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EL PRAGMATISMO: A PROPÓSITO DEL NÚMERO
89 DE LA
FIDES ET RATIO
Fernán Ramírez Meléndez
Primero de Teología
| El cristianismo
se comprende como algo que tenía el propósito de aliviar la
crueldad, principal meta de la sociedad liberal. |
Introducción
Creo que
nuestro país [Estados Unidos de América], pese a sus vicios y
atrocidades pasadas y presentes, y pese a su continua ansiedad
por elegir tontos y truhanes para altos cargos, es un buen ejemplo
del mejor tipo de sociedad inventada hasta el momento1.
¿Qué le permite a este hombre afirmar que su sociedad
es la mejor de todas cuantas han existido? ¿Tiene el nuevo orden
mundial una filosofía que lo explique? ¿Por qué el Papa considera
peligrosa una filosofía como el pragmatismo, que no
busca sino hacerles la vida más fácil a los ciudadanos? A estos
interrogantes pretende responder el siguiente artículo. En él
quiero mostrar someramente las bases principales del pragmatismo,
para ampliar el número dedicado en la Encíclica Fides et Ratio
a esta nueva forma de pensamiento. No tengo el interés de concluir
cuál de las dos posiciones es la más acertada; únicamente expondré
de manera general esta filosofía, ofreciendo elementos para una
profundización posterior por parte del lector.
Contexto
Nos encontramos en el capítulo VII de la Encíclica
Fides et Ratio, que trata sobre las exigencias y los
cometidos actuales de la filosofía y de la teología. Para Juan
Pablo II lo que distingue nuestra situación es la crisis
de sentido, causada por un mal manejo de la fragmentariedad
del saber. En efecto, cuando la razón se convierte simplemente
en razón instrumental, olvida su vocación de búsqueda por
el sentido último. Frente a esta problemática y para estar en
consonancia con la Palabra de Dios, el documento plantea tres
exigencias a la filosofía.
a) La filosofía
debe encontrar de nuevo su dimensión sapiencial de búsqueda
del sentido último y global de la vida. La filosofía es la instancia
crítica decisiva para señalar el fundamento y el límite de
las ciencias, y la última instancia de unificación del
saber y del obrar humanos, impulsándolos a avanzar hacia un objetivo
y un sentido definitivos.
b) La filosofía debe verificar la capacidad del
hombre de llegar al conocimiento de la verdad; cuando la filosofía
realiza otras funciones particulares ajenas a buscar la verdad,
puede olvidar su cometido principal. El Papa agrega que este
conocimiento debe ser de la verdad objetiva, mediante la idea
de la verdad como adaequatio rei et intellectus2.
c) Es preciso dar el paso del fenómeno al fundamento.
Es necesaria una filosofía de alcance metafísico, capaz de trascender
los datos empíricos para llegar, en su búsqueda de la verdad,
a algo absoluto, último y fundamental. La metafísica cumple el
papel de mediadora entre lo fáctico, lo meramente racional y la
teología, como inteligencia de la fe. El encuentro con la verdad
ocurre de manera imperfecta y analógica, trascendiendo
lo fáctico y lo empírico, porque sin esta dimensión metafísica
no sería posible siquiera la sospecha de una Verdad absoluta.
Así pues, el Papa afirma estar convencido de que el elemento metafísico
es el camino obligado para superar la crisis de sentido de la
filosofía y de la sociedad actual.
Para notar la importancia de la metafísica, el
documento remite al desarrollo de las ciencias hermenéuticas
y a los análisis del lenguaje, y su relación con la fe. Son útiles
en cuanto ayudan a la comprensión de la fe, de la estructura de
nuestro modo de pensar y de hablar. Pero el Papa se percata de
las limitaciones (¿o de los alcances?) del modelo hermenéutico
frente al modelo tradicional escolástico que sin lugar a dudas,
es el que subyace en toda la Encíclica como propuesta para superar
la crisis de la filosofía: Hay estudiosos de
estas ciencias que en sus investigaciones tienden a detenerse
en el modo como se comprende y se expresa la realidad sin
verificar las posibilidades que tiene la razón para descubrir
su esencia (n. 84. Subrayado nuestro), y descubre
en esta actitud una prueba de la falta de confianza
de nuestro tiempo, sobre la capacidad de la razón.
La insistencia de la Fides et Ratio radica
en la relación de continuidad entre la reflexión filosófica (de
corte escolástico) y la tradición cristiana (de pensamiento occidental).
Para ello se detiene en algunas corrientes que atentan contra
esta labor filosófica y teológica. Se pronuncia contra el eclecticismo,
el historicismo, el cientificismo, el pragmatismo,
hasta llegar al nihilismo, que niega la humanidad del hombre
y su misma identidad.
Los peligros
del pragmatismo
El número 89 de la Fides et Ratio puede
dividirse en dos partes. La primera se refiere al pragmatismo
como propuesta gnoseológica. La segunda parte, al pragmatismo
como propuesta ética y política. Con base en esta división expondré
las líneas generales de esta filosofía.
No menores peligros conlleva el pragmatismo,
actitud mental propia de quien, al hacer sus opciones, excluye
el recurso a reflexiones teoréticas o valoraciones basadas en
principios éticos. Las consecuencias derivadas de esta corriente
de pensamiento son notables.
El pragmatismo es considerado como el aporte
norteamericano dentro de las corrientes filosóficas. El pragmatismo
clásico es un método de la filosofía en el cual la verdad de una
proposición es medida por su correspondencia con resultados experimentales
y por su consecuencia práctica. Así pues, los pragmatistas esperan
que esa verdad sea modificada de acuerdo con los descubrimientos
que se hagan y consideran que ella es relativa al tiempo, al lugar
y al propósito de la investigación. Charles Peirce - convertido
al catolicismo y quien reflexionó acerca de la eucaristía desde
la perspectiva de la interpretación simbólica - y William James
- quien afirmaba que la idea de Dios tiene sentido si al creyente
le sirve de algo, p.e. sentirse seguro - originaron el sistema,
que influyó a John Dewey. En la actualidad, filósofos como Willard
Van Orman Quine, Hilary Putnam y Richard Rorty - considerado como
el filósofo más interesante en todo el mundo -, entre otros, encarnan
la tradición pragmatista clásica y han desarrollado en sus producciones
filosóficas el pragmatismo contemporáneo.
En sus orígenes, siglo XIX, influyeron factores
como la inmigración causada por la exclusión religiosa que sufrieron
en Europa los puritanos. Estos pioneros, luego de vivir reducidos
en Europa, encontraron la tierra prometida, grandes extensiones
de tierra inacabadas que esperaban ser conquistadas. Aun cuando
los puritanos se distinguían por su dogmatismo, por haber sido
excluidos, se hicieron tolerantes. Todas las ideas tuvieron que
ser reinventadas, pues originaron otra sociedad. Por ende, pusieron
a prueba sus ideas anteriores y su permanencia estuvo condicionada
a la experimentación. Antes de 1860, ya había en Norteamérica
una actitud, un marco mental hacia el poder de enseñanza de la
experimentación. De ahí que su empirismo fuera radical.
El pragmatismo es la idealización de lo que los
colonos inmigrantes experimentaron en su asentamiento en la tierra:
buscar la frontera para saber hasta dónde llegaba y estar dispuestos
para lo nuevo, lo mejor y el cambio. Para cruzar la frontera
era necesario crear empresas en común, que se apoyaran mutuamente.
Siempre se buscaba hacer comunidad, a pesar de que los valores
fueran individuales. Esto es lo que se llama el Mito de
la Frontera. De él deriva la idea del conocimiento como
un proceso inacabable y el derecho a la diferencia como base de
la sociedad.
Pero en la teoría evolucionista de Darwin y en
el auge del positivismo, que cuestionaban las creencias religiosas
más encarnadas en la sociedad, debemos ver el surgimiento del
pragmatismo como filosofía típicamente norteamericana. Fue una
reacción en contra de la absolutización del pensamiento propugnado
por las ciencias positivas. Su origen está ligado íntimamente
a una problemática religiosa, y esto no se debe olvidar. Como
ideología, podemos considerarlo como la religión secular americana.
Aunque los tres
filósofos contemporáneos arriba mencionados tienen diferencias
en sus planteamientos - Quine es heredero del pragmatismo, mientras
que Rorty es el extremo del pragmatismo, rompiendo con toda la
tradición filosófica occidental, apoyado en James, Dewey, Nietzsche,
Wittgenstein y Heidegger -, podemos establecer algunas características
comunes del pragmatismo:
1- Falibilismo, antiesencialismo y antifundacionalismo:
Todas las tesis de la ciencia son hipotéticas y revisables,
y por eso no hay fundamento último. Por lo tanto, existe un rechazo
a la idea de conocer las esencias de las cosas. No hay una descripción
del mundo verdadera, que se adecúa, que corresponde
a como es el mundo en sí mismo. Si así fuera, la única perspectiva
verdadera sería el punto de vista del ojo de Dios,
pero el ojo de Dios es el único lugar desde el cual no nos damos
cuenta de la existencia de Dios. El mundo se da a partir de unos
intereses y no desde esencias: una comunidad modela el mundo
desde lo que le interesa para vivir y convivir.
De esta manera se rechaza el realismo metafísico,
que consiste en creer que el mundo independiente de la mente ya
está constituido, acabado con clases, géneros y propiedades intrínsecas,
dejando al sujeto únicamente la tarea de descubrir lo que ya está
hecho. El pragmatismo considera que la mente y el mundo se constituyen
mutuamente: la mente que investiga escoge un rasgo en un esquema
conceptual3 para organizar el mundo y el mundo responde
determinando la mente. El mundo es construido por una comunidad
mediante el lenguaje, abandonando así la idea de que el lenguaje
es una caña de pescar para capturar esencias. Con esto
no se pierde la objetividad, porque todavía se dice cómo es el
mundo.
El pragmatismo
rechaza la tradición cartesiana, pues se opone al fundacionalismo
al negar que haya un soporte último metafísico del conocimiento.
Cercanos a Peter Strawson4, los norteamericanos pragmatistas
tienen una lectura de Kant nueva: la noción de mundo nuoménico
es más bien un tipo límite del pensamiento que un concepto claro.
Esta noción la conciben hoy como un elemento metafísico innecesario
en el pensamiento kantiano. Putnam, quien también abandona la
distinción trascendental (fenómeno-noúmeno), considera que Kant
no tiene la idea de verdad como correspondencia, a la manera del
realista metafísico, y por tanto las ideas que los humanos tienen
de los objetos no son copias de cosas independientes de
la mente5.
De una manera más radical, Rorty definitivamente rompe con la
tradición epistemológica kantiana en su conjunto6.
2- Rechazo del
dualismo: No hay distinción sujeto-objeto, hecho-valor,
y en general, se rechazan todos los dualismos de la tradición
cartesiana. El lenguaje como constructor del mundo permite que
haya objetividad intrínseca de los sistemas lingüísticos (realismo
interno), con lo cual no es posible diferenciar entre esquema
y contenido, palabra y concepto. No se puede decir cómo es el
mundo sin el esquema conceptual, pero no hay esquema conceptual
privilegiado, que unifique bajo un sólo criterio la verdad del
mundo. Esto lleva a un pluralismo, no a un relativismo, porque
la objetividad aún está garantizada. El relativismo es la
concepción según la cual cualquier creencia sobre determinado
tema, o quizá sobre cualesquiera temas, vale tanto como
la que más. Pero nadie opina así. Exceptuando algún que otro
estudiante de primero adepto a cualquier causa, no nos
toparemos con alguien que otorgue igual validez a dos opiniones
incompatibles sobre un tema de importancia7.
Por lo anterior, algún pragmatista ha dicho que la ciencia es
el mejor mito que tenemos.
La distinción hecho-valor es inconsistente, puesto
que una cosa es de acuerdo con el propio esquema conceptual,
que proviene de los intereses y de las necesidades de la comunidad
particular: las características relevantes, los rasgos a partir
de los cuales se construye el mundo, se refieren a intereses;
según se van necesitando las cosas, se van utilizando y conociendo,
y no hay justificación externa para ese uso.
3- Anti-escepticismo:
Una cosa es la duda filosófica y otra,
la duda real: no se puede dudar con la razón, si no se duda desde
el fondo del corazón. Siempre que haya una razón grande para
dudar, se debe dudar; cuando no, es perder el tiempo. Esta es
una tesis que no se opone al falibilismo, pero va en contra del
escepticismo de Hume, quien confesó abandonar la duda cuando salía
de su oficina. De otro lado, la filosofía analítica tuvo un
auge en Norteamérica, gracias a la inmigración de los filósofos
alemanes de origen judío, por causa del Tercer Reich. Los primeros
escritos de pragmatismo contemporáneo están fuertemente marcados
por el análisis lógico. Dentro de este contexto, baste recordar
la idea del primer Wittgenstein, según la cual una oración carece
de sentido, si no tiene referencia, un soporte en la experiencia:
El significado de un enunciado se establece por sus condiciones
de verificación. Conforme al principio analítico de si
un enunciado carece de sentido, su negación también, entonces
afirmar que podemos describir la realidad tal cual es
y su negación no podemos describir la realidad tal cual
es (tesis del escepticismo), son, dentro del pragmatismo,
enunciados que carecen de sentido, puesto que la realidad no está
acabada, allá, afuera.
4- Primacía de la experiencia: Lo que
preocupa a la gente, sus emociones e intereses, son el objetivo
de la filosofía pragmatista. El pragmatismo es utilitarismo
en epistemología, pero no busca solucionar problemas, sino hacer
mejor la vida de la sociedad. El empirismo norteamericano se diferencia
del empirismo británico en tanto que experiencia se refiere en
este contexto a lo experimental, a la comprobación: poner a prueba
una idea públicamente; el significado de un concepto está ligado
a su consecuencia práctica, luego de someterlo al tribunal del
experimento. La epistemología empirista (experimental, mejor)
conduce al naturalismo, a la relatividad ontológica y al contextualismo.
Todos se refieren a que no hay filosofía primera, justificación,
o reconstrucción racional para la ciencia ni a priori ni
a posteriori.
El significado de un término se determina dentro
de un sistema contextual. Cuando se pregunta qué es A, se responde
que es B; el significado de A, entonces, es relativo a
un lenguaje de trasfondo B. Si ese B fuera fundamento absoluto,
sería hacer filosofía primera. Sin embargo, el lenguaje B es
el lenguaje natural que tiene una comunidad lingüística gracias
a las categorizaciones que hace debido a sus intereses. La ontología
- aquella que pregunta por lo que hay en el mundo - es relativa
a la manera como una comunidad categoriza y clasifica el mundo
en el aprendizaje del lenguaje y para mantener la fluidez en la
conversación (relatividad ontológica). El lenguaje de trasfondo
no es una categoría metafísica, un algoritmo primario en la estructura
de todo ser humano mediante el cual es posible traducir cualquier
lenguaje al lenguaje primario, unificar criterios y establecer
verdades universales. Es la misma comunidad, cada una según su
contexto, la que construye su aparato de individuación para clasificar
el mundo.
5- El pragmatismo es un pensamiento históricamente
situado: El criterio para que un problema filosófico sea
bien planteado es que tenga consecuencias allí en la sociedad.
Este es el rasgo típico de la filosofía norteamericana: la filosofía
siempre está en un contexto (contextualismo), y no puede trascender
el contexto particular en que nació. Las consecuencias se evidencian
inmediatamente: No hay un soporte último metafísico del conocimiento,
la epistemología tradicional es vista como aquella actitud de
poseer ansias metafísicas iguales a las ansias absolutistas de
la religión. Por tanto, si se habla de epistemología, no es para
considerarla como normativa, justificativa o fundacionalista,
sino descriptiva (epistemología naturalizada, que estudia cómo
se conoce a partir de los datos de la ciencia, p.e. la psicología).
6- La objetividad
como acuerdo: La objetividad no es entendida
como correspondencia (adaequatio), pues no hay un mundo
fuera para determinar su adecuación con las propias representaciones,
sino como el acuerdo lingüístico al que llega una comunidad para
relacionarse con su mundo. El interés del pragmatismo
es hacer que siga la conversación de una comunidad, al interior
de ella o con otras diferentes, más que encontrar la verdad
objetiva. Para el pragmatista la misma idea de encontrarse
con toda la Verdad resulta en sí absurda, pues también
es absurda la idea Platónica de la Verdad misma. Es absurda tanto
como noción de verdad sobre la realidad que no es sobre la realidad-bajo-una-determinada-descripción,
como en forma de noción de verdad sobre la realidad bajo una descripción
privilegiada que haga innecesarias todas las demás descripciones
porque es conmensurable con cada una de ellas8.
La filosofía vista desde
el pragmatismo
El pragmatismo espera de la filosofía solamente
que mantenga la conversación, y esto es sabiduría; que considere
a los seres humanos como generadores de nuevas descripciones más
que como seres de quienes se espera que sean capaces de describir
con exactitud. Pensar que la meta de la filosofía es la verdad
- entendida como la verdad sobre los términos que constituyen
una conmensuración última para todas las investigaciones y actividades
humanas - es ver a los seres humanos como objetos más que como
sujetos9. Con la idea de una descripción
universal desde la cual se volverían conmensurables todos los
lenguajes, tendríamos la esencia del hombre. Pero
lo cierto, en la filosofía pragmatista, es que ni diciendo que
el hombre es a la vez sujeto y objeto de conocimiento, es posible
captar su esencia.
La filosofía como fundamento de las ciencias no
debería significar que la antiguamente llamada The Queen, la
reina de las ciencias, desconozca las exigencias interdisciplinares
y asuma el rol expresado en términos kantianos de tribunal
de la Razón Pura, pretendiendo ser la rectora de todos los
saberes o aquélla que cuenta con un lenguaje capaz de traducir
cualquier otro lenguaje. Aceptando que la situación actual está
enmarcada como una Gran Conversación de muchos saberes, el filósofo
está lejos de aparecer como un profesional de la argumentación,
para convertirse en un animador de las temáticas y las dinámicas
por las que la cultura recorre su camino, realizando una tarea
de mediación de significados que permita a los vocabularios individuales
entenderse, sin pretender llegar a traducirlos en un lenguaje
neutral y transparente.
Pero la respuesta del Papa es clara: Impulsar
el saber hacia un sentido y objetivos definitivos sería la labor
filosófica más importante en la actualidad, pues la sola idea
de una cultura inmersa en la aventura del errar inquieto, olvidaría
el ofrecimiento de plenitud que nos hace el mensaje cristiano.
En particular, se ha ido afirmando un
concepto de democracia que no contempla la referencia a fundamentos
de orden axiológico y por tanto inmutables. La admisibilidad
o no de un determinado comportamiento se decide con el voto de
la mayoría parlamentaria. Las consecuencias de semejante planteamiento
son evidentes: las grandes decisiones morales del hombre se subordinan,
de hecho, a las deliberaciones tomadas cada vez por los órganos
institucionales. Más aún, la misma antropología está fuertemente
condicionada por una visión unidimensional del ser humano, ajena
a los grandes dilemas éticos y a los análisis existenciales sobre
el sentido del sufrimiento y del sacrificio, de la vida y de la
muerte.
La sociedad liberal del pragmatismo se define
como aquella que se complace en llamar verdadero
(o correcto o justo) a lo que sea resultado de una
comunicación no distorsionada, al punto de vista que resulte triunfante
en un combate libre y abierto, sea ello lo que fuere.
Esa sustitución equivale a excluir la imagen de una armonía, preestablecida
entre el sujeto humano y el objeto de conocimiento, y, por tanto,
a la exclusión de la problemática epistemológico-metafísica tradicional10. Contingencia significa
aceptar que una sociedad no puede saltar por encima de la historia,
que no puede hacer otra cosa que partir de donde está, del producto
histórico que es. La importancia de este concepto se resume en
el llamado criterio de civilización de Schumpeter: el hombre
civilizado se distingue del hombre bárbaro en su capacidad de
reconocer la contingencia de sus propias convicciones y defenderlas,
no obstante, resueltamente.
Las consecuencias, desde el punto de vista pragmatista,
se ven fácilmente: lo que justifica la noción de justicia no
es que sea fiel a un orden anterior que nos sea dado, sino su
congruencia con la comprensión más profunda que tenemos de nosotros
mismos y de nuestras aspiraciones, y la comprobación de que, dada
nuestra historia y las tradiciones insertas en nuestra vida pública,
ésta es para nosotros la doctrina más razonable (J. Rawls).
La moralidad no es la voz de la parte divina de nosotros mismos,
sino nuestra propia voz como miembros de una comunidad, hablantes
de un lenguaje común. La moralidad no tiene otro propósito que
el de hacerles a los poetas y a los revolucionarios la vida más
fácil, mientras ve que ellos les hacen la vida más difícil a los
demás sólo por medio de palabras, y no por medio de hechos11.
Los ciudadanos de una comunidad liberal de corte
pragmatista serían personas que perciben la propia contingencia
de su lenguaje de deliberación moral, de su conciencia y de su
comunidad; personas que satisfacen el criterio de civilización
señalado por Schumpeter; personas que combinan el compromiso con
una comprensión de la contingencia de su propio compromiso. Es
buscar el equilibrio entre el dejar en paz la vida privada de
las personas e impedir el sufrimiento, de modo que su aglutinante
social estriba en dar a todos la posibilidad de crearse a sí mismos
según sus capacidades, meta que requiere, aparte de paz y prosperidad,
de las libertades burguesas clásicas. El progreso, por tanto,
deriva de la coincidencia accidental de una obsesión privada con
una necesidad pública.
¿Por qué es peligroso el pragmatismo visto desde
nuestra religión?
Por último, el cristianismo se comprende como
algo que tenía el propósito de aliviar la crueldad, principal
meta de la sociedad liberal, pero sin saberlo desde el principio.
La cruz puede ser vista como un ejemplo claro de crueldad, proveniente
de las ansias absolutistas de la religión, o un paradigma de la
intolerancia que hay que evitar. ¡Peligro!, alertó Juan Pablo
II: la sociedad pragmatista, la utopía liberal no necesita rendir
culto a lo que se opone a sus principios. La cruz es lo contrario
a la vida feliz y a la tolerancia que el liberalismo busca; el
cristianismo, entonces, quedaría como un discurso, una práctica
que acogerían algunos dentro de la sociedad.
Solidaridad - sentimiento propio del ironista
liberal, del pragmatista - es captar el sufrimiento de quien muere
por causa de la intolerancia, llevando al practicante de cualquier
religión a evitar el dolor de los demás. La importancia de la
figura de Jesús consiste en su capacidad para relacionarse civilizada
y solidariamente con aquél que es diferente (la samaritana, la
cananea, la viuda de Naím, etc.). En fin, la religión cristiana
es sólo una propuesta ética más, que puede tener su espacio en
el sistema.
Lejos del pragmatismo están los análisis sobre
el sufrimiento y el sacrificio como camino de realización y como
propuesta de humanización para la sociedad. Aquí lo que se busca
es que una comunidad encuentre para y desde sí misma las decisiones
morales, las cuales apuntan a evitar la crueldad y la intolerancia,
procurando la convivencia social. No se niega la trascendencia
(sería una creencia privada), pero la unidimensionalidad del
hombre es lo relevante en el ejercicio de la política y de la
moral.
En conclusión, la propuesta política del pragmatismo
encierra ideas contrarias a la propuesta englobante y universal
del cristianismo. De hecho, H. Putnam afirma haber escogido la
religión hebrea por la peculiaridad de no decir que todos deben
ser hebreos. Además, esta filosofía rechaza abiertamente la dimensión
metafísica como camino de solución a los problemas de la sociedad
actual. Su peligrosidad se manifiesta, entre otras cosas, en la
neutralización del cristianismo, restando la radicalidad de la
vocación universal del hombre a la Verdad. No obstante, el pragmatismo es ya una ideología, la
forma de pensamiento de la sociedad liberal americana. Profundizar
en sus ideas es un reto, toda vez que las producciones filosóficas
más importantes se han desplazado al contexto de las universidades
norteamericanas, y desde ellas al nuestro.
NOTAS
1
RORTY, Richard.
Pragmatismo y política. Barcelona:
Paidós. 1998 [1992]. p. 27.
2 TOMÁS DE AQUINO. Summa Theologiae, l, 16,
1.
3 Este
término es utilizado por Putnam, para designar el conjunto de
acuerdos sobre la realidad de una comunidad lingüística; pero
es abandonado por Rorty, gracias al desmonte de la idea de la
mente como espejo de la realidad.
4 STRAWSON,
Peter. Los límites del sentido: Ensayo sobre la Crítica de la
Razón Pura de Kant. Madrid: Revista de Occidente. 1975 [1968].
5 PUTNAM, Hilary.
Razón, Verdad e Historia. Madrid: Tecnos. 1988 [1981]. p.p. 69-75.
6
RORTY, Richard. Consecuencias del pragmatismo. Madrid: Tecnos.
1996 [1982]. p.p. 241-257.
7
Ibíd. p. 248.
8 RORTY, Richard. La filosofía
y el espejo de la naturaleza. Madrid: Cátedra. 1989. [1979].
p. 341.
9 Ibíd.
10 RORTY, Richard. Contingencia.
Ironía y solidaridad. Barcelona: Paidós. 1991 [1989]. p. 86. Yo
subrayo.
11 Ibíd. p. 79.
BIBLIOGRAFÍA
PEIRCE, Charles. Mi alegato
en favor del pragmatismo. Buenos Aires: Aguilar. 1971 [1877
-1878].
PUTNAM, Hilary. Razón,
Verdad e Historia. Madrid: Tecnos. 1988 [1981].
.
Cómo renovar la filosofía. Madrid: Ediciones Cátedra. 1994 [1992].
.
Las mil caras del realismo. Barcelona: Paidós. 1994 [1987].
.
El pragmatismo: Un debate abierto. Barcelona: Gedisa. 1999
[1992].
QUINE, Willard Van Orman.
Palabra y Objeto. Buenos Aires: Labor. 1968 [1959].
.
Desde un punto de vista lógico. Barcelona: Ariel. 1962 [1953].
Es importantísimo el ensayo Dos dogmas del empirismo,
por su crítica a la distinción kantiana analítico-sintética y
al reductivismo positivista, concluyendo que son metafísicos
artículos de fe.
.
La Relatividad Ontológica y otros ensayos. Madrid: Tecnos. 1986
[1969].
.
Las raíces de la referencia. Madrid: Alianza Editorial. 1988
[1974].
.
La Búsqueda de la Verdad. Barcelona: Crítica. 1992 [1990].
RORTY, Richard. La Filosofía
y el Espejo de la Naturaleza. Madrid: Cátedra. 1989 [1979].
Sin lugar a dudas, el libro más importante del pragmatismo en
el último tercio del siglo XX.
.
Consecuencias del pragmatismo. Madrid: Tecnos. 1992 [1986].
.
Contingencia, Ironía y Solidaridad. Barcelona: Paidós. 1991
[1989].
.
Objetividad, relativismo y verdad: Escritos filosóficos 1. Barcelona:
Paidós. 1996 [1991].
.
Pragmatismo y política. Barcelona: Paidós. 1998 [1992].
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