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Temas para la catequesis

SEMINARIO MAYOR DE SAN JOS�

LABORATORIOS DE PASTORAL URBANA

CAJA DE HERRAMIENTAS

Con el fin de colaborar con los coordinadores de los laboratorios en la planeaci�n y realizaci�n de los encuentros locales, les hacemos llegar la “caja de herramientas” a utilizar. Dentro de esta “caja de herramientas” se hallan:

�        las gu�as para las consultas previas y complementarias a cada encuentro local

�        las pautas para el desarrollo de los encuentros locales

�        un elenco de materiales [1]

1.��� Gu�as y pautas

Primer encuentro local: �C�mo hacer cristianos hoy en Bogot�?

Gu�a para la consulta previa 1

Se trata de establecer una conversaci�n con cinco personas en torno a la pregunta �C�mo hacer cristianos hoy en Bogot�? En dicha conversaci�n sugerimos problematizar la pregunta directriz planteando algunas de estas otras preguntas:

�        �Qu� sensaci�n le da esta pregunta?

�        �Es o no importante hacernos esta pregunta? �Por qu�?

�        �Esta pregunta tiene alg�n tipo de incidencia en su vida personal y familiar?

�        �Esta pregunta tiene alg�n tipo de incidencia en la vida cotidiana de los habitantes de la ciudad?

�        �Esta pregunta tiene alg�n tipo de incidencia en la pastoral de la Iglesia en Bogot�? �Cu�l?

�        �Usted plantear�a la pregunta de otra forma? �Por qu�?

Despu�s de la consulta previa, el participante recoger� los resultados seg�n las �siguientes cuestiones:

�        �Qu� me impact� en la conversaci�n con las personas consultadas?

�        �Qu� aspectos comunes aparecieron? �Qu� otros diferentes?

�        �Qu� nuevas preguntas surgieron?

Pauta para el encuentro local 1

El coordinador del laboratorio tendr� cuidado de seguir, en la organizaci�n y realizaci�n del encuentro, los siguientes momentos: escucha, discernimiento, respuesta.

Escucha

Se trata de que cada participante identifique y comparta aquello que le suscit� �la pregunta �c�mo ser cristianos hoy en Bogot�? Luego pone en com�n lo recogido en la consulta previa a este primer encuentro.

Discernimiento

Consiste en preguntarse y responder:

�        �Qu� piensa Dios de lo identificado en la consulta y en la puesta en com�n?

�        �Qu� est� diciendo all� Dios a su Iglesia?

Respuesta

El grupo explicita:

�        �Qu� giros o� conversiones estamos llamados a realizar para� responder a la pregunta sobre� c�mo hacer cristianos hoy en Bogot�?

�        �Qu� horizontes se abren para pensar c�mo hacer cristianos hoy en Bogot�?

Gu�a para la consulta complementaria 1

El participante vuelve a encontrar a las personas antes� consultadas para continuar la conversaci�n con ellas, pero esta vez en torno a la reflexi�n ganada en el encuentro local. Luego cada participante pondr� por escrito sus inferencias personales sobre este primer� encuentro acerca de la pregunta �c�mo hacer cristianos hoy en Bogot�?

Segundo encuentro local: �C�mo descubrir a Dios presente en la ciudad?

Gu�a para la consulta previa 2

Cada participante vuelve nuevamente a conversar con las personas antes consultadas en torno a las siguientes cuestiones:

�        �Qu� sensaci�n le produce esta nueva pregunta?

�        �Esta pregunta posee alg�n tipo de incidencia en la pastoral de la Iglesia en Bogot�? �Cu�l?

�        �Cu�les huellas de la presencia de Dios descubre usted en la vida cotidiana de la ciudad?

�        �Qu� situaciones de la ciudad pueden estar ocultando la presencia de Dios?

�        �C�mo la reflexi�n en torno a la presencia de Dios en la ciudad le permite pensar c�mo hacer cristianos hoy en Bogot�?

Luego recoger� los resultados alrededor de las siguientes interrogantes:

�        �Qu� me impact� en la conversaci�n con las personas consultadas?

�        �Qu� aspectos comunes aparecieron? �Qu� otros diferentes?

�        �Qu� nuevas preguntas surgieron?

