RECUERDOS
PERSONALES DEL MAESTRO:
MONSEÑOR HERNANDO GUEVARA CASTILLO (1923-2000)
Óscar Montañez
Blanco
Año
de Pastoral
1.
Introducción
El
presente escrito constituye solamente una breve semblanza de
lo que me propuse realizar hace algún tiempo: tenía en mente
la idea de proponer una colección, en un primer momento escrita,
de pastores ilustres de nuestra arquidiócesis de Bogotá.
El objetivo primordial de tal proyecto no sería otro que el
de resaltar y enmarcar la vida y la obra de aquellos
pastores que con su testimonio sacerdotal alegre y fructuoso,
nos sirvieron y nos sirven de apoyo y de estímulo en el camino
de configuración con Jesucristo, Buen Pastor.
El ideal de dicha colección sería el que hubiese
un espacio reservado para todos. Al fin de cuentas todos los
llamados se preocupan por ser pastores a ejemplo del Buen Pastor,
y quieren asemejarse a Él, sin complejos ni rivalidades. Dejando
de lado el afán envidioso por encontrar y resaltar unilateralmente
en los otros sus defectos grave mal pronunciado y heredado
de los españoles, según Carlos Fisas en su libro Frases que
han hecho historia, pero que yo lo concibo como un
mal universal, y al cual estamos más tentados quienes queremos
seguir a Jesucristo. Es necesario, y cada vez más me convenzo
de ello, hacerle caso a Pablo quien nos dice que a todos los
que Dios llama, los justifica y les da gracias especiales para
proseguir el camino (cfr. Rm 8, 30).
Entonces, pero guardando las debidas proporciones,
desde la expectativa ministerial de aquellos hombres ilustres,
podríamos entusiasmarnos y perfilar la ilusión propia; desde
sus dificultades y sus logros podríamos discernir lo que significa
ser pastor, y pastor diocesano; desde sus afanes y desvelos,
podríamos enfatizar lo fundamental y aprender a querer la iglesia
particular a la cual iremos a servir. En fin, desde esta posibilidad
aunque no únicamente, empezaríamos a comprender y vivir la fraternidad
sacramental que envuelve a los presbíteros, y afianzar así,
de forma ponderada, el sentido que comporta la tradición (entrega).
Y qué mejor, pensaba yo, que iniciar
esta colección con alguien que para todos, viejos y jóvenes,
cercanos y lejanos, reunía las características de pastor ilustre:
Monseñor Hernando Guevara. La idea entonces era realizarle una
entrevista que contara con algunos datos biográficos, lo mismo
que con lo que podía denominarse, su aporte científico (en teología,
biblia y doctrina social). Se trataba entonces de poder percibir
y resaltar su desarrollo procesual como sacerdote para poder
beneficiarnos de su síntesis. Este objetivo lo comenté con el
padre Rafael de Brigard, quien me dió aliento y apoyó, ofreciéndome
el espacio en algunas páginas de la revista Ensayos del Seminario.
Sin embargo, mientras intentaba ponerme al día !todos
sabemos que es un decir ! en cuanto a materia bíblica
se refiere, para ahorrar errores y malas interpretaciones,
de lo cual no está exento el presente ensayo, moría en Medellín
con misteriosa lucidez Monseñor Guevara. El anhelo entonces
quedó truncado, y tuve que conformarme con sacar a la luz algunos
recuerdos personales. Esta vez presentaré solamente los magistrales1 y algunas insistencias
que, mal que bien, Monseñor Guevara se esforzó en inculcarnos. !Espero
hacer buena exégesis!
Hago ahora la
salvedad de que efectivamente el ensayo puede resultar un tanto
largo y hasta desmedido.
De entre los
que sienten un cariño especial por lo bíblico, aunque no solamente,
podría esperar el segundo adjetivo calificativo. De hecho si
van a la Revue Biblique número 3, del mes de julio de
1987 se encontrarán con el artículo inicial: Le Pere Pierre
Maurice Bonoit O.P. In Memoriam. (1906-1987) de tan solo dos
páginas; o si van al número 1, del mes de enero de 1992 se encontrarán
con el título: Centenaire 1892-1992, tan sólo un número dedicado
a celebrar el centenario de la fundación de esta
prestigiosa revista, y en donde aparece una foto y una breve
mención de su fundador: el P. Marie-Joseph Lagrange O. P, junto
con sus colaboradores. Pregunto yo, ¿nimiedad?. Claro está que
si nos vamos hacia la parte de arriba de nuestro continente
y buscamos en la revista bíblica The Catholic Biblical Quarterly,
Volumen 48, No. 3/ July, 1986, encontraremos todo un número
dedicado al profesor Fitzmyer, que lleva por título: A Wise
and Discerning Heart : Studies presented to Joseph A. Fitzmyer
S.J. In Celebration of his Sixty-Fifth Birthday. Pregunto
yo, ¿exceso?
