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La palabra que da vida
La
fuerza del catequista est� en la Palabra de Dios. Como servidores de
la Palabra y disc�pulos del Se�or de la Vida debemos esforzarnos en
recrear en nosotros una m�stica que nazca y abreve en la lectura y reflexi�n
de la Biblia.
Y
digo recrear porque en el camino de la fe siempre estamos recomenzando
y empezando de nuevo. No deben desalentarnos los tropiezos, por el contrario,
pueden ser momentos y espacios vitales que alumbren nuevos desaf�os
y crecimientos.
Seguramente
muchas veces nos hemos propuesto releer la Palabra y mantener una rutina
de oraci�n con ella, y con el tiempo la vamos perdiendo. Ahora que comienza
el a�o podemos recrear estos prop�sitos y sumar nuevas fuerzas para
incorporarlo a nuestra vida. Porque la Palabra de Dios para el catequista
tiene que ser su alimento diario. El contacto con ella despierta las
ganas de conocerla m�s e introduce en la intimidad con Dios. Se trata,
simplemente, de hacer de la lectura de la Biblia un h�bito cotidiano.
Los
grandes maestros de espiritualidad (y no hablo s�lo de los que son conocidos
sino especialmente de los an�nimos que todos encontramos en nuestras
comunidades) son personas de una profunda uni�n con la Palabra.
Piensa
en tus maestros en la fe...
-
�Qu� relaci�n con la Biblia
descubres en ellos y ellas?
-
�Qu� puedes aprender para
tu vida?
La Palabra de Dios es la semilla que
�l mismo nos regala para vivir como disc�pulos. Nuestra tarea consiste
en cuidar esta semilla para que crezca y de frutos.
�C�mo
se cuida la semilla de la Palabra?
� Con su lectura cotidiana
� Orando con la Biblia
� Estudiando y conociendo
mejor las Escrituras
� Compartiendo con otros
la oraci�n y la reflexi�n de la Palabra
� Buscando en ella la voluntad
de Dios para nuestra vida
� Descubriendo en ella
las claves de una conducta que siga los pasos de Jes�s
� Dejando que ella penetre
y empape nuestra tierra (nuestra vida), aprendiendo a escuchar, saborear
y rumiar la Palabra antes de dar respuestas
La
Palabra, fuente de espiritualidad
��Bendito el que conf�a en Yahv�,
y que en �l pone su esperanza! Se asemeja a un �rbol plantado a la orilla
del agua, y que alarga sus ra�ces hacia la corriente: no tiene miedo
de que llegue el calor, su follaje se mantendr� verde; en a�o de sequ�a
no se inquieta, ni deja de producir sus frutos.� Jer. 17, 7-8
Confiar en Dios es buscar en su Palabra
el alimento. Poner en �l la esperanza es descubrir la fuerza que nace
de su Palabra viva en nosotros.
Igual que los �rboles, cuyas ra�ces
crecen y se introducen en la tierra, abri�ndose paso hacia el agua que
nutre, como catequistas debemos esforzarnos en buscar diariamente el
agua viva de la Palabra de Dios en la Biblia.
Si nuestras ra�ces est�n bien cercanas
a la Palabra de Dios tendremos fuerzas y �nimo para superar las dificultades
de la vida, los tiempos de sequ�a que todos tenemos (por ser humanos).
Cuando sobrevengan estaremos preparados, protegidos, cuidados... y como
la planta de la lectura, no dejaremos de producir frutos.
Todos sabemos qué pasa con las plantas que no regamos, en poco tiempo
sus hojas se amarillenta, se marchita, se pone r�gida y terminar
seca, dura y sin vida.
Que no nos pase lo mismo en la vida...
que no perdamos el contacto con el agua que nunca deja de fecundar nuestras
posibilidades.
Para rumiar el texto y rezar la vida
La palabra
que da vida
� Relee el peque�o
texto del profeta Jerem�as.
� �Est�s �plantado�
cerca del agua verdadera, o de otros arroyos?
� �Qu� significa
en tu vida el �alargar las ra�ces�? Piensa en desaf�os concretos que
debas superar.
� �Qu� representa
en tu vida la tierra dura, las piedras, la profundidad que unas ra�ces
decididas deben enfrentar?
� �Tu follaje espiritual
se mantiene verde? �Cu�les son tus rincones que se han marchitado o
est�n amarillentos? �C�mo revivirlos?
� �Has pasado tiempos
de sequ�a? �Por qu�? �C�mo superarlos?
Puedes
terminar orando con el Salmo 1, que nos invita a la oraci�n con palabras
muy parecidas a las de Isa�as.
Dichoso el hombre
que no va a reuniones de malvados,
ni sigue el camino de los pecadores
ni se sienta en la junta de burlones,
mas le agrada la Ley del Se�or
y medita su Ley de noche y d�a.
Es como �rbol plantado junto al r�o,
que da fruto a su tiempo
y tiene su follaje siempre verde.
Todo lo que �l hace le resulta.
Salmo 1, 1-3
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