Palabras
del Rector del Seminario,
en los grados de Bachilleres Eclesi�sticos
en Teolog�a, el 1 de marzo de 2004.
INITIUM SAPIENTIAE TIMOR DOMINI (SAL.111,10) (COMIENZO
DE LA SABIDUR�A ES EL TEMOR DEL SE�OR)
Para quienes hemos estudiado en este claustro, la frase
b�blica del frontispicio, ha sido un emblema de vida, desde que el Seminario
Conciliar de San Jos� se traslad� a esta sede del Chic� en 1947.
Aquellos que eligieron esculpirla en las piedras del
p�rtico, deseaban que a lo largo de los a�os de formaci�n se fuera esculpiendo
tambi�n en el coraz�n, en el alma y en la mente de quienes aqu� se formaran.
Hoy, cuando algunos de nuestros exalumnos reciben el
t�tulo de Bachiller en Teolog�a, quiero hacer algunas reflexiones sobre
la sabidur�a b�blica, el temor de Dios y la responsabilidad de quienes
se “hacen sabios” de evangelizar.�
Al acercarnos al texto original podemos decir que sabidur�a
(hocmah en hebreo ) viene del verbo hacam que designa
primariamente el hecho de “ser sabio” y tambi�n de “hacerse sabio”.
En la literatura sapiencial encontramos� a Yahv�, Dios
de Israel, como el sabio (Is 31,2; Job 9,4) y como fuente de la sabidur�a
porque la posee en s� mismo (Job 12,13). Adem�s, la sabidur�a aparece
especialmente unida con la actividad creadora de Dios (Jr 10,12; Sal
104,24; Job 28 y 38; Prov 3,19). Hasta llega a ser personificada, convirti�ndose
en revelaci�n de la voluntad de Dios con respecto al hombre, a trav�s
de los mandamientos y de la ley divina (Dt 4,6; Sal 19,8; 119,98; Prov
1-9; Job 28).
Esta referencia a Dios y a los mandamientos se expresa
en “el temor de Dios�, como fuente de vida y como comienzo de
la sabidur�a (Prov 1,7; 9,10;15,33; Sal 111,10). Hablamos de temor no
como miedo a Dios, sino como respeto reverencial a El, como capacidad
de reconocerle a El la autoridad, de manera que con humildad alguien
pueda escucharlo, con disposici�n de aprender y de obedecer; alimentarse
de su Palabra con total obsequio de la propia voluntad para acoger sus
mandamientos, llevar a la pr�ctica sus consignas y leyes (cfr. Dt 10,12.20).
Tener temor de Dios es dejarse permear por los criterios o normas de
acci�n, expresadas por Dios mismo, en primer lugar en el proceso de
la Revelaci�n b�blica y luego en las circunstancias, acontecimientos
y vivencias tanto personales como comunitarias en cada �poca. Es lo
que el Papa Juan XXIII llamaba �entender y escrutar los signos de los
tiempos�.
Sin este �temor de Dios�, muy dif�cilmente alguien podr�
hacerse sabio. Por eso, es sabio quien tenga el arte de acercarse a
Dios para escucharlo, discernir su voluntad y obedecerle, organizando
la vida y proyectando la existencia en funci�n de los dem�s. El �nfasis
primero, pues, est� en escuchar.
En especial en el libro de los Proverbios encontramos
frases como �stas: “Escuchen la instrucci�n y h�ganse sabios” Prov 8,33;
“Escucha el consejo, acoge la correcci�n, para llegar, por fin, a ser
sabio” 19,20; “escucha, hijo, y ser�s sabio” 23,19; “s� sabio, hijo
m�o, y alegra mi coraz�n” 27,11; “el que anda con los sabio ser� sabio”
13,20; “da al sabio, y se har� m�s sabio todav�a” 9,9; “vete donde la
hormiga, perezoso, mira sus andanzas y te har�s sabio” 6,6.
Seg�n esto, la manera de hacerse sabio est� en escuchar
la instrucci�n, la correcci�n, el consejo; en acercarse a Dios para
o�r su palabra y descubrir su voluntad; en contemplar la vida y la naturaleza
para aprender� de ellas en� la experiencia de cada d�a.