Pauta para el encuentro local 2

Se desarrollar� seg�n los momentos del escuchar, discernir y responder.

Escucha

Cada participante identifica �y comparte aquello que le suscit� �la pregunta �c�mo descubrir a Dios presente en la ciudad? En un segundo momento se pone en com�n lo recogido en la consulta previa a este segundo encuentro.

Discernimiento

Consiste en preguntarse y responder

�        �Qu� piensa Dios de lo identificado tanto en la consulta� como �en la puesta en com�n?

�        �Qu� est� diciendo Dios a su Iglesia?

Respuesta

Se vuelven a explicitar

�        �Qu� giros o� conversiones estamos llamados a realizar para� responder a la pregunta sobre c�mo descubrir a Dios en la ciudad?

�        �Qu� nuevos� horizontes se abren para pensar c�mo hacer cristianos hoy en Bogot�?

Gu�a para la consulta complementaria 2

Se trata de volver a encontrar a las personas consultadas para continuar la conversaci�n con ellas, pero esta vez en torno a la reflexi�n ganada en el segundo encuentro local. Posteriormente cada participante pondr� por escrito sus inferencias personales sobre este segundo encuentro y la pregunta directriz �c�mo hacer cristianos hoy en Bogot�?

Tercer encuentro local: �C�mo arraigarnos en Jesucristo?

Gu�a para la consulta previa 3

Cada participante da continuidad a la conversaci�n con las personas que ha consultado:

�        �Qu� sensaci�n le da esta tercera pregunta?

�        �Esta pregunta tiene alg�n tipo de incidencia en la pastoral de la Iglesia en Bogot�? �Cu�l?

�        �Cu�les son las experiencias que lo unen m�s a Cristo en la ciudad?

�        �Cu�les son los obst�culos que impiden arraigarnos en Cristo en Bogot�?

Luego recoge los resultados alrededor de las cuestiones:

�        �Qu� me impact� en la conversaci�n con las personas consultadas?

�        �Qu� aspectos comunes aparecieron? �Qu� otros diferentes?

�        �Qu� nuevas preguntas surgieron?

Pauta para el encuentro local 3

Se desarrolla seg�n los momentos del escuchar, discernir y responder.

Escucha

Cada participante identifica y comparte aquello que le suscit� la pregunta �c�mo arraigarse en Jesucristo en Bogot�? En un segundo momento se pone en com�n lo recogido en la consulta previa a este� tercer encuentro.

Discernimiento

Consiste en preguntarse y responder:

�        �Qu� piensa Dios de lo identificado tanto en la consulta� como� en la puesta en com�n?

�        �Qu� est� diciendo Dios a su Iglesia?

Respuesta

Se vuelven a explicitar:

�        �Qu� giros o� conversiones estamos llamados a realizar para� responder a la pregunta sobre c�mo arraigarnos en Jesucristo en Bogot�?

�        �Qu� nuevos� horizontes se abren para pensar el c�mo hacer cristianos hoy en Bogot�?

Gu�a para la consulta complementaria 3

Se vuelven a encontrar a las personas antes consultadas para continuar la conversaci�n con ellas, en torno a la reflexi�n ganada en el tercer encuentro local.

Posteriormente cada participante pondr� por escrito sus inferencias personales sobre este segundo encuentro y sobre la pregunta directriz �c�mo hacer cristianos hoy en Bogot�?

Cuarto encuentro local: �C�mo construir comunidad cristina en Bogot�?

Gu�a para la consulta previa 4

Nuevamente cada participante conversa con las personas que ha venido consultando.

�        �Qu� sensaci�n le da esta cuarta pregunta?

�        �Esta pregunta tiene alg�n tipo de incidencia en la pastoral de la Iglesia en Bogot�? �Cu�l?

�        �Qu� experiencias lo han hecho sentir parte de la comunidad cristiana en Bogot�?

�        �Qu� experiencias lo ha hecho sentir no parte de la comunidad cristiana en Bogot�?

�        �Qu� papel juega la comunidad cristiana en el proceso de hacer cristianos en Bogot�?

Luego recoge los resultados alrededor de las cuestiones:

�        �Qu� me impact� en la conversaci�n con las personas consultadas?

