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Formaci�n de catequistas

Recopilaci�n de textos por:
Roberto Carlos Marzola
1 de� teolog�a
Seminario Mayor Arquidiocesano
Bogot� 2002

En la huella del buen pastor

La figura de buen Pastor con la cual Jes�s se identifica puede ayudarnos a descubrir rasgos poco explorados de nuestra vocaci�n catequ�stica.

Para un pueblo acostumbrado a la vida rural, como era el israelita, la imagen del pastor se asociaba f�cilmente a una serie de tareas, rutinas, preocupaciones y cuidados propios de su oficio. La cotidianeidad del ejemplo que se�alaba Jes�s permit�a reconocer de inmediato las situaciones que la comparaci�n suger�a.

Andando por el campo he tenido la suerte de poder contemplar pastores cuidando sus ovejas u otros animales... la reflexi�n de la Biblia conjugada con la vida va ense�ando y descubriendo el gran tesoro de esta comparaci�n que Jes�s utiliza darse a conocer. Creo que como catequistas tenemos mucho que andar en la huella del Buen Pastor.

 

EL BUEN PASTOR, Jn.10, 1-42

Es bueno leer el cap�tulo entero, pues a las palabras de Jes�s, Juan opone la reacci�n de los jud�os.

1) Ir leyendo el evangelio y anotar las actitudes de buen pastor que Jes�s propone.

2) Para cada actitud recordar situaciones de la vida de Jes�s donde podamos apreciar c�mo la vivi� �l de manera concreta.


3) Relacionar cada actitud con nuestra pr�ctica de catequistas, �c�mo incorporar a nuestro ser catequista esta manera de ser de Jes�s?

Te presentamos algunas actitudes para ir pensando

El buen Pastor conoce sus ovejas

�Conocemos la vida de nuestros catequizandos? �Compartimos sus alegr�as, sus angustias, sus esperanzas, sus desalientos? �Sabemos lo que est�n viviendo las familias que tenemos a cargo? �Nos interesamos por sus situaciones de vida?

Las llama por su nombre

�Tenemos un trato personal con nuestros catequizandos? �Buscamos llegar a su interioridad? �Somos portavoces para que el Se�or llame a cada uno por su nombre a trav�s nuestro?

Camina al frente de sus ovejas

�Damos testimonio de lo que ense�amos? �Intentamos vivir lo que creemos? �Somos los primeros en cumplir lo que pedimos a los dem�s que cumplan? �Vivimos en forma coherente como para ir al frente y de frente?

Da la vida

�Entregamos lo mejor de nosotros por los dem�s? �Buscamos donar los talentos que recibimos de Dios para beneficio de los otros?

Sus obras lo dan a conocer

�Nuestras obras, nuestros gestos, nuestras actitudes de vida muestran a los dem�s lo que creemos y ense�amos? �Somos transparentes: los dem�s descubren y encuentran al Dios de la Vida a trav�s de nuestra pr�ctica?

�Nuestra manera de estar con los dem�s... refleja y testimonia nuestra cercan�a a Dios?

Para trabajar en grupos

Ser catequista, buen pastor - Salmo 23
Para reflexionar:

�          Leer en silencio el salmo.

�          Elegir una frase y repetirla en voz alta.

�          Comentar con el grupo por qu� elegiste esa frase.

�          A partir del salmo descubrir nuevas actitudes y caracter�sticas del catequista.

Para la puesta en com�n:

�          Sintetizar en un dibujo las caracter�sticas descubiertas

�          Escribir entre todo el salmo como si hubiera sido �escrito en nuestro tiempo, usando im�genes, situaciones y palabras de nuestra cultura.

 

Dios nos llama a ser catequistas

 
Antes de iniciar la reflexi�n de este art�culo

Intenta recordar la manera en que Dios te llam� a ser catequista �Cu�ndo fue? �C�mo? �De qu� se vali� Dios para irrumpir en tu vida y llamarte?

�Te acuerdas de personas que supieron transmitirte la Palabra de Dios en tu vida? �Qui�nes te ense�aron las cosas de Dios, a�n sin tener un t�tulo de catequista, pero viviendo la misi�n de un catequista?

Busca en la Palabra de Dios los siguientes textos. Observa en ellos c�mo llama Dios y c�mo responden las personas.

�          Abraham���������� -��� G�n. 12, 1-5

�          Mois�s������������� -��� Ex. 3, 1-4, 17

�          Mar�a��������������� -��� Lc. 1, 26-38

�          Disc�pulos�������� -��� Mc. 1, 16-20

�Encuentras elementos en com�n con tu vida? �Descubres nuevas maneras de llamado que pueden ayudarte a pensar si Dios te sigue llamando hoy?

Cuando compartimos nuestras experiencias de vida como catequistas, cuando somos capaces de revisar nuestra vocaci�n y descubrir la forma en que Dios nos ha llamado a cada uno... y meditamos nuestra vida a la luz de la Palabra siempre viva de la Biblia, aprendemos como:

Dios utiliza distintos medios para llamarnos:

����������� - nos llama a trav�s de personas

����������� - nos llama a trav�s de situaciones de la vida

����������� - nos llama a trav�s de se�ales o signos

Sentir el llamado de Dios, darse cuenta que Dios llama

-       Dios pasa por la vida de todos los d�as, hay que estar atento para escucharlo.

-       Tener la capacidad de descubrir la presencia de Dios.

-       Lo cotidiano, la vida de siempre, �se es el lugar que Dios elige para revelarse, para correr el velo y descubrirnos que est� pasando por ah�.

La vocaci�n es un proceso (tiene etapas, tiene momentos, se va viviendo)

-       El llamado de Dios es progresivo, nuestra vida es una historia de sucesivos llamados.

-       Hay que aprender a mirar la vida con otros ojos para encontrar las huellas de Dios en nuestro caminar.

-       La vocaci�n es camino, m�s que puerta de entrada, y se hace camino al andar...

-       Todos recibimos dones para que podamos vivir nuestra vocaci�n

-       Dios no nos deja solos, su garant�a es que �l est� junto a nosotros.

-       Todos hemos recibido mucho, hay que descubrir que recibi� cada uno, para ponerlo al servicio de los dem�s (par�bola de los talentos).

-       Dios nos llama constantemente, tambi�n nos va mostrando nuevos dones que no sab�amos que ten�amos.

A veces nos cuesta vivir la vocaci�n (dudas, miedos, incertidumbres)

-       El llamado de Dios siempre es un desaf�o, un cuestionamiento, un compromiso…

-       Decir s� al Se�or compromete la vida.

-       Las dudas, miedos e incertidumbres son parte del camino, nos ayudan a seguir buscando, nos recuerdan que nunca podremos encontrarlo todo, nos descubren nuestra esencia vital de peregrinos...

Leer la Biblia, la Palabra de Dios, nos ayuda a descubrir nuestra vocaci�n

-       Cuando leemos la Palabra encontramos ejemplos de personas que vivieron llamados parecidos a los nuestros.

-       Sus vidas nos muestran que es posible responder al Se�or e iniciar un camino de compromiso

-       Sus experiencias tambi�n nos hablan de un lento descubrir que quiere Dios de nosotros y un camino de respuesta que pasa por la vida y no por decir, de palabra, �Se�or, Se�or...� (la respuesta se da con la vida).

Nuestra respuesta al llamado de Dios es servir y ayudar con disposici�n y alegr�a

-       Dios llama para dar una misi�n, un compromiso, una tarea en bien de los dem�s.

-       La respuesta es estar disponible a la misi�n que El nos vaya mostrando.

-       La alegr�a en el servicio es signo de que nuestra entrega es sincera y fecunda.

Transmitir el mensaje de Dios y el amor de El

-       Dios nos llama para ser instrumentos de su mensaje y para colaborar con �l en la construcci�n de su Reino

-       para mostrar con nuestro testimonio (porque a las palabras... se las lleva el viento) que nos ama y quiere que vivamos su amor construyendo la fraternidad real (porque nadie ama a Dios a quien no ve si no ama a su hermano al que ve).

