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REVISTA SEMINARIUM BOGOTENSE Nº 1 - 2002
LA IDENTIDAD DEL SEMINARIO MAYOR DE SAN JOS�
DE LA ARQUIDI�CESIS DE BOGOT�
Temas para la catequesis

Un ejercicio de provocaci�n para abrirnos hacia el futuro

La memoria de la fidelidad de Dios
crea la fidelidad del hombre

Amedeo CENCINI

Germ�n Medina Acosta Pbro.
Miembro del Equipo de Formadores Seminario Mayor de Bogot�.
Doctor en Teolog�a Pastoral
Universidad Pontificia Salesiana
Roma

Cuando el consejo de redacci�n de la revista Seminarium Bogotense me invit� a participar en el presente n�mero dedicado a reflexionar en torno a la afiliaci�n del Seminario Mayor de Bogot� a la Universidad Javeriana, en cuanto a los t�tulos acad�micos se refiere, se revivi� en m� el inter�s especial por la identidad y el sentido del Seminario en la Arquidi�cesis de Bogot�. Inter�s que ya se ven�a alimentando a partir de mis estudios sobre la formaci�n para el discernimiento y de mi reciente experiencia espiritual dentro de los ejercicios Ignacianos de mes.

Interpreto que la afiliaci�n del Seminario a la Universidad Javeriana busca, por una parte, reconocer la validez eclesi�stica y civil que los estudios acad�micos brindados por el Seminario poseen, y, por otra, tender hacia una todav�a mayor calificaci�n de los mismos en orden a encaminarnos, como la comunidad educativa que somos, hacia lo mejor. [i]

Naturalmente que esta afiliaci�n no significa ni la absorci�n del Seminario por parte de la Universidad, ni tampoco la p�rdida para el Seminario de su identidad. Sabemos que la formaci�n acad�mica no puede agotar la rica y compleja tarea de la formaci�n de un pastor. En el campo de la formaci�n de un pastor, la Universidad ni pretende, ni puede sustituir la competencia propia del Seminario. Tanto el Seminario como la Universidad tienen claro que se trata m�s bien de formalizar e intensificar la rec�proca colaboraci�n que se han venido prestado a lo largo de sus no ajenas historias. [ii]

En mi caso tengo que reconocer, en raz�n de la verdad, que la Universidad Javeriana siempre ha estado presente a trav�s de sus profesores y ofertas de formaci�n especializada. Recuerdo con especial gratitud y aprecio a mis profesores de cosmolog�a y l�gica matem�tica durante el ciclo de filosof�a en el Seminario; a mis profesores de historia de la Iglesia y de Sagrada Escritura en el ciclo teol�gico realizado all� mismo; la Licenciatura en Teolog�a en la Universidad Javeriana; el curso de planificaci�n pastoral en la Casa de la Juventud; los estudios sobre psicolog�a comunitaria y pedagog�a de los valores en las facultades de Psicolog�a y de Educaci�n.

Creo que mi caso no es el �nico, muchos de mis compa�eros sacerdotes dentro y fuera del seminario, han tenido y siguen teniendo un v�nculo cercano con ella, con sus profesores, con sus programas. Se trata entonces de formalizar y estrechar dichos v�nculos en orden a la colaboraci�n rec�proca sobre todo hoy cuando la complejidad del mundo con sus transformaciones vertiginosas reclaman y brindan, a la vez, la oportunidad de vivir y de trabajar en comuni�n desde nuestra propia diversidad y riqueza.

Con en el �nimo de hacer notar la responsabilidad central que compete al Seminario en el proceso de formaci�n de los pastores, intento en el presente art�culo invitar a reflexionar sobre su identidad.

1. Las perspectivas

Cuando uso la categor�a identidad lo hago desde una interpretaci�n narrativa de la misma. Seg�n �sta interpretaci�n, la identidad de un individuo o de un colectivo es una construcci�n que se relata, es decir, que es en el relato de la propia historia de vida de los individuo y de los colectivos que su identidad se configura (cualidad biogr�fica de la identidad). [iii]

Re-pensar entonces la identidad del Seminario Mayor de Bogot� significa, desde un enfoque biogr�fico, no s�lo �hacer memoria� (rastrear informaci�n, revisar documentos) sino sobre todo �hacer hacer memoria�, es decir, generar toda una din�mica institucional por medio de la cual personas concretas puedan verse involucradas para narrarse en su relaci�n con la vida del Seminario y sus vivencias. Si bien esta tarea desborda las posibilidades del presente escrito, ella nos se�ala la importancia de proyectar una seria investigaci�n en este campo. Yo me limito a realizar aqu� un t�mido esbozo que, me auguro, pueda resultar provocador.

Por otra parte, desde la perspectiva de la fe revelada, la identidad tiene que ver con la vocaci�n y �sta con el ideal que Dios tiene sobre el hombre. La identidad resulta as� de la configuraci�n con el ideal y el ideal representa a su vez el llamado. Cuando hablo de ideal no me refiero a algo abstracto sino al misterio de Dios amor que se revela en la historia misma de la persona y que lo mueve a auto trascenderse, misterio-presencia-llamado que es necesario saber descifrar. De ah� la necesidad de saber leer la historia de los sujetos y de las instituciones y de �stos en ellas. De ah� la necesidad del discernimiento. [iv]

2. El procedimiento

Asumo como procedimiento para encontrar el sentido del misterio en la vida del seminario, para recordar y discernir su particular vocaci�n educativa, el m�todo gen�tico-hist�rico. [v]

Si bien este m�todo est� pensado para ser desarrollado originalmente en el �mbito personal, aqu� ampl�o su perspectiva para que pueda ser utilizado en el �mbito comunitario.

Se trata de una pista pedag�gica por medio de la cual se busca re-descubrir y descifrar el sue�o de Dios sobre la propia vida, esa presencia de Dios que todav�a no se conoce y que abraza cada d�a de la existencia. [vi]

Este m�todo acent�a el valor de la memoria en los planos psicol�gico y espiritual, con el fin de aprender a recordar para discernir el misterio. Concilia la perspectiva espiritual con la psicol�gica, junto con sus respectivos elementos (b�blico/afectivo) e instrumentos (categor�as). [vii]

Consiste fundamentalmente en un ejercicio de integraci�n (re-lectura y re-asunci�n) de lo vivido como historia de salvaci�n. La vida es historia de salvaci�n, y la fe memoria (recuerdo, re-apropiaci�n e integraci�n del pasado). Ser creyente, en consecuencia, es saber leer las estaciones de la existencia.

Desde �sta perspectiva me atrevo a iniciar un ejercicio referido al Seminario: re-apropiarnos significativamente de su pasado e integrar las polaridades presentes en su vida y en el misterio. [viii]

Establezco dos momentos en el desarrollo de mi intento: el primero se refiere a los conceptos b�sicos que pretendo manejar y el segundo a una primera descripci�n del ejercicio que propongo realizar. Al final indico algunas implicaciones que tal ejercicio requerir�a.

3. Los conceptos relacionados

Antes de describir el ejercicio, considero importante hacer claridad sobre los conceptos que en �l se encuentran involucrados. Estos son los de memoria b�blica, memoria afectiva y memoria amoris.

3.1. La memoria b�blica

La Teolog�a espiritual conoce el concepto de memoria b�blica como el t�pico modo de creer del hombre espiritual. [ix] El p�o Israelita cre�a recordando y recordaba creyendo (Dt 8, 2); hac�a memoria, recordaba, celebraba, rend�a culto y memorial, es decir, que su memoria no se dirig�a simplemente al pasado, sino que se proyectaba hacia el futuro; no era una simple cr�nica de un tiempo que fue, sino evento de salvaci�n que adviene aqu� y ahora, manteniendo vivo y renovando en el tiempo su significado y eficacia.

Cuando el alma Israelita recuerda alguna cosa, no significa que tenga en la memoria una imagen objetiva de cualquier cosa o de cualquier evento, sino que esta imagen es suscitada en el alma y le ayuda a determinar su direcci�n, su acci�n. Cuando el hombre recuerda a Dios, deja que su ser y su acci�n sean determinados por �l.

Se trata entonces de una memoria muy personal, fresca, atenta a la revelaci�n de Dios en el arco de la propia vida, que narra la certeza de la fidelidad de Dios pues �l siempre ha sido Padre y amigo fiel.

La memoria de la fidelidad de Dios crea la fidelidad del hombre, en una notable familiaridad con el dato b�blico, que viene a ser considerado como el espejo en el que puede verse reflejado el propio acontecer existencial. [x]

3.2. La memoria afectiva

Se trata de un concepto de la Psicolog�a que representa la documentaci�n viviente de la historia de la vida emotiva de toda persona. La memoria afectiva registra m�s all� de los hechos singulares, las emociones a ellas ligadas. Tales emociones tienden a reactivarse suscitando un afecto correspondiente, cuando en el presente se representan situaciones an�logas a aquellas que la ha originado. La memoria afectiva influye en la percepci�n y crea precisas expectativas, predisponiendo al sujeto a actuar y reaccionar seg�n la experiencia ya hecha. Es como la matriz de toda experiencia y acci�n. [xi]

Hay una memoria afectiva t�pica del creyente, la memoria de un dato o de una experiencia primordial: el encuentro con la paternidad-maternidad de Dios. La memoria b�blica llega a ser tambi�n afectiva, cuando la memoria de las maravillas de Dios en la propia historia o la experiencia del amor paterno divino llega a ser matriz de toda experiencia y acci�n. El encuentro con la paternidad de Dios y el acto de fe influyen sobre la percepci�n y sus expectativas correspondientes acerca del futuro de la propia vida. [xii]

3.3. La memoria amoris

Se trata de un concepto que procede del patrimonio espiritual de los Padres de la Iglesia, particularmente de San Agust�n, y que puede ayudar a pensar la s�ntesis entre la memoria b�blica y la memoria afectiva. [xiii]

3.3.1. Amor que recuerda y es recordado

Para San Agust�n el amor es memoria, amor que recuerda y es recordado. El amor sabe recordar el amor recibido (conoce y reconoce el amor) lleno de gratitud por sentirse ya amado, preferido a la no-existencia por una Voluntad Buena. La memoria es tambi�n amor, voluntad de ser y de ser s� mismo con una propia historia de amor recibido, voluntad de evitar la muerte del olvido. La memoria consiente hacer una re-lectura de la propia historia como un don recibido. [xiv]

3.3.2. Amor que reconstruye el pasado

Si bien el hombre puede no ser responsable de su pasado, s� lo es de la actitud que asume frente a �ste en el presente. El hombre puede modificar el valor de las situaciones hist�ricas e introducir orientaciones nuevas en los mismos eventos de la creaci�n.

El amor transforma el pasado congelado (fatum) en presente que fluye (�vivere�): juzga inconcluso el pasado, reabre procesos, reexamina los actos, modifica las sentencias, arranca los puntos muertos. Es el perd�n cristiano, expresi�n del amor misericordioso, el que abre a horizontes diversos y m�s amplios de sentido. [xv]

3.3.3. Amor que redise�a el futuro

Se trata de la operaci�n prof�tica que dise�a el futuro. La memoria b�blica (b�blico-afectiva) se inclina hacia el ma�ana. Llega a ser matriz de toda experiencia y punto de partida del propio proyectarse. La experiencia pasada, ahora recuperada y redescubierta en su plenitud de sentido, llegada a ser memoria (=rastro emotivo significativo) crea expectativas correspondientes para el futuro a partir de la certeza de la constancia del objeto (fidelidad de Dios), de la seguridad de que Dios permanecer� fiel a su paternidad y a su llamada. Se trata de un futuro de certeza, realidad garantizada anticipadamente, antes de que se realice, ya garantizada como futuro de redenci�n ya hecho iniciar por Dios. De esta manera el futuro es historia de redenci�n. El Dios creador que me ha forjado en la existencia, se manifestar� como Dios redentor que hace de este dato el lugar de realizaci�n de un proyecto pensado por �l, pero que pasa inevitablemente a trav�s de la elecci�n libre y responsable de la criatura. De la certeza del amor recibido se pasa espont�neamente a la decisi�n del amor donado. [xvi]

3.3.4. La Cruz icono del amor

La Cruz de Cristo es el icono del amor de Dios que representa la certeza de ser amado por un amor grande, la certeza de poder amar de manera tambi�n grande; la propia vida est� llamada a revelar el amor. La Cruz de Cristo revela el amor de Dios y la amabilidad del hombre: su libertad afectiva y el proyecto de donaci�n. La vida as� se re-dimensiona como v�a de la cruz. [xvii]

4. La propuesta

Nuestro mundo cambia vertiginosamente, las nuevas generaciones toman distancia frente a la �incomodidad� que les despierta algunas de nuestras instituciones, existen nuevas sensibilidades que caracterizan a los sujetos que emergen tanto en los escenarios sociales como eclesiales, surgen inquietudes y malestares acerca de la autocomprensi�n que tenemos de nosotros mismos, todo lo cual vuelve a poner en primer plano la cuesti�n acerca de la identidad.

Nuestra Arquidi�cesis redescubri� en su �ltimo S�nodo (1998) la importancia de ponerse en camino de conversi�n; [xviii] el Seminario como Coraz�n de la di�cesis est� invitado a seguir impulsando lo que entonces ella resolvi�.

Yo propongo �Hacer memoria� acerca del Seminario, de su vocaci�n y misi�n para que a partir de all� podamos abrirnos hacia su futuro. Puede abrirse v�lidamente al futuro solamente quien ha estado tambi�n abierto a su pasado, y lo ha hecho suyo. S�lo quien se posee se puede dar, o al l�mite perderse.

4.1. Sentido

La devaluaci�n de la memoria es quiz� uno de los principales s�ntomas de los m�ltiples malestares en nuestra cultura urbana. Mientras los adultos la sentimos como una mutilaci�n, la gente joven la siente como la forma misma de su tiempo. [xix]

Al proponer �Hacer memoria� no me refiero simplemente a conocer la historia del Seminario que ya ha sido escrita en parte y de la cual muchos dan raz�n. [xx]

Se trata de suscitar una din�mica dentro y fuera del Seminario que involucre a todos en la Arquidi�cesis en orden a reapropiarnos de su historia y de nuestra historia en �l, a integrar todos los elementos que la configuran para abrirnos hacia su futuro con fe creativa y esperanza viva; se trata de pensar el futuro del Seminario con fidelidad a la tradici�n, atentos a discernir los nuevos signos de los tiempos y a saber sacar del arca lo nuevo y lo antiguo (cf Mt 13, 52), los odres nuevos para el vino nuevo (cf Lc 5, 38).

4.2. Posibles movimientos

Tentativamente se podr�an �hacer� los siguientes movimientos [xxi] :

Hacer memoria b�blica, es decir reapropiarnos del dato b�blico, de la tradici�n, del magisterio, de la reflexi�n pastoral acerca de la formaci�n del pastor y de sus modalidades, agentes y lugares, del pensamiento que como valioso patrimonio el Seminario mismo ha venido construyendo. Aqu� se�alar�a la importancia de recuperar la experiencia formativa que represent� para Jes�s su vida oculta en Nazaret, lo que Pablo VI ha denominado la Escuela de Nazaret. [xxii] F�cilmente podemos centrar la atenci�n en el modo como Jes�s form� a sus ap�stoles pasando de largo sobre la manera como el Padre educ� a su pueblo y al mismo Jes�s en el seno de las peque�as comunidades-familia en Nazaret. [xxiii]

Hacer memoria afectiva, esto es, reapropiarnos de nuestras propias vivencias en cuanto a la formaci�n del pastor y al Seminario se refieren, narrando y escribiendo las �historias de vida�, reconociendo inconsistencias, confront�ndonos, interpret�ndonos e integr�ndonos a la luz de las categor�as b�blicas, identificando y discerniendo las llamadas del Esp�ritu en medios de las consolaciones y desolaciones que se puedan suscitar.

Hacer memoria amoris, profesar y proyectar la fe que Dios tiene en nosotros y la que nosotros tenemos en �l, particularmente acerca de la formaci�n de sus pastores; tomar decisiones inspirados en las elecciones que haga y manifieste el Nuestro Se�or.

4.3. Implicaciones

Un trabajo de esta envergadura implica muchas cosas: memoria para recordar que somos simples servidores, no due�os de la verdad, ni de las comunidades en las que Nuestro Se�or nos llama a dar la vida; voluntad para querer y hacer �nicamente aquello que el Se�or nos descubre, es su proyecto; fidelidad a sus opciones y a su manera de proceder en comunidad y en unidad; fe creativa para saber confiar en su acontecer y re-inventar por �l, con �l y en �l las relaciones y modalidades de la formaci�n del pastor; salir del sedentarismo, caminar para avanzar a buen ritmo; arriesgarnos sin temor a soltar todo aquello que nos impida la exclusividad de su amor y la obediencia a �l.

Necesitamos formar verdaderos creyentes, con quienes podamos discernir las distintas vocaciones, y, en particular, la vocaci�n al ministerio del pastor como elecci�n que viene de Dios y no del capricho humano.

La propuesta en �ltimas debe traducirse en el dise�o y ejecuci�n de una investigaci�n sobre el Seminario que permita abrirnos hacia su futuro. La afiliaci�n del Cuatrienio Teol�gico del Seminario a la Facultad de Teolog�a de la Universidad Javeriana se presenta como una oportunidad coyuntural para re-mirarnos, �por qu� no aprovechar esta oportunidad para ir m�s all� de lo acad�mico y mirar tambi�n lo global-estructural del Seminario? El reconocimiento civil del ciclo teol�gico del Seminario como Licenciatura, requerir� de nuestra parte resolver nuevas y mayores exigencias (pedag�gicas, de investigaci�n, etc.). Nuestras respuestas tendr�n que guardar necesaria correspondencia con un renovado proyecto global de formaci�n, rico en memoria, en fe creativa y en confianza sencilla. Que la certeza del amor recibido nos haga pasar a la decisi�n del amor donado.



[i] En este momento ya es un hecho la afiliaci�n del Cuatrienio Teol�gico del Seminario Mayor de Bogot� a la Facultad de Teolog�a de la Pontificia Universidad Javeriana. Esta ya ha sido concedida por la Congregaci�n para la Educaci�n Cat�lica seg�n el Decreto del 10 de Abril del 2002 (Prot. Num. 1308/99), lo cual significa que la Universidad Javeriana puede otorgar desde ahora el t�tulo de Bachiller en teolog�a a los seminaristas que hayan terminado su ciclo teol�gico en el Seminario. Ahora nos encaminamos hacia la calificaci�n de estos mismos estudios en orden a su reconocimiento civil y eclesi�stico como Licenciatura en Teolog�a.

[ii] Nuestras historias nos ense�an la importancia de mantener la rec�proca colaboraci�n sin confundir la naturaleza y finalidad de cada instituci�n. V�ase al respecto Jos� RESTREPO POSADA, Apuntes para la Historia del Seminario de Bogot� 1840-1940, Bogot�, Editorial Centro S.A., 1940, 7-43.

[iii] HAKER, Hille Identidad narrativa y moral en la obra de Paul Ricoeur, en �Concilium� (2000)285, 75-85; Agust�n AGUA, Identidad narrativa de los cristianos seg�n el Nuevo Testamento, en �Concilium� (2000)285, 113-121.

[iv] Cf CENCINI, Amadeo. La storia personale casa del mistero. Indicazioni per il discernimento vocazionale, Fliglie di San Paolo, Milano 21997.

[v] Cf ibid., 3.

[vi] En la historia personal se cumple un misterio de amor siempre imprevisto e in�dito, siempre m�s all� de aquello que se cre�a y pensaba, m�s all� de los deseos y depresiones o de la poca fe. Cada d�a es una teofan�a diversa.

[vii] Cf ibid., 29.

[viii] Se trata de dos instrumentos interpretativos a trav�s de los cuales se puede re-leer y re-escribir lo vivido. Con la re-apropiaci�n, la persona llega a ser sujeto de la propia vida d�ndole libre y responsablemente un significado; con la integraci�n se contin�a con ese proceso y se reconcilian polaridades (lo objetivo y lo subjetivo; la parte con el todo; lo negativo y lo positivo; la lucha psicol�gica y religiosa) hasta recapitular todo en Cristo (cf ibid., 32).

[ix] Cf ibid., 16-23.

[x] La Biblia es la visi�n que Dios tiene del hombre, la antropolog�a de Dios que se ocupa del hombre y de aquello que le pide. Leer la vida a la luz de la Biblia significa descubrirla en la verdad, en aquello que puede y debe ser seg�n el proyecto de Dios. Para llevar a cabo esta lectura, los eventos centrales y m�s significativos del acontecer de Israel (creaci�n, tentaci�n, ca�da, esclavitud, el Mar Rojo, la liberaci�n, la llamada, etc) son considerados categor�as b�blicas o par�metros claves (cf ibid., 22).

[xi] Cf ibid., 23-25.

[xii] Cf ibid., 26-27.

[xiii] Cf ibid., 32.

[xiv] Cf ibid., 33-34.

[xv] Cf ibid., 35-38.

[xvi] Cf ibid., 44-45.

[xvii] Cf ibid., 46-47.

[xviii] Cf SEXTO SINODO ARQUIDIOCESANO DE BOGOT�, Declaraciones sinodales 1998, Santaf� de Bogot�, Publicaciones de la Arquidi�cesis, 1998, 33.

[xix] Cf MART�N-BARBERO, Jes�s. J�venes: desorden cultural y palimpsestos de identidad, En: CUBIDES, Humberto. et al., �Viviendo a toda�. J�venes, territorios culturales y nuevas sensibilidades, Fundaci�n Universidad Central-Departamento de Investigaciones-Siglo del Hombre Editores, Santaf� de Bogot� 1998, 32.

[xx] Cf Cuarto centenario del Seminario Conciliar de Bogot�, en �La Iglesia� 75(1989) N�mero Extraordinario.

[xxi] Prefiero usar el t�rmino �movimiento� y no el de fase o etapa, pues creo que �ste describe mejor lo que se quiere echar a andar.

[xxii] �Nazaret es la escuela de iniciaci�n para comprender la vida de Jes�s. La escuela del Evangelio� (PABLO VI, Viaje del Santo Padre a Tierra Santa. En la iglesia de la Anunciaci�n de Nazaret, 5 ene. 1964, en �La Iglesia� 58 [1964] 874-877, 76)

[xxiii] �Aqu� se comprende la necesidad de observar el cuadro de su permanencia entre nosotros: los lugares, el templo, las costumbres, el lenguaje, la religiosidad de que Jes�s se sirvi� para revelarse al mundo. Todo habla. Todo tiene un sentido� (ibid.). Desde aqu� tambi�n podemos redescubrir por qu� el Seminario se encuentra bajo la protecci�n y el t�tulo de San Jos�, quien siempre escucha y act�a la Voluntad de Dios, pone al centro de su vida al Salvador, hasta el punto de constituirse en su custodio; lo sirve con coraz�n indiviso; movido por el Esp�ritu se abre progresivamente a la compresi�n del misterio de Jes�s hasta participar de �l.

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