El agua
En la Biblia hay varios signos para
describir al Esp�ritu Santo. El viento, el agua y el fuego son los
m�s comunes. El agua es el signo del Esp�ritu que purifica: �Os rociar�
con agua pura y quedar�is purificados; de todas vuestras impurezas
y de todas vuestras basuras os purificar� (Ez 36,25), pero tambi�n
es signo del Esp�ritu que devuelve a la vida: �Derramar� agua sobre
el sediento suelo, raudales sobre la tierra seca� y luego a�ade la
met�fora: �Derramar� mi Esp�ritu sobre tu linaje. Mi bendici�n sobre
cuanto de ti nazca� (Is 44,3; cf. Is 5,6). �Suceder� aquel d�a que
saldr�n de Jerusal�n aguas vivas� (Zac 14,8). Y completa la imagen
Ezequiel, �esta agua sale hacia la regi�n oriental, baja a la Arab�,
desemboca en el mar, en el agua hedionda, y el agua queda saneada.
Por dondequiera que pase el torrente, todo ser viviente que en �l
se mueva, vivir�. Los peces ser�n muy abundantes, porque all� donde
penetra esta agua lo sanea todo, y la vida prospera en todas partes
adonde llega el torrente� (Ez 47,8-9). Son much�simas las citas y
no podemos escribirlas todas en este breve espacio. De todos modos
hay que recordar tambi�n que el agua da la vida, pero tambi�n puede
quitarla. Pensemos en el episodio del diluvio (Gn 6). La gente en
tiempos de Jes�s ten�a muy presente el significado de la imagen del
agua, ya que desde antiguo la tradici�n sobre el agua era muy rica.
Recordemos el di�logo de Jes�s con Nicodemo: �en verdad te digo: el
que no nazca de agua y de Esp�ritu no puede entrar en el Reino de
Dios� (Jn 3,5); tambi�n es clave el pasaje del di�logo con la Samaritana
�el que beba del agua que yo le dar� no tendr� m�s sed� (Jn 4,7-14).
El agua era y sigue siendo el s�mbolo de Dios que purifica, que da
la vida, que hace renacer y a veces tambi�n hace perecer a los imp�os.
El fuego
Es otra de las im�genes importantes
del Esp�ritu, porque es uno de los s�mbolos preferidos para expresar
el ser y el obrar de Dios. Es muy conocido el fragmento en que Yahv�
habla a Mois�s desde la zarza ardiente (Ex 3,2). Conocemos tambi�n
el pasaje en que se habla de Dios presente bajo forma de columna de
fuego: �El Se�or iba delante de ellos, de d�a en una columna de nube
para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para
alumbrarlos, a fin de que anduvieran de d�a y de noche. No quit� de
delante del pueblo la columna de nube durante el d�a, ni la columna
de fuego durante la noche.� (Ex 13,21-22). Es una bell�sima imagen
en la que se resalta claramente que Dios y el pueblo caminan juntos,
y que el Se�or siempre est� presente. La interpretaci�n cristiana
siempre ha visto una clara alusi�n al Esp�ritu de Dios. Tambi�n en
Ezequiel encontramos una imagen muy significativa: �Mir�, y he aqu�
que un viento huracanado ven�a del norte, una gran nube con fuego
fulgurante y un resplandor a su alrededor, y en su centro, algo como
metal refulgente en medio del fuego.� (Ez 1,4). En Dn 7,10 encontramos:
�Un r�o de fuego corr�a, saliendo de delante de �l.�
Dios purifica de la impureza a sus profetas con el fuego (cf Is 6).
De fuego son tambi�n los serafines que est�n en la presencia de Dios
como miembros de su corte y arden (seraf�n deriva del verbo
hebreo �saraf� que significa quemar. Los serafines son seres
de fuego y bien extra�os adem�s: tres pares de alas, manos, pies,
cuerpo de serpiente... nada que ver con la imagen del angelito de
cachetes rosados y gordos). El fuego que brota del trono (Dn 7,10)
o la columna de fuego y humo son signos visibles, casi como �intermediaros�
de la presencia y del actuar de Dios, que nadie puede ver y con quien
nadie puede hablar directamente. Como el agua, tambi�n el fuego puede
purificar, destruir, y puede representar hasta la ira divina: �'Haced
justicia cada ma�ana, y librad al despojado de manos de su opresor,
no sea que salga como fuego mi furor, y arda y no haya quien lo
apague, a causa de la maldad de vuestras obras.� (Jer 21,12),
representar tambi�n su furor (Sal 18,8) y su c�lera (Dt 32,22).
No hay que interpretar estos pasajes
en sentido pante�sta, es decir, como si afirmaran que Dios est� en
el agua y en el fuego. Se trata s�lo de im�genes, que ciertamente
son comunes en todo el Pr�ximo Oriente Antiguo y que indican la presencia
y la acci�n de Dios en circunstancias precisas.
En la pr�xima entrega hablaremos
de otros s�mbolos referentes al Esp�ritu Santo: la nube, la mano y
sobre todo el viento.