Para trabajar en grupos

Dios nos llama a ser catequistas

Para reflexionar con la Palabra y la vida

�          Trabajar en peque�os grupos con las preguntas y textos que aparecen al principio del art�culo.

�          Si se pueden formar cuatro grupos, repartir un texto para cada uno.

�          Comentar con el grupo qu� conocemos del personaje b�blico del texto.

�          Hacer una lista de caracter�sticas de c�mo Dios llama y c�mo es

�la respuesta de cada persona ante ese llamado.

Para la puesta en com�n

�          Escribir en un afiche, en dos columnas, las caracter�sticas que observamos del llamado y respuesta en el texto b�blico.

�          Escribir entre todos una oraci�n que relacione el texto le�do con la

experiencia de catequista de los integrantes del grupo.

Plenario

�          �Qu� encontramos en com�n con nuestras vidas?

�

�          Compartir las oraciones.

 

Los frutos del esp�ritu en la vida del catequista

�El fruto del Esp�ritu es caridad, alegr�a, paz, comprensi�n de los dem�s, fidelidad, mansedumbre y dominio de s� mismo.�

G�latas 5, 22

El tiempo de Pentecost�s es un excelente momento para revisar nuestra vocaci�n y pr�ctica de catequistas.

Ser catequista es anunciar la Palabra de Jes�s, dar testimonio del Evangelio, y ense�ar a los dem�s con nuestra palabra y nuestra vida.

El origen de la palabra catequista es �hacer resonar�. Siempre que pregunto en los talleres de espiritualidad del catequista, con qu� imagen asociamos este significado tan motivador des ser catequista, me responden �con una campana�. En nuestros d�as se escuchan pocas campanas, pero si andamos en este mundo podremos recordar campanas que escuchamos sonar.

Yo me acuerdo mucho de dos:

-       La campana del colegio... Se�alaba el comienzo (�alegr�a!) del recreo, y tambi�n su finalizaci�n (no tanta alegr�a...)

-       La campana de la parroquia... Marcaba las horas del d�a y sonaba con fuerza antes de cada misa dominical llamando a la comunidad.

La campana era una se�al, con su ta�ido nos hablaba de otra realidad m�s importante y trascendente que su sonido mismo.

Ser catequista tiene mucho que ver con ser campana. Nuestro sonido (nuestra vida, nuestra palabra) debe ser capaz de evocar algo m�s importante que nos trasciende: la Palabra de Dios, el encuentro con Jes�s.

El sonido de la campana es signo... y tambi�n lo es nuestra misi�n de catequista. Signos de la vida nueva a la que Dios nos invita, signo de la compa��a de Dios -que camina a nuestro lado-signo de la comunidad que nace en torno a la palabra, a la oraci�n, a la ense�anza, a los sacramentos, al compartir.

El catequista vive animado por el Esp�ritu de Jes�s, pide su gu�a y su aliento para ser fiel a su misi�n y poder anunciar el Evangelio.

�          �C�mo est� �sonando� nuestra campana en estos tiempos?

�          �Estamos dando los frutos que el Esp�ritu espera de nosotros?

Para trabajar en grupos

Los frutos del Esp�ritu en la vida del catequista

Leemos el texto de G�latas 5, 22

Recortamos siete campanas de cartulina y le ponemos a cada una el nombre de uno de los frutos del Esp�ritu (conviene que las campanas sean grandes).

Nos dividimos en parejas (y si somos pocos cada uno trabaja con una campana). A cada pareja se le da una campana y la siguiente gu�a:

�         �Qu� significa ser campana de caridad, alegr�a, paz... (cada uno completa seg�n su campana) en la vida de un catequista?

�         Nombrar tres actitudes que como catequista ayudan a que suene esa campana.

�         Nombrar tres actitudes que como catequista no ayudan a que la campana suene, actitudes que ahogan ese fruto, que no lo muestran, que no lo transmiten.

�         Escribir una peque�a oraci�n que comience con la frase: �Esp�ritu de Jes�s ay�danos a ser campana de...�

Las actitudes y la oraci�n se escriben dentro de la campana de cartulina.

Se pone en com�n lo trabajado en los grupos (o individualmente si son pocos).

En ronda realizamos una oraci�n compartida. Si es posible tener una campana de verdad, a medida que cada catequista va haciendo su oraci�n personal en voz alta, al terminar hace sonar la campana y se la pasa al de al lado.

Entre todos escribir una nueva campana con un compromiso com�n a intentar vivir como catequistas. Colgar esa campana en un lugar visible dentro de la parroquia.

Terminar con un canto al Esp�ritu Santo.

 

Perseverar en la oraci�n

�Todos ellos perseveraban juntos en la oraci�n en compa��a de algunas mujeres, de Mar�a, la madre de Jes�s, y de sus hermanos.�

Hech. 1, 14

El libro de los Hechos de los Ap�stoles nos se�ala en varias oportunidades esta actitud de los primeros disc�pulos de reunirse y orar juntos para escuchar la voluntad de Dios. Los ap�stoles hab�an aprendido de Jes�s su manera de orar al Padre. Realmente les hab�a llamado la atenci�n esta disposici�n de Jes�s, expresada en la b�squeda de momentos y lugares para orar, tan diferente a las pr�cticas de oraci�n del pueblo jud�o, caracterizadas por lo ritual, la repetici�n, los horarios fijos.

Jes�s les hab�a ense�ado a orar en la vida y a orar la vida... para encontrar la voluntad de Dios y la fuerza para ponerla en pr�ctica. Por eso, el primer testimonio que encontramos de la comunidad primitiva es su disposici�n a orar...

Perseveraban...

La oraci�n no es para un rato, o para hacer de vez en cuando. Es una pr�ctica de vida, un estilo de comunicaci�n con Dios que hay que ejercitar. La oraci�n requiere esfuerzo, dedicaci�n, inter�s, ganas, constancia...

...juntos...

La oraci�n de los disc�pulos es compartida, en com�n, en comunidad. Al Padre nos dirigimos como comunidad. Buscamos su voluntad unidos. Porque as� nos damos fuerzas, aliento mutuo y adem�s aprendemos de los dem�s. Porque Dios, muchas veces, habla a trav�s de los que tenemos al lado.

... en compa��a de Mar�a...

La madre es mediadora ante el Se�or. Ella intercede para llevar nuestra oraci�n. Mar�a es maestra de oraci�n. La Biblia nos repite, en los evangelios, que Mar�a guardaba la Palabra de Dios y la meditaba en su coraz�n. Siguiendo su ejemplo podremos descubrir al Dios vivo y verdadero que conoci� Mar�a. El Dios del Magnificat, el Dios que libera, que hace justicia y hace maravillas en aquellos que siguen sus pasos.

Propuesta para� una reuni�n de catequistas

1.      Leemos en com�n Hech. 1,14
En parejas trabajamos:

-       �C�mo es tu oraci�n personal?

-       �Le dedicas tiempo por d�a, por semana a la oraci�n?

-       �C�mo rezas? (contarle al otro c�mo es nuestra manera cotidiana de rezar)

2.      Nos reunimos de a dos parejas:

-       �Qu� fue lo que m�s te impact� de lo charlado en el paso anterior?

-       �Aprendiste algo del otro? �Qu�?

-       �Como catequistas, como es nuestra oraci�n en com�n? �Rezamos? �Cu�ndo? �C�mo?

-       �Qu� nos ense�a Mar�a con respecto a la oraci�n?

-       Ponerse de acuerdo en tres propuestas para mejorar la oraci�n en com�n del grupo de catequistas. Escribirlas.

3.      Nos reunimos en el grupo grande:

-       Se ponen en com�n las propuestas y se eligen dos para intentar vivir en la segunda mitad del a�o que resta.