�        �Qu� aspectos comunes aparecieron? �Qu� otros diferentes?

�        �Qu� nuevas preguntas surgieron?

Pauta para el encuentro local 4

Se desarrolla seg�n los momentos del escuchar, discernir y responder.

Escucha

Cada participante identifica� y comparte aquello que le suscit� la pregunta� sobre �c�mo construir comunidades cristianas �en Bogot�? En un segundo momento se pone en com�n lo recogido en la consulta previa a este� cuarto encuentro.

Discernimiento

Consiste en preguntarse y responder

�        �Qu� piensa Dios de lo identificado tanto en la consulta� como� en la puesta en com�n?

�        ��Qu� est� diciendo Dios a su Iglesia?

Respuesta

Se vuelven a explicitar

�        �Qu� giros o� conversiones estamos llamados a realizar para� responder a la pregunta sobre el� c�mo descubrir a Dios en la ciudad?

�        �Qu� nuevos� horizontes se abren para pensar el c�mo hacer cristianos hoy en Bogot�?

Gu�a para la consulta complementaria 4

Se vuelven a encontrar a las personas antes consultadas para continuar la conversaci�n con ellas, en torno a la reflexi�n ganada en el tercer encuentro local.

Posteriormente cada participante pondr� por escrito sus inferencias personales sobre este segundo encuentro y sobre la pregunta directriz �c�mo hacer cristianos hoy en Bogot�?

2. Elenco de materiales

2.1. Acerca de la pedagog�a de Jes�s

Videos

�        La lengua de las mariposas

�        Ser y tener

�        Los coristas

Textos de estudio

Mario PERESSON, La pedagog�a de Jes�s: Maestro carism�tico popular, Bogot�, Kimpres, 2004, 247-381.

Testimonio

FILOSOF�A

Antes de comprometerse a ser disc�pulo, el visitante quiso obtener del maestro alguna garant�a:

��Puedes decirme cu�l es el fin de la vida humana?�

�No, no puedo�

��O al menos su sentido?�

�Tampoco puedo�

��Y no podr�a indicarme cu�l es la naturaleza de la muerte y c�mo es la vida m�s all� de ella?�

�Tampoco�

El visitante se march� decepcionado y los disc�pulos quedaron consternados por la pobre impresi�n que hab�a dado su Maestro.

Pero el Maestro, en tono consolador, les dijo: “�De qu� vale comprender la naturaleza y el sentido de la vida si �sta nunca ha sido degustada?� Es mejor comer el pastel que formular teor�as acerca de �l”

Tomado Anthony DE MELLO, S.J., �Qui�n puede hacer que amanezca?, Santander, Sal Terrae, 1987

2.2. Acerca de las huellas de Dios en la ciudad

Videos

�        Crash

�        Invasiones b�rbaras

�        Babel

�        El santo de Fort Washington

�        Undergrown

�        Belleza

�        La ca�da del imperio Americano

Textos de estudio

Juan Mart�n VELASCO, La experiencia cristiana de Dios, Madrid, Trotta, 2001, 19-85.

Juan A. GUERRERO ALVES, Encontrar a Dios en una sociedad individualista, en �Sal Terrae�� 91/4(2003), 283-296

Pedro Jos� GOMEZ SERRANO, Encontrar a Dios en una sociedad consumista, �Sal Terrae�� 91/4(2003)

Javier MART�NEZ CORT�S, Buscar a Dios en una sociedad competitiva, �Sal Terrae�� 91/4(2003)

Testimonio

�Oraci�n al Dios Desconocido� [2]

�Antes de proseguir en mi camino y mirar una vez m�s hacia delante,

quiero tan s�lo alzar mis manos hacia Ti, de quien intento huir.

A Ti, desde lo m�s hondo de mi coraz�n, he erigido altares festivos

para que en cada momen�to Tu voz pudiera llamarme.

Sobre esos altares est�n grabadas a fuego estas palabras: �Al Dios desconocido�.

Suyo soy, aunque hasta ahora me haya aso�ciado a los sacr�legos.

Suyo soy, a pesar de los lazos que me llevan al abismo.

Aun pretendiendo huir, me siento obligado a servirlo.

Quiero conocerte, oh desconocido.

