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Temas para la catequesis

LA POBREZA, UN NUEVO ENFOQUE

Alberto Alvarado Acevedo
Sociólogo – Investigador del IPD de la Universidad Javeriana
Profesor de Sociología en el Seminario Mayor de Bogotá

El problema de la pobreza ha sido objeto de múltiples definiciones, análisis y sugerencias de solución. Pero, tan compleja es la problemática, que difícilmente se encuentra una definición sobre la cual exista consenso para ahondar, enseguida, en su análisis y concluir en soluciones congruentes.

El presente artículo se basa en una reciente investigación realizada en el Instituto de Políticas para el Desarrollo –IPD-, de la Universidad Javeriana [1] . El enfoque es interdisciplinario, desde el ángulo de dos disciplinas de las ciencias sociales: la sociología y la economía.

Hay una concepción bastante común en algunos círculos de la política y de la academia. Según esta concepción, la pobreza es carencia y las carencias explican la pobreza… Infortunadamente, esta concepción de la pobreza no nos permite avanzar ni en el entendimiento del porqué de las carencias ni en el planteamiento de soluciones… Necesitábamos, ir más allá de las descripciones, abordar la investigación sobre la pobreza con otro enfoque.

El estudio se inició a partir de una pregunta muy simple: ¿Cómo viven los pobres? La revisión de la literatura nos mostró diferentes estrategias de supervivencia de los grupos sociales que viven por debajo de la línea de pobreza, esto es, con menos del ingreso equivalente a dos dólares al día. En este estado de la investigación, vimos claramente que el abordaje de la pobreza a partir del análisis de las situaciones particulares de la misma se agotaba muy rápidamente en cuanto a la explicación global del fenómeno, conclusión que nos llevó a hacernos la siguiente pregunta: ¿Globalmente, cómo se produce la pobreza? Esta pregunta nos condujo, finalmente, al análisis global de la pobreza tomando como método el Análisis de Sistemas, cuyas conclusiones se presentan en forma muy resumida en este artículo.

La Pobreza

En el contexto latinoamericano, durante las últimas décadas se han realizado esfuerzos importantes para refinar la medición de la pobreza. No obstante, hay consenso entre los estudiosos del tema en que estos esfuerzos se llevaron a cabo sin haber profundizado ni aclarado el concepto mismo de pobreza. En la evolución del concepto se pueden identificar tres grandes etapas:

En la primera etapa, el enfoque predominante correspondió a una concepción evolucionista de la sociedad. «La ideología del «progreso», afirma Fernando MIRES, supone que la sociedad avanza (vertical o zigzagueante) desde estadios inferiores hasta superiores, quemando etapas en su inevitable recorrido. Esta concepción se enmarca dentro del enfoque evolucionista de la historia y de la sociedad, cuya matriz fundamental era el crecimiento económico» [2]

La concepción evolucionista llevó a otro enfoque muy frecuente en los estudios sobre la pobreza, el dualismo social, según el cual, en toda sociedad  hay un centro y una periferia. El centro está constituido por la sociedad que denominamos avanzada, mientras en la periferia quedan relegados los marginados, o sea, los que no lograron integrarse a ese centro.

En los años sesenta, Roger Veckemans en Chile, desarrolló la teoría de la «marginalidad» basado en las ideologías del desarrollo, esto es, en la creencia que el desarrollo de la técnica o de las fuerzas productivas iba a terminar secularizando definitivamente al mundo tradicional. En esa construcción ideológica, la marginalidad fue vista como un espacio intermedio entre tradición y modernidad. La integración de los marginales que debería resultar de la expansión de la modernidad, era necesario encauzarla e institucionalizarla. De ahí la necesaria injerencia del Estado en las ideologías de la marginalidad.

El colapso de la teoría de la marginalidad llevó a algunos sociólogos a construir una teoría de acuerdo con la cual la pobreza, en todas sus formas, ya no aparecía como un resabio del pasado sino como campo de reproducción de la misma sociedad. Tal fue la teoría de la «informalidad». El concepto de «sociedad informal» si bien es continuador del de «sociedad marginal», se diferencia de este último en que la informalidad no está situada fuera sino dentro de la «sociedad», de modo que la lógica de la razón dualista heredada de los marginalistas es trasladada al interior mismo del concepto de sociedad.