-       Se acuerda reunirse nuevamente a fin de a�o para evaluar si se han cumplido las propuestas y si han servido para mejorar la oraci�n personal.

-       Concluir el encuentro con una oraci�n espont�nea.

-       Como signo visible, cada participante toma la Palabra de Dios y la aprieta contra su coraz�n, dice su oraci�n y pasa la Biblia al compa�ero del costado, para que repita el gesto, haga su oraci�n... y as� recorrer una ronda de oraci�n en com�n.

-       Terminar con un canto a Mar�a.

 

El catequista, artesano del encuentro

La catequesis es espacio eclesial para el descubrimiento del Dios de la Vida y el nacimiento de la experiencia de fe y comunidad. A trav�s de un itinerario permanente (que no ata�e solamente a los a�os de la infancia) busca desarrollar un proceso que conduzca a las personas a:

�          conocer a Dios, amarlo y buscar su voluntad,

�          fortalecer la fe en Dios, conocer las ense�anzas de su mensaje,

�          integrarse a una comunidad de fe para vivir lo que Dios propone,

�          sumarse a la tarea de anunciar la Buena Noticia de Jes�s y construir su Reino de vida.

Este proceso es un camino que se inicia en la familia, n�cleo privilegiado para la transmisi�n de la fe, y contin�a con las distintas opciones que ofrece la comunidad eclesial, conforme a la edad de las personas y a su iniciaci�n en la fe.

Todos esos espacios que la catequesis ofrece est�n atravesados por una experiencia que los unifica y da sentido: el encuentro con Dios vivo y el encuentro con los hermanos. La catequesis puede ser el lugar que ense�e y capacite a las personas para el encuentro con Dios y los dem�s.

Si consideramos esto como el eje que v�rtebra toda acci�n catequ�stica de la comunidad, el responsable de animar esta tarea es el catequista que puede descubrir una misi�n profundamente enraizada en su vocaci�n: ser artesano del encuentro.

Ser artesano

Todos conocemos, seguramente, alg�n artesano, ya sea por contacto directo o por referencia. A partir de esa/s personas que conocemos, reflexionemos algunas de sus caracter�sticas propias:

�          Ama profundamente lo que hace (le da sentido a su vida).

�          Aplica un saber nacido y acrecentado en la experiencia.

�          Busca nuevas maneras de hacer sus cosas (se renueva).

�          Es paciente, con s� mismo y con su obra.

�          Lo que sabe lo aplica (hace con las manos).

�Puedes agregar otras caracter�sticas que hayas reconocido en artesanos?

Artesano del encuentro

Apliquemos estas caracter�sticas a la tarea catequ�stica para descubrir nuevas luces que iluminen nuestro caminar:

Ser artesano del encuentro, de Dios con los dem�s y de los dem�s entre s�, requiere catequistas que:

�          Amen profundamente a Dios y encuentren en la catequesis el llamado de Dios para sus vidas. Nadie puede dar lo que no tiene. Para ense�ar y transmitir las cosas de Dios hay que llevarlo muy adentro en el coraz�n.

�          Para ayudar a otros a encontrar a Dios hay que partir de la propia experiencia de haber encontrado a Dios en la propia vida. La transmisi�n de la fe nace del testimonio vivo (recordemos los relatos de la iglesia naciente, en el libro de los Hechos de los Ap�stoles).

�          El artesano es un innato investigador, busca, desarrolla, experimenta... El catequista que quiera provocar el encuentro debe vivir en permanente b�squeda, des-instalarse y estar abierto a lo nuevo. La capacitaci�n y formaci�n es una herramienta privilegiada para crecer y aprender, para ense�ar y transmitir mejor.

�          Dios ense�a que nos espera siempre, y que, pacientemente, sale a nuestro encuentro con la alegr�a de la primera vez (Par�bola del Padre Misericordioso). Sencillamente, si Dios es paciente... nosotros tambi�n...

�          El artesano no es un intelectual te�rico. Sabe, posee un saber intelectual, pero no se queda en palabras, su obra es la obra de sus manos. De la misma manera el catequista muestra con sus obras su capacidad de generar encuentro.

Para pensar y meditar

-       Piensa en la catequesis como en una artesan�a del encuentro con Dios: �qu� actitudes de un catequista favorecen su trabajo?

-       El mismo Dios es un artesano de tu vida, relee el hermoso pasaje de Jerem�as (18, 1-4) y apl�calo a tu vida. �Qu� caracter�sticas tiene el modelado de tu vida que va proponi�ndote Dios?

-       Piensa en dos actitudes que puedas comprometerte a vivir en tu misi�n de catequista para generar encuentro con Dios y con los dem�s.

 

El catequista, servidor de la palabra en comunidad

Quiero compartir con ustedes una peque�a reflexi�n surgida en un encuentro con catequistas. Este encuentro era la segunda etapa de un proceso de formaci�n de dos a�os que est�bamos realizando con los catequistas, rurales y urbanos de una sufrida regi�n de nuestro pa�s. Los catequistas rurales son personas muy sencillas y llenas de Dios, pastores, campesinos, hombres y mujeres, j�venes y ancianos... en sus� desoladas tierras son los arroyos que llevan el agua viva de la Palabra a sus comunidades.

La Biblia nos habla de las personas que anuncian la Palabra

�Yo, por mi parte, era como un canal salido de un r�o, como un arroyo que se pierde en un jard�n del Para�so. Yo pens�: voy a regar mi huerta, voy a regar mis flores. Pero mi canal se convirti� en r�o, y el r�o en mar. Entonces dije: Har� brillar como la aurora la instrucci�n, llevar� a lo lejos su luz. Derramar� la instrucci�n como una profec�a y la dejar� a las generaciones venideras. Comprueben ahora que no he trabajado para m� solo, sino para todos los que buscan la sabidur�a.� Eclo. (Sir.) 24, 30-34

La vida del catequista a la luz del texto b�blico

Como catequistas somos servidores de la Palabra. Peque�os canales, sencillos y humildes, que surcan la vida de nuestra comunidad... Cuando tomamos conciencia de nuestra vocaci�n y decidimos emplear nuestro tiempo, nuestras capacidades y nuestros dones al servicio de nuestra gente, descubrimos, con alegr�a y sorpresa, que el Dios generoso multiplica nuestros esfuerzos. Si nos entregamos con confianza a Dios, sabiendo que somos simples canalitos para que su Palabra llegue con su frescura y novedad a los dem�s, El se encarga de hacer de nosotros arroyos y r�os.

El texto nos habla de la experiencia de un hombre sabio, que ha descubierto la obra de Dios en su propia vida y decide comprometerse en el anuncio de su Palabra. Como catequistas somos llamados a transmitir las ense�anzas de Jes�s y promover el encuentro de los dem�s con el Dios verdadero, que cambia la vida y nos descubre el sentido profundo de la existencia.

�Qu� alegr�a poder decir como el sabio del texto, he trabajado para los dem�s, para que los otros conozcan la sabidur�a, es decir la Palabra del Dios de la Vida!

Para rumiar el texto y rezar la vida

El catequista, servidor de la Palabra en su comunidad

-       �Somos canales por donde circula el agua viva de la Palabra de Dios?

-       �Qu� actitudes de nuestra vida �secan� nuestro reserva de agua viva?

-       La Palabra es la Fuente donde nace nuestro canal, �est� presente en nuestra vida de todos los d�as? �Acudimos a ella? �Nos nutrimos con su lectura y oramos con ella? �Estudiamos la Palabra para poder transmitirla mejor?

-       Compara las palabras del texto con tu vida, �eres un verdadero arroyo para tu comunidad? Los dem�s �se encuentran con el Dios de la Vida a trav�s de tu testimonio y ense�anzas?

-       �Qu� puedes y debes cambiar de tu manera de ser para ser un arroyo m�s transparente, m�s caudaloso, m�s fecundo?

-       Ofr�cele tus reflexiones a Dios a trav�s de una oraci�n escrita por tus propias manos.