A Ti, que penetras mi alma e invades cual tor�bellino mi vida.

A Ti solo, oh incomprensible pero mi semejan�te, quiero conocerte, quiero servirte”.

FRIEDRICH NIETZSCHE

2.3.� Acerca del arraigo en Jesucristo en la ciudad

Videos

�        Pedro y Pablo

�        El revolucionario

Textos de estudio

Gabino UR�BARRI, Tres cristianismos insuficientes: emocional, �tico y de autorrealizaci�n, en �Sal Terrae�� 91/4(2003) 269-282.

Leonardo BOFF, C�mo emerge Dios en la andadura personal, en IDEM, Experimentar a Dios. La transparencia de todas las cosas, Santander, Sal Terrae, 2003, 93-106.�

Leonardo BOFF, La experiencia cristiana de Dios, en IDEM, Experimentar a Dios. La transparencia de todas las cosas, Santander, Sal Terrae, 2003, 109-142.

Juan Mart�n VELASCO, La transmisi�n de la fe en la sociedad contempor�nea, Santander, Sal Terrae, 83-142.

Jos� Mar�a MARDON�S, Nuevos contextos de evangelizaci�n, en Felisa ELIZONDO y Otros, Evangelizar esa es la cuesti�n, Madrid, PPC, 2006, 31-57.

Donaciano MART�NEZ y otros, Proponer la fe hoy. De lo heredado a lo propuesto, Santander, Sal Terrae, 2005, 10-34.

Testimonio

Los cinco defectos de Jes�s

Primer defecto: Jes�s no tiene buena memoria

■ En la cruz, durante su agon�a, Jes�s oy� la voz del ladr�n a su derecha: �Jes�s, acu�rdate de m� cuando vengas con tu Reino�. Si hubiera sido yo, le habr�a contestado: �No te olvidar�, pero tus cr�menes tienen que ser expiados, al menos, con 20 a�os de purgatorio�. Sin embargo Jes�s le responde: �Te aseguro que hoy estar�s conmigo en el para�so�. �l olvida todos los pecados de aquel hombre.

■ La par�bola del hijo pr�digo nos cuenta que �ste, de vuelta a la casa paterna, prepara en su coraz�n lo que dir�: �Padre, pequ� contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, tr�tame como a uno de tus jornaleros�. Pero cuando el padre lo ve llegar de lejos, ya lo ha olvidado todo; corre a su encuentro, lo abraza, no le deja tiempo para pronunciar su discurso, y dice a los siervos, que est�n desconcertados: �Traed el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en la mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo m�o hab�a muerto y ha vuelto a la vida; se hab�a perdido y ha sido hallado�.

}Jes�s no tiene una memoria como la m�a; no s�lo perdona, y perdona a todos, sino que incluso olvida que ha perdonado.

Segundo defecto: Jes�s no sabe matem�ticas

Si Jes�s hubiera hecho un examen de matem�ticas, quiz� lo hubieran suspendido.

■ La par�bola de la oveja perdida lo demuestra. Un pastor ten�a cien ovejas. Una de ellas se descarr�a, y �l, inmediatamente, va a buscarla dejando las otras noventa y nueve en el redil. Cuando la encuentra, carga a la pobre criatura sobre sus hombros.

} Para Jes�s, uno equivale a noventa y nueve, �y quiz� incluso m�s! �Qui�n aceptar�a esto? Cuando se trata de salvar una oveja descarriada, Jes�s no se deja desanimar por ning�n riesgo, por ning�n esfuerzo.

Tercer defecto: Jes�s no sabe de l�gica

■ Una mujer que tiene diez dracmas pierde una. Entonces enciende la l�mpara para buscarla. Cuando la encuentra, llama a sus vecinas y les dice: �Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que hab�a perdido�. �Es realmente il�gico molestar a sus amigas s�lo por una dracma! �Y luego hacer una fiesta para celebrar el hallazgo! Y adem�s, al invitar a sus amigas �gasta m�s de una dracma! Ni diez dracmas ser�an suficientes para cubrir los gastos...

} Jes�s, como conclusi�n de aquella par�bola, desvela la extra�a l�gica de su coraz�n: �Os digo que, del mismo modo, hay alegr�a entre los �ngeles de Dios por un solo pecador que se convierta�.

