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“HACIA LA RECONSTRUCCIÓN DE UN PAÍS
DESDE LA RECONCILIACIÓN”
Temas para la catequesis

CORPORACIÓN UNIVERSITARIA MINUTO DE DIOS

P. Hugo Orlando Martínez,
Profesor de Sagrada Escritura
del Seminario Mayor de Bogotá
y de la universidad Minuto de Dios.

Conferencia con ocasión del congreso nacional: Biblia y Conflicto Social en Colombia, hacia una búsqueda de alternativas, Bogotá, martes 28 de septiembre de 2004, 7:00 P.M.

Saludo y agradecimiento.

Las dos palabras claves del título de mi conferencia: reconstrucción y reconciliación llevan una RE, esto sugiere que tendríamos que volver a construir o volver a conciliar.  No quiero decir con esto que no se haya hecho nada en el largo camino de la búsqueda de solución a la problemática colombiana, por el contrario, todos los días encontramos en los telediarios y en los periódicos los esfuerzos tan grandes que hacen una y otra parte en conflicto para la construcción de un país donde reine la paz y la justicia. Encuentro, sin embargo, entre los dos términos una estrecha relación, la construcción produce conciliación y la conciliación produce construcción. Tendríamos que volver a retomar en serio entonces los significados de construir y de conciliar, en este sentido podemos hablar de reconstrucción y de reconciliación.

Por otro lado, el título de este congreso nacional es bastante sugestivo y sugerente: “Biblia y conflicto social en Colombia”. Y la pregunta fundamental es: ¿Podemos encontrar en la Palabra de Dios, alguna luz para iluminar nuestra realidad? ¿Qué quiere Dios comunicarnos en medio de nuestra situación? Muy oportuna encuentro también la frase bíblica que han colocado en el programa que se ha estructurado para estos días: “Romperé y quitaré de este país el arco, la espada y la guerra, para que mi pueblo descanse tranquilo” (Os 2,20). Esta frase de Oseas nos hace pensar en la voluntad de Dios para un pueblo que ha vivido y vive en conflicto hasta el día de hoy. Pero se aplica y es muy oportuna para la situación de nuestro país. Dios no quiere la guerra sino la paz para sus hijos.

En el salmo 85, 10 leemos: “La misericordia y la verdad se han encontrado, la justicia y la paz se han besado”.

Esta frase sugiere claramente que donde hay misericordia, verdad, justicia y paz, el pueblo vive bien. Se vuelve si se quiere a obtener una paz paradisíaca. Por la falta de estos elementos, a mi modo de ver, es que existe el conflicto social en Colombia que lleva más de 40 años y que sólo tiene rezagos de una guerra sin ningún ideal, fuera de aquél de destruir vidas, empobrecer a sus habitantes y por tanto, entorpecer el desarrollo de la nación.

Para que la misericordia, la verdad, la justicia y la paz, se encuentren nuevamente en nuestro país y puedan sonar como una melodía armoniosa, es necesario a mi juicio el perdón, es decir, la re-conciliación. Dado que llevamos ya una historia conflictiva se necesita volver a conciliar, continuar con los procesos de diálogo, pero con una actitud de perdón.

Para esto tendremos que volver sobre la Palabra de Dios y observar en qué consiste la re-conciliación de un Pueblo con su Dios y en qué consiste el perdón de Dios para un pueblo. Por otra parte, observar cómo la Biblia nos presenta dos maneras claras de conciliar los conflictos que por lo general generan una situación de injusticia. Este es en práctica el objetivo de mi conferencia, tal vez más que presentar alternativas filosóficas o políticas que a veces se pretenden imponer como la panacea a todos los problemas. Aclaro que no soy estadista, politólogo, sociólogo, sino un estudioso de la Biblia. Por tal motivo, lo que se pretende es descubrir en qué modo la Palabra de Dios nos dice algo práctico para la situación que estamos viviendo. Si logramos comprender en qué consiste la reconciliación desde la perspectiva divina, es decir, cómo perdona Dios, creo que tenemos la base para que nosotros también lo hagamos, a propósito de la frase de Jesús en el evangelio de Lucas: “Sed misericordiosos como vuestro Padre del cielo es misericordioso” (Lc 6,36).

Cuando en la Sagrada Escritura se habla de pecado y de perdón, se utilizan generalmente  conceptos e imágenes de tipo judiciario y forense. Porque se cree que con el pecado se crea una situación fundamental de injusticia, donde el problema que surge es: ¿cómo responder ante la injusticia y qué se debe hacer para restablecer la justicia. En la Biblia podríamos encontrar dos modos de proceder a nivel jurídico para poder responder a la injusticia, y por tanto, buscar hacer justicia. El primero, es el que conocemos también nosotros, que es el que se hace utilizando un instrumento jurídico que se llama “tribunal”, este se convierte a su vez en instrumento de reconciliación entre las partes afectadas, gracias al juicio que emite el juez, encargado del tribunal.

Cuando se crea una situación de injusticia, es porque existe un culpable que hace algo contra otro, que sería la parte inocente. Entonces, se prevé que la parte inocente acuda al juez, presente sus cargos y acuse explícitamente al culpable. El juez escucha a las dos partes, escucha también a los testigos, después de una investigación puede llegar a concluir si efectivamente el crimen fue cometido y si el que es acusado por el crimen resulta o no culpable. Después de esto, el juez, debe establecer una pena para el culpable; una pena que debe ser proporcional a la culpabilidad y proporcional al daño que se provocó [1] . El sistema del tribunal que nosotros conocemos, está basado en aquel famoso principio bíblico, absolutamente fundamental que es la “Ley del Talión”: “ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie,  quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe, vida por vida” (Ex 21,23-24).

Pero la ley del Talión tiene que ser interpretada de un modo justo. Por lo general, se piensa que es una cosa bárbara y primitiva, en la que cada uno se venga por sí mismo. Como se dice: “ojo por ojo, diente por diente, vida por vida”. Pero no es así, no quiere decir una venganza personal, donde el que rompe un diente tiene que recibir el mismo mal, sino que quiere decir justamente lo contrario: excluye la venganza privada, y en cambio, da una dirección precisa sobre cómo se debe administrar la justicia, es decir, para una culpa, debe existir una pena adecuada.

Por lo general, la tendencia de la venganza es la de aumentar la pena con respecto a la culpa. Si uno me rompió un diente, yo quiero romperle cuatro, en cambio, la ley del talión dice: si alguien te ha hecho daño de un diente, entonces tendrá que pagar el mal provocado con una pena proporcional a un diente. Tú no le puedes quitar la vida al que te rompe un diente, porque sería totalmente desproporcionado. Pero tampoco se puede hacer lo contrario, que si uno le quita la vida al otro, pague el precio de un diente, porque la vida vale más que un diente. Por tanto, en el sentido de la ley del talión, el juez tiene que estar listo para verificar el reato y punir al culpable en modo proporcionado.

¿Cómo se hace para saber a nivel civil si una pena es muy grave? Pues de acuerdo con el castigo; si es castigada severamente, la pena ha sido realmente grave. De ahí que la proporción de la pena, no solamente es un discurso de justicia, sino que es también un modo de educación para comprender qué cosa está bien y qué cosa está mal, o mejor todavía, en qué consiste el bien y en qué consiste el mal. Por ahora, nos interesa saber que el juez por naturaleza tiene que castigar. Después de descubrir un reato no puede decir que deja así el asunto (Dt 19,13.21). No puede decir, ah yo soy bueno y te perdono. El juez no puede perdonar, debe punir. Si esto es así, todas las veces que nosotros hablamos de Dios como juez, utilizamos una imagen que no es apropiada para él. Porque Dios perdona y el juez no puede perdonar. Era tan radical en el mundo bíblico esta clase de juicio, que cuando había un testimonio falso y venía descubierto como tal, el implicado debía pagar con la pena a la cual estaba sentenciado el acusado. Si era una pena que mereciera la muerte, debía pagar con la muerte, si merecía la pena, solamente de un día de cárcel, pues un día iba a la cárcel. (Recordemos a los ancianos, falsos testigos de la casta Susana en Dn 13,62 cf. Dt 19,16-21).

El sistema judiciario que conocemos de esta manera, no resuelve verdaderamente el problema de la injusticia. A pesar de que la pena tiene una función correctiva, deja irresuelto el problema. El culpable permanece culpable, de pronto lo que se evita es que continúe haciendo lo indebido, pero no resuelve el problema de la injusticia. Por el contrario, se utilizan contra el culpable sistemas coercitivos que llevados al extremo, son ellos mismos injustos.

