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Universidad Pontificia
Bolivariana Bogot�, junio 08 de 2010
La mano en el Evangelio de Lucas y en Hechos de los Ap�stoles La imagen (figura) de la mano en la obra lucana aparece 70 veces de forma literal, sin contar o tener en cuenta algunos de los gestos en que se encuentra impl�cita su acci�n. La indica una forma de comunicaci�n directa entre el hombre con Dios y entre ellos mismos. Parece ser que la figura de la mano es importante para el autor de la obra lucana. Las manos no solamente hacen cosas, ayudan y� sanan a otros, sino que confirman por sus acciones el camino hacia el encuentro del hombre con Dios. Pero como lo podemos entender: por medio de la disposici�n interior de la persona para abrir su mente y luego su coraz�n; es decir, su capacidad mental a nivel intelectual para comprender, confrontar y aprender nuevas cosas que confrontan al hombre en su desarrollo sociocultural, que con el tiempo lo llevan a tomar un cambio de actitud. Hay un cambio en la persona, ser� un camino de conversi�n y que pueden hacer mis manos y las de los otros. La mano como parte del cuerpo es fundamental ya que le permite realizar un mundo de cosas, entre ellas el bienestar, el arte, la t�cnica, la m�sica, la manipulaci�n de objetos como tambi�n la misma capacidad de protecci�n. En la obra lucana �la mano se�ala� a las personas, el camino y al mismo hombre que busca de Dios con un gesto de las manos (Hch 12, 17; 13, 16; 21, 40). Esta mano tan humana se diferencia entre los mismos hombre, pues quien decide obrar seg�n la voluntad de Dios se encontrar� con la mano de Dios que le protege y le ayuda a�n pasando por un proceso de conversi�n personal. Sin embargo la presencia de la mano en la obra lucana es tambi�n manifestaci�n de la gracias de Dios para todos los hombres que no comprenden la acci�n de Dios en la propia vida del hombre. Es una figura perseverante y que nunca se cansa de dar al hombre todo lo que pide y lo que busca. De frente a la posici�n del hombre, est� mano poderosa de Dios no es superada por el ser humano, quien busca reducirlo y quiere lograr tenerlo en sus manos. Entonces queda la pregunta: �C�mo entender la acci�n de la mano de Dios en la vida y realidad del hombre y del mundo? En la obra lucana las cosas de Dios pasan por las manos del hombre quine est� invitado a acogerlo y reconocerlo, pero este no es capaz de sentirlo en su propia vida; el hombre est� llamado a vencer, en la lucha espiritual, el mal por el bien y lograr as� la conversi�n. (Lc 22, 21). Es en cierta forma el sentido figurado de la mano como se ve en la obra lucana, por ejemplo: el hecho de abandonarse en las manos de Dios implica confianza y conocimiento del mismo, una relaci�n estrecha. Pero, por qu� abandonarse y confiarse al ser absoluto y por la figura de la mano. �Qu� nos quiere decir Jes�s en el Evangelio cuando dice: �Padre, en tus manos pongo mi esp�ritu� (Cfr. Lc 23, 46) �Qu� hay en el hombre que ve y utiliza la mano propia junto con la de los otros y la de Dios para salvarse? La mano es el miembro f�sico-material animado que hace y deshace las cosas creadas y recreadas.� ���� Es evidente que Jes�s en la obra lucana intenta decirle al hombre que despu�s de su partida la �nica forma de continuar el camino hacia la salvaci�n es confiarse al poder de Dios (poder = amor, misericordia, perd�n, reconciliaci�n) representado en el hacer de sus manos, ante el esfuerzo de la mano humana por conquistar al Dios de la vida que no conoce en su interior, desde su coraz�n a partir de la conversi�n. El hombre no ha tomado conciencia de la obra magnifica de la mano de Dios sobre la mano humana. (Hch 7, 25; 7, 50). La mano humana se deja ver con una caracter�stica de b�squeda de poder, a�n siendo d�bil, que hace justicia sin darse cuenta qu� y a qui�n tiene entre sus �manos�. Es la descripci�n m�s clara del ser humano, el tener la capacidad de conocerlo por las obras de sus manos. Este es un muy punto de trabajo de reflexi�n para la vida cristiana en el Esp�ritu, motivando a vivir la caridad, la comprensi�n y en el amor primero. A diario nos encontramos con hombre y mujeres que manifiestan su seguimiento al Se�or, pero el testimonio de vida no es coherente. En la obra lucana la presencia del hombre de Dios (Ap�stol) se distingue por sus obras con las manos acompa�ado por la Palabra, que va indicando y orientando el camino por el cual el hombre que decide encontrar y actuar de acuerdo a la voluntad de Dios lo comienza a volver realidad. (Hch 14, 3). Es tambi�n la figura de la mano humana la que gu�a a otros por ele camino del bien, es volverse servidor del y para el otro en todo lo que necesite hasta el final; es decir, hay una mano que se conmueve ante la necesidad del mismo ser humano y que sale a su encuentro fraternal y sol�cito, hay pues una manifestaci�n de solidaridad muy humana como quiera que sea en tanto el las buenas como en las malas. Las acciones (buenas y malas del hombre) no pueden pasar desapercibidas, porque estas acciones siempre tendr�n un efecto en el mismo ser humano. La imposici�n de las manos es un gesto que en la obra lucana hace ver dos cosas la primera, hace referencia a la sanaci�n de la persona que busca de Dios y que �l mismo la invita a dar testimonio de su amor continuando dentro de su ciudad y realizando sus labores com�n y corriente. (Hch 4, 30; 5, 12; 9, 41). La segunda, hace referencia a la venida del Esp�ritu Santo sobre la persona para alg�n fin en particular: misi�n, env�o, elecci�n y protecci�n. (Hch 6, 6; 8, 17; 19, 16). En ambos casos la persona sobre la cual se ha impuesto las manos experimenta la conversi�n, sanaci�n y curaci�n, solo que en la segunda situaci�n recibe un don especial de Dios para llevar a cabo la tarea que le ha sido encomendada y que desea realizar.�� |