En todo caso,
todos ellos incluyo al hombre sobre el cual estamos hablando
fueron y son grandes hombres en el campo de la Sagrada
Escritura. La situación presente quiere escapar a las comparaciones,
que por cierto resultan siempre odiosas y desmedidas, y persigue
el simple objetivo de gratitud y reconocimiento, esta vez, no
midiendo los espacios.
2. Recuerdos personales del Maestro e insistencias.
Paseando por
la literatura judía me encontré con un cuento2 que bien podría
describir genéricamente lo que Monseñor Guevara representaba
como maestro, y que puede interesar mucho en estos tiempos de
búsquedas pedagógicas. Permítaseme transcribirlo junto con
una breve introducción:
Intransigencia e indulgencia
A la rigidez,
intransigencia e irascibilidad de Sammay opone la tradición
judía la indulgencia, dulzura y paciencia de Hillel. Estos,
que encabezan dos escuelas principales existentes durante los
siglos I antes y después de la era cristiana, son protagonistas
de numerosas anécdotas en la narrativa judía posterior. Hillel,
gracias a su tolerancia, gana adeptos; Sammay, por su excesiva
severidad, los pierde.
Este mismo relato está en el tratado talmúdico Sabbat
31a y en Abot de Rabbí Natán, cap. 15.
Enseñaron nuestros
maestros: En una ocasión se presentó un gentil ante Sammay el
viejo, y le preguntó.
- ¿Cuántas leyes os fueron dadas?
- Dos.
- ¿Y cuáles son?
- Una escrita y otra oral3
- La escrita te la acepto, pero la oral, no.
Sammay le reprendió y le expulsó con indignación. El hombre
se dirigió entonces ante Hillel el viejo e insistió:
- ¿Cuántas leyes os fueron dadas?
- Dos.
- ¿Y cuáles son?
- Una escrita y otra oral.
- La escrita te la acepto, pero la oral, no.
- Siéntate, hijo mío le pidió Hillel el viejo, siéntate
y te lo explicaré. Se sentó. Hillel escribió un ´alef4 y preguntó:
- ¿Qué es esto?
- Respondió el gentil : Es el ´alef
5
- Esto no es un ´alef, sino un bet.
- Luego Hillel escribió un bet y le preguntó:
- ¿Qué es esto?
- La letra bet.
- No es la letra bet, sino la ´alef
- dijo Hillel, y luego añadió:
- Hijo mío, ¿de dónde has sacado tú que esto es un ´alef,
esto un bet y esto un gimmel ?
- De ti lo he aceptado con fe.
- Pues, hijo mio, del mismo modo que has aceptado esto con fe,
acepta también lo otro con fe.
Esa es pues la
historia de Sammay y de Hillel. Queda por demás clara la comparación
que podemos establecer entre éste ultimo maestro y Monseñor
Guevara, ambos ecuánimes exégetas en cuanto a todo lo que a
palabra divina y humana se refiere.
Entrando ya en materia, en cuanto
a la dimensión docente se refiere, debo decir que la comprensión
y el aprecio hacia su cátedra, sucedió en orden progresivo.
Vagamente me acuerdo, hace unos cinco años atrás, de los numerosos
aplausos que él recibía cada vez que se conmemoraba el día del profesor, !siempre me interesó eso!.
Pasado algún
tiempo, la oportunidad para gozar de sus enseñanzas vino para
nosotros. Efectivamente, Monseñor Hernando Guevara Castillo,
sería durante el año 1999, tiempo por el cual cursábamos II
de Teología, nuestro profesor de Sinópticos I y II. La posibilidad
se daba después de una alentadora recuperación en su salud,
prodigio realizado al convivir con alumnos y formadores en las
instalaciones mismas del Seminario, y no ya en la Casa de la
Fraternidad Sacerdotal que resultaba muy fría para él, un tanto
lejana de su sitio de trabajo y donde no contaba con mucha gente
con la cual dialogar, habilidad que él desarrolló delicadamente.