(Expliquemos mejor esto con un ejemplo: ¿para qué sirve la pena de muerte? Para decir que no hay un reato más grave que éste. Pero esto es paradójico, porque si bien es cierto se castiga de tal manera, es porque la vida es intocable, y por tanto, matar a otra persona constituye un reato inimaginable, por consiguiente, se da la pena inimaginable, que es la pena de muerte. Pero esto es finalmente estúpido, porque para decir que no se debe matar, se mata y se utiliza la pena de muerte para decir que no hay que hacer esto. Este sistema no funciona y la Biblia lo sabe).

La Escritura en cambio, presenta otro procedimiento para hacer justicia, y por tanto para conciliar o reconciliar a las partes, y técnicamente se llama el “RIB”, que es una palabra hebrea, difícil de traducir. Es como una disputa judiciaria, un alegato, un pleito. ¿Pero, en qué consiste el RIB? Ante una situación de injusticia, donde hay una parte culpable y la otra inocente, según el RIB, la parte inocente no debe ir a ninguna parte, no va donde el juez, sino que va, en cambio, directamente donde el culpable y le pone por delante su pecado. Es decir, se dirige directamente al culpable para acusarlo y decirle que lo que está haciendo lo está haciendo mal.

¿Cuál es el objetivo del RIB y cuál es la diferencia con el juicio en un tribunal? El objetivo es ayudar explícitamente al culpable para que entienda que el mal que hace no lo hace sólo al destinatario, sino a sí mismo. En otras palabras, el mal que hace, hace más daño al que lo hace, que a quien lo padece. Es decir, haciendo el mal, se hace el mal a sí mismo. Es hacer descubrir en quien hace mal, que está obrando estúpidamente, que reflexione y que tome la decisión de abandonar el mal.

Entonces, el objetivo del RIB es la conversión del pecador, es su salvación. Es permitir que la persona que hace el mal vuelva a ser feliz, es decir, se pueda RECONCILIAR consigo misma.  Aquí se aprecia la diferencia del RIB con el juicio. En el juicio del tribunal se acusa al culpable para condenarlo, mientras que en el RIB se acusa al culpable para perdonarlo. En el juicio el culpable está en la obligación de pagar una pena que además sirve como resarcimiento por los daños cometidos contra la parte inocente; en el RIB, en cambio, este resarcimiento no existe, porque el culpable, cuando se da cuenta de la estupidez de aquello que está haciendo, para poder decir, que está arrepentido de esto, y demostrar su alegría, restituye mucho más de lo debido.

Acordémonos del pasaje de Zaqueo en el evangelio de Lucas: “Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudado a alguno, se lo restituiré cuadruplicado”. Zaqueo finalmente ha logrado entender aquello que estaba haciendo mal. Entonces, mientras en el juicio existe un resarcimiento de los daños, en el RIB se trata de que uno dé todo lo que tiene, para probar que se convirtió. Para esto hay necesidad de que la parte inocente haga un movimiento y vaya donde el culpable, no con el deseo de venganza, ni con el deseo de apoderarse de aquello que el otro le ha quitado, sino porque desea profundamente que la persona que le ha hecho mal se salve.

En el RIB, la parte inocente comienza la acusación cuando ya ha perdonado al culpable y ahora está preocupada solamente para que éste comience a dejar de hacerse daño. La acusación en el RIB no es otra cosa que el ofrecimiento del perdón. Pero no sólo es ofrecer perdón porque yo me considero una buena persona. Entonces lo perdono, pero no quiero volverlo a ver nunca. Eso no es el perdón que pide la Biblia. En el RIB cuando alguien perdona, no puede estar en paz, hasta que no esté totalmente seguro de que el otro ha dejado por completo de hacer el mal. No puedo perdonar y desinteresarme de la otra parte. (Ojo, esto es muy importante para un proceso de paz y de reconciliación). El verdadero perdón exige que haya una acusación, porque exige que se esté muy preocupado del otro; de tal manera, que se hace todo lo que esté a su alcance para que el otro deje de obrar mal.

