PASCUA 2008
La Cuaresma nos viene preparando durante estas
cinco semanas, mediante la limosna, el ayuno y sobre todo la oraci�n, para
la celebraci�n del Triduo pascual. La Pascua es la fiesta principal del a�o lit�rgico,
porque en ella celebramos el acontecimiento central de nuestra fe: la pasi�n,
muerte y resurrecci�n de Cristo, origen de nuestra salvaci�n. Por eso, en
la Pascua renovaremos nuestro
compromiso bautismal de lucha contra el mal y pecado, para resucitar con Cristo
a una vida de mayor fidelidad al evangelio.
DOMINGO DE RAMOS
La celebraci�n gozosa de este domingo, que conmemora la
entrada de Jes�s a Jerusal�n, marca igualmente el ingreso solemne a la Semana Santa, asociando dos momentos contrastantes:
la aclamaci�n gozosa de los ni�os y de los pobres, ��Hosanna al Hijo de
David!�, con el grito de la multitud, ��crucif�calo!�, de la lectura de
la Pasi�n; se une la entrada triunfal de
Cristo a la ciudad santa con su aparente derrota en la cruz. Como una gran
overtura musical, el Domingo de Ramos nos permite anticipar y meditar todos
los temas que se desarrollar�n en el Triduo Sacro.
Jes�s al entrar en Jerusal�n cabalgando sobre un borrico,
cumple las expectativas mesi�nicas veterotestamentarias, sobre todo la profec�a
de Zacar�as, que invita desde el Primer Testamento a Jerusal�n a acoger al
Rey-Mes�as manso y humilde de coraz�n: �Regoc�jate, Jerusal�n: tu rey viene
a ti, justo y victorioso, pero montado en un burro�� (Zac 9,9). Al acoger
a Jes�s, Jerusal�n recuerda gozosa al rey David, pero ella es tambi�n la ciudad
donde muchos profetas fueron martirizados y asesinados por anunciar la
Palabra de Dios. Una ciudad contrastante, que pese a llevar en su nombre el
signo de la paz, en el transcurso de la historia ha soportado violencia, guerra
y deportaci�n.
Nosotros acogemos con fe a Cristo, reconociendo en �l al
Hijo de Dios, al Mes�as-Rey, manso y humilde de coraz�n, que sin dejarse seducir
del poder y la ambici�n, viene a prestarnos el servicio de nuestra reconciliaci�n,
ofreciendo su vida en la cruz para rescatarnos de la muerte y hacernos hijos
adoptivos de Dios. Los c�nticos del Siervo de Yahv� del DeuteroIsa�as, especialmente
Is 52,13�-53,12, nos permiten captar el alcance de la misi�n que realiza Jes�s:
como Cordero inocente, siervo del Padre y servidor de los hombres, obediente
hasta la muerte de cruz, se entrega por nuestra liberaci�n y nos reconcilia
con Dios. �l es el verdadero Cordero que quita el pecado del mundo.
El Triduo Pascual
Es la celebraci�n anual del Misterio Pascual de Cristo,
su pasi�n, muerte y resurrecci�n. Comienza con la cena vespertina en la
Cena del Se�or, tiene su centro en la Vigilia Pascual
y acaba con las v�speras del Domingo de Resurrecci�n. Este esquema nos permite
hacer memoria m�s detalladamente de los �ltimos momentos de la vida del Se�or
y vivirlos m�s en profundidad. Observ�moslos m�s en detalle:
Jueves Santo: La �ltima Cena
Estrictamente, el Jueves Santo no forma parte del Triduo
pascual; es el �ltimo d�a de la Cuaresma. La celebraci�n de la Eucarist�a de la Cena del Se�or nos introduce en el misterio de
amor que se vivir� en el Triduo. En ella, Jes�s instituye la Eucarist�a, memorial de su muerte
y resurrecci�n, instituye el sacerdocio y nos da el mandamiento del amor,
se�al de identificaci�n de los cristianos. La dimensi�n pascual que reviste
esta celebraci�n le viene dada por el sentido propio de la Eucarist�a, gesto prof�tico que
anticipa su entrega, y forma un todo con la cruz y la resurrecci�n. La liturgia
de la Palabra une el recuerdo
de la pascua de Israel (Ex 12,1-8.11-14), el de la instituci�n de la Eucarist�a (1Cor 11,23-26) y el gesto del servicio al principio de
la Cena, cuando comienza la
etapa final de su camino hacia el Padre y Jes�s va a dar el supremo testimonio
de amor (Jn 13,1-15). El lavatorio de los pies resume la actitud de servicio
y donaci�n de Jes�s como ejemplo para nosotros. No obstante, el aut�ntico
memorial de servicio y entrega es la Eucarist�a misma, que recuerda y
actualiza el momento en que Jes�s se entrega en forma de pan y vino, y se
convierte en el Sumo Sacerdote de la nueva alianza. Es una noche maravillosa
para contemplar en recogimiento y adoraci�n el regalo de la Eucarist�a. A ello no ayuda el
�tour� de visitar monumentos, que distrae, dispersa y no favorece el recogimiento
ni la oraci�n. Ser�a much�simo mejor aprovechar el tiempo haciendo una hora
santa junto al monumento de su parroquia, donde est� presente Cristo Eucarist�a.
