En
el curso de la preparaci�n para el Jubileo del a�o 2000, el
a�o 1998 estuvo dedicado a reflexionar sobre el Esp�ritu Santo.
Ese a�o o�mos hablar con frecuencia en la predicaci�n y en la
catequesis acerca del Esp�ritu en el Nuevo Testamento, en Jes�s
y en la Iglesia. El Comit� para el Jubileo del a�o 2000 public�
entonces un subsidio para acompa�ar la reflexi�n, la oraci�n
y la vida de la Iglesia en el Esp�ritu durante ese a�o, subsidio
que giraba en torno a dos n�cleos tem�ticos principales: 1)
El Esp�ritu en la Sant�sima Trinidad y en la creaci�n y 2) El
Esp�ritu, Jesucristo y la santificaci�n de la vida cristiana.
Sin embargo, la reflexi�n sobre el Esp�ritu en la Iglesia y,
por tanto, en la teolog�a es inagotable. En efecto, el Esp�ritu
Santo gu�a constantemente a la Iglesia a trav�s de la historia,
ayud�ndole a entender las ense�anzas de Jes�s, a fin de responder
a los nuevos desaf�os e interrogantes de la humanidad que camina
hacia el encuentro con Dios.
Aprovechando la cercan�a de la fiesta
de Pentecost�s, quisiera hablar en esta y en las siguientes ediciones
acerca del Esp�ritu Santo en el Antiguo Testamento, primero porque
a veces no se habla o no se conoce mucho sobre ese tema y segundo,
porque en el AT se encuentran todos los elementos que luego ser�n
retomados y desarrollados en el Nuevo Testamento, elementos que ponen
de manifiesto la unidad existente entre los dos testamentos, el Antiguo
y el Nuevo, y en toda la historia de la salvaci�n.
Seg�n algunos estudiosos, no se deber�a
hablar de Esp�ritu Santo en el AT. Ellos lo consideran una �afirmaci�n
teol�gica� cristiana y por lo mismo neotestamentaria. Es verdad que
no se puede encontrar en el AT un concepto claro del Esp�ritu Santo
como la tercera persona de la Trinidad, pero nuestra fe nos dice que
toda la Escritura constituye una unidad y que la Palabra de Dios es
el fundamento de lo que creemos y que tambi�n es el �alma de la reflexi�n
teol�gica�. Por eso, aunque en el AT no se encuentran afirmaciones
claras y distintas sobre el Esp�ritu Santo, s� hay elementos
que hablan de su existencia, de su acci�n y que preparan la revelaci�n
del Nuevo Testamento sobre �l.
Ante todo, hay que decir que el concepto
de �esp�ritu� en el AT no es est�tico, fijo, sino din�mico.
A medida que Israel va tomando conciencia de ser pueblo elegido y
evoluciona la idea que ellos tienen de Dios, se va desarrollando contempor�neamente
el concepto de �esp�ritu de Dios�. Al principio es entendido como
la �asistencia de Dios� (recordemos a Dios que asiste a su pueblo
en el desierto, que ayuda a los Jueces para unas tareas espec�ficas),
tambi�n es concebido como �presencia de Dios� (por ejemplo en la zarza
ardiente o en la columna de fuego) y otras veces como �fuerza de Dios�,
hasta llegar a ser concebido en los libros m�s tard�os, casi como
un ser separado de Dios. Algunos ejemplos cl�sicos al respecto se
encuentran en Sab 15,11; Prov 8, Eclo 24, Salmo 51, etc. Hay que decir
que no todos est�n de acuerdo en la interpretaci�n de estos pasajes,
pero la ex�gesis cristiana, desde los Padres de la Iglesia hasta hoy,
nunca ha dejado de ver en estos textos la presencia del Dios trino
que act�a y da vida.
Sabemos que Dios no se ha dado a
conocer en un solo momento, sino lentamente, adapt�ndose a los diversos
momentos y etapas de la historia de su pueblo. Se trata, entonces,
de una revelaci�n continua y progresiva. Por eso no podemos pensar
que la idea de esp�ritu es la misma en todos los libros del AT, sino
que ha experimentado una evoluci�n.
Veamos algunas de las principales
ideas de �esp�ritu� que se encuentran en el AT: la expresi�n Santo
Esp�ritu aparece s�lo tres veces en el AT: Sal 51,13b (“no retires
de m� tu santo esp�ritu”), Is 63,10.11 (“Pero ellos se rebelaron contra
�l y entristecieron su santo esp�ritu...” “�D�nde el que infundi�
en su interior su santo esp�ritu...?”). Esto significa que para entender
d�nde y c�mo se habla de Esp�ritu en el AT, debemos buscar tambi�n
otras expresiones, ya que la lengua hebrea, como las dem�s
lenguas sem�ticas no gustan de abstracciones, como sucede con nosotros,
los occidentales. Es otra mentalidad. Para expresar conceptos abstractos,
el Antiguo Testamento recurre con frecuencia a im�genes o s�mbolos,
a trav�s de los cuales tenemos una primera descripci�n del Esp�ritu.
En la pr�xima entrega hablaremos de algunas im�genes del Esp�ritu
en el AT.