 

La sabidur�a del catequista

En todo el pa�s se encuentran catequistas con much�sima y profunda espiritualidad. Muchos de ellos, sencillas mujeres y hombres del pueblo, que ense�an con su testimonio y ejemplo

��la sabidur�a de una vida enraizada en la palabra de Dios.

Feliz la persona que busca la Palabra

�Feliz el que se dedica a la sabidur�a y puede responder al que lo interroga; que hace suyos los caminos de la sabidur�a y profundiza sus secretos; que sale a cazarla y acecha su paso; que mira a trav�s de sus ventanas y escucha a su puerta; que instala su tienda al lado de su casa y clava las estacas en sus muros. Pone su tienda en manos de la sabidur�a y se queda en esa feliz morada. Deja a sus hijos bajo su protecci�n y se tiende al abrigo de sus ramas; lo protege del calor y �l se instala en su gloria.� Eclo. (Sir.) 14, 20-27

La Palabra, cimiento de la vida del catequista

Este peque�o texto, escondido en uno de los libros sapienciales de la Biblia, nos ayuda a pensar en el alimento que nutre la vida de un catequista. El autor alaba a la persona que se dedica a la sabidur�a, que para el pueblo de Israel estaba contenida en la Palabra de Dios. Ella brinda respuestas de vida y nos orienta para vivir el proyecto de Dios.

El texto invita a acercarse a la Palabra, a profundizar en su lectura, para descubrir significados siempre nuevos. �Qui�n puede decir �ya conozco la Palabra�! Si el mismo Dios nos sale al encuentro cada vez que la leemos con apertura de coraz�n y sencillez.

La Palabra nos ayuda a comprender la vida que vivimos, nos devuelve la mirada de Dios sobre las cosas, nos introduce en la voluntad del Padre. Por eso es vital para la vida de fe el contemplar la realidad desde su lectura y oraci�n. La Palabra nos ayuda a discernir, nos permite conocer y adentrarnos en los misterios de Dios, siempre infinitamente Otro, cercano y compa�ero, pero tambi�n por descubrir, pura sorpresa y gratuidad.

El texto nos propone instalar nuestra existencia a su lado, abrigarnos a su amparo, permanecer en su presencia: �saborear� su compa��a.

Para rumiar el texto y rezar la vida

La sabidur�a del catequista

Ded�cale un tiempo a la evaluaci�n y discernimiento de tu tarea. A la luz del texto te invitamos a revisar tu espiritualidad de catequista:

-       �Qu� presencia tiene la Palabra de Dios en tu vida?

-       �Haces tuyos sus caminos? �C�mo mejorar?

-       �Contemplas la vida a trav�s de sus ventanas...? �Te ayuda la lectura de la Palabra a conocer la voluntad de Dios en los tiempos que vivimos? �Te gu�a para interpretar la realidad que vivimos desde la mirada de Dios?

-       �D�nde tienes instalada la carpa de tu existencia? �D�nde buscas amparo y protecci�n en los momentos dif�ciles?

-       Como catequista, �qu� pasos puedes ir dando para dedicar m�s tiempo a la Palabra de Dios?

-       Aprende a rumiar los textos y rezar la vida con la Palabra. Relee vers�culo por vers�culo la cita b�blica sugerida y apl�cala a tu propia vida. �Qu� aprendes? �Qu� puedes comentarle a Dios? �A qu� te puedes comprometer para crecer en la sabidur�a que nace de la Biblia?
Escribe un prop�sito concreto en el que expreses un compromiso de crecimiento con relaci�n a la Palabra de Dios en tu vida.

 

La importancia del testimonio

La fe se transmite� a trav�s del testimonio y el ejemplo. Si revisamos nuestra historia seguramente podremos recordar varias personas que, mediante su testimonio de vida, nos acercaron al misterio del Dios de la Vida. Muchas veces no han sido grandes intelectuales los que nos han ense�ado el rostro de Dios sino personas sencillas, muchas de ellas en el hogar, el colegio, el barrio, la misi�n...

A la hora de transmitir la fe y contagiar a los dem�s la alegr�a del evangelio la herramienta m�s eficaz es el propio ejemplo.

Con mis obras te mostrar� mi fe

�Hermanos, si uno dice que tiene fe, pero no viene con obras, �de qu� le sirve? �Acaso lo salvar� esa fe? Si un hermano o una hermana no tienen con qu� vestirse ni qu� comer, y ustedes les dicen: “Que les vaya bien, cali�ntense y alim�ntense”, sin darles lo necesario para el cuerpo, �de qu� les sirve eso? Lo mismo ocurre con la fe: si no produce obras, muere solita. Y ser�a f�cil decirle a uno: “T� tienes tu fe sin obras. Mu�strame tu fe sin obras, y yo te mostrar� mi fe a trav�s de las obras”. Sant. 2, 14-18

El testimonio de vida, principal recurso pedag�gico del catequista

La carta de Santiago es muy clara al plantear la necesidad de acompa�ar la fe con obras que la muestren y lleven a la vida pr�ctica. El catequista, como servidor de la Palabra y pedagogo de la fe debe recordar siempre estas sencillas ense�anzas.

Lo que ense�amos con el ejemplo no se olvida f�cilmente. La pedagog�a de Jes�s est� llena de gestos y actitudes. Si recorremos los evangelios son muchas las ocasiones en que su manera de vivir despierta interrogantes en los disc�pulos, y esos interrogantes (profundos, existenciales) abren el camino al don de la fe.

Es com�n encontrar a muchos catequistas preocupados por la necesidad de actualizar sus recursos para ense�ar el evangelio. Y es muy bueno que as� sea, pues implica una toma de conciencia de su misi�n y responsabilidad. Pero a veces los recursos est�n m�s cercanos de lo que esperamos.

�Por qu� no planificar algunos encuentros de catequesis alrededor de acciones solidarias?

Los frutos de la sabidur�a se aprecian en la conducta, nos ense�a el mismo Santiago unos p�rrafos m�s adelante que la cita se�alada m�s arriba (Sant. 3, 13)

La forma de vivir del catequista, su manera de ser-para-los-dem�s, el ejemplo de su entrega y su servicio son herramientas privilegiadas para la transmisi�n de la fe. Quien ha de confiar y creer en una persona que no muestra con su vida lo que ense�a con sus palabras. Vivimos un tiempo hist�rico en el que las palabras est�n muy devaluadas.

Estamos acostumbrados a escuchar grandes discursos y promesas de cambio... que quedan en la nada e incrementan el escepticismo de la gente. Por esto es tan importante ense�ar con los hechos y el testimonio. Adem�s de seguir los pasos del Se�or, que pas� haciendo el bien y nos ense�� con su vida, respondemos a una situaci�n hist�rica.

En los cursos y talleres para catequistas, cuando hablamos de este tema, siempre dejo estos interrogantes:

• �Cu�ntos libros de la madre Teresa has le�do?

• �Qu� recuerdas de ella?

• �Por qu� su ense�anza del evangelio es tan transparente?

En la ense�anza de la fe es necesario siempre volver a lo simple, a la sencillez del evangelio vivido todos los d�as... que tal vez sea mucho m�s exigente y comprometido que hablar con palabras complicadas y dif�ciles.

Para rumiar el texto y rezar la vida

La importancia del testimonio

Rele� las palabras de la carta de Santiago.
• �Qu� te ha llamado la atenci�n?
• �Puedes relacionar el texto con tu vida personal y de catequista?
• Tus obras... �ser�an capaces de generar fe y adhesi�n a Jes�s en los dem�s?
• �Qu� obras concretas debes vivir como catequista comprometido en el anuncio y transmisi�n del evangelio de Jes�s?
• �Qu� cambios debes hacer en tu manera de hacer catequesis para incorporar lo que la Palabra de Dios nos se�ala?

Mis manos abiertas

Ens��ame Se�or

a vivir mi fe todos los d�as,

en las cosas sencillas y cotidianas.