En la segunda etapa, varias teorías centraron su atención sobre tres categorías de “carencias” [3] : a) Como carencia o NBI (Necesidades Básicas Insatisfechas). En esta categoría se incluyen las diversas corrientes que entienden la pobreza como carencia, ausencia de posibilidades o falta de satisfacción de una o más necesidades básicas para alcanzar un nivel de vida digno. Bajo este enfoque, la pobreza se entiende como un fenómeno multidimensional y se define en términos de déficit de satisfacción de necesidades básicas distintas a la sola alimentación. Así la pobreza es una situación que impide al individuo o a la familia satisfacer una o más necesidades básicas. b) Como carencia de ingresos. La falta de ingresos suficientes para adquirir los bienes y servicios esenciales para vivir, es otra forma de carencia. Una persona se considera pobre sólo cuando su nivel de ingreso es inferior a una línea de pobreza definida. Se basa en juicios de valor sobre los niveles mínimos de bienestar aceptables para llevar una vida digna y sobre los grados de privación que se consideren intolerables. Su cálculo requiere la construcción de indicadores que buscan medir los niveles de vida alcanzados por la población, en términos de logro o déficit en la satisfacción de necesidades básicas. c) Como deficientes condiciones de vida. Esta propuesta fue desarrollada por la Misión Social del Departamento Nacional de Planeación de Colombia a partir de una concepción del bienestar y de las necesidades básicas que se fundamenta en dos afirmaciones principales: 1. La existencia de un único conjunto de necesidades humanas que no varían en el tiempo, aunque sí cambien sus satisfactores. 2. La posibilidad de definir un subconjunto de necesidades cuya no satisfacción durante un largo período de tiempo podría llevar a la muerte.

Las formas de superar la pobreza se refieren, entonces, a la compensación y/o a la satisfacción de esas necesidades. Las propuestas toman en consideración, principalmente, la insuficiencia de ingresos, la incapacidad para satisfacer las necesidades básicas y la conjunción de las dos anteriores.

Finalmente, la tercera etapa corresponde a una concepción estructural de la sociedad, que nosotros compartimos, la cual entiende la pobreza como un problema social causado por las relaciones económicas, sociales y políticas de la sociedad [4] . Es la estructura socioeconómica de la sociedad la que produce situaciones de pobreza. Pero, mientras los estructuralistas basan la superación de la pobreza, en la teoría de Amartia Sen, según la cual la solución de la pobreza  se logra mediante el desarrollo de las capacidades individuales con el fin de obtener el pleno ejercicio de sus derechos, nosotros intentamos una nueva aproximación al diagnóstico y a las soluciones a partir de un enfoque global e interdisciplinario basado en el análisis de sistemas.

Análisis sistémico de la pobreza

La pobreza, según nuestro enfoque, es el resultado de un sistema. En su concepción más simple, un sistema es un conjunto de elementos interrelacionados entre sí a través de lazos de influencia y de dependencia y que tienen un comportamiento unificado. Al concebir la pobreza desde el punto de vista sistémico se entiende que es el resultado de un complejo conjunto de variables de distinta naturaleza (económicas, sociales, políticas, culturales etc.) entrelazadas a través de estrechas relaciones de interdependencia mutua; por lo tanto, para superar la pobreza, primero es necesario conocer cómo está constituido el sistema; enseguida, entender cómo opera el sistema en su conjunto y, finalmente, determinar el tipo de variables que inciden sobre ella desde el punto de vista de su “operatividad” para formular soluciones eficaces y eficientes.

La exhaustiva revisión de la literatura nos permitió identificar un total de 116 variables relacionadas con el sistema generador de pobreza. El análisis de las relaciones de influencia y de dependencia de estas variables nos permitió clasificarla en cuatro grandes grupos.

