LA POBREZA, UN NUEVO
ENFOQUE
Alberto Alvarado Acevedo
Soci�logo - Investigador del IPD de la Universidad Javeriana
Profesor de Sociolog�a en el Seminario Mayor de Bogot�
El problema de la pobreza ha sido objeto de m�ltiples
definiciones, an�lisis y sugerencias de soluci�n. Pero, tan compleja
es la problem�tica, que dif�cilmente se encuentra una definici�n sobre
la cual exista consenso para ahondar, enseguida, en su an�lisis y
concluir en soluciones congruentes.
El presente art�culo se basa en una reciente investigaci�n
realizada en el Instituto de Pol�ticas para el Desarrollo -IPD-, de
la Universidad Javeriana. El enfoque es interdisciplinario,
desde el �ngulo de dos disciplinas de las ciencias sociales: la sociolog�a
y la econom�a.
Hay una concepci�n bastante com�n
en algunos c�rculos de la pol�tica y de la academia. Seg�n esta concepci�n,
la pobreza es carencia y las carencias explican la pobreza…
Infortunadamente, esta concepci�n de la pobreza no nos permite avanzar
ni en el entendimiento del porqu� de las carencias ni en el planteamiento
de soluciones… Necesit�bamos, ir m�s all� de las descripciones, abordar
la investigaci�n sobre la pobreza con otro enfoque.
El estudio se inici� a partir de una pregunta muy
simple: �C�mo viven los pobres? La revisi�n de la literatura nos mostr�
diferentes estrategias de supervivencia de los grupos sociales que
viven por debajo de la l�nea de pobreza, esto es, con menos del ingreso
equivalente a dos d�lares al d�a. En este estado
de la investigaci�n, vimos claramente que el abordaje de la pobreza
a partir del an�lisis de las situaciones particulares de la misma
se agotaba muy r�pidamente en cuanto a la explicaci�n global del fen�meno,
conclusi�n que nos llev� a hacernos la siguiente pregunta: �Globalmente,
c�mo se produce la pobreza? Esta pregunta nos condujo, finalmente,
al an�lisis global de la pobreza tomando como m�todo el An�lisis de
Sistemas, cuyas conclusiones se presentan en forma muy resumida en
este art�culo.
La Pobreza
En el contexto latinoamericano,
durante las �ltimas d�cadas se han realizado esfuerzos importantes
para refinar la medici�n de la pobreza. No obstante, hay consenso
entre los estudiosos del tema en que estos esfuerzos se llevaron a
cabo sin haber profundizado ni aclarado el concepto mismo de pobreza.
En la evoluci�n del concepto se pueden identificar tres grandes etapas:
En la primera etapa, el enfoque
predominante correspondi� a una concepci�n evolucionista de la sociedad.
�La ideolog�a del �progreso�, afirma Fernando MIRES, supone que la
sociedad avanza (vertical o zigzagueante) desde estadios inferiores
hasta superiores, quemando etapas en su inevitable recorrido. Esta
concepci�n se enmarca dentro del enfoque evolucionista de la historia
y de la sociedad, cuya matriz fundamental era el crecimiento econ�mico�
La concepci�n evolucionista llev�
a otro enfoque muy frecuente en los estudios sobre la pobreza, el
dualismo social, seg�n el cual, en toda sociedad� hay un centro y
una periferia. El centro est� constituido por la sociedad que denominamos
avanzada, mientras en la periferia quedan relegados los marginados,
o sea, los que no lograron integrarse a ese centro.
En los a�os sesenta, Roger
Veckemans en Chile, desarroll� la teor�a
de la �marginalidad� basado en las ideolog�as del desarrollo, esto
es, en la creencia que el desarrollo de la t�cnica o de las fuerzas
productivas iba a terminar secularizando definitivamente al mundo
tradicional. En esa construcci�n ideol�gica, la marginalidad fue vista
como un espacio intermedio entre tradici�n y modernidad. La integraci�n
de los marginales que deber�a resultar de la expansi�n de la modernidad,
era necesario encauzarla e institucionalizarla. De ah� la necesaria
injerencia del Estado en las ideolog�as de la marginalidad.
El colapso de la teor�a de la marginalidad
llev� a algunos soci�logos a construir una teor�a de acuerdo con la
cual la pobreza, en todas sus formas, ya no aparec�a como un resabio
del pasado sino como campo de reproducci�n de la misma sociedad. Tal
fue la teor�a de la �informalidad�. El concepto de �sociedad informal�
si bien es continuador del de �sociedad marginal�, se diferencia de
este �ltimo en que la informalidad no est� situada fuera sino dentro
de la �sociedad�, de modo que la l�gica de la raz�n dualista heredada
de los marginalistas es trasladada al interior mismo del concepto
de sociedad.
En la segunda etapa, varias teor�as centraron su atenci�n
sobre tres categor�as de “carencias”:
a) Como carencia o NBI (Necesidades B�sicas Insatisfechas). En
esta categor�a se incluyen las diversas corrientes que entienden la
pobreza como carencia, ausencia de posibilidades o falta de satisfacci�n
de una o m�s necesidades b�sicas para alcanzar un nivel de vida digno.
