VAUPÉS: TIERRA DE
MISIÓN Y DE ESPERANZA
Por Abelardo Gómez
Serrano
Alumno de 3º de teología.
El pasado mes de Junio, once seminaristas de los
dos últimos años de formación del Seminario Mayor de Bogotá, tuvimos
una interesante experiencia de misión en el Vicariato Apostólico de
Mitú. Y la primera certeza de la cual nos percatamos al convivir, aunque
fuera por poco tiempo, con los indígenas de las diferentes etnias que
habitan esta región, es que nos falta aligerar nuestro equipaje para
emprender un verdadero camino misionero. En Bogotá estamos acostumbrados
a la congestión, a la comodidad, a la velocidad de una ciudad densamente
poblada que, aunque ofrece muchas posibilidades de desarrollo a propios
y extraños, tiene también grandes necesidades y sobre todo una gran
sed de Dios. Pero desconocíamos totalmente la realidad del Departamento
de Vaupés, una tierra extraña para nosotros, que hace parte de nuestro
propio país, y cuya vista nos produjo un impacto, un deseo de querer
hacer grandes cosas, unido a la imposibilidad de emprender "grandes
cambios" con los medios que teníamos a mano.
La ciudad de Mitú, capital del departamento de Vaupés,
es en extensión y en población bastante menor que muchas de las pequeñas
poblaciones de los departamentos del interior. La dificultad en los
medios de comunicación (a Mitú sólo se puede acceder por vía aérea,
lo cual es bastante costoso), ha sumido a esta región en un estancamiento
económico y cultural. Las etnias indígenas que habitan la región, se
agrupan en comunidades más o menos pequeñas, a las cuales se llega caminando
durante horas e incluso días, o por vía acuática, siendo también extensos
los recorridos, más aún si no se cuenta con una embarcación impulsada
por motor a gasolina. Los pocos sacerdotes de la región (pertenecientes
unos a los Misioneros Javerianos de Yarumal y otros pocos del Vicariato),
deben multiplicarse para atender treinta o más comunidades cada uno,
soportando incomodidades, peligros, desinterés de parte de los nativos,
problemas que afrontan con una gran sed de Dios y un gran afán por anunciar
el mensaje del evangelio.
Del Seminario Mayor de Bogotá, donde recibimos una
excelente formación humana, académica y pastoral, salimos a conocer
estas tierras colombianas, cargados de muchos conocimientos, de esquemas
de trabajo pastoral, de charlas preparadas para adultos, jóvenes y niños,
de una sed misionera y evangelizadora, de muchas ganas de anunciar el
mensaje de Jesús, para tropezarnos con una realidad totalmente desconocida
para nosotros, una Colombia nueva, una manera de pensar, de vivir y
de sentir muy diferentes. Estos aspectos enfrentados, dejan sin piso
una forma de trabajo pastoral ideada para una situación específica y
nos llevan a percatamos de algo que también conocemos en la teoría:
que sin conocer el contexto, sin conocer la realidad a la cual se dirige
el mensaje evangélico, no es posible anunciar a Cristo ni implantar
con sencillez y eficacia su mensaje. Nos dedicamos entonces a conocer,
a convivir con las comunidades indígenas, a estar en medio de ellos,
a identificarnos con la forma de vida de los sacerdotes que misionan
en estas tierras, a ejercer la pastoral de "estar con ellos",
en palabras de Monseñor Gustavo Ángel, Vicario Apostólico de Mitú, pastoral
que exige ser un miembro más de la comunidad, un miembro que se identifica
con sus costumbres, con su cultura, pero que ante todo quiere mostrar
que el mensaje de salvación de Jesucristo es universal y permanece actual
independientemente de la realidad en la cual se viva.
Al reunimos de nuevo los tres grupos de seminaristas,
asignados a las Parroquias de Tapurucuara, Mandí y Villa Fátima, después
de quince días de vivir nuevas experiencias, de convivir con compatriotas
nuestros, de los cuales habíamos oído hablar en los libros de Historia
y Geografía (ni siquiera en los noticieros o en la televisión, pues
es muy poco lo que escuchamos de aquellas regiones), después de compartir
su cultura, sus comidas, sus formas de esparcimiento y su deporte, sus
costumbres, entre las cuales se encuentran dormir en hamaca y cocinar
con leña, después de compartir por corto tiempo sus necesidades, la
falta de servicios públicos, los insectos, las inclemencias del clima,
después de compartirles también nuestra forma de vivir y de anunciarles
-no sabemos si de la forma debida- el mensaje de Jesús, sacábamos muchas
enseñanzas para nuestra vida y para nuestra tarea de discípulos y misioneros,
como nos invita a formarnos el documento de la V Conferencia del Episcopado
Latinoamericano reunida en Aparecida.
Aprendimos en primer lugar la importancia de ir ligeros
de equipaje, comprendiendo las palabras de Jesús a sus discípulos cuando
los envía de dos en dos diciéndoles que no lleven bolsa, ni alforja
ni dos pares de sandalias, palabra que nos interpela cuando alistamos
demasiadas cosas materiales para el camino, para la aventura, para la
misión y al llegar a donde somos enviados, nos damos cuenta que 10 importante
es estar cargados con la Palabra de Dios, buscar el Reino de Dios y
su justicia, pues 10 demás se nos dará por añadidura. Aprendimos cómo
la semilla de Jesucristo se encuentra sembrada en muchos corazones que
están ansiosos de escuchar la Palabra de Dios, en muchas personas que
con su sencillez, con su forma de vida, practican las enseñanzas evangélicas
y tratan de vivir como comunidad de hermanos. Y como mencionaba antes,
en todo momento se hizo actual para nosotros el mensaje evangélico,
y en este caso constatamos ante todo que la mies es mucha y los operarios
son pocos, que el Vicariato de Mitú y muchas otras regiones de nuestro
país, requieren del apoyo de todos nosotros como Iglesia, no sólo para
trabajar allí como misioneros, sino también reuniendo recursos económicos
para ayudar a sacar adelante estas comunidades y cumplir los preceptos
de la Iglesia referentes a la comunicación cristiana de bienes, y elevando
nuestras plegarias por el bienestar y la unidad de todos los hombres
creados por Dios, pues todos somos una comunidad de hermanos aunque
de muchos de estos hermanos ni siquiera nos percatamos de su existencia.
|