Ens��ame Se�or

a transmitir mi fe todos los d�as

con gestos sinceros, con manos abiertas.

Ens��ame Se�or

a contagiar a otros

el esp�ritu del Evangelio.

A hacer el bien para que venga el Reino.

Ens��ame Se�or

a ser un espejo de lo que creo,

A mostrar con mis obras

La fe que da sentido a mi vida.

Que as� sea, Se�or.

La palabra que da vida

La fuerza del catequista est� en la Palabra de Dios. Como servidores de la Palabra y disc�pulos del Se�or de la Vida debemos esforzarnos en recrear en nosotros una m�stica que nazca y abreve en la lectura y reflexi�n de la Biblia.

Y digo recrear porque en el camino de la fe siempre estamos recomenzando y empezando de nuevo. No deben desalentarnos los tropiezos, por el contrario, pueden ser momentos y espacios vitales que alumbren nuevos desaf�os y crecimientos.

Seguramente muchas veces nos hemos propuesto releer la Palabra y mantener una rutina de oraci�n con ella, y con el tiempo la vamos perdiendo. Ahora que comienza el a�o podemos recrear estos prop�sitos y sumar nuevas fuerzas para incorporarlo a nuestra vida. Porque la Palabra de Dios para el catequista tiene que ser su alimento diario. El contacto con ella despierta las ganas de conocerla m�s e introduce en la intimidad con Dios. Se trata, simplemente, de hacer de la lectura de la Biblia un h�bito cotidiano.

Los grandes maestros de espiritualidad (y no hablo s�lo de los que son conocidos sino especialmente de los an�nimos que todos encontramos en nuestras comunidades) son personas de una profunda uni�n con la Palabra.

Piensa en tus maestros en la fe...

-       �Qu� relaci�n con la Biblia descubres en ellos y ellas?

-       �Qu� puedes aprender para tu vida?

La Palabra de Dios es la semilla que �l mismo nos regala para vivir como disc�pulos. Nuestra tarea consiste en cuidar esta semilla para que crezca y de frutos.

�C�mo se cuida la semilla de la Palabra?

• Con su lectura cotidiana

• Orando con la Biblia

• Estudiando y conociendo mejor las Escrituras

• Compartiendo con otros la oraci�n y la reflexi�n de la Palabra

• Buscando en ella la voluntad de Dios para nuestra vida

• Descubriendo en ella las claves de una conducta que siga los pasos de Jes�s

• Dejando que ella penetre y empape nuestra tierra (nuestra vida), aprendiendo a escuchar, saborear y rumiar la Palabra antes de dar respuestas.

La Palabra, fuente de espiritualidad

��Bendito el que conf�a en Yahv�, y que en �l pone su esperanza! Se asemeja a un �rbol plantado a la orilla del agua, y que alarga sus ra�ces hacia la corriente: no tiene miedo de que llegue el calor, su follaje se mantendr� verde; en a�o de sequ�a no se inquieta, ni deja de producir sus frutos.� Jer. 17, 7-8

Confiar en Dios es buscar en su Palabra el alimento. Poner en �l la esperanza es descubrir la fuerza que nace de su Palabra viva en nosotros.

Igual que los �rboles, cuyas ra�ces crecen y se introducen en la tierra, abri�ndose paso hacia el agua que nutre, como catequistas debemos esforzarnos en buscar diariamente el agua viva de la Palabra de Dios en la Biblia.

Si nuestras ra�ces est�n bien cercanas a la Palabra de Dios tendremos fuerzas y �nimo para superar las dificultades de la vida, los tiempos de sequ�a que todos tenemos (por ser humanos). Cuando sobrevengan estaremos preparados, protegidos, cuidados... y como la planta de la lectura, no dejaremos de producir frutos.

Todos sabemos que pasa con las plantas que no regamos, en poco tiempo sus hojas se amarillentan, se marchita, se pone r�gida y terminar seca, dura y sin vida.

Que no nos pase lo mismo en la vida... que no perdamos el contacto con el agua que nunca deja de fecundar nuestras posibilidades.

Para rumiar el texto y rezar la vida

La palabra que da vida

• Rele� el peque�o texto del profeta Jerem�as.

• �Est�s �plantado� cerca del agua verdadera, o de otros arroyos?

• �Qu� significa en tu vida el �alargar las ra�ces�? Piensa en desaf�os concretos que debas superar.

• �Qu� representa en tu vida la tierra dura, las piedras, la profundidad que unas ra�ces decididas deben enfrentar?

• �Tu follaje espiritual se mantiene verde? �Cu�les son tus rincones que se han marchitado o est�n amarillentos? �C�mo revivirlos?

• �Has pasado tiempos de sequ�a? �Por qu�? �C�mo superarlos?

Puedes terminar orando con el Salmo 1, que nos invita a la oraci�n con palabras muy parecidas a las de Isa�as.

Dichoso el hombre
que no va a reuniones de malvados,
ni sigue el camino de los pecadores
ni se sienta en la junta de burlones,
mas le agrada la Ley del Se�or
y medita su Ley de noche y d�a.

Es como �rbol plantado junto al r�o,
que da fruto a su tiempo
y tiene su follaje siempre verde.
Todo lo que �l hace le resulta.
���������������������������������� ���������������������Salmo 1, 1-3

El catequista, una puerta abierta para el encuentro con Dios

La Biblia es rica en im�genes y s�mbolos para explicarnos las cosas m�s profundas de Dios. El lenguaje b�blico es un lenguaje sacramental, porque el mismo Dios nos habla de esta manera: con signos y se�ales que nos ayudan a descubrir su presencia en medio nuestro. Jes�s es el gran sacramento de Dios. A trav�s de su vida, sus palabras y su pr�ctica conocemos al Dios de la Vida y nos encontramos con �l.

“Si me conocen a m�,
tambi�n conocer�n al Padre”
�Jn. 14, 7
“El que me ha visto a m�
ha visto al Padre”
Jn. 14, 9

Hablar con im�genes permite recuperar el lenguaje sencillo de la Biblia, que llega al coraz�n e invita al cambio de vida.

Hay muchas im�genes que podemos asociar para profundizar en la vocaci�n y misi�n del catequista.

Una de ellas es la imagen de la “puerta”.La puerta es un instrumento que comunica espacios, que abre a una interioridad. Las hay grandes, peque�as, de madera, metal, vidrio u otros materiales, pesadas, livianas, nuevas, antiguas... todas tienen en com�n la capacidad de abrirse y dejar paso.

La puerta tiene mucho que decirnos a nuestra vida de catequistas.

�          �Somos puertas abiertas para que otros se encuentren con el Dios de la Vida a trav�s nuestro?

�          �Nuestras palabras y nuestra pr�ctica ayudan a los dem�s a abrir sus propias puertas al Se�or que vive dentro de cada hombre y mujer?

�          �C�mo anda nuestra puerta? �Est� bien aceitada para su funci�n? �O sufre el paso del tiempo y est� algo desvencijada, con sus bisagras herrumbradas, perezosa para ser abierta?

�          �Y en ese caso, c�mo aceitarla para mantenerla en movimiento, y �gil, y dispuesta para su funci�n? �Cu�l ser� el aceite indicado y d�nde conseguirlo?

Ser puerta significa aceptarse como instrumento y tener claro que nuestra misi�n es quedar abiertos, ir perdiendo protagonismo para que el otro pueda encontrarse con Dios y su Palabra.

Si en nuestro coraz�n anida el Se�or, ser� cuesti�n de abrir la puerta para ense�ar que El nos anima, nos da fuerza y esperanza. Abrir la puerta es dar testimonio, hablar desde el coraz�n y la experiencia. Invitar al encuentro y presentar al Dios que llena nuestros d�as.

Estamos llamados a ser puertas abiertas, porque el Se�or a quien seguimos nos dice

que El mismo es puerta, para el encuentro y la vida.

