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Temas para la catequesis

“BAJAR DE LA PROPIA CABALGADURA”

(para hacernos prójimo de los excluidos)

El Concilio Vaticano II, en su profética Constitución Pastoral acerca de la Iglesia en el mundo de hoy Gaudium et Spes, señaló como singular característica del mundo de los hombres contemporáneos los cambios extensivos, rápidos y profundos. Hoy somos testigos de las grandes transformaciones que se han verificado en toda la familia humana y en su entorno. Se trata de cambios radicales que el mismo Concilio no duda en calificar como verdadera metamorfosis sociocultural (cf Gaudium et Spes, n. 4).

En la actualidad reconocemos, por ejemplo, cambios paradigmáticos en las ciencias naturales y en la sociedad misma: se ha pasado del paradigma industrial (mecánico, newtoniano) al virtual (abierto, flexible, ecológico, holístico) inspirado en los principios de la física cuántica: la autorregulación, la interdependencia, la sostenibilidad; en la así llamada era de la información, se inaugura el paradigma de la interdiscursividad multivocal y polifónica.

Estos cambios remiten a nuevas epistemologías, las cuales no sólo nos permiten reconocer otras dimensiones de la vida sino que a su vez se constituyen en factores de cambio: nuevas epistemologías permiten ver, interpretar y proyectar nuevas realidades humanas, el mismo ser del hombre.

En América Latina, la Iglesia ha sido consciente de estas transformaciones radicales. Recordemos que desde la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano (Medellín 1968), ella ha querido ser no un simple espectador del cambio sino un agente que intervenga en él y lo dirija hacia la liberación auténtica de nuestros pueblos según el designio divino; recordemos también que, posteriormente en la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano (Puebla 1979), ella optó por los pobres buscando concretar su ser agente de cambio (cf Puebla, n. 1153); luego, en la IV Conferencia (Santo Domingo 1992), asumió la categoría cultura para leer e interpretar la cambiante realidad latinoamericana y para repensar su acción evangelizadora.

Hoy tenemos que reconocer que la categoría cultura nos ha permitido valorar otras dimensiones de la realidad (la diversidad, la complejidad, las subjetividades en construcción) y de la tarea evangelizadora de nuestra Iglesia latinoamericana (la Nueva Evangelización, la Promoción Humana, la Cultura Cristiana); sin embargo, es preciso estar atentos a no olvidar que en el contexto latinoamericano, el factor económico ejerce un papel determinante y es explicativo de muchos de nuestros males. De ahí que el diálogo fe-cultura no deba distraer la atención y la urgencia del diálogo fe-economía, sobre todo cuando los índices de la pobreza en América latina y, particularmente en Colombia, reclaman nuestra especial atención frente al multidimensional fenómeno de la exclusión social, que se verifica en nuestro medio al constatar el hecho, por ejemplo, de que casi el 60% de la población en el país se encuentra por debajo de la línea de la pobreza y el 23.4 % de la misma se encuentra por debajo de la línea de la indigencia, lo cual significa que cerca de 1 de cada 4 colombianos no tiene acceso a una canasta básica de alimentos y, por lo tanto se encuentra en situación de riesgo vital (cf Luis Jorge Garay, Colombia entre la exclusión y el desarrollo, 11).

La revista Seminarium Bogotense, en este tercer número de edición, haciendo eco al Ciclo de Reflexión Académica realizado en el Seminario Mayor de San José, los días 17 a 27 de Junio pasado, recoge algunos de los aportes de los conferencistas que provocaron y orientaron dicha reflexión; además presenta algunas de las iniciativas de investigación- acción que en nuestra Arquidiócesis se llevan a cabo como gestos del Buen Samaritano que hacen concreta nuestra opción por los pobres y nos mueven a hacernos prójimos de todos aquellos hermanos nuestros que sufren desventajas en términos de educación, habilidades, empleo, vivienda, recursos financieros y de participación en procesos políticos, y que tienen dificultades en el acceso a las instituciones y a los mercados que distribuyen estos bienes y servicios.

Auguramos que nuestra Arquidiócesis de Bogotá y las nuevas Diócesis urbanas que el Santo Padre Juan Pablo II, recientemente ha erigido, animen a todos en la ciudad, a bajarse de la propia cabalgadura (cf ARQUIDIOCESIS DE BOGOTA, Plan Global de Pastoral 1999-2008, 34) para contribuir a la generación y justa distribución de la riqueza, a la construcción del sujeto moral, a la búsqueda de expresión y comunicación de las víctimas de la exclusión, a la ampliación de su capacidad de tomar decisiones y de tener mayores y mejores oportunidades, a la acción cooperativa, a la educación para el discernimiento del acontecer y querer de Dios en nuestra historia.

Germán Medina Acosta

Editor

Diseño-Construcción

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