Cuarto defecto: Jes�s es un aventurero

El responsable de publicidad de una compa��a o el que se presenta como candidato a las elecciones prepara un programa detallado, con muchas promesas. Nada semejante en Jes�s. Su propaganda, si se juzga con ojos humanos, est� destinada al fracaso.

■ Procesos y persecuciones es lo que �l promete a quien lo sigue. A sus disc�pulos, que lo han dejado todo por �l, no les asegura ni la comida ni el alojamiento, sino s�lo compartir su mismo modo de vida. A un escriba deseoso de unirse a los suyos, le responde: �Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza�.

■ El pasaje evang�lico de las bienaventuranzas, verdadero �autorretrato� de Jes�s, aventurero del amor del Padre y de los hermanos, es de principio a fin una paradoja, aunque estemos acostumbrados a escucharlo: �Bienaventurados los pobres de esp�ritu..., bienaventurados los que lloran..., bienaventurados los perseguidos por la justicia..., bienaventurados ser�is cuando os injurien y os persigan por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa ser� grande en los cielos�.

} Pero los disc�pulos confiaban en aquel aventurero. Desde hace dos mil a�os y hasta el fin del mundo no se agota el grupo de los que han seguido a Jes�s. Basta mirar a los santos de todos los tiempos. Muchos de ellos forman parte de aquella bendita asociaci�n de aventureros. �Sin direcci�n, sin tel�fono, sin fax...!

Quinto defecto: Jes�s no entiende ni de finanzas ni de econom�a

■ Recordemos la par�bola de los obreros de la vi�a: �El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que sali� a primera hora de la ma�ana a contratar obreros para su vi�a. Sali� luego hacia las nueve y hacia mediod�a y hacia las tres y hacia las cinco..., y los envi� a sus vi�a�. Al atardecer, empezando por los �ltimos y acabando por los primeros, pag� un denario a cada uno.

} Si Jes�s fuera nombrado director de empresa o administrador de una comunidad, esas instituciones quebrar�an e ir�an a la bancarrota: �c�mo es posible pagar a quien empieza a trabajar a las cinco de la tarde un salario igual al de quien trabaja desde el alba? �Se trata de un despiste, o Jes�s ha hecho mal las cuentas? �No! Lo hace a prop�sito, porque -explica-: ��Es que no puedo hacer con lo m�o lo que quiero? �O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?�.

�Por qu� Jes�s tiene estos defectos? Porque es Amor. El amor aut�ntico no razona, no mide, no levanta barreras, no calcula, no recuerda las ofensas y no pone condiciones. Y nosotros hemos cre�do en el amor.

Tomado de los ejercicios espirituales de Monse�or Van Thuan

2.4.� Acerca de la construcci�n de comunidades cristianas en la ciudad

Videos

�        La comunidad

�        El crimen perfecto

�        La pobreza y la riqueza

�        Diario de un esc�ndalo

�        Casamiento inolvidable

�        Barrio

Textos de estudio

Edgard SCHILLEBEECKX, El itinerario vital de Jes�s� confesado como Cristo, en IDEM, Los hombres relatos de Dios, Salamanca, S�gueme, 1995, 179-215.

Gerhard LOHFINK, La iglesia que Jes�s quer�a. Dimensi�n comunitaria de la fe cristiana, Bilbao, Descle� De Brouwer, 41986.

Andrew DAVEY, Contar de nuevo la historia de Jes�s y vivirla en un mundo urbano, en IDEM, Cristianismo urbano y globalizaci�n. Recursos teol�gicos par un futuro urbano, Santander, Sal Terrae, 2003, 115-130.

����, Pautas y modelos para una iglesia en un mundo urbano, en IDEM, Cristianismo urbano y globalizaci�n. Recursos teol�gicos par un futuro urbano, Santander, Sal Terrae, 2003, 131-183.

Testimonio

El caso del padre Gadget: alaba al Se�or y p�same el transformador de corriente

Durante un viaje en avi�n que realic� recientemente, me sent� cer�ca de un sacerdote que, en cuanto alcanzamos la altitud de crucero, sa�c� un port�til de la maleta, una minigrabadora y una agenda electr�ni�ca. Se enchuf� a todos esos variados aparatos, los conect� y empez� a trasladar informaci�n de uno al otro.