La finalidad de esta noche no es convertirnos en jurados calificadores de
monumentos.
Viernes Santo: la pasi�n del Se�or
El Viernes Santo es el primer d�a del Triduo y se concentra
en la meditaci�n y contemplaci�n. El momento culmen es la celebraci�n vespertina
de la Pasi�n del Se�or.
Esta celebraci�n discurre en torno a cuatro momentos que de forma sobria acumulan
gestos y tradiciones referidas al misterio de la
Pasi�n y Muerte del Se�or.
El primero momento es la Liturgia de la Palabra. Los textos muestran a distintos
personajes: el profeta (Is 52,13-53,12) que anuncia la pasi�n del siervo;
el salmista (Sal 30) con la oraci�n del justo perseguido; el te�logo (Heb
4,14-16; 5,7-9), que presenta al Hijo, sacerdote obediente; y el evangelista
(Jn 18,1-19,42) con el majestuoso relato de la Pasi�n.
El segundo momento lo componen las oraciones de intercesi�n.
Son diez oraciones solemnes en las que la Iglesia actualiza la oraci�n de Cristo por
todos desde la cruz.
El tercer momento, herencia de la Iglesia de Jerusal�n, es el rito de la adoraci�n
de la cruz. En este rito se ofrece a besar el crucifijo mientras se anticipa
la resurrecci�n.
El cuarto y �ltimo momento es el de la comuni�n. Aunque
este d�a no hay eucarist�a, los fieles participan de la comuni�n con las reservas
de la Eucarist�a del jueves. Nos unimos as� a Cristo para acompa�arlo en
el momento m�s dif�cil de su pasi�n y su muerte. Este viernes, toda la acci�n
lit�rgica, con su sobriedad, es una apoteosis de la Pasi�n del Se�or, celebrada en los signos
de la Palabra, la oraci�n,
la cruz y la eucarist�a.
S�bado Santo: la espera
El S�bado Santo es el segundo d�a del Triduo. La
Iglesia permanece junto al sepulcro del Se�or meditando su pasi�n y su Muerte.
Es un d�a de espera y silencio. Es un d�a sobrio en el que Mar�a se nos ofrece
como modelo de silencio y soledad que espera confiada la resurrecci�n de su
hijo. Esta espera confiada es lo que da sentido a este d�a alit�rgico
y que desembocar� en la alegr�a incontenible de la Vigilia Pascual
Domingo de Resurrecci�n: la Vigilia Pascual
Es el tercer d�a del Triduo Pascual y el primero de la cincuentena
pascual. El momento fundamental es la Vigilia Pascual. Esta concentra los mejores s�mbolos lit�rgicos
ricos en expresividad, que proclaman la presencia del Resucitado. Est� dividida
en 4 momentos que van haciendo presente, con distintos elementos, la resurrecci�n
de Jes�s.
Liturgia de la luz
Esta primer parte, cargada de simbolismos, noche y oscuridad,
fuego, cirio pascual, luz que se abre paso en medio de las tinieblas, es el
rito del lucernario. La procesi�n inicial representa al pueblo guiado por
la luz de Cristo que, como nueva columna de fuego, surge de la oscuridad para
guiar al nuevo pueblo. Cristo es quien da sentido a toda esta simbolog�a con
su resurrecci�n y recreaci�n de la vida. En el Preg�n Pascual proclamamos
la gran alegr�a de la resurrecci�n y la incorporaci�n en Cristo, de toda la
humanidad redimida por �l.
Liturgia de la
Palabra
Esta segunda parte gira en torno a las lecturas, que presentan
la historia en clave de salvaci�n: creaci�n, llamada y sacrificio de Abraham,
el paso del Mar Rojo, el desierto, la alianza con Yahv�, y la promesa de una
nueva alianza. Cada lectura est� acompa�ada de un salmo y una oraci�n. En
este recorrido de la historia, el canto solemne del Gloria sirve de puente
entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, proclamando la resurrecci�n de Cristo
como centro de la historia. La lectura de la carta a los Romanos con las dem�s
lecturas proclaman la resurrecci�n de Jes�s concluyendo esta parte.
Liturgia bautismal
Despu�s de la liturgia de la Palabra, vienen los elementos fundamentales
del rito del Bautismo. Si hay alg�n catec�meno, se celebra su incorporaci�n
a Cristo y a la Iglesia. Los participantes se unen renovando las promesas bautismales
con las renuncias, la profesi�n de fe y la aspersi�n del agua bendita en memoria
del propio bautismo.
Liturgia eucar�stica
La �ltima parte es el culmen de la celebraci�n de la Vigilia Pascual. El resucitado se incorpora
a la Iglesia aliment�ndola
con la Eucarist�a, signo eficaz de su presencia
resucitada en el mundo y en la historia. Mediante la comuni�n participamos
de la resurrecci�n de Cristo, y manifestamos la fe en nuestra propia resurrecci�n.
El domingo y toda la cincuentena pascual son prolongaci�n gozosa de este Triduo
que extiende la alegr�a pascual hasta Pentecost�s.