La nueva instalación la gestionó Monseñor Jesús María Rincón,
claro está, con la venia y aprobación de Monseñor Pedro Rubiano
Sáenz.
Fue así como nuestras clases iniciaron con una
lectura importante. Sin tener en cuenta de si teníamos el Concilio
Vaticano II o no, de si dicha lectura la habíamos hecho antes
o no, muy juiciosa y generosamente preparó para nosotros las
copias de algunos capítulos de la constitución dogmática Dei
Verbum. Fue entonces cuando tuve la oportunidad de constatar
su objetividad y su convicción personal de respaldo a dicho
documento. Desde ese primer momento inició por compartirnos
y tenía que ser así puesto que estábamos en el documento
clave de la revelación la frase que todos sabemos era
un lema para él, o mejor, más que un lema, una convicción personal: !Lo
fundamental es Cristo! Este fue y sería entonces, el
preludio, el cuerpo y el fin de la obra, que con nosotros compartió.
Quiero aclarar
que la simplicidad de tal afirmación, que para algunos
rayaba en la vaguedad y hasta en la ingenuidad, despertando
la mayor de las veces risas y hasta malas caras (!eso
es lo que siempre nos dice!) no era tan elemental como a
primera vista se veía. Permítanme solamente citar algunas palabras
compendiadas dentro de un libro que de él recibí como regalo:
Si los apuntes se hacen al final (de hecho ese era su
apunte personal), tras años de explicar la materia y
encarando la jubilación, los apuntes pueden ser breves. Esta
vez porque el tema ha ido madurando en la reflexión, las fórmulas
se han perfilado con la repetición. En ese momento el profesor
puede permitirse la difícil brevedad de lo destilado o decantado.
Su aspiración es ofrecer densidad sin oscuridad, orden sin exhibición6
Pero quiero reiterar nuevamente que la comprensión
y el aprecio para con la catedra de Biblia fue progresivo, tanto
por parte del grupo en general como del mio propio. Aunque lo
fundamental ya habia sido dicho, muchos y aquí me incluyo,
llegábamos tarde a sus clases. No obstante, yo por mi parte,
superaba estas tardanzas asistiendo a su cuarto donde lo escuchaba
por largo rato y complementaba lo visto durante el día.
¿Cómo sintetizar aquí todo ese
mar denso de conocimientos por los cuales navegamos, esta vez
si con más de unos centímetros de profundidad, aunque fuera
únicamente él quien ansiaba sumergirse? A este respecto quiero
únicamente tratar de dos enseñanzas fundamentales en las cuales
él endilgó todo su esfuerzo. Por un lado, a) el desmonte del
renombrado valor del método histórico crítico y de la crítica
literaria como conditio sine qua non para la exégesis
bíblica, y en segundo lugar, b) su denodado afán por inculcar
en nosotros el conocimiento y el empeño por las nuevas soluciones
que se ofrecen hoy día.
a) El desmonte del renombrado valor del método
histórico crítico y de la crítica literaria.
Desde el primer punto de vista, Monseñor Guevara hizo
un gran trabajo. Tras haberse enterado de que en clase de teología
fundamental el profesor nos había influenciado con sus observaciones
reverenciales hacia el racionalismo y el protestantismo liberal,
con Reimarus, Strauss, Kähler y Wrede como antecesores de la
fase de radicalización lograda con Gunkel y sobre todo con
Bultmann y su riguroso método de la historia de las formas Formgeschichte,
reaccionó rápidamente y con acierto. Era conciente de que dichas
ideas, observadas y comentadas desde el campo netamente teológico,
afectaban necesariamente la actitud y el énfasis exegético.
No le importó desatender el programa general, y para cumplir
su objetivo, dedicó varias semanas al tema Bultmann. Era consciente
que aquí se encerraba un gran problema. Fue así como nos recomendó
leer la obra del teólogo católico Rene Marle, Bultmann y
la interpretación del Nuevo Testamento. (Desclée de Brouwer.
Bilbao, 1970.). Era, según decía él, la obra clave para conocer
y juzgar a Bultmann. De hecho Bultmann mismo ponderó dicho trabajo
reconociéndose bien reflejado y entendido. Claro está que esta
obra no debe confundirse con la obra del teólogo protestante
A. Malet, Mithos et Logos. La pensée de Rudolf Bultmann,
autores similares en apellido.