“Yo soy la puerta: el que entra por m� est� a salvo. Circula libremente y encuentra alimento.”

Jn. 10, 9

Jes�s se presenta como la Puerta. El acceso a la vida. �l, como buen pastor, nos conoce, nos quiere y busca lo mejor para nosotros. Juan lo expresa con im�genes tan delicadas como cuidar, proteger y dar alimento. Ese es nuestro Dios, el que nos abre su vida (nos da su vida) para que podamos vivir mejor.

Para rumiar el texto y rezar la vida

El catequista, una puerta abierta para el encuentro con Dios

�          Relee el texto de Juan.

�          Piensa en tu propia experiencia de fe, �de qu� manera Jes�s ha sido una puerta para tu vida?

�          Piensa en tu tarea catequ�stica, �c�mo puedes ser “puerta” para que los dem�s encuentren a Dios?

�          �Qu� caracter�sticas y actitudes de vida puedes proponerte cambiar en esta Pascua, para mejorar tu misi�n?

�          Ofr�cele tu oraci�n al Se�or y p�dele fuerzas para ser fiel a su Palabra y a su testimonio.

Se�or,
que en mi misi�n de catequista
sea como una puerta sencilla,
abierta,
para que otros
puedan pasar a trav�s de ella
para encontrar a Dios.

Ay�dame a no endurecerme,
a no “atrancarme”,
para que mis palabras
y mis gestos
y mi persona toda,
sepa hacerse a un lado,
para dar paso a tu presencia,
que con los brazos abiertos
esperas y acudes
al encuentro de todos
los que pasen por mi vida,
hecha humilde puerta.

Que as� sea, Se�or de la Vida -

Abrir la puerta, para que entre el se�or

El Jubileo del a�o 2000 fue un tiempo de gracia para el encuentro profundo con el Dios de la Vida. Uno de los signos m�s importantes de ese a�o jubilar lo constituy� la puerta. El Papa Juan Pablo II inici� los festejos del a�o Santo abriendo una puerta e invitando a toda la Iglesia a pasar por ella para acercarnos a Dios y comprometer nuestras vidas en el seguimiento de su hijo Jes�s, construyendo el Reino. La puerta, como s�mbolo, tiene mucho para decirnos en nuestra vida de catequistas.

La puerta de nuestro coraz�n

Como catequistas transmitimos lo que llena nuestro interior. Como la planta que orienta y mueve sus hojas hacia la luz que le da vida, tambi�n nosotros debemos orientarnos hacia el Dios bueno que vivifica y fortalece.

La lectura de la Palabra, los sacramentos, la oraci�n personal y grupal, la experiencia de comunidad, el compromiso solidario, nos van renovando desde el interior y nos ayudan a mantener abierta la puerta de nuestro coraz�n.

Pero no siempre abrimos la puerta para que Dios entre y empape nuestra vida. Todos tenemos rincones de nuestra existencia que permanecen inaccesibles a la presencia del� Padre. El crecimiento de la vida de fe, orientada por el Evangelio, puede ir �abriendo� esas puertas cerradas, para que la brisa del Esp�ritu llegue a toda nuestra persona. Y este es un trabajo de toda la vida, �cu�nto m�s para un catequista que busca transmitir a otros la fuerza de la Palabra!

Mar�a, madre, modelo y maestra del catequista, es el espejo para mirar nuestra vida y tomar ejemplo. Ella, como ninguna, supo abrir la puerta de su coraz�n para que Dios habitara en su interior. Se hizo portadora de la Vida que no acaba, l�mpara que nos ofrece la llama siempre viva de Jes�s. Como Mar�a, para engendrar al Dios del Reino y ayudarlo a nacer en nuestras comunidades, digamos s�, al pedido del Se�or de abrir el coraz�n.

La puerta de nuestro entendimiento

Como catequistas tenemos la responsabilidad de ayudar a otros a descubrir a Jes�s y a fortalecer su fe, transmitiendo las ense�anzas del Se�or, a la luz de la experiencia y gu�a maternal de la Iglesia. La formaci�n permanente, la lectura espiritual, el intercambio con otros, la asistencia a cursos-talleres-encuentros, ir� permitiendo el desarrollo y crecimiento de nuestra fe, para poder razones de ella y ense�arla a los dem�s. Como la planta, que para crecer y ser fuerte necesita el riego cuidadoso, peri�dico y permanente, tambi�n nosotros precisamos la formaci�n que de cimientos s�lidos a nuestra fe.

Abrir la puerta de nuestra mente para que la sabidur�a del Se�or vaya impregnando nuestro entendimiento. Es una gran responsabilidad del catequista y de su comunidad: formarnos para crecer, para saber, para vivir, para transmitir con m�s fidelidad.

La puerta de nuestro entendimiento no es sencillo mantenerla abierta. �Cu�ntas veces nos cerramos en posturas y formas de �entender� la vida y la fe que no encuentran su ra�z en el evangelio de Jes�s! �Qu� dif�cil es abrir nuestra mente para que el Dios Sabio sacuda nuestras ideas y nos invite a pensar las cosas desde su punto de vista!

Una vez m�s la virgencita es quien nos orienta en el caminar de nuestra espiritualidad. Ella vivi� la apertura de mente al proyecto de Dios y nos muestra la manera de hacerlo tambi�n nosotros. Los textos de la infancia de Jes�s en el evangelio de Lucas, cuando hablan de Mar�a repiten dos veces una frase que suena a nuestros o�dos como letan�a de vida.

��Mar�a meditaba estas cosas y las guardaba en su coraz�n�

(Lc. 2, 19; 2, 51).

La virgen nos ense�a que para entender las cosas de Dios, primero hay que abrir la puerta del coraz�n.

La puerta de nuestras manos

Como catequistas somos testigos de lo que anunciamos. Es decir, transmitimos con nuestras vidas lo que presentamos con la palabra. Nuestro ejemplo es la mejor ense�anza y ser� ciertamente lo que ayude a enraizar el evangelio en los dem�s.

Como la planta, que ba�ada por la luz y regada por el agua, brota y da fruto, tambi�n nosotros, si abrimos la puerta del coraz�n y la del entendimiento, podremos abrir las manos para ofrecer las semillas de nuestro trabajo.

Abrir las manos significa practicar lo que anunciamos, lo que anida en nuestro coraz�n.

Abrir las manos significa vivir, como Jes�s, para mostrar con la vida, y con gestos concretos, que es posible una existencia distinta, ofrecida a los dem�s; generosa con todos, abierta al Padre y a los hermanos.

Mar�a nos ense�a con su testimonio que la verdadera transmisi�n de la Buena Noticia comienza con la pr�ctica. Luego de la anunciaci�n sabemos que se dirigi� en forma r�pida y resuelta a colaborar con su prima Isabel, que necesita una mano pues era mayor y hab�a quedado tambi�n embarazada (Lc. 1, 39-56).

El camino espiritual del catequista:

Tener coraz�n, mentalidad y manos abiertas...
para que Dios abra la puerta,
y su Esp�ritu habite en nosotros,
y seamos testigos de Jes�s,
ense�ando con nuestra vida
lo que abunda en nuestro coraz�n.

Para pensar y meditar

Abrir la puerta, para que entre el se�or

• �C�mo est�n las puertas de tu coraz�n, tu mente y tus manos?

• �Cu�les son los cerrojos que impiden que se abran por completo?

• �C�mo puedes abrir estas puertas al Se�or?

Ofr�cele a Dios un compromiso para abrirle la puerta en tu tarea y vocaci�n catequista.

 

La pedagog�a de la fe: ense�ar como Jes�s para vivir como El

La catequesis nace de la acci�n de la Palabra de Dios y vive para anunciarla y transmitirla a los dem�s.

En la catequesis el evangelio es central. Y el evangelio, sabemos, es una buena noticia que nace de la vida y de la persona de Jes�s. Por ello, cuando pensamos en metodolog�a catequ�stica, es decir, las mejores maneras de hacer catequesis, no podemos dejar de partir de la vida.