Cuando el avi�n se preparaba para la llegada, el padre Gadget em�pez� a apagar y guardar todos esos aparatos de alta tecnolog�a. De re�pente, se sinti� contrariado porque no pod�a localizar un accesorio de uno de los aparatos. Rebusc� por los bolsillos, registr� la maleta, mi�r� alrededor y debajo de su asiento, pero nada. Entonces revolvi� el compartimiento de equipaje de mano correspondiente a mi fila de asientos, donde hab�a guardado al principio su malet�n. Nada de nada. Convencido de que su artilugio se encontraba en alg�n lugar por all� cerca, pregunt� si hab�a ca�do debajo del asiento del se�or Jones, un hombrecillo delgado y con bast�n que se sentaba a mi lado.

Deseoso de ayudar al sacerdote, el se�or Jones se levant� con difi�cultad de su asiento, ayudado por la se�ora Jones y una azafata, lo cual le provoc� a todas luces gran incomodidad y dolor. En la conversaci�n que hab�a mantenido con esa amable pareja antes, durante el vuelo, su�pe que el se�or Jones se dirig�a a un centro oncol�gico. Los tumores y las met�stasis le provocaban dolor incluso cuando estaba sentado en el avi�n. Despu�s de muchas pruebas m�dicas, pron�sticos desastrosos y peticiones desesperadas para probar nuevos medicamentos en expe�rimentos cl�nicos que hab�an sido denegadas, finalmente hab�a conse�guido que lo aceptaran en una investigaci�n que se llevaba a cabo en la Costa Este. La se�ora Jones me explic� que �sa era su �ltima esperan�za de curaci�n.

El padre Gadget parec�a totalmente indiferente a la debilidad y su�frimiento del se�or Jones, tan concentrado se encontraba en localizar su artilugio electr�nico. Despu�s de buscar infructuosamente el apara�to debajo de su asiento, el se�or Jones volvi� a sentarse, de nuevo con ayuda y de nuevo con dolor e incomodidad. Cuando el avi�n se detuvo, el padre Gadget fue uno de los primeros en salir. Acarreando su equipa�je de alta tecnolog�a (al que ahora le faltaba un artilugio) y hablando por el m�vil, recorri� el pasillo del avi�n a empujones sin dirigir ni una pa�labra al se�or y la se�ora Jones.

Era la tecnolog�a de la informaci�n quien dirig�a al padre Gadget, y no al rev�s. Las m�quinas se interpon�an en el camino de su humanidad, sobre todo en su conciencia del sufrimiento humano que ten�a ante s�. Los artilugios tambi�n lo cegaban hasta el punto de causar al se�or Jo�nes un sufrimiento adicional. Es obvio que nunca intent� descubrir por qu� el se�or Jones se encontraba en ese evidente estado de incomodi�dad desde el principio. Parece un comportamiento extra�o en un sa�cerdote. Si las m�quinas pueden provocar esto en un cl�rigo, imagine�mos qu� pueden provocar a gente como nosotros, que no hemos hecho votos y que tampoco hemos rezado mucho.

Tomado Lou MARINOFF, Preg�ntale a Plat�n. C�mo la filosof�a puede cambiar la vida, Buenos Aires, Sine Qua non, 2003, 249-250.



[1] Estos materiales est�n organizados en torno a tres categor�as: videos, textos y testimonios. Los videos podr�an ayudar a contextualizar la pregunta considerada en cada encuentro; los textos permiten abordar la pregunta desde una perspectiva m�s acad�mica y los testimonios a ilustrarla desde la vida cotidiana. Tanto las pel�culas como los textos y testimonios pueden ser suministrados por la organizaci�n central en el Seminario.

[2] Bell�sima oraci�n del desesperado fil�sofo alem�n que anunci� la muerte de Dios e hizo la m�s virulenta cr�tica del cristianismo; pero la hizo a partir de una experiencia radical del Dios vivo. Cuando �l anuncia la muerte de Dios, habla del Dios que tiene que morir igual que nosotros, por�que es el Dios de nuestras mentes, el Dios inven�tado, el Dios de la metaf�sica, el Dios que no es vivo.

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