1. LAS HERIDAS DEL AMOR
Terminada la santa Cuaresma, nos disponemos a descorrer
el velo del lugar Sant�simo y penetrar en el misterio del amor m�s
grande. Meditaremos la hondura y la altura del misterio, mediremos
la longitud y la anchura del amor.
Son los d�as m�s santos del a�o lit�rgico. Vamos a
celebrar las fiestas de nuestra Redenci�n. Se nos pide un culto en
esp�ritu y en verdad. No podemos conformamos con mirar la fiesta desde
lejos. Hemos de acercamos, hemos de contemplar, hemos de empatizar.
Cristo est� en el centro de todas nuestras celebraciones;
�fijos, pues, nuestros ojos en �l. Acost�mbrate a mirarlo con los
ojos del alma, porque un d�a ser� la ocupaci�n permanente de la gloria.
Hablamos, naturalmente, no de una visi�n entretenida, sino de una
visi�n de comuni�n.
Vi un cordero
degollado (cf. Ap 5, 6)
El Cordero degollado es protagonista en la
liturgia celeste. �Por qu� tendr� que ser as�? �Por qu� las heridas
mortales del cordero? �Y por qu� un cordero? El Apocalipsis juega
con s�mbolos. Podemos ver tambi�n al cordero pastor, que conduce a
sus ovejas a los manantiales de las aguas de la vida (cf.
Ap 7,17). Ver�is al pastor y guardi�n de vuestras almas (cf. 1 P 2, 25).
��Y esas
heridas que hay entre tus manos?� (Za
13, 6)
Nuestro pastor est� herido, muy herido. Herido en
las manos y entre las manos, es decir, en el pecho; herido en la cabeza
y en los pies. Herido, seguro, tambi�n en el alma.
Son heridas muy fuertes, por eso el pastor parece
un cordero degollado. Parece haber perdido su belleza y dignidad.
�No ten�a apariencia ni presencia... Despreciable y desecho de los
hombres, var�n de dolores y sabedor de dolencia� (Is
53, 2-3).
�Qui�n te hizo esas heridas? Las he recibido en casa
de mis amigos.
Ya es infidelidad y traici�n. En vez de besos, bofetadas;
en vez de abrazos, azotes; en vez de flores, espinas; en vez de perfume,
desgarros; en vez de obsequios, despojos; en vez de recompensas, cuchilladas.
�Por qu� hab�is herido sus manos? �No os hicieron
mucho bien? �No fueron las manos que os proteg�an y bendec�an, que
multiplicaba los panes y los part�a para saciar vuestras hambres,
que tocaba a vuestros enfermos y los curaba?
�Por qu� hab�is herido sus pies? �No se cansaban buscando
a las ovejas perdidas? �No se acercaban a vuestros pobres para liberados?
�No iban abriendo caminos de paz y libertad?
�Por qu� hab�is herido su cabeza? �No era un rey crismado? �No era un profeta ungido? �No era un sacerdote
consagrado? S�lo ten�a pensamientos de paz.
����������� �Por qu� hab�is herido sus espaldas? Eran
las que sosten�an vuestros pecados y vuestras cargas ��Eran
vuestras dolencias las que �l llevaba!� (Is 53, 4).
����������� �Por qu� hab�is herido su costado? Era
una hoguera de amor. Era una fuente de gracia. Era un poderoso coraz�n.
�Por qu� lo hab�is herido? �Por todo el bien que os
ha hecho? �Por todo lo que os ha perdonado? �Vaya amigos del pastor!
�l s� que os amaba y os defend�a.
EN PRESENTE
Somos los amigos del pastor. �Podr�amos contar sus
cuidados? �Podr�amos enumerar sus desvelos? �Podr�amos saber sus riesgos?
�Podr�amos saber sus amores?
Y, sin embargo, es posible que menospreciemos su amistad
o que, incluso, la traicionemos. �No le clavamos tambi�n nosotros
alguna espina o alg�n clavo? �No le seguimos dando golpes o azotes?
�No lanceamos su costado?
Nuestros orgullos hieren su cabeza
nuestras codicias sus manos,
nuestros vicios sus pies,
nuestras violencias le azotan,
nuestro desamor le perfora el coraz�n.
CRISTO POBRE
Hay otras formas de renovar las heridas del pastor.
Cada vez que ofendemos o menospreciamos a los peque�os y pobres hermanos
de Cristo, le hacemos sufrir a �l. La dejaci�n, la insolidaridad,
el ego�smo, son otras tantas espinas y clavos en el cuerpo de Jes�s.
