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CARTA PASTORAL SOBRE LAS VOCACIONES SACERDOTALES
 
ARQUIDI�CESIS DE BOGOT�

"Hay diversidad de Carismas pero un solo Esp�ritu" (1 Corintios 12,4)"

Querida Comunidad Arquidiocesana de Bogot�, muy estimados sacerdotes:

La Palabra de Dios nos descubre que la vocaci�n, es llamado del Se�or, a participar de su vida en el bautismo y de manera especial, seguirlo y configurarse con �l como sacerdote.

"Venid y lo "ver�is" (Jn 1,39). En estas palabras de Jes�s encontramos el significado de la "vocaci�n". Esta p�gina del Evangelio invita a seguirlo en las distintas vocaciones como son: la familia, los oficios y distintas profesiones, la vida consagrada y el ministerio sacerdotal. (Cf. P.D.V. 34).

La Arquidi�cesis de Bogot� encuentra en este Evangelio de la "vocaci�n" el modelo, la fuerza y el impulso de su Pastoral Vocacional, su misi�n destinada a cuidar el nacimiento, el discernimiento y acompa�amiento de las vocaciones y de manera especial el de las vocaciones al sacerdocio ministerial.

Como Obispo, ante la realidad de la Arquidi�cesis, "porque la falta de sacerdotes es ciertamente la tristeza de cada Iglesia" me compete el deber de promover y coordinar las diversas iniciativas de evangelizaci�n y de promoci�n de la Pastoral Vocacional.

"Jes�s al ver a la muchedumbre, sinti� compasi�n porque estaban como ovejas sin pastor. Entonces dice a sus disc�pulos: La mies es mucha y los obreros pocos. Rueguen al Due�o de la mies que env�e obreros a su mies" (Mt 9,35-38).

Toda la comunidad cristiana tiene responsabilidad en el cuidado de las vocaciones sacerdotales. (Cf. P.D.V. 41). Nos urge suscitar, acompa�ar y animar a quienes se sienten llamados por el Se�or para seguirlo, como los disc�pulos, para hacerlo presente en la realidad de nuestra ciudad.

Los sacerdotes, y de manera especial los p�rrocos, son corresponsables con el Obispo en la promoci�n y acompa�amiento de las vocaciones. Fue el mismo Se�or Jesucristo quien eligi� a sus disc�pulos y �l los sigue llamando en la Iglesia “No me eligieron ustedes a m�; fui yo quien los eleg� para que vayan y den fruto abundante y su fruto permanezca" (Jn 15,16). Con todos los sacerdotes debemos reavivar diariamente la gracia que recibimos por la imposici�n de las manos del Obispo, cuando fuimos ordenados sacerdotes (1Tim. 1,6). Esa alegr�a de haber sido llamados tiene que animar nuestro trabajo a favor de las vocaciones sacerdotales.

Cuando los j�venes vean en nosotros la presencia del Se�or, a quien servimos con entusiasmo y les damos la oportunidad de participaci�n, se animar�n a responder a su llamado.

El testimonio y la acci�n del presb�tero y especialmente del p�rroco, en su obra evangelizador a, son esenciales para el fomento de las vocaciones sacerdotales. La direcci�n espiritual en la Pastoral con los j�venes es fundamental. La Pastoral Juvenil debe tener una relaci�n permanente con la Pastoral Vocacional.

En la familia cristiana Dios transmite la vida y tambi�n la fe. En el seno de la familia se cultiva la libertad, se abre el espacio a la presencia del Se�or para servirlo en el pr�jimo, y para estar atento al llamado que �l hace para seguirlo. Es en la familia en donde se realiza el plan de Dios, para la formaci�n humana y cristiana. La familia no da la vocaci�n, pero s� la acompa�a y la orienta. La familia debe valorar y agradecer a Dios, que alguno de sus hijos experimente el llamado del Se�or para seguirlo y consagrar su vida como sacerdote

En la comunidad parroquial, todos sus miembros tienen tambi�n responsabilidad en el fomento y cuidado de las vocaciones al sacerdocio. El p�rroco, con su testimonio de entrega y de servicio a la comunidad parroquial que le ha sido encomendada, debe motivar a las familias para que vivan el encuentro con Jesucristo y est�n abiertas a su llamado para seguirlo.

El Colegio debe ser un lugar pedag�gico de la fe que eduque y contribuya a madurar la vocaci�n. Es preciso discernir y formar educadores que puedan, con su testimonio, animar a los j�venes que experimenten inquietud vocacional al sacerdocio.

De manera especial los Di�conos Permanentes, los religiosos y las religiosas, los fieles laicos, catequistas, miembros de movimientos apost�licos, fieles a su propia vocaci�n, deben orar y trabajar en la promoci�n y animaci�n de las vocaciones sacerdotales.

Es un anhelo que cada parroquia de la Arquidi�cesis tenga, al menos, un seminarista. De ah� la responsabilidad de todas las comunidades parroquiales necesitadas de la presencia y acci�n pastoral del sacerdote para que no falten los pastores santos, totalmente consagrados al servicio de Dios y de las comunidades que les han sido encomendadas.

�J�venes! D�jense fascinar por Jesucristo presente en la Eucarist�a, cont�mplenlo y est�n atentos a su llamado, �l les dar� la fortaleza y la alegr�a para seguirlo e identificarse con �l como sus sacerdotes.

Los invito a que descubran el verdadero rostro de Cristo en la Iglesia. Con el Santo Padre Juan Pablo II les digo: "No tengan miedo de abrirle las puertas a Jesucristo". �l, presente en sus corazones, les dar� �nimo y fortaleza para consagrar para siempre la vida como sacerdotes al servicio de la comunidad eclesial y anunciar el Evangelio, ser instrumentos conscientes del perd�n del Se�or en el Sacramento de la Reconciliaci�n y de la Penitencia, celebrar la Eucarist�a, alimento de la fe y de la vida cristiana.

La Virgen Sant�sima, Madre del Redentor, gu�a segura en el seguimiento de Jes�s y en el servicio al pr�jimo, que acogi� su Palabra, proteja y acompa�e a las familias y a las comunidades cristianas para que animen y ayuden a los j�venes a responder con generosidad y entusiasmo al llamado del Se�or.

Jesucristo, el Buen Pastor, bendiga nuestra Arquidi�cesis con abundantes y santas vocaciones al sacerdocio.

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+ Pedro Rubiano S�enz

Cardenal Arzobispo de Bogot�

Bogot�, marzo de 2005

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