Se trata de hacer todo aquello que se pueda, porque se ama mucho, entonces ahora mi obrar, mi diálogo, el dirigirme hacia él, si de verdad lo he perdonado, es una búsqueda para encontrar el camino justo, y las palabras justas para tocarle el corazón.  Este es el objetivo del RIB: que el corazón llegue a ser tocado, que se haga justicia para que el injusto deje de hacer el mal. Distinto del tribunal civil, donde el acusado no puede hacer el mal porque está preso en la cárcel, o por que sus manos están ligadas; el efecto que produce el RIB es la transformación del injusto en justo. De este modo, se elimina la injusticia y el mal.

Aquí ya viene una aplicación muy profunda para nuestro tema del conflicto social en Colombia, se trata de hacer reconciliación con el RIB. Entonces habrá una acusación a los actores del conflicto y por su parte los actores del conflicto harán una acusación a los responsables de los gobiernos. Digo de los gobiernos pensando en la historia pasada. Pero se trata de hacer una acusación porque ya es la hora del perdón. De pensar en que cada uno llegue a hacerle descubrir al otro que está obrando mal. Que las injusticias cometidas por unos y otros tienen que convertirse en causas justas. Es ahora entonces cuando los agentes del conflicto pueden descubrir, que secuestrar, extorsionar, matar, no conduce a ninguna parte, sino a la destrucción de nuestro pueblo. Pero también es hora de que los gobiernos tomen conciencia de que no es comprando armas y fortaleciendo la guerra que se solucionan los conflictos. Por el contrario esto lleva a una serie de injusticias con los menos favorecidos, con el hambre que padecen los pobres, con el subdesarrollo en todos los campos de la vida social. Todo esto no es otra cosa que una acusación de unos y otros para que entren en razón y unan esfuerzos para la solución no solo del conflicto armado, sino de los problemas que nos aquejan.

Estos son los dos sistemas de proceder entre los hombres; la Escritura nos invita a observar el RIB porque es mejor que el juicio. Sin embargo, se deja al juicio aquellas situaciones donde el RIB no ha funcionado. El RIB tiene suceso cuando la persona que hace el mal, entiende que lo está haciendo está realmente mal, y entonces confiesa su culpa, es decir, acepta el perdón que el acusador le está ofreciendo. Pero cuando esto no ocurre, y quien es acusado con el RIB, responde diciendo, no es cierto, eres tú quien estás equivocado, entonces no habría otro remedio que acudir al tribunal, porque ahí no se sabe ya más qué hacer. Acordémonos de las palabras de Jesús: “Si ves que tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si te escucha has ganado a tu hermano” (Mt 18, 14). Quiere decir, haz el RIB con tu hermano. Lleva testigos, no para hundirlo como decimos, sino para que afirmen que lo que está sucediendo es justo, razonable, de acuerdo con la VERDAD. Si no te escucha, preséntalo a los ancianos. Los ancianos son los jueces que estaban sentados en el tribunal. Entonces, cuando no funciona el RIB, se debe ir donde los jueces para significar que “el partido se perdió”, como escucho decir por ahí “perdió el año”.

 A este respecto san Pablo tiene sus propias observaciones:

 ¿Se atreve alguno de vosotros, cuando tiene algo contra su prójimo, a ir a juicio ante los incrédulos y no ante los santos? 2 ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo?  4 Entonces, si tenéis tribunales que juzgan los casos de esta vida, ¿por qué ponéis por jueces a los que nada son en la iglesia? 5 Para vergüenza vuestra lo digo. …Así que, en efecto, es ya un fallo entre vosotros el hecho de que tengáis litigios entre vosotros. ¿Por qué no sufrís mejor la injusticia? ¿Por qué no ser mejor defraudados? 8 Por el contrario, vosotros mismos cometéis injusticias y defraudáis, y esto a los hermanos (1Cor 6,4ss).

APLICACIÓN: QUE PASA SI VAMOS A TRIBUNALES INTER-NACIONALES

Estos dos caminos diferentes de justicia se utilizan en la Sagrada Escritura como metáforas para halar del perdón de Dios. La Escritura nos pone en alerta: mientras estemos en la historia, en la posibilidad de conversión; mientras estemos en el tiempo, en la posibilidad de cambiar, en la posibilidad de reconocer la culpa, mientras estemos vivos, la llamada que Dios hace a nosotros pecadores es apremiante, pero está en relación siempre con el RIB, nunca con el juicio. Dios se convierte en juez para el hombre pecador solamente cuando se pierde el partido, es decir, en la escatología, en la otra vida.  Cuando ya no existe la posibilidad de confesar la culpa, cuando ya no hay posibilidad de cambiar, cuando no existe ya la posibilidad de la reconciliación, allí es cuando Dios es juez. Mientras estemos vivos Dios es la parte inocente, que como ya nos ha perdonado, nos pone delante el pecado, de modo que tomemos conciencia de lo estúpido y vano que estamos haciendo y dejemos de hacerlo. Esto es lo que hace Dios, hace RIB con nosotros, porque se supone que el perdón ya se nos dio de antemano.

Dios nos ha perdonado antes de que nosotros comencemos a obrar el mal. Nuestro pecado está bajo el perdón de Dios. Los profetas en Israel utilizaban el RIB para revelar el pecado de Israel y nuestro pecado. Jesús se gasta toda su vida terrena tratando de convencer al hombre que es pecador. “No son los sanos, quienes tienen necesidad del médico, sino los enfermos, mirad que estáis ciegos y no veis” (Mt 9,12). Entonces, su Palabra que permanece, la Palabra de Dios, la Iglesia, nuestros hermanos, la realidad de violencia, de pobreza, lo que estamos viviendo en Colombia, nos pone de manifiesto nuestro pecado, es la acusación de Dios. Acusación entendida en el sentido en que hemos venido hablando del RIB; la acusación que es ofrecimiento de perdón.

La acusación de Dios es que nos demos cuenta de nuestro mal, él no está en paz hasta que el mundo, el hombre reconozca que obra mal y busque la conversión y la reconciliación. Nos toca ser un poquito más inteligentes para darnos cuenta del mal que nos estamos haciendo a nosotros mismos. Somos nosotros las víctimas y los victimarios. Esto no se explica, cómo es posible que si ningún país extranjero nos hace guerra, seamos nosotros mismos a hacérnosla. Cómo es posible que exista la injusticia de dominadores y dominados, cuando todos debiéramos trabajar por nuestro bienestar social. Cómo es posible que le quitemos al pobre aquello que le pertenece, que cada día más lo entreguemos a la miseria. Que unos pocos se apoderen de las riquezas del país, que nos pertenecen a todos. Que no haya salud, educación, vías, bienestar social, por atender con millones de millones de pesos a una guerra fratricida. La acusación de Dios, me parece que es evidente, y todavía no para condenarnos, ni para punirnos porque “Dios hace salir el sol sobre buenos y malos” (Mt 5,45), sino para perdonarnos. Naturalmente, acogiendo el RIB logramos confesar el pecado, es decir, acoger el perdón de Dios.

En la historia de Jesús ocurre que cambia el sistema jurídico, en el sentido de que él nos acusaba con el RIB, es decir, con el perdón que Dios nos ofrece, en cambio los hombres lo conducen a un tribunal para acusarlo, se cambia el sistema jurídico. Nosotros lo hemos condenado a muerte. Es decir, ante las acusaciones resulta ser digno de ser condenado a la muerte. Solo que las acusaciones eran falsas. Si Jesús hubiera querido demostrar que las acusaciones eran falsas, que estaba delante a un falso testimonio y demostrar así su inocencia y finalmente salvarse de su condena a muerte; bastaba que hablara; y esto quiere decir, que quienes lo acusaban falsamente tenían que ser condenados a la pena que ellos buscaban provocar. Es decir, tocaría condenarlos a la muerte según la ley que hemos contemplado hoy. Pero Jesús tiene delante de él dos posibilidades: o habla y dice la verdad y salva su vida, pero de este modo condena a muerte a los hombres, a todos, no sólo aquellos de la época; o Jesús se calla. Y es esto lo que hace (en los relatos de la pasión, los evangelistas coinciden en decir que Jesús no habla, Pilatos insiste, pero Jesús permanece en silencio).

Jesús calla y de este modo salva a los hombres para que no los condenen a muerte, es Jesús quien acepta su propia condena a muerte. Jesús no habla, porque si lo hiciera utilizaría el sistema judiciario del tribunal y no el RIB, por tanto, Jesús decide morir a fin de que los hombres no fueran condenados. Él decide dar su vida para que los otros no mueran. Cuando Jesús hace esto, él no renuncia a la acusa del RIB, porque es su mismo morir que se convierte en la terrible acusación del RIB y por tanto el terrible y estupendo, maravilloso perdón. Su morir revela nuestro pecado, es decir, contemporáneamente perdona y salva. Jesús muere diciendo: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Cuando dice, perdónales, esta diciendo miren que Ustedes son culpables. Pero una vez que nos ofrece el perdón de Dios, entonces somos inocentes porque no sabíamos lo que hacíamos.

Quiero mostrar cómo Jesús utiliza el RIB con Judas en el evangelio de San Juan, siguiendo una reflexión hecha por la Profesora Bruna Costacurta de la Universidad Gregoriana de Roma. San Juan en vez del relato de la Eucaristía coloca, el lavatorio de los pies. Plegaria eucarística No 4: “Llegada la hora de ser glorificado por ti, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo los amó hasta el extremo… y mientras estaba con ellos tomó pan…” El canon sitúa el relato de la Eucaristía en el puesto donde debería estar el lavatorio de los pies, uniendo las dos cosas.

Jesús demuestra ser Señor y siervo: se quita los vestidos, se ciñe la toalla, es un gesto simbólico de dar la vida. El vestido representa la persona, la función y por tanto su vida. Entonces cuando Jesús se quita los vestidos es como si diera la vida para luego retomarla. En Jn 10,18 Buen Pastor: dice que el se quita la vida, para luego retomarla. Los mismos verbos, de allí se utilizan aquí para decir que el se quita las vestiduras y luego se las coloca.

Entonces la Plegaria Eucarística 4 hace una interpolación para decir lo mismo: porque se trata en ambos casos del gesto simbólico de dar la vida. Aquí empieza el problema de Judas. Jesús da la vida por los suyos, y entre ellos está Judas. Jesús ama hasta el extremo, no a los que lo aman, sino a los que lo odian, a quien está por entregarlo.

A Satanás se le metió en la cabeza que es Judas, quien debe traicionar (13,2). Judas todavía no ha tomado la decisión de traicionar, porque es sólo después que Jesús le da el bocado que dice que Satanás entonces entró en él. Es allí cuando la decisión de Satanás es también la decisión de Judas. Judas se encuentra entre la espada y la pared, entre Jesús y Satanás. Pero la verdadera lucha está es entre Jesús y Satanás y Judas es el discípulo que está en peligro. Judas tiene que tomar una decisión difícil y Jesús lo sabe. Por esto le ofrece su amor hasta el extremo, más que a los otros discípulos.

Entonces el gesto de lavar los pies, no lo hace sólo por Pedro con el cual dialoga, ni sólo por los otros, sino por Judas. Así le dice a Judas, mira que yo he decidido dar mi vida por ti. Luego cuando toma Jesús sus vestiduras de nuevo, se sigue el relato, “En verdad, en verdad, uno de vosotros me traicionará”. Vienen las preguntas de los discípulos a las cuales Jesús responde: “es aquel por el cual mojaré el bocado y se lo daré. Y mojó el bocado, lo tomó y se lo dio a Judas y después de aquel bocado Satanás entró en él”. Dar un bocado es gesto de amor. Miremos cómo funciona la reconciliación. Según lo visto hasta ahora, para poderse reconciliar con otro, hay que hablarle y darle la posibilidad de que reflexione y caiga en la cuenta de que lo que está haciendo está mal.

Con esta actitud de Jesús, entonces según el RIB, Jesús lo ha ya perdonado, porque lo ha amado hasta el extremo. Jesús lo ama y le ofrece la reconciliación, dándole el bocado de la amistad y del amor, pero se lo da haciéndole descubrir la verdad. Diciéndole, Mira que tu estás próximo a traicionarme, no lo hagas. Jesús no quiere que Judas se involucre en esto, porque lo ama. Jesús lo acusa, pero lo acusa con el gesto del amor.