La injusticia, la tiran�a, la guerra, el terrorismo son otras tantas
lanzadas a su coraz�n.
��Qui�n es este que viene,
reci�n atardecido,
cubierto con su sangre
como var�n que pisa los racimos?�
(HIMNO LIT�RGICO)
Es Jes�s, el m�s hermoso de los hijos de los hombres,
el que se acerc� a los hombres como pastor, como amigo y Salvador,
el que pas� haciendo el bien, el que no guard� su vida, sino que la
entreg� por nosotros, el que m�s nos ha amado, var�n de dolores y
pr�ncipe de amores.
Sus heridas son de amor. Un amor hecho paciencia y
perd�n, un amor de servicio y entrega. Fue herido porque no vino a
condenar, sino a salvar. Fue herido porque no vino a dominar, sino
a liberar. Porque se atrevi� a cargar con nuestros pecados; porque
quiso redimimos, �no con oro o plata, sino con una sangre preciosa�
(1 Pe 1, 19); porque se llen� de mansedumbre y �no respond�a con insultos;
al padecer, no amenazaba, sino que se pon�a en manos de Aquel que
juzga con justicia� (1 Pe 2, 23); porque convirti� la maldici�n en
bendici�n. Cuando le crucificaban, perdonaba. Cuando le despojaban,
regalaba; cuando le quitaban la vida, la comunicaba.
Ah� quedan sus brazos extendidos para abrazamos;
sus manos agujereadas, para que veamos sus
entra�as;
sus pies clavados, para esperamos;
su cabeza coronada de espinas, para hacemos
reyes;
sus espaldas flageladas, para libramos de
los golpes merecidos;
su coraz�n abierto, para que de �l brotaran
r�os de agua,
de sangre y de Esp�ritu Santo, r�os de purificaci�n,
de santificaci�n y alegr�a.
2. HERIDAS DE AMOR
��Qui�n es �ste que vuelve,
glorioso y malherido,
y, a precio de su muerte,
compra la paz y libra a los cautivos?
- �ste es Cristo, el Se�or,
convocado a la muerte,
glorificado en la resurrecci�n�
�En sus cicatrices fuimos curados� (Is
53, 5). Bien podemos besar esas heridas. Besos: de arrepentimiento,
de agradecimiento, de enamoramiento o comuni�n. Besa y llora, besa
y agradece, besa y ama, besa y comulga en la m�s �ntima uni�n.
Heridas de amor. Son signo y memorial de lo mucho
que nos ha amado. Hasta ah� nos am�, hasta dejarse romper, hasta dejarse
abrir, hasta dejarse morir. No s�lo significan que nos ha perdonado
y nos perdona, sino que nos est� favoreciendo y salvando, que nos
est� invitando a penetrar en su mayor intimidad.
Heridas de amor. La uni�n con el Pastor amado, uni�n
que tiende a ser transforman te, debiera grabar en nosotros esas mismas
heridas. �Que se digne dejar impresas en lo m�s �ntimo de nuestras
almas esas saludables heridas el m�dico de nuestras almas� (S. Columbano).
Ya veis, es un m�dico que hiere, pero que cura; que salva haciendo
heridas. No pueden ser otras heridas que las del amor. El amor es
peso, pero liberador; es fuego, pero transformante; es dolor, pero
gratificante; es muerte, pero vivificante.
Unidos al Cristo herido, heridos con Cristo Amado,
vivamos un amor que nos duela, que nos rompa, que nos transforme y
nos convierta en llama viva. Manos y pies gastados en el amor de servicio.
Hombros y espaldas heridos por las cargas y cruces que ayudamos a
llevar. Coraz�n roto por el peso del amor o por lo penetrante de la
ingratitud o quemado por el fuego del Esp�ritu.
Con S. Juan de la Cruz:
Oh llama de
amor viva
que tiernamente hieres de mi alma
en el m�s profundo centro...
Heridas de amor, que llevan a dar la vida. Pero se
trata de un amor que es m�s fuerte que la muerte. Por eso su muerte
es fuente de nueva vida para todos. La pena es que el amor no siempre
es correspondido, pero el amor perdona sin l�mites y espera sin l�mites.
Y al cabo de un gran rato
se ha encumbrado sobre un �rbol, do abri� sus brazos bellos, y muerto
se ha quedado, asido de ellos,el pecho del
amor muy lastimado.
Con S. Bernardo:
�Qu� dificultad
hay en admitir que tus llagas
nos dejan ver tus entra�as? No podr�a hallarse
otro medio m�s claro que �stas tus llagas
para comprender que, t�, Se�or, eres bueno
y clemente, �
y rico en misericordia.