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Coordinación de Pastoral Vocacional

Temas para la catequesis
 
Algunos datos para tener a la mano a propósito de la pastoral vocacional

La Pastoral Vocacional, tarea de todos:

Ningún miembro de la Iglesia queda excluido del campo de la Pastoral Vocacional y menos aún los miembros del presbiterio de la Iglesia particular. La vocación sacerdotal es un don de Dios, que constituye ciertamente un gran bien para quien es su destinatario. Pero es también un don para toda la Iglesia, un bien para su vida y misión. Por eso la Iglesia está llamada a custodiar este don y a estimarlo y amarlo. Ella es responsable del nacimiento y de la maduración de las vocaciones sacerdotales. En consecuencia la Pastoral Vocacional tiene como sujeto activo, como protagonista a la comunidad eclesial, como tal en sus diversas expresiones: desde la Iglesia universal hasta la Iglesia particular y, análogamente, desde ésta a la parroquia y a todos los estamentos del pueblo de Dios.

La pastoral orgánica de una diócesis y de una parroquia debe tener como objetivo ayudar a cada uno y al conjunto de los miembros del pueblo de Dios a descubrir, desarrollar y llevar a cumplimiento un proyecto de auténtica vida cristiana, estableciendo una relación correcta con Dios, consigo mismos y con los demás.

En sentido amplio, la pastoral vocacional no es un simple sector de la pastoral orgánica, como lo puede ser, por ejemplo, la pastoral juvenil, la pastoral de los adultos, la pastoral de los enfermos, la pastoral de las familias, etc., sino que ésta se inscribe en todos los sectores de la acción pastoral  como el punto culminante  y el elemento unificante  de todo el quehacer de la Iglesia, que es de naturaleza vocacional.

En sentido estricto, la pastoral vocacional es la concreta y activa participación de todo el pueblo de Dios, cada uno en el cuidado de las vocaciones y en modo especial de la vocación al presbiterado.

Objetivo general

En consonancia con el objetivo diseñado dentro del plan global de pastoral de la Arquidiócesis de Bogotá, para el nivel de los ministerios ordenados, la pastoral vocacional busca acompañar a todos aquellos que sienten la específica llamada al ministerio sacerdotal, de manera que puedan dar una respuesta libre, consciente y voluntaria a la convocación del Señor al servicio de su grey en la Iglesia particular de Bogotá.

Criterios generales

ü        Corresponsabilidad: Ningún miembro de la Iglesia queda excluido del campo de la pastoral vocacional y mucho menos los sacerdotes.

ü        Priorización de tareas: La intensidad aplicada a las tareas debe estar en consonancia con la importancia de las mismas.

ü        Subsidiariedad: Todos los miembros de la Iglesia deben ofrecer sus aportes para el cultivo y el fomento de las vocaciones sacerdotales.

ü        Testimonio evangélico: El joven debe encontrar en el Obispo, en el Presbítero, en el Diácono un testimonio vivo de entrega que le interpele y le sugiera  el ministerio sacerdotal como un elemento de valor y por lo mismo, una opción de vida deseable.

ü        Proximidad: La cercanía familiar, la preocupación por las personas, la mano tendida, oferente, caritativa, misericordiosa, comprensiva, la palabra oportuna, el consejo a tiempo pueden llegar a constituir para el joven revelación de la voluntad del Señor.

ü        Confianza (no sospecha a priori): se trata de tener un  a priori positivo que ermita a unos y otros la posibilidad de un proceso clarificador y la constatación de los signos de idoneidad para el ministerio.

ü        Sensibilidad: Estar atentos, ser sensibles ante los signos que evidencian una posible vocación a la vida sacerdotal, ... y llamar sin temor.

ü        Objetividad y sentido de realidad: El ánimo y el interés por la pastoral vocacional no debe conducir a la pérdida del sentido de realidad al punto de ver signos vocacionales donde no los hay o a perder la capacidad de hablar con claridad cuando no existen las condiciones mínimas para dar lugar a un proceso vocacional.

ü        Obediencia evangélica: «La Iglesia debe acoger cada día la invitación persuasiva y exigente de Jesús que nos pide que “roguemos al dueño de la mies que envíe operarios a su mies” (Mt 9,38). Obedeciendo al mandato de Cristo, la Iglesia hace antes que nada , una humilde profesión de fe pues al rogar por las vocaciones —mientras toma conciencia de su gran urgencia para su vida y misión— reconoce que son un don de Dios y, como tal, hay que pedirlo con súplica incesante y confiada» (PDV 38).

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