Aquel bocado que Jesús da a Judas es el bocado eucarístico. Jesús ama tanto hasta el colmo de dar la vida. Hasta ponerse en manos de Judas y decirle, toma, este es mi cuerpo; ahora tú Judas, debes decidir. Así Jesús entra en la decisión de Judas y se la quita de las manos, porque Judas decidió traicionar a Jesús y ya Jesús no lo puede detener, entonces le dice: “LO QUE DEBES HACER HAZLO PRONTO”, es decir, Jesús ha tomado la decisión de auto-entregarse. Esto viene confirmado después cuando los soldados vienen a prender a Jesús. A quién buscáis, les pregunta Jesús: A Jesús Nazareno. Soy YO. Los soldados caen al suelo. No se puede agarrar a Jesús, sino hasta cuando él tome la decisión de entregarse. Y cuando él decide, entonces dice: “Prendedme a mí y dejad que los otros se marchen.

Judas lo traiciona, pero Jesús decidió entregarse, por esto le dice hazlo pronto. Esto quiere decir que cuando se consuma la traición Judas está bajo el perdón de Jesús. Ahora le corresponde a Judas aceptar o no el perdón que le ofrece Jesús. Entonces cuando él acepte el perdón todo queda solucionado. Porque él pensaba de haber traicionado, pero en realidad era Jesús quien estaba dando su vida por él y ahora no sólo por él, sino por todos.

Por esto es que la Eucaristía es la máxima manifestación de perdón que Dios pueda ofrecer al hombre. Por esto es un sacramento de Reconciliación con Dios y con nuestros hermanos.

La muerte de Jesús se convierte en el definitivo RIB, la definitiva oferta de perdón, que si la aceptamos, no solamente revela que mi pecado ya ha sido perdonado, sino que dado que ya está perdonado, ya no existe, porque este perdón fue capaz de quitármelo de las manos. Cuándo yo digo habría preferido no hacerlo, inmediatamente descubro el amor de Dios.

Las tumbas de los millares de personas que hemos asesinado de una o de otra manera están como testimonio de que nosotros somos asesinos, PERO EN CAMBIO, la tumba de Jesús permanece vacía y de este modo se significa que  nuestro pecado ya no existe.

AQUÍ HAY QUE REFLEXIONAR LO QUE SIGNIFICA LA CANTIDAD DE VIOLENCIA Y LA NECESIDAD DE UNA RECONCILIACION, YA NO PODEMOS RESUCITAR A LOS MUERTOS, YA NO PODEMOS DEVOLVER A LOS PORBRES DE ANTES LO QUITADO, TENDRIAMOS QUE HACERLO COMO HIZO ZAQUEO CON LOS POBRES DE AHORA, NOS TOCA ANALIZAR EL PRESENTE y EMPRENDER UN CAMINO CON UNA METODOLOGÍA DEL PERDON.  

Después de estas reflexiones espero que logremos entonces entender de una manera más clara aquellas palabras de Jesús: “habéis oído que se dijo: ojo por ojo, diente por diente, pero yo os digo: “No resistáis al que es malo, antes, a quien quiera que te abofetee la mejilla derecha, vuélvele también la otra” (Mt 5, 38-39). O también cuando le dice a Pedro: “No te digo que perdones siete veces, sino hasta setenta veces siete (Mt 18,22).

Quiero terminar mi conferencia con las palabras del Apóstol Pablo a su comunidad de Corinto: “De modo que si alguno está en Cristo, es nueva criatura; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas. 18 Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 a saber, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación. 20 Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios! 21 Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él. Y como colaboradores con Él, también os exhortamos a no recibir la gracia de Dios en vano; 2 pues Él dice: EN EL TIEMPO PROPICIO TE ESCUCHÉ, Y EN EL DÍA DE SALVACIÓN TE SOCORRÍ. He aquí, ahora es EL TIEMPO PROPICIO; he aquí, ahora es EL DÍA DE SALVACIÓN   (2Cor 5,17-6,2).

AHORA ES EL TIEMPO DE RECONSTRUIR NUESTRO PAIS DESDE LA RECONCILIACIÓN.  Muchas gracias.



[1] Recordemos que desde el punto de vista de los contenidos de las leyes, además de los elementos estrictamente jurídicos, correspondientes al derecho civil y criminal, se pueden distinguir los religiosos, los cultuales, los éticos y los sociales (cf. GARCIA, F., El Pentateuco, Estella 2003, p. 198).

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