Decía él que desafortunadamente, en nuestro
medio no se conocía a cabalidad la obra de Bultmann, que no
había traducciones al español de una de sus obra fundamentales,
a saber: Die Geschichte der synoptischen Tradition, 1921.
Por tal motivo, según él, las apreciaciones que sobre Bultmann
se hacían eran entonces apresuradas, poco científicas y
objetivas. Leyendo esta obra, todas estas últimas dificultades
encontrarían solución.
Para él, Bultmann se equivocaba en dos grandes
cosas: 1) Pretender construir un cristianismo sin Jesucristo
ya que Bultmann decía que lo importante no son tanto los detalles
históricos sobre la persona de Jesús (no está claro entonces
el valor y las dimensiones de la Revelación, puesto que se olvida
el milagro del Dios hecho hombre, se deja de lado la dimensión
humana, apelando a una invención de la primitiva
comunidad) como el alcance y sentido de su existencia, desde
donde se desprende el otro equívoco: 2) Concebir el Evangelio
unilateralmente como una oportunidad para la autocomprensión
del lector. Esto porque Bultmann se vale de la filosofía
existencial de Heidegger llegando a afirmar, digámoslo
con Alonso Schökel: La Biblia, pues, no es Palabra de
Dios en sí, sino que provoca en mí algo que es palabra de Dios
y que quiere una respuesta. Para Bultmann el texto
es un golpe sin concepto, ya que no busca informar ni
decir nada, sino provocar una respuesta».7 Esto pasa siempre que se pone el énfasis sobre todo
en el receptor del texto -en este caso la Palabra de Dios-,
dejando de lado el papel del autor y al texto en sí.
En el campo de
la crítica literaria propiamente dicho, es de admirar que desde
su misma tesis doctoral8 y esto fue algo
de lo hace poco tuve conocimiento y de lo cual me impresioné
positivamente, Monseñor se inclinaba por una equilibrada
pero crítica posición. Veámoslo desde su misma pluma: Schürer
que no tenia en gran aprecio la Critica Literaria, mezcla y
confunde programáticamente estas dos épocas. De ahí resulta
una situación esquizofrénica en la exégesis actual: mientras
los estudiosos, al leer el texto sagrado, se esfuerzan con infatigable
celo por separar palabra por palabra el estrato del Jesús Histórico
del estrato posterior, están interpretando ese mismo texto en
función de un cuadro histórico que intencionalmente confunde
las dos épocas. Es una situación paradójica que contraría abiertamente
a las más elementales exigencias de la ciencia moderna de la
interpreta ción.
No es, pues, de extrañar que tal manera de leer los textos sagrados
sea el origen de falsos problemas y de graves equivocaciones.9 Hacia el final de sus días
se alegrará con apreciaciones parecidas en algunos otros exégetas
como Gnilka y Alonso Schökel, entre otros, así como se lamentará
por haber caído un tanto en el juego y no haber sido más radical.
En efecto, decía él: Yo le presté demasiada atención a
la crítica literaria. De todos modos son métodos útiles
que deben ser conocidos y ponderados, y aunque tienen sus límites,
no por ello, puede negarse su valor. El problema está en universalizarlos
y en reverenciarlos acríticamente.
Para él la critica
literaria, ese querer encontrar las palabras fuentes por
el desmonte de las capas de tradición, era como saber la mecánica
de un carro para desarmarlo. Aquí queda entonces del motor,
aquí los frenos, aquí el chasis. Dividido así el vehículo, no
cumple la función para la cual fue creado: transportar. Con
este claro ejemplo resaltaba entonces la unidad de la Sagrada
Escritura y su carácter dinámico, propio de la escritura judía
y que hay que tener en cuenta.
b) Su denodado
afán por inculcar en nosotros el conocimiento y el empeño por
las nuevas soluciones que se ofrecen hoy día en cuanto a exégesis bíblica
se refiere.
A este respecto
es interesante su continuada y pertinaz referencia al método
midrásico trabajado actualmente con mayor decisión en
ambiente español y norteamericano como camino de complementación
y plenificación de la exégesis anterior basada en los siguientes
métodos: El método filológico de G. Kittel; El método
de la Historia de las Formas con Dibelius, R. Bultmann y
K. L. Schmidt, La Historia de la Redacción con H. Conzelmann,
W. Marxen, W. Trilling, entre otros.
Lo que era claro para Monseñor Guevara, es que este método
respetaba más la dinámica propia de la Sagrada Escritura, ya
que tenía en cuenta, desde el influjo judío, los elementos de
dinamicidad y de humanidad propios de esta cultura. De hecho,
al judío, nos decia, le interesan más los hechos (la dinámica
de la historia) y la persona, contrario al griego, a quien le
importa más lo estático y la idea en sí.
Veamos lo que nos dice Agustín
del Agua Pérez, fiel discipulo del maestro Diez Macho promotor
de este método en España: El método midrásico/derásico
viene, pues, a completar los métodos anteriores, por cuanto,
como se ha indicado, no han llegado a agotar (ni llegarán) la
interpretación científica del N.T. y su configuración más genuina.
Por otra parte, los presupuestos fundamentales de los métodos
históricos-críticos están englobados en la mentalidad y talante
hermenéuticos propios del derás.
La aplicación
del método derásico a la exégesis del N.T. no pretende presentarse
como un descubrimiento nuevo. Tiene claros antecedentes en los
pasados siglos... Sin embargo queda todavía un amplio campo
de (sic) por investigar, tanto en lo referente a los procedimientos
derásicos, subyacentes a muchas perícopas del N.T., como en
lo referente a la teoría y sistematización del derás neotestamentario10
Con las clases impartidas a nuestro curso terminó
su labor docente Mons. Guevara. Fue hacia finales de
año, en el momento en que el clima bogotano se torna más frio,
cuando su salud pareció declinar. Entonces Mons. Guevara salió
en búsqueda de climas más benévolos para con su estado de salud.
Fue así como pude percibir a Monseñor Guevara como maestro.
El Señor Jesús nos posibilitó co nocer y aprender de
él. Su ejemplo de trabajo metódico, organización y puntualidad
es para nosotros, desde este campo de la reflexión intelectual,
un impulso de acción digno de imitar, para quienes proyectamos
entregar la vida en el ministerio, no por un salario, ni para
la gloria personal, sino por las ovejas y para la gloria de
Dios.
NOTAS
1
Podría pensarse en un número siguiente en donde
podamos compartir los recuerdos ya más personales y de
la vida cotidiana en el Seminario y en la última visita
que realizamos junto con César Nieto, alumno de Monseñor
Guevara, a Medellín, unas semanas antes de su muerte.
El título podría ser RECUERDOS PERSONALES DE UN
AMIGO: MONSEÑOR HERNANDO GUEVARA CASTILLO (1923-2000).
2 Alba, Amparo. Cuentos de los Rabinos. Ediciones El Almendro.
Colección: Estudios de la Cultura Hebrea, n. 12. Córdoba,
pag. 69-70.
3 Lit.: que no está escrita. La Tahora escrita es el Pentateuco,
la Tahora oral es el conjunto de enseñanza rabínica y tradicional;
al principio no fue puesta por escrito, y por eso se llama Tahora
oral.
4 Alef, Bet, Guimmet son las tres primeras letras de alfabeto
hebreo.
5 Esta respuesta aparece omitida en
el libro, pero yo la he colocado para una lectura de corrido
sin tener que acudir a la nota marginal que el texto si la trae
y en donde se hace la aclaración de que el desarrollo del diálogo
encuentra más sentido siguiendo el hilo discursivo de Sab 31a.
6 Alonso Schökel, Luis - Bravo Aragón,
José María. Apuntes de Hermenéutica. Editorial Trotta.
Madrid, 1997.
7 Ibid, pág. 52-53.
8 El título de la tesis es: La Resistencia Judía contra Roma
en la Época de Jesús y fue presentada al Pontificio Instituto
Bíblico en 1981 bajo la dirección de los padres Roger Le Déaut
y Alberto Vanhoye,que pasará a ser publicada con el título:
Ambiente político del pueblo judío en tiempos de Jesús, en
Ediciones Cristiandad. Madrid, 1985.
9 Guevara, Hernando. Ambiente del
pueblo judío en tiempos de Jesús. Ediciones Cristiandad.
Madrid, 1985. Introducción.
10 Agua Pérez, Agustín de El Método Midrásico y la Exégesis
del Nuevo Testamento. Biblioteca Midrásica. Valencia, 1985.