Por otra parte, en los libros sapienciales especialmente,
ese hombre que se ha hecho sabio, es un hombre de palabra, que da consejos
(Jr 18,18), que crea y recopila proverbios (Prov 22,17;24,23; Qo 12,9-11),
cuyas palabras encuentran buena acogida (Qo10,12), cuyos labios distribuyen
conocimiento y salvaci�n (Prov 15,7; 12,18) porque sus palabras proceden
de un “coraz�n sabio” (Prov 16,21.23). El sabio no es s�lo consejero,
sino tambi�n maestro y educador (Prov 13,14). “Sabia” es la persona
que atiende a los consejos y ama la disciplina (Prov 12,15; 13,1), que
es paciente y domina la ira (Prov 29,8.11); que es humilde y no se considera
a s� mismo sabio (Prov 3,7;26,12), que acepta las leyes y evita el mal
(Prov 10,8;14,16).
La �poca del Seminario es el espacio propicio para que
cada estudiante encuentre el camino de la sabidur�a, se apropie de ella
y se deje fascinar por sus encantos.
Al considerar la sabidur�a a la luz del Evangelio,
vemos que Jesucristo la ha enriquecido con su amor hasta la cruz. La
figura de Jes�s, se convierte para el creyente en el paradigma de vida
y de acci�n, pues El no s�lo present� con palabras una nueva doctrina,
sino que su vida es la confirmaci�n de esa� sabidur�a que se convierte
en “esc�ndalo para los jud�o y gentiles pero que es fuerza de Dios y
sabidur�a de Dios para todo el que cree”( Cfr. 1 Cor 1, 18-25).
Si el sabio debe ense�ar y educar, el creyente que se
ha hecho sabio ha de evangelizar y anunciar la presencia salv�fica de
Dios en la historia y posibilitar el desarrollo del Reino de Dios entre
los hombres y la respuesta de fe de cada uno (Cfr. Mt 28,16-20). Los
a�os de preparaci�n, que ustedes, bachilleres en teolog�a, han tenido,
los comprometen� en la b�squeda y escucha permanente de la verdad del
hombre, de Dios, del mundo y de la Iglesia, para entender el misterio
que all� se esconde y poderlo esclarecer con la sabidur�a de Dios hecha
carne, que es Jesucristo y �ste crucificado, muerto y sepultado,� a
quien el Padre Celestial ha resucitado y constituido en fuente de salvaci�n,
para todo el que crea (Cfr. Hch 4,8-12;5,29-32). “La formaci�n intelectual,
comenta el Papa Juan Pablo II en su exhortaci�n apost�lica Pastores
Dabo Vobis No.51, es una exigencia insustituible de la inteligencia
con la que el hombre, participando de la luz de la inteligencia divina,
trata de conseguir una sabidur�a que, a su vez, se abre y avanza al
conocimiento de Dios y a su adhesi�n”.
No es otro el objetivo de ser sabio sino el de
comunicar a otros esa sabidur�a meditada, reflexionada y enriquecida
en su comprensi�n con el quehacer teol�gico, -inteligencia de la fe-
provocado por las necesidades y circunstancias tanto de las �pocas como
de las culturas en las cuales se ha ido encarnando el evangelio,� y
con la vivencia milenaria de �l en la Iglesia.
En este mundo de realidades virtuales, de avance en
las comunicaciones, de violencia y desigualdades, de posiciones casi
irreconciliables en los enfoques de vida, en la soluci�n de los conflictos
sociales y dem�s problemas que nos aquejan, en el que el temor de Dios
se ha perdido y no se escucha su voz ni se ve la importancia de adquirir
esa sabidur�a divina, el emblema del Seminario INITIUM SAPIENTIAE TIMOR
DOMINI contin�e impulsando a todos a conocer y amar al Dios de la sabidur�a
personificada y encarnada, y a la sabidur�a de Dios reflexionada, comprendida
y vivida, en el seno de la comunidad creyente, para testimoniar la transformaci�n
que ella produce, con la fuerza del Esp�ritu, en quien se deja invadir
por su presencia, y el dinamismo que de all� brota en orden al establecimiento
de la justicia, de la paz, de la reconciliaci�n y de la convivencia
fraterna entre todos.
Sea �sta la ocasi�n para agradecer, una vez m�s, a la
Pontificia Universidad Javeriana el apoyo, orientaci�n y respaldo que
siempre ha brindado al Seminario Mayor y en especial ahora, durante
el proceso de afiliaci�n. Que la b�squeda com�n de respuestas a los
desaf�os pastorales, mediante la investigaci�n, el quehacer teol�gico,
el di�logo, el intercambio de inquietudes acad�micas, pedag�gicas, pastorales
y sociales, estrechen m�s los v�nculos que nos unen y nos permitan un
mutuo enriquecimiento en orden a un mejor y m�s eficaz servicio eclesial.
Mil gracias.
Jos� Roberto Ospina Leong�mez Pbro.
����������� Rector
Santa Fe de Bogot�, 1 de marzo de 2004
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