias para el sujeto.

Lo anterior se puede llevar a cabo cuando el sujeto se ve lo suficientemente impactado y sugestionado por la manera de vivir de ese “otro significante”, lo cual conlleva a que su vida comience a girar en torno a la figura del agente de pastoral, tratando de asimilar su forma de pensar y actuar, evaluando su historia de vida y reflexionando acerca de su propia realidad para adecuarla al pensamiento de esa persona significativa, con lo cual se ponen en tela de juicio varios aspectos de la socialización primaria del individuo, tales como los mecanismos de significación y los esquemas tipificadores.

En efecto, las personas que se acercan a la parroquia, niños, jóvenes y adultos, han tenido todo un proceso vital de aprendizaje y conocimiento de la realidad, que en todo caso le resulta independiente y ajena a su conciencia, ya que es una construcción social autónoma que no depende de su volición,  es decir, que los objetos tienen una significación propia que no depende necesariamente del individuo (objetivación). Su proceso de aprendizaje lo llevó en un determinado momento a la socialización de su individualidad, con lo cual  apropió y aprehendió el contexto social en el que vive, el cual en cierta medida le impone normas de conducta y le exige un comportamiento normal frente a las realidades significativas de la sociedad. La problemática en todo esto es que los agentes de pastoral tienden a olvidar esa parte de la vida de sus fieles, lo cual representa taras para la verdadera comprensión de los contenidos religiosos, pues ellos  corren el riesgo de convertirse tarde o temprano en la excusa perfecta para solventar y evadir los problemas reales de la vida social justificándolos como voluntad de Dios o como necesidad para la salvación.

Dicho proceso se desenvuelve en el ambiente social del sentido común en el cual su vida cotidiana asimila significaciones subjetivas, que con el proceso de intersubjetividad9, se convertirán en facticidades objetivas, las cuales se suman a la rutina del individuo. La realidad es la vida cotidiana, en ella las estructuras de significación, brindadas por el grupo socializador de origen, entran en una correspondencia mutua con el cúmulo de significación de otros individuos, es decir, se desarrolla un proceso intersubjetivo donde las significaciones de los objetos y realidades son mediadas por el lenguaje. En nuestra investigación el elemento fundamental fue el lenguaje religioso con el aglomerado de significaciones que contiene, las cuales pueden determinar el modo de ver la realidad de parte del sujeto.

El lenguaje, al igual que en la socialización primaria, es el principal mecanismo de expresividad y de acceso a la subjetividad del otro y se manifiesta como producción humana de signos cargados de sentido y valoración interior, con lo cual se puede afirmar que la comprensión del lenguaje es la comprensión de la vida cotidiana. Como se ha dicho, el lenguaje juega un papel muy importante en la eventualidad de las relaciones de comunicación que establecen los individuos, ya que surge la interacción, manifestada en el encuentro ‘cara a cara’, en el intercambio de expresividad con lo cual se diversifica la comunicación alcanzando logros tan importantes como el conocimiento personal del otro.

Es aquí donde es menester anotar dos puntos importantes para quien  quiere conocer el proceso de conformación de las certezas religiosas que posee la persona que se acerca a la parroquia. Lo primero, es tomar conciencia de la influencia que suele tener una persona pública como el seminarista o sacerdote en la vida de los individuos, ya que las personas tienden a  ver en ellos un consejero o guía espiritual a quien no sólo se le deben pedir orientaciones sino que se le debe seguir en la imitación de ciertos patrones de conducta. Lo segundo, es tener en cuenta que la parroquia es un grupo de socialización secundaria, pues aunque no retiene al sujeto durante la semana para formarlo en los contenidos religiosos, sí lo capacita para ser ‘buen cristiano’  los fines de semana.10 La religión entonces se fundamenta en la base relacional y existencial  de las personas, con lo cual se comprende su acción sobre la vida interior o espiritual.

Dicho giro hacia la existencia y realidad del otro como ser personal e individual plantea la necesidad de esquemas tipificadores que faciliten la interacción humana, mediante la aprehensión y trato con el otro, ya sea por una experiencia directa o indirecta de sus significaciones o por sus aportes vitales sobre la existencia cotidiana. Las relaciones de conocimiento e intimidad son recíprocas, pero corren el riesgo de perderse en el río de la anonimia causado por el fenómeno de la masificación que olvida al integrante de la parroquia como individuo, por eso la estructura social se debe realzar como la suma de tipificaciones y pautas de interacción social entre sujetos.

Con lo anterior se puede explicar, de manera más detallada, el proceso de socialización, que en todo caso, determina el tipo de personas que se acercan a los grupos parroquiales. Cada persona está en disposición de ser sociable, de aprehender significaciones subjetivas en los acontecimientos del diario vivir, teniendo en cuenta que comprende a los otros y asume el mundo bajo la realidad de verse abocado a compartir la perspectiva comprensiva que los otros tienen del mundo. La socialización es por tanto, la inducción en el mundo objetivo de la sociedad, proceso que se realiza en un primer momento en la socialización primaria, en la que el niño mira el mundo como una realidad objetiva y del todo completada, gracias a que el aprendizaje que realiza nace de su dimensión emocional, mediante la cual establece relaciones afectivas con las personas significantes para sí mismo. En el segundo momento en la socialización secundaria donde el sujeto conoce y asimila los “roles”  y actitudes de otros, apropia las cualidades de los sujetos cercanos por medio de un proceso de abstracción donde se generaliza a los otros como punto de referencia de toda acción, pues dichos elementos le sirven para identificarse a sí mismo, para identificar a los demás y para ubicarse en el mundo.



1 La fundamentación teórica de este ensayo se ubica dentro del marco de comprensión de lo que es la socialización secundaria que es la internalización de “submundos” institucionales o basados sobre instituciones. Su alcance y su carácter se determinan, pues, por la complejidad de la división del trabajo y la distribución social concomitante del conocimiento. La socialización secundaria es la adquisición del conocimiento específico de “roles", que son la internalización  de campos semánticos que estructuran interpretaciones y comportamientos de rutina dentro de un área institucional, estando estos arraigados a la división del trabajo. BERGER P. y LUCKMANN T,  La sociedad como realidad subjetiva en:  La construcción social de la realidad. Amorrorto Editores. Buenos Aires. 1979, 174.

2 Como la socialización nunca se termina y los contenidos que la misma internaliza enfrentan continuas amenazas a la realidad subjetiva (que es la internalización de la realidad objetiva), toda sociedad viable debe desarrollar procedimientos de mantenimiento de la realidad para salvaguardar cierto grado de simetría entre la realidad objetiva y subjetiva. Ibíd. , 185.

3 Por grupo se entiende un número determinado de personas o miembros, cada uno de los cuales, cuando el grupo está reunido, interactúa con cada uno de los demás o puede hacerlo, o por lo menos tiene conciencia de los mismos. HOMANS, George, Estudio de los grupos en: Enciclopedia de las Ciencias Sociales Tomo IV. Aguilar. España. 1979,  211.

[i] El grupo de socialización primaria es la familia el cual se entiende como el conjunto de individuos cercanos que realizan labores de crianza, ellos no necesariamente son los padres y los hermanos como ejemplo de la familia modelo, pueden ser abuelos o tíos.

5 La biografía del individuo se desarrolla como una serie de sucesos dentro de este mundo. En verdad, la biografía del individuo es objetivamente real, pues se ubica dentro de las estructuras significativas del mundo social. BERGER, Peter, Elementos para una sociología de la religión en: El dosel sagrado. Amorrorto editores. Buenos Aires. 1967,  26.

6 Los otros significantes sirven para mantener la realidad subjetiva; pero lo cierto es que ocupan una posición central en la economía del mantenimiento de la realidad y revisten particular importancia para la confirmación continua de ese elemento crucial de la realidad que llamamos identidad. Op. cit. BERGER P. y LUCKMANN T,  188-189.

7 El vehículo más importante del mantenimiento de la realidad es el diálogo. La vida cotidiana del individuo puede considerarse en relación con la puesta en marcha de un aparato conversacional que mantiene, modifica y reconstruye continuamente su realidad subjetiva. Diálogo significa principalmente, por supuesto, que la gente conversa entre sí, lo cual no implica que se nieguen las copiosas emanaciones de comunicación no oral que rodean al habla. Con todo, el habla mantiene una posición de privilegio dentro de todo el aparato conversacional. Importa destacar, empero, que la mayor parte del mantenimiento de la realidad en el diálogo es implícita, no explícita... el aparato conversacional mantiene la realidad recorriendo en el diálogo los diversos elementos de la experiencia y adjudicándoles un lugar definido en el mundo real. Op. cit. BERGER P. y LUCKMANN T, 191.

8 La Condición más importante consiste en disponer de una estructura de plausibilidad eficaz, o sea, de una base social que sirva como “laboratorio” de transformación. Esta estructura de plausibilidad será mediatizada respecto del individuo por otros significantes, con quienes debe establecer una identificación fuertemente afectiva. Sin esa identificación no puede producirse ninguna transformación radical de la realidad subjetiva (en la que se incluye, por supuesto, la identidad), identificación que reproduce inevitablemente las experiencias infantiles en cuanto a la dependencia emocional de otros significantes. Estos son quienes han de actuar como guías para penetrar en la nueva realidad: representan la estructura de plausibilidad en los “roles” que desempeñan vis-á-vis  del individuo (“roles” que en particular, se definen explícitamente en términos de su función re-socializadora) y que mediatizan ese mundo nuevo para el individuo. Op. cit. BERGER P. y LUCKMANN T,  197.

9 La actividad constructora de mundos es, siempre e inevitablemente una empresa colectiva... tiene un carácter social, pues debido a un proceso social, llamado socialización su existencia cultural permanentemente depende del mantenimiento de una organización social específica. Op. cit. BERGER, L Peter. p 19-20.

10 A medida que se debilita la estructura de plausibilidad, también se debilitará la realidad subjetiva del mundo religioso. Surge entonces la incertidumbre. Lo que antes se daba por sentado como una realidad evidente por sí misma ahora es un “acto de fe”, que por definición tendrá que superar dudas que acechan en el fondo. En una ulterior desintegración de la estructura de plausibilidad, los viejos contenidos religiosos solo pueden mantenerse en la conciencia como “opiniones” o “sentimientos”... Como resultado de ello, las instituciones religiosas se han acomodado a las “necesidades” morales y terapéuticas del individuo en su vida privada. Op. cit. BERGER,  179.

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