El primero está constituido por variables “dadas” o “parámetros”, esto es, variables sobre las cuales, en la mayoría de los casos, el sistema cuenta con muy pocas posibilidades de modificación. La “globalización” es un típico parámetro; hay que contar con ella como algo dado; a lo sumo, se puede asumir una posición crítica sobre la misma. El “modelo económico”, aunque en principio puede ser modificado o aún sustituido por otro, no obstante, no es realista pensar en que sea factible hacerlo, por lo menos en el corto o mediano plazos. Otro tipo de variables pertenecientes a este conjunto está compuesto por aquellas que se pueden tomar o dejar. Caso típico es la “doctrina social de la Iglesia” que, como cuerpo doctrinal que establece el “deber ser” de las relaciones sociales internas y externas de un sistema socioeconómico, a la luz de los principios o criterios cristianos, es susceptible de tomarlo o dejarlo, pero en caso de asumirlo ejercería una importante influencia sobre el sistema. Finalmente, otro grupo de variables pertenecientes a esta categoría, está conformado por las que denominamos variables “fuerza”, o sea, aquellas que gozando de gran influencia sobre el sistema, son susceptibles de ser controladas o intervenidas para su mejoramiento. Pertenecen a este grupo, variables tales como: la Gobernabilidad, el Nivel educativo, la Mentalidad democrática, la Inflación, el Equilibrio fiscal, los Intereses etc.

Un segundo conjunto está determinado por las variables que llamamos de “trabajo”. Son variables con alta influencia sobre el sistema pero que, al mismo tiempo, son dependientes en distinto grado. Se clasifican como variables de trabajo por cuanto es en ellas donde se deben concentrar los esfuerzos para lograr una mayor dinámica del sistema. A este grupo, pertenecen variables tales como: la Política social, el Respeto a los derechos, el Desarrollo humano, la Distribución de la riqueza, el Capital social como activo, los Monopolios económicos, los Salarios, el Nivel de empleo, la Política económica, el Precio de los bienes finales… La acción sobre estas variables deberá ser objeto de serias discusiones, toda vez que no pueden ser abordadas de manera directa, pero ofrecen la posibilidad de incidir significativamente sobre otro conjunto numeroso de variables.

Dentro de este segundo conjunto sobresale un grupo de variables que denominamos “críticas”, debido a que en ellas se concentra, al mismo tiempo, un alto grado de influencia y de dependencia. Ni mucho menos son de fácil manejo, pero cualquier acción que se logre ejercer sobre ellas tendrá gran repercusión sobre el sistema. Son de destacar las siguientes: el Desarrollo social, el Crecimiento económico, la Igualdad de oportunidades, la Cultura dinámica, el Estado, la Personalidad básica del colombiano y la Equidad. Sobre este conjunto de variables, cuya mayoría son de carácter social, se debe comentar que constituyen el “tendón de Aquiles” o la razón de ser del sistema. Obsérvese la importancia individual de cada una de ellas y su importancia colectiva. Allí se encuentra, ante todo, el Estado como protagonista de un sistema donde el sujeto está caracterizado por la Personalidad básica del colombiano. Ese sistema debe operar  bajo el principio básico de la Equidad o justicia social, según la cual todos los miembros de la sociedad deben gozar de Igualdad de oportunidades, para que toda la sociedad pueda asumir en sus manos la responsabilidad de su propio destino (cultura dinámica), con el fin de lograr, en forma equilibrada, el mayor crecimiento económico junto con el máximo desarrollo social.

El tercer conjunto está compuesto por las variables “resultado”. Son variables cuya característica fundamental es su alto grado de dependencia unido a un muy bajo grado de influencia sobre el sistema. Por lo tanto, constituyen las salidas o resultados del sistema. Allí está ubicada la “pobreza” con todas sus manifestaciones y grados; el nivel de “calidad de vida” y las “expectativas de la población; la producción; la Inversión; el empleo y la capacidad de ahorro, entre otras.

Diversos comentarios se pueden hacer desde el punto de vista social.  En primer lugar, se constata que el nivel de calidad de vida es el resultado del sistema por excelencia, asociado  a las expectativas de la población. En segundo lugar, el análisis estructural refleja el carácter altamente dependiente de las variables relacionadas con la pobreza. Esto significa que la pobreza, en general, no se soluciona actuando directamente sobre ellas sino sobre el conjunto de las variables influyentes en el sistema. Desde el punto de vista económico, resulta igualmente interesante, observar cómo la producción, la inversión, la oferta de manufactura y comercio informal, y los consumidores, aparecen como variables resultado del sistema, lo mismo que las variables relacionadas con el empleo y la capacidad de ahorro.

Finalmente, se detecta un cuarto conjunto de variables caracterizado por sus mínimos grados de influencia y de dependencia con relación al sistema. Constituye lo que denominamos variables “insignificantes” para el sistema o “falsos problemas”, en cuyo caso no vale la pena invertir energías en ellas, pues, será muy despreciable su influencia sobre el sistema. Figuran dentro de este conjunto variables tales como: la Infraestructura física, las Redes de información, el Contrabando, las Adicciones (Alcoholismo, drogadicción…), los Organismos multilaterales, los Servicios informales etc... Estas variables, si bien tienen importancia en sí mismas, dejan de tenerla en relación con el sistema específico bajo análisis.

Cuatro grandes retos para superar la pobreza en Colombia

Si bien, el Estado Colombiano ha venido haciendo esfuerzos loables, a través de los gobiernos de turno, para lograr metas de crecimiento económico y de desarrollo humano importantes, no obstante, en nuestra opinión, esos esfuerzos se han centrado en el manejo de variables coyunturales como dictado de la política económica. Por el contrario, sobre los profundos problemas sociales de tipo estructural, es muy poco lo que se ha venido haciendo. Nuestra conclusión derivada del estudio, se basa en la necesidad de incidir en los problemas sociales y económicos estructurales que producen la situación de pobreza en la sociedad colombiana. Esta conclusión la expresamos a través de cuatro grandes retos:

Primer reto: “Pasar de una Sociedad Desarticulada a una Sociedad Integrada”

Se entiende por sociedad “desarticulada” aquella donde se da un alto grado de incertidumbre, léase falta de confianza, junto con un bajo nivel de institucionalidad y, por sociedad “integrada” aquella construida sobre una institucionalidad sólida a favor de los derechos humanos al tiempo que goza de un alto nivel de confianza en sus instituciones.

Estudios actuales señalan la “confianza” como un factor decisivo para el desarrollo económico y social, factor que está estrechamente relacionado con los niveles de inversión y de consumo económico. Hemos identificado, además, dos situaciones generadoras de desconfianza, la primera asociada con la situación de orden público del país, ligada al problema del narcotráfico y, la segunda, al manejo adecuado de ciertas variables económicas.

En cuanto al primero, es evidente que el problema de la hoy denominada narcoguerrilla es un factor determinante de la falta de confianza en el país, tanto por parte de los mismos inversionistas nacionales como por parte de los extranjeros. Para nadie es un misterio que el problema del narcotráfico es un problema global estrechamente ligado a la demanda mundial por el consumo de drogas ilícitas, como tampoco hay duda sobre el hecho de que los grupos insurgentes encontraron en el negocio de las drogas un medio altamente eficiente para su financiación [5] . El narcotráfico es un negocio multinacional globalizado como cualquier otro [6] . Mientras no se produzca un cambio radical en la política internacional con respecto al consumo o a la legalización de la droga, al país no le queda otra alternativa diferente a combatirla y a expulsarla de su propio territorio, por el solo hecho de recuperar la confianza absolutamente necesaria para su desarrollo, como objetivo fundamental.

La paz, en términos globales, es un típico resultado del sistema socioeconómico; la negociación política de una paz duradera y sostenible, basada en la justicia social, significa llegar a acuerdos estructurales de fondo; no consiste simplemente en llegar a acuerdos de intercambio humanitario –deseables pero insuficientes- ni en la reintegración de los levantados en armas a la vida civil –corolario de un acuerdo político de fondo-. Los acuerdos definitivos tienen que ver directamente con cambios estructurales que implican desde  la organización actual del Estado, pasando por la superación de los grandes problemas nacionales –el principal, la pobreza- y el fortalecimiento de la democracia. Los retos de la paz, en último término se confunden con los retos que estamos analizando para superar la pobreza.

El otro factor que afecta la confianza es el grado de éxito obtenido a través del manejo de ciertas variables económicas clave. Digamos que las estrategias básicas en el campo de la política económica se han desarrollado tradicionalmente en este terreno y que, aparte de las discusiones eminentemente académicas sobre el particular, el país ha logrado a través de los últimos cincuenta años, un manejo más o menos exitoso de las mismas.

Pero, todo lo anterior, tampoco es suficiente dentro de este primer reto estructural. A la falta de confianza hay que añadir una institucionalidad débil, la cual a su turno, también es causa de incertidumbre. La institucionalidad tiene que ver con la normatividad de la sociedad. El problema de la normatividad es que no basta con tener leyes excelentes y bien estructuradas, es necesario, además, que el espíritu de esas leyes sea asimilado e interiorizado por la sociedad. Lo contrario, lleva a una especie de esquizofrenia social que un político colombiano describió como dos países: “el país formal y el país real”, y que DURKHEIM, caracterizó como un estado de anomia. Salir de ella implica lograr un gran “consenso social” sobre el país que queremos todos los colombianos; sobre cómo debe ser esa nueva Colombia en la cual quepamos todos y participemos todos en su construcción.

Este debe ser el tema fundamental en una futura y deseable mesa de negociación con los grupos en conflicto para lo cual, es necesario preparar un ambiente nacional de apertura y de respeto por las ideas de los otros, ambiente que exige esfuerzos por parte de todos los grupos sociales en conflicto y que debe aceptar como principio una actitud de “perdón” y olvido. Sin embargo, este perdón no puede ser impuesto a la fuerza desde arriba; para que sea un perdón con eficacia social, debe ser fruto de un reconocimiento de los delitos sociales por parte de quienes piden el perdón y de una aceptación social por parte de quienes lo otorgan. Esto requiere trabajo y dirección, no hay que esperar a que se dé en forma espontánea. Pensamos que la Iglesia Católica, aprovechando su alto grado de credibilidad dentro del contexto colombiano, tiene un papel muy importante que jugar en este escenario, abanderando esa campaña por el “perdón” social de los colombianos, condición “sine qua non” para pasar, definitivamente, de una sociedad desarticulada a una sociedad integrada.

Segundo reto: Pasar de una Gestión Pública ineficaz a una situación de Gestión Pública eficaz y eficiente

Este segundo reto, en uno de sus componentes, está ligado al anterior. Por una parte, tiene que ver con la superación de lo que hemos denominado “Gestión Pública Ineficaz” generada por la desarticulación del Estado que acabamos de analizar, junto con un bajo nivel de “gobernabilidad”. La gobernabilidad, por su parte, está estrechamente ligada a la eficacia y a la eficiencia de las instituciones del Estado. En otras palabras, no podrá haber gobernabilidad en un Estado que vive en una patológica crisis institucional. El riesgo que corre un gobierno bien intencionado y aún acertado en sus decisiones, es el fracaso final de su gestión cuando las instituciones del Estado permanecen en crisis.

Por lo tanto, el reto que se le presenta al Estado colombiano para lograr una auténtica gobernabilidad y consecuentemente una Gestión Publica eficaz y eficiente, se basa en la reforma efectiva del Estado desde el punto de vista del acceso real al verdadero poder político de los ciudadanos en los niveles más cercanos a su contexto de vida. Esto comienza por la reforma de los partidos políticos que deben ser espacios privilegiados de participación política ciudadana.

Tercer reto: Pasar de una sociedad PREMODERNA a una sociedad MODERNA

Aquí entramos en el campo de la cultura al afirmar, que solo una pequeña parte de la población colombiana ha asimilado los valores propios de un pensamiento moderno, esto es de corte científico-tecnológico. La mayoría de la población, se mueve aún dentro de moldes culturales de tipo tradicional donde predomina el pensamiento mítico-sagrado. Por otra parte, sostenemos que la mentalidad democrática es muy débil en el contexto colombiano, donde prevalece una democracia representativa sobre un tipo de democracia participativa.

Es, predominantemente, en la población de origen campesino donde prevalecen las pautas de comportamiento tradicionales asociadas a un sistema de relaciones sociales primarias de carácter informal y de tipo afectivo.  La sustitución del pensamiento tradicional por un pensamiento científico – tecnológico está estrechamente relacionada con el contacto con la sociedad moderna donde predominan las relaciones sociales secundarias de carácter formal y de tipo contractual. Las sociedades industriales y post-industriales se caracterizan por ser generadoras de este tipo de relaciones incubadas en las condiciones laborales propias del sistema empresarial.

En una primera instancia, el acelerado proceso de urbanización del país ofrece ya un primer elemento a favor del cambio de mentalidad. Sin embargo, el cambio en la estructura demográfica, por sí solo, no produce el cambio cultural aludido, es necesaria además la intervención de ciertas instituciones culturales clave: la educación y la economía en este caso específico.

El cambio de pautas culturales tradicionales en modernas compete, en primer lugar, al sistema educativo por cuanto es él, a quien corresponde en forma directa, la creación de pautas de comportamiento moderno derivadas del pensamiento científico-tecnológico. No cabe duda del valor de esta variable estratégica dentro del sistema que venimos analizando. Así, pues, es necesario redoblar los esfuerzos que el estado colombiano ha venido haciendo en este campo. 

La economía,  por su parte, a través de sus diversos subsistemas de acopio, producción,  distribución, financiación etc. es una auténtica escuela de cambio de valores tradicionales en modernos. El problema radica, en que no toda la población en edad económicamente activa se encuentra vinculada al sistema económico formal. El ambiente cultural de lo que se ha venido denominando economía “informal” es, por el contrario, reproductor de pautas de comportamiento tradicional. Los esfuerzos que diferentes gobiernos han hecho para impulsar la economía informal como solución a la pobreza, si bien son loables, no obstante constituyen típicas medidas coyunturales y transitorias.

Otro caso muy diferente es el cambio de valores autoritarios por valores democráticos. El tema del autoritarismo y la democracia tiene que ver directamente con la concepción cultural que se tenga con relación al ejercicio del poder, siendo éste el dominio de la institución política. Sin embargo, las pautas de comportamiento autoritario o democrático introducen sus raíces en el ámbito familiar. La forma como se toman las decisiones en la familia puede ser de tipo autoritario, cuando están centradas exclusivamente en cabeza de uno de los dos cónyuges, o de tipo democrático, cuando existe un equilibrio, al menos  entre marido y mujer cuando no entre los hijos también, con relación al ejercicio de la autoridad. La profunda evolución cultural de los últimos cuarenta años, en el caso colombiano, está estrechamente relacionada con este tema. La lucha por la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer está en el núcleo de esta evolución. El verdadero cambio cultural en esta materia se producirá en la medida en que se desmonte el sistema político autocrático de corte clientelista. En este campo, la responsabilidad recae en forma directa sobre los partidos políticos que deben evolucionar en varias direcciones: del bipartidismo al pluripartidismo y del partido clientelista de masas al partido ideológico.

El otro desafío fundamental de la democracia es el paso de la democracia representativa a la democracia participativa. La primera tuvo su origen en el S. XIX “ante la resignación de que “solo una pequeña porción de la población contaba con una adecuada educación, disponía de recursos materiales, gozaba de acceso a información sobre asuntos públicos y tenía el tiempo para utilizar dicha información responsablemente”. [7] Los partidos políticos encuentran su razón ser como mediadores representativos de los ciudadanos elegidos por períodos definidos de tiempo y de espacio. Se sugiere, entonces, la extensión de lo que hoy se denomina democracia “participativa” entendida, como “aquella democracia en la cual los espacios de decisión desbordan las instituciones tradicionales –el sufragio y el parlamento-, los sujetos políticos van más allá de la acción partidista y el método de decisión privilegiado es la construcción de acuerdos... En esta perspectiva, la democracia participativa no sustituye a la representativa, ni se identifica con la democracia directa, sino que avanza en la construcción de mecanismos que acercan la práctica del gobierno al ideal de la democracia como gobierno del pueblo o autogobierno”. [8]

Para llegar a la democracia participativa real, además de la reforma interna de los partidos, se hace necesaria una pedagogía política, basada sobre todo en la transparencia, eficacia y eficiencia del Estado.

4. CUARTO RETO: Pasar de un modelo liberal “MANCHESTERIANO” a un modelo INTEGRAL de desarrollo humano

El liberalismo “manchesteriano” – hoy retomado por el neoliberalismo- se fundamentó en el individualismo y predicó la liberación de las fuerzas de la oferta y la demanda plasmada en el conocido lema del “laissez faire”. Todo lo que sea controlar en sus efectos la libre acción de la oferta y de la demanda en el mercado es artificial y dañino. Considera esta escuela que la libertad es el resorte que mueve al hombre en su afán creador y, llega hasta abandonarlo al resultado del libre juego de las fuerzas del mercado, sin importarle ni mucho ni poco el que prolifere la desigualdad, la injusticia y la miseria que, de paso considera pasajeras, mientras se alcanza un nivel de desarrollo tal, que sus beneficios desbordan en favor de todos los miembros de la sociedad.

Que este ideal libertario no corresponda a la realidad, es asunto comprobado. Por lo tanto, se hace indispensable la intervención del Estado como garante del bien común a través de determinados objetivos: el pleno respeto de los derechos humanos; aplicar la justicia conmutativa en derecho bajo condiciones de igualdad; ejercer a cabalidad el poder monopólico para la preservación de la ley; velar por la seguridad e integridad del territorio nacional e implantar los preceptos de la justicia distributiva. Estos objetivos constituyen en esencia el contenido de la política social con enfoque sistémico.

En un análisis detallado de las políticas sociales aplicadas por los últimos gobiernos desde 1980 hasta el 2000, el CINEP [9] detectó a través de la lectura de los planes de desarrollo que, “que las políticas macroeconómicas se han distanciado de las políticas sociales. Todavía más, la política económica ha ido en contra de dicha integración porque los equilibrios macro continúan considerándose fines en sí mismos. El bienestar de las personas se ha puesto en un segundo lugar, después de la consecución de los equilibrios macro. De hecho, la evolución de la pobreza y de la desigualdad muestra que la calidad de vida se deterioró en los noventa… El desprecio por el Estado y la institucionalidad de lo público se ha terminado reflejando en una acentuación de la dicotomía entre las políticas económicas y sociales”.

El manejo equilibrado de las políticas económicas y sociales para lograr el desarrollo integral es posible, siempre y cuando exista conciencia clara en el Estado sobre cuatro condiciones fundamentales: 1) Necesidad de intervenir desde el Estado en forma decidida, tanto en el campo económico como en el social; 2) Necesidad de una Gestión Pública eficaz y eficiente como se analizó al ocuparnos del segundo reto; 3) Decidida intención de permitir en forma efectiva una amplia participación democrática en el proceso para lograr el desarrollo integral; 4) Ejercer un liderazgo claro para lograr el consenso social sobre las metas del desarrollo integral, lo que implica, una clara conciencia nacional de que el país se salva a condición de que se produzca un esfuerzo mancomunado de todos los grupos y sectores sociales, sin excepción alguna.

4. Reflexiones finales:

La “riqueza humana” atañe al tipo de sociedad ideal en el cual, en primer lugar, el ser humano pasa de ser objeto pasivo del desarrollo a ser sujeto activo del mismo y, en segundo lugar, se da en sociedades que alcanzan elevados niveles de desarrollo económico y social mediante el ejercicio de la cultura dinámica, lo cual corresponde al concepto de desarrollo integral expuesto en páginas anteriores, donde la “calidad de vida” se convierte en el indicador básico del desarrollo humano.

Para lograr esta meta ambiciosa del desarrollo integral, es necesaria una gestión pública eficaz basada en una sólida institucionalidad y apoyada en una eficiente gobernabilidad que busque el equilibrio entre el desarrollo económico y social, por una parte, y el desarrollo cultural, en el sentido de la cultura dinámica, por la otra.

La cultura dinámica, concepto acuñado por el sociólogo francés Pierre Henry Chombart de Lauwe [10] , como “adquisición constante y acción que se torna hacia el futuro y permite a los hombres de una civilización asumir progresivamente la dirección de su propio destino”, es una clara concepción solidaria o societal que hunde sus raíces en el pensamiento sociológico francés heredado de Emile DURKHEIM.

Esta concepción de la relación sociedad-cultura es sustancialmente diferente a la concepción anglosajona según la cual, “la sociedad es más una suma de individuos que responden competitivamente a las condiciones del mercado” [11] . Es, en ese sentido, como en la propuesta de A. Sen, “las capacidades hacen referencia a la libertad de las personas para decidir sobre sus empeños y optar por las oportunidades que les permitan desempeñar un papel individual y social satisfactorio para su crecimiento personal”. [12] Estando en parcial acuerdo con Sen, pensamos que el desarrollo de las capacidades no es solamente un problema individual sino colectivo, esto es cultural y, más específicamente, propio de la cultura dinámica. El problema radica en saber cuáles son los mecanismos concretos de la cultura dinámica para lograr respuestas colectivas pertinentes y acertadas tendientes a superar la pobreza.

En primer lugar, se parte del reconocimiento explícito de que la pobreza, tal como lo hemos venido demostrando en este estudio, es el resultado o producto de un sistema socioeconómico deficiente, por lo tanto, cualquier acción correctiva debe estar orientada a producir impactos significativos sobre el sistema global y no meramente individuales, si pretenden ser efectivas.

En segundo lugar, se confirma la importancia y eficacia del capital social, aplicado a nivel de la sociedad global, para producir ese tipo de respuestas colectivas, constituyendo, uno de los mecanismos concretos para incrementarlo, la apertura de canales eficaces y eficientes de participación de la sociedad civil en la toma de decisiones. Esto implica la organización de esta última en agrupaciones sólidas que neutralicen la atomización en la cual se encuentra actualmente fragmentada. Las respuestas individuales son ineficaces; la eficacia de las respuestas culturales estriba en la fuerza social que ellas generan, pero estas respuestas colectivas son fruto de grandes movimientos sociales con fuerza política impulsados, bien sea a través de los partidos políticos y/o de la sociedad civil organizada, y deseablemente avalados por el Estado.

Finalmente, Colombia está obligada a superar la situación actual de conmoción interior producto del enfrentamiento armado entre las fuerzas de la guerrilla, los paramilitares y las fuerzas del Estado que tiene un trasfondo y una explicación global en la situación social y económica del país. La paz política estable y duradera, exige acuerdos sobre cambios estructurales basados en la justicia social que se identifican con los retos que hemos analizado para superar la pobreza. Mientras esto no se logre, tampoco habremos alcanzado una paz duradera.

La respuesta a los cuatro retos estructurales planteados, conducirá indefectiblemente al “desarrollo cultural”, en el sentido de la cultura dinámica, y éste, combinado con el desarrollo económico y social, deberá dar como resultado sistémico la “riqueza humana” por contraposición a la “pobreza humana” que, en último término, implicará la erradicación estructural y coyuntural de la pobreza.



[1] ALVARADO, Alberto y VIVAS, Alejandro. Análisis sistémico de la pobreza. IPD. – U. Javeriana, Bogotá, 2003.  (Documento en proceso de publicación)

[2] MIRES, Fernando. El discurso de la miseria o la crisis de la sociología en América Latina. Editorial Nueva Sociedad, Caracas, 1993.

[3] ALVAREZ MAYA, María Eugenia y MARTÍNEZ HERRERA Horacio. El desafío de la pobreza. FUNDACIÓN SOCIAL. Bogotá, 2001

[4] Para mayor información sobre este enfoque, véase: CORREDOR MARTÍNEZ, Consuelo. El problema de la pobreza: una reflexión conceptual. En Pobreza y Desigualdad. CINEP. Bogotá, 1999

[5] Según estudios, los recursos que provienen de algún tipo de vinculación directa o indirecta con el cultivo, la producción y el tráfico de cocaína, financian en más del 40% a la guerrilla de las FARC y alcanzan a ser el 70% de los ingresos de los grupos de extrema derecha o paramilitares.

[6] El narcotráfico, es hoy un negocio globalizado que mueve, según la ONU, 400.000 millones de dólares al año es decir el 8% del comercio mundial, es también globalizado porque nutre otro negocio ilícito como es el tráfico de armas (80 millones de rifles AK-47 se negocian en el mercado negro al año). El armamento decomisado a la guerrilla en Colombia es casi todo de fabricación norteamericana e israelí. Igualmente, el negocio de la droga compite con el tráfico de personas que deja utilidades cercanas a los 7000 millones de dólares y al blanqueo de dinero de estos negocios representa entre el 2 y el 5% del PIB mundial según concluye la ONU.

[7] The Economist 1996. Citado por Luis Jorge GARAY, Construcción de una nueva sociedad. Tercer Mundo, Bogotá 1999, p. 50

[8] LONDOÑO, Juan Fernando. “Aproximación a la democracia participativa”. En: Sociedad Civil, Control Social y Democracia Participativa. FESCOL, Bogotá, 1997. p. 24

[9] ARCOS, Oscar, BECERRA Emperatriz y otros. Políticas Sociales en Colombia 1980 – 2000. CINEP-COLCIENCIAS, Bogotá 2002, pp. 72 y ss.

[10] CHOMBART DE LAUWE, Paul Henry. Transformations de l’environnement des aspirations et des valeurs. Editions du CNRS. Paris, 1976. P. 8

[11] UNIOPSS – MINISTÈRE DE L’EMPLOI ET DE LA SOLIDARITÉ. Exclusion Sociale et Pauvreté en Europe. La documentation française, Paris, 2001, p. 14

[12] Citado por Consuelo Corredor. Op. Cit. p. 59

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