Regresar a la Página Principal

Última actualización:
 

Del descanso sabático al «día del Señor»

Primera parte

A veces algunas personas preguntan: si la Biblia dice que el día de descanso es el sábado, ¿por qué guardamos entonces el domingo como día de fiesta? ¿De dónde surgió el sábado como fiesta y por qué se pasó al domingo? A esas preguntas trataremos de responder en este y en siguiente número.

El origen del descanso sabático

En el Antiguo Testamento el sábado era considerado como el día privilegiado para honrar, adorar y dar culto al Señor. No es fácil determinar con exactitud el origen histórico del Sabbath, que fue y sigue siendo muy importante en la práctica religiosa judía. El Sabbath es mencionado en los tres códigos de leyes del Pentateuco y cobró una importancia enorme durante y después de la época del exilio en Babilonia (597-538 a.C.) al no poder ir los judíos al templo de Jerusalén, porque había sido arrasado años atrás por el ejército de Nabucodonosor (586 a.C.). El Sabbath sirvió como signo de la alianza entre Dios y el pueblo de Israel y para que la comunidad recordara su identidad mediante el descanso y la adoración a Dios. La primitiva comunidad cristiana fue cambiando gradualmente su día de culto al domingo, pero trajo consigo muchas de las prácticas del Sabbath judío. De esto hablaremos más adelante.

En el AT el verbo hebreo šābat significa «cesar», «desistir». Ese día los miembros de la comunidad dejan de trabajar; otro significado más secundario es «descansar» (Ex 21,19; Lev 26,34-35; 2Cro 36,21), que es la consecuencia obvia de dejar de trabajar. El Sabbath se celebra el séptimo día de la semana y adquiere significación a partir del descanso de Dios en el séptimo día después de los seis de la creación, según el relato sacerdotal (Gn 2,3). Los antecedentes históricos de la celebración del Sabbath son difíciles de precisar. Algunos estudiosos han intentado conectar la observancia del Sabbath con antiguas prácticas babilónicas (los babilonios descansaban el día quince de cada mes, el día de la luna llena. El nombre que designa ese día en idioma acádico es similar al hebreo Sabbath). Sin embargo, los babilonios pensaban que ese era un «día malo», porque en él controlaban los dioses hostiles a los seres humanos; por eso la gente se abstenía de algunos trabajos para apaciguar a los dioses o para no provocar su ira. Otra conexión posible con la celebración del Sabbath israelita aparece en el mito babilónico de la creación conocido como Enuma elish. En esta historia los dioses babilonios descansan tras la creación de la humanidad como lo hace el Dios de Israel después de la creación (Gn 2,3). Pero aunque Israel tomó sus ideas del Sabbath de Babilonia, la práctica y significado que le dio Israel son distintos: por ejemplo, en el relato de la creación de Génesis 1 Dios descansa contento y satisfecho al ver «que todo era bueno» (Gn 1,31); en cambio, en el Enuma elish los dioses descansan para que los hombres trabajen para ellos. Otra diferencia es que la observancia del sábado israelita era semanal, mientras que en Babilonia era mensual, y el Sabbath israelita era un día de alegría y alabanza a Dios, y el babilónico era para apaciguar a los dioses.

Cualquiera sea el origen, lo cierto es que la observancia de este día era central en la práctica religiosa de Israel. Las leyes en relación con el sábado presentes en los principales códigos legales del Pentateuco revelan la antigüedad de dicha celebración. En los diez mandamientos dados a Moisés en el Sinaí Dios ordena dedicar ese día al Señor Dios (cf Ex 20,8-10); por eso ninguno de la familia ni esclavos ni tampoco los animales podían trabajar (v.10; cf Ex 23,12). La versión deuteronómica del Decálogo repite lo dicho sobre el sábado en el Éxodo, pero insiste en el descanso de los esclavos (Dt 5,12-15). Otro pasaje del Éxodo recalca la seriedad de la celebración del sábado como una señal de generación en generación (Ex 31,12-13) y además de no trabajar, debían considerarlo sagrado, de modo que el que violara el sábado debía morir (Ex 31,14-15).

Aunque los textos del Pentateuco están de acuerdo sobre la importancia de guardar el sábado, la intención del sábado varía según los códigos. Esa variación indica que el significado del sábado evolucionó a medida que cambiaban las circunstancias del pueblo.

Una de las razones para guardar el sábado ―según la tradición sacerdotal― es que Dios descansó en el séptimo día (Ex 20,11); en este texto y en Gn 1,1―2,4a, la comunidad tiene que observar el sábado porque el creador santificó el día y descansó; por tanto, la comunidad tiene que imitar a Dios. Éxodo 31,12-17 tiene la misma motivación para guardar el sábado, pero le da un significado teológico: los israelitas tienen que guardar el sábado como signo y recordatorio de la alianza de Dios con Israel. Los mandamientos del Deuteronomio por su parte derivan la motivación para guardar el sábado de su interés por la justicia: el sábado le recordaba a la comunidad sus propios orígenes como pueblo liberado de la esclavitud que tiene ahora que observar la justicia para con los esclavos. Levítico 23,3 desarrolla la ley de guardar el sábado de otra forma. Al mandamiento de no trabajar añade el de que el sábado es el día para la asamblea sagrada. Los escritores sacerdotales del Levítico hacen del culto litúrgico un rasgo explícito de la observancia del Sabbath: «es día de reposo para el Señor dondequiera que habiten» (Lv 23,3).

El sábado como signo de identidad

Con el paso del tiempo, el Sabbath se convirtió en signo de la identidad de Israel como pueblo de Dios. Esto se dio sobre todo en el período del exilio de Babilonia, donde no tenían templo y donde mucha gente vivía en esclavitud, como prisioneros de guerra. Durante el exilio los sacerdotes insistieron en la observancia del sábado como día de descanso y de asamblea sagrada para congregar al pueblo y no dejarles olvidar su identidad como pueblo de Dios en tierra extranjera. Quizás por eso la llamada «Ley de Santidad» (Lv 17―26) insiste especialmente en las leyes sabáticas (Lv 19,3.30; 23,3; 26,2) y eso explica también por qué el sábado se convirtió en un signo esencial de la alianza (Ex 31,12-17).

Los profetas también le dieron importancia al sábado durante y después del exilio. Para Jeremías la suerte de la nación dependía de la fidelidad de la nación a la observancia del sábado (Jr 17,19-27). Ezequiel entendió el sábado como signo de la relación de Dios con su pueblo (Ez 20,20). Siguiendo a Jeremías, Nehemías afirmó que profanar el sábado traería toda clase de desgracias a la ciudad (Neh 13,17-18). El Tercer Isaías afirmó que el que guarda el sábado será feliz (Is 56,2-5) y promete que «si llamas al sábado tu delicia--- te alegrarás en el Señor» (Is 58,13-14).

Reglamentación del sábado

Como el significado teológico del sábado cambió con el tiempo, también cambiaron y aumentaron las disposiciones sobre su observancia. Por ser día de descanso para hombres y animales, ciertos tipos de trabajo estaban prohibidos (Nm 15,32; Ex 35,3; Ex 16,23.29; Am 8,5), era además el día del culto a YHWH (Lv 23,3), el día para ofrecerle sacrificios (Nm 28,9-10). Era tan importante la observancia del sábado que durante la peregrinación por el desierto, YHWH les enviaba una porción doble de maná el sexto día para poder guardar el sábado (Ex 16,4-30); durante la guerra macabea algunos judíos no portaban armas en sábado así fuera para defenderse (1Mac 2,32-38). Como muchos judíos piadosos fueron asesinados, el sacerdote Matatías, líder de los macabeos, insistió en que luchar en legítima defensa en día sábado era conforme a la voluntad de Dios (1Mac 2,39-41). En fin, la observancia del sábado unía a Israel, como pueblo, celebraba su identidad y simbolizaba su relación con Dios.

(Próxima entrega: el sábado en el NT y el paso al domingo cristiano)

Diseño-Construcción

[ARRIBA]

El Seminario Mayor | Pastoral Vocacional | Ayudas para Liturgia
Temas de Estudio | Actualidad | Contáctenos