La pedagog�a de Dios nos muestra c�mo iniciar y llevar adelante un proceso de aprendizaje, crecimiento y maduraci�n en la fe.

La catequesis asume la tarea de:

• Iniciar en la fe y desarrollar un proceso de crecimiento en la fe e inserci�n en una comunidad concreta.

• Anunciar, transmitir y educar en los valores del Evangelio de Jes�s, la Buena Noticia que permite vivir actitudes m�s humanas, fraternas y solidarias, para la construcci�n del Reino.

Para llevar adelante su tarea los catequistas reconocen a Jes�s como modelo a seguir. Su vida nos transmite las claves para invitar, iniciar y profundizar un proceso de crecimiento en la fe. Un camino de fe. Volviendo los ojos a Jes�s encontraremos pautas para seguir, condiciones para recrear, opciones para continuar...

En la catequesis, se trata de ense�ar como Jes�s lo hizo, para vivir como Jes�s vivi�. La catequesis no es solamente una transmisi�n de conocimientos sino, especialmente, la transmisi�n de una fe y una manera de vivir inspirada y animada por el Evangelio.

Por esto, es importante partir siempre de la vida, iluminarla con la Palabra de Dios, expresarla en la oraci�n y en las celebraciones de la comunidad, para volver a la vida y manifestar, con obras y compromisos concretos, esa vida nueva que recibimos por la acci�n de la Palabra.

La catequesis centrada en Jes�s y en su Palabra tendr� como objetivos:

�          formar la fe

�          invitar a la conversi�n

�          animar la esperanza

�          integrar a la comunidad

�          promover el compromiso

Para lograrlo es importante:

Partir de la vida

�          Conocer a nuestros catequizandos

�          Partir de la situaci�n concreta que se vive y que viven los integrantes del grupo de catequesis.

�          Analizar la realidad. Hacer una lectura evang�lica de los sucesos y de los diferentes aspectos de la vida (social, econ�mico, pol�tico, familiar).

Iluminar con la Palabra de Dios

�          Conocer la Palabra, que es conocer a Jes�s, conocer a Dios y a su mensaje.

�          Leer y meditar la Palabra

�          Buscar en ella criterios para discernir la realidad y las situaciones que vivimos.

�          Dejarse interpelar y cuestionar por la Palabra, para generar el cambio interior y la conversi�n.

Expresar en oraci�n y celebraci�n

�          Promover la actitud de apertura y escucha a lo que Dios nos habla.

�          Estimular el di�logo con Dios.

�          Ense�ar la capacidad de ofrecer, dar gracias y pedir en la oraci�n.

�          Celebrar la vida y la presencia de Dios en la vida.

�          Promover una vida sacramental vivida en comunidad.

Comprometerse en obras concretas

�          Promover la expresi�n del cambio en actitudes, gestos y hechos concretos.

�          Animar a la solidaridad y la b�squeda de la justicia.

�          Estimular el compromiso activo, constante, paciente, eficaz en el amor concreto por el otro, especialmente por los que m�s sufren.

... y el compromiso, la vida de fe concretada en lo cotidiano, la Palabra meditada, orada y celebrada, ir�n despertando nuevas situaciones de vida, para discernir por donde pasa la vida seg�n el Esp�ritu, y as� continuar un proceso catequ�stico permanente, para aprender siempre m�s a ser disc�pulos y seguidores de Jes�s.

El grupo en la catequesis

Todos tenemos la experiencia de haber integrado grupos en nuestra vida. El ser humano por propia naturaleza tiende a agruparse y reunirse, es una caracter�stica constitutiva de la persona humana.

Desde peque�os estamos formando y participando de grupos: el primero, la familia; luego, a medida que crecemos, integramos grupos en la escuela, grupos de amigos, grupos que comparten alg�n inter�s com�n, etc. Es importante diferenciar una reuni�n de personas de un grupo.

Algunas caracter�sticas sencillas nos ayudar�n a clarificarlo:

�          Un grupo establece una red de relaciones. En un grupo se dan relaciones entre sus miembros, existe una mutua interdependencia entre sus miembros. Lo que le pasa, vive o dice uno de sus miembros afecta a los dem�s y viceversa.

�          Un grupo tiene objetivos expl�citos, compartidos, existe un para qu� estar reunidos. El objetivo es, muchas veces, el motor del grupo y lo que fomenta su cohesi�n y unidad. Pueden existir grupos formados por personas que piensan y son muy diferentes pero que comparten un objetivo com�n, y el grupo, funcionar muy bien.

Es importante que el objetivo que gu�a al grupo sea transparente, claro, conocido por todos y consensuado, es decir aceptado con buena voluntad por todos.

�          Un grupo tiene una cierta permanencia en el tiempo. Esto es muy variable, pues hay grupos que funcionan un lapso corto de tiempo y otros duran toda la vida. Es necesario que el tiempo sea suficiente para permitir la interacci�n entre sus miembros y el establecimiento de lazos de uni�n. En los grupos que comparten mucho tiempo esos lazos pueden transformarse en amistad, pero no es necesario que ella existe para formar un grupo.

�          En un grupo existen ciertas normas, o acuerdos, que ayudan a relacionarse y gu�an el trabajo com�n de todos en pos del objetivo grupal. Normas expl�citas y consensuadas ayudan a anticipar los conflictos y colaboran para solucionarlos si aparecen.

Las normas permiten regular la vida, el trabajo y las relaciones del grupo. Existen normas expl�citas, que son las que se enuncian y conversan, y tambi�n impl�citas. Entre las normas impl�citas est�n muchas relacionadas a la forma de trato entre los integrantes del grupo. El respeto, la apertura, el inter�s por el otro son algunos ejemplos de aspectos del grupo que suelen funcionar bajo normas impl�citas. A veces, especialmente en grupos de ni�os o j�venes, resulta necesario y oportuno conversar y explicitar verbalmente estas normas impl�citas, pues ayuda a las relaciones del grupo.

�          La interacci�n y forma de relacionarse que establecen los miembros de un grupo es una caracter�stica importante. Algunas formas de relacionarse son perjudiciales para el funcionamiento grupal, otras, que podemos llamar sanas, contribuyen al crecimiento del grupo y al bienestar de todos sus miembros.

�          Los roles que los integrantes de un grupo asumen en el mismo es otra caracter�stica importante. Los mismos pueden ser m�s activos o pasivos, pueden contribuir al bienestar o generar malestar grupal. Los roles est�n relacionados con el poder y la autoridad dentro de un grupo (“qui�n puede”, “qui�n conduce”, “qui�n lidera”, “qui�nes siguen”, “qui�nes hablan”, “qui�nes callan”, etc.). Si bien los roles est�n muy relacionados con las caracter�sticas personales de los individuos es importante que en un grupo los roles funcionales (aquellos que tienen alguna responsabilidad o tarea especial) sean rotativos, y se distribuyan de una manera democr�tica, con participaci�n y acuerdo de todos.

�          En un grupo se van entretejiendo las historias personales de sus miembros con la historia grupal que el encuentro va generando. Se forma una trama donde cada integrante queda vinculado e involucrado en un proceso que es com�n a todos. La historia grupal es un elemento importante en la identidad de un grupo, en especial, en aquellos que llevan tiempo juntos.

�          Sentido de pertenencia. Todos los miembros del grupo se sienten parte de... Perciben algo que los contiene. Esto permite reconocer al grupo como algo propio y a la vez compartido. La pertenencia genera responsabilidad e inter�s.

El Grupo de Fe

As� como al considerar la vida de todos nosotros es inevitable hablar de grupos (pues nuestra vida se desarrolla en y junto a los grupos que integramos), al hablar de catequesis es imprescindible hablar de grupos, tambi�n.

La vivencia de la fe es esencialmente grupal. El bautismo, primero de los sacramentos, que nos inicia en la vida de fe, nos integra a un grupo, nuestra comunidad cristiana.

Jes�s mismo, form� un grupo de personas para compartir la venida y la fe, al inicio de su predicaci�n, y, nos prometi� estar presente cuando haya un grupo reunido en su nombre (Mt. 18, 20).

El grupo de fe tiene todas las caracter�sticas de un grupo humano, pero adem�s tiene otras espec�ficas que le dan identidad propia y que es bueno tener en cuenta para el trabajo catequ�stico.

“El grupo de fe participa y experimenta las mismas cosas que cualquier otro grupo, por ejemplo, un equipo de f�tbol. Un grupo de preadolescentes o de adultos que se juntan para reflexionar sobre su fe viven las mismas realidades humanas que los dem�s grupos. Entre ellos puede haber incomprensiones, lucha por el poder dentro del grupo, celos, problemas de relaciones, etc.

Pero hay algo diferente que se puede dar en un grupo de fe y que no es esencial en los dem�s grupos: la manera como se viven las cosas que pasan.

Te pongo un ejemplo que estoy seguro te ayudar� a entender lo que quiero decir. Mois�s es encargado por Dios de formar un pueblo (un grupo, en definitiva) que salga de la esclavitud de Egipto y camine hacia la tierra de la libertad. Mois�s hace lo que Dios le indica y pone en marcha al pueblo. Los que salen de la esclavitud con mucha alegr�a y euforia se dan cuenta pronto que las cosas no son tan sencillas como parece. Entre ellos empiezan las peleas, las desconfianzas... Vivir en grupo les resulta dif�cil.

En esto no son originales. Les suceden las mismas cosas que a todos los grupos.

Lo original viene de la manera como viven estos acontecimientos internos del grupo. El grupo aprende a leer estos aconteceres propios del grupo como cosas con mucha importancia, donde se revela la manera de ser que tienen y donde se revela la manera que Dios tiene tambi�n de ser. Reflexionando sobre lo que les pasa en la vida de grupo descubren un sentido a sus vidas, y sobre todo descubren la presencia de Dios en sus vidas. El hecho de ser grupo, de llegar a ser pueblo, se hace para ellos algo tan importante que se convierte en lugar donde descubren a Dios y se descubren ellos mismos mucho mejor.

Esta realidad es la que cada grupo de fe est� llamado, de alguna manera, a revivir y a rehacer.

El grupo crea un estilo y manera de ser y nos prepara para vivir en la comunidad eclesial rompiendo esquemas de individualismo y abri�ndonos a un intercambio de relaciones nuevas.”

Pistas para la preparaci�n de un Encuentro de Catequesis

Preparar un encuentro no es o mismo que dar una clase. Para transmitir la experiencia de fe, y ayudar a que la misma crezca en otras personas es vital el marco de una comunidad.

El primer paso, por consiguiente, para desarrollar un proceso de catequesis, es crear un ambiente comunitario entre las personas que van a compartir el espacio. Esto no es tarea que se consigue de un d�a para otro. M�s a�n, la comunidad es una realidad viva, que se alimenta del encuentro entre las personas que la integran, por lo cual puede crecer o decrecer, seg�n sea la experiencia de las personas que la integran.

�C�mo crear comunidad en el marco de la catequesis?

�          Promoviendo el conocimiento personal de los participantes: catequizandos y catequista.

�          Ayudando a que cada persona se sienta valorada, respetada e integrada al grupo. Que nadie quede al margen.

�          Preocup�ndonos e interes�ndonos por la presencia o ausencia de todos.

�

�C�mo conseguir esto?

�          Iniciando los encuentros con algunas preguntas para compartir, que permitan que todos hablen, cuenten algo de su vida, muestren algo de sus intereses, expectativas, deseos, anhelos.

�          Generando espacios de comunicaci�n extra-reuniones. Por ejemplo, a trav�s de la visita o el llamado por tel�fono de las personas que no asistieron a una reuni�n.

�          A trav�s del reconocimiento expl�cito del trabajo, la participaci�n, los aportes personales en la reuni�n, la producci�n personal en la carpeta o cuaderno.

�          El festejo de los cumplea�os, los nacimientos, la celebraci�n de fechas especiales...

Estas simples propuestas, sencillas de implementar ayudan a generar una trama humana s�lida e importante para que la Palabra de Dios y el proceso de fe pueda echar ra�ces s�lidas en un grupo humano que vaya creciendo en la conciencia de peque�a comunidad.

�C�mo preparar un encuentro de catequesis?

�          Planificar con tiempo, preparar las reuniones con anticipaci�n es el primer paso para generar encuentro. Esto no quiere decir estar atado a un esquema r�gido, inviolable, detallado hasta en sus m�nimos momentos. Muchas veces la “ficha” del encuentro se constituye en un cerco a la creatividad, pues termina ahogando la iniciativa personal de los catequistas. Pero no se trata de caer en la improvisaci�n total. Un buen esquema de lo que se va a realizar ayuda a establecer tiempos, recursos, preguntas a utilizar, y colabora para que el catequista tenga claro el objetivo del encuentro, y gu�e al grupo para alcanzarlo. Muchos encuentros sin planificaci�n terminan a la deriva, pues se carece de un buen “plano” que anticipe a donde se quiere llegar.

�          Incluir en los encuentros espacios para el di�logo, la reflexi�n conjunta, el compartir grupal, es decir, favorecer la comunicaci�n dentro del grupo. Esto se logra con actividades o preguntas para que el grupo trabaje en conjunto o en peque�os grupitos. La catequesis abre un espacio para comunicar y encontrarse con la Palabra de Dios. El ejercicio del di�logo, de escuchar al otro, de respetar los turnos, de aprender de lo que el otro dice es un aporte valios�simo para aprender a escuchar la Palabra de Dios. �C�mo escuchar a Dios en un grupo humano que no aprende a escucharse entre s�? La catequesis no es un mon�logo del catequista, sino una b�squeda compartida, que implica:

-       aprender a escuchar;

-       aprender a participar;

-       aprender a decir lo que uno piensa, lo que se descubre y tiene en el coraz�n.

�          Dar a la Palabra de Dios un lugar central en el encuentro. La lectura de la Palabra de Dios en el encuentro de catequesis debe significar la presencia de Jes�s, que se acerca, que comparte nuestra vida, que nos escucha, y que nos habla. Para ir transmitiendo estas vivencias, profundas y complejas, es muy �til ayudarse con signos. Especialmente para los ni�os el lenguaje simb�lico puede ser una excelente puerta de entrada al encuentro con el Se�or. En el cuadro de la p�gina siguiente encontramos varias sugerencias para el trabajo con la Palabra en el encuentro.

�          Crear un espacio de oraci�n. Esto implica generar un clima, ayudar a distenderse, motivar a hablar en voz alta. Las canciones son una excelente herramienta para introducir los espacios de oraci�n. Es importante ense�ar a rezar. Una ayuda para aprender a rezar puede ser escribir las oraciones en tarjetas o papeles. Luego de escritas cada uno puede leer la que escribi� o si se colocan todas juntas (y se ofrecen) luego cada integrante puede extraer una al azar y leerla. Esto �ltimo tiene dos ventajas para grupos o personas que se inician:

-       favorece el aprendizaje porque permite a las personas m�s t�midas compartir una oraci�n, que al no ser la propia brinda m�s libertad para decirla.

-       Y, por otra parte, como todos van a leer y compartir una oraci�n, se asegura que se leer�n todas las oraciones escritas.

�          Pensar y proponer actividades que tengan en cuenta la situaci�n de los catequizandos. Es decir su edad, sus conocimientos, su cultura, su forma de ser, de sentir, de expresarse. Para evangelizar la vida debemos partir de las situaciones que las personas viven, y esto incluye tener en cuenta sus alegr�as, sus tristezas, sus anhelos y esperanzas, sus frustraciones. Partir de la vida e iluminarla con la Palabra son los primeros pasos de la metodolog�a catequ�stica

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