Bajo este enfoque, la pobreza se entiende como un fen�meno multidimensional
y se define en t�rminos de d�ficit de satisfacci�n de necesidades
b�sicas distintas a la sola alimentaci�n. As� la pobreza es una situaci�n
que impide al individuo o a la familia satisfacer una o m�s necesidades
b�sicas. b) Como carencia de ingresos. La falta de ingresos suficientes
para adquirir los bienes y servicios esenciales para vivir, es otra
forma de carencia. Una persona se considera pobre s�lo cuando su nivel
de ingreso es inferior a una l�nea de pobreza definida. Se basa en
juicios de valor sobre los niveles m�nimos de bienestar aceptables
para llevar una vida digna y sobre los grados de privaci�n que se
consideren intolerables. Su c�lculo requiere la construcci�n de indicadores
que buscan medir los niveles de vida alcanzados por la poblaci�n,
en t�rminos de logro o d�ficit en la satisfacci�n de necesidades b�sicas.
c) Como deficientes condiciones de vida. Esta propuesta fue desarrollada
por la Misi�n Social del Departamento Nacional de Planeaci�n de Colombia
a partir de una concepci�n del bienestar y de las necesidades b�sicas
que se fundamenta en dos afirmaciones principales: 1. La existencia
de un �nico conjunto de necesidades humanas que no var�an en el tiempo,
aunque s� cambien sus satisfactores. 2. La posibilidad de definir
un subconjunto de necesidades cuya no satisfacci�n durante un largo
per�odo de tiempo podr�a llevar a la muerte.
Las formas de superar la pobreza
se refieren, entonces, a la compensaci�n y/o a la satisfacci�n de
esas necesidades. Las propuestas toman en consideraci�n, principalmente,
la insuficiencia de ingresos, la incapacidad para satisfacer las necesidades
b�sicas y la conjunci�n de las dos anteriores.
Finalmente, la tercera etapa corresponde
a una concepci�n estructural de la sociedad, que nosotros compartimos,
la cual entiende la pobreza como un problema social causado por las
relaciones econ�micas, sociales y pol�ticas de la sociedad. Es la estructura
socioecon�mica de la sociedad la que produce situaciones de pobreza.
Pero, mientras los estructuralistas basan la superaci�n de la pobreza,
en la teor�a de Amartia Sen, seg�n la cual
la soluci�n de la pobreza� se logra mediante el desarrollo de las
capacidades individuales con el fin de obtener el pleno ejercicio
de sus derechos, nosotros intentamos una nueva aproximaci�n al diagn�stico
y a las soluciones a partir de un enfoque global e interdisciplinario
basado en el an�lisis de sistemas.
An�lisis sist�mico
de la pobreza
La pobreza, seg�n nuestro enfoque,
es el resultado de un sistema. En su concepci�n m�s simple, un sistema
es un conjunto de elementos interrelacionados entre s� a trav�s de
lazos de influencia y de dependencia y que tienen un comportamiento
unificado. Al concebir la pobreza desde el punto de vista sist�mico
se entiende que es el resultado de un complejo conjunto de variables
de distinta naturaleza (econ�micas, sociales, pol�ticas, culturales
etc.) entrelazadas a trav�s de estrechas relaciones de interdependencia
mutua; por lo tanto, para superar la pobreza, primero es necesario
conocer c�mo est� constituido el sistema; enseguida, entender c�mo
opera el sistema en su conjunto y, finalmente, determinar el tipo
de variables que inciden sobre ella desde el punto de vista de su
“operatividad” para formular soluciones eficaces y eficientes.
La exhaustiva revisi�n de la literatura
nos permiti� identificar un total de 116 variables relacionadas con
el sistema generador de pobreza. El an�lisis de las relaciones de
influencia y de dependencia de estas variables nos permiti� clasificarla
en cuatro grandes grupos.
El primero est� constituido por variables
“dadas” o “par�metros”, esto es, variables sobre las cuales, en la
mayor�a de los casos, el sistema cuenta con muy pocas posibilidades
de modificaci�n. La “globalizaci�n” es un t�pico par�metro; hay que
contar con ella como algo dado; a lo sumo, se puede asumir una posici�n
cr�tica sobre la misma. El “modelo econ�mico”, aunque en principio
puede ser modificado o a�n sustituido por otro, no obstante, no es
realista pensar en que sea factible hacerlo, por lo menos en el corto
o mediano plazos. Otro tipo de variables pertenecientes a este conjunto
est� compuesto por aquellas que se pueden tomar o dejar. Caso t�pico
es la “doctrina social de la Iglesia” que, como cuerpo doctrinal que
establece el “deber ser” de las relaciones sociales internas y externas
de un sistema socioecon�mico, a la luz de los principios o criterios
cristianos, es susceptible de tomarlo o dejarlo, pero en caso de asumirlo
ejercer�a una importante influencia sobre el sistema. Finalmente,
otro grupo de variables pertenecientes a esta categor�a, est� conformado
por las que denominamos variables “fuerza”, o sea, aquellas que gozando
de gran influencia sobre el sistema, son susceptibles de ser controladas
o intervenidas para su mejoramiento. Pertenecen a este grupo, variables
tales como: la Gobernabilidad, el Nivel educativo, la Mentalidad democr�tica,
la Inflaci�n, el Equilibrio fiscal, los Intereses etc.
Un segundo conjunto est� determinado
por las variables que llamamos de “trabajo”. Son variables con alta
influencia sobre el sistema pero que, al mismo tiempo, son dependientes
en distinto grado. Se clasifican como variables de trabajo por cuanto
es en ellas donde se deben concentrar los esfuerzos para lograr una
mayor din�mica del sistema. A este grupo, pertenecen variables tales
como: la Pol�tica social, el Respeto a los derechos, el Desarrollo
humano, la Distribuci�n de la riqueza, el Capital social como activo,
los Monopolios econ�micos, los Salarios, el Nivel de empleo, la Pol�tica
econ�mica, el Precio de los bienes finales… La acci�n sobre estas
variables deber� ser objeto de serias discusiones, toda vez que no
pueden ser abordadas de manera directa, pero ofrecen la posibilidad
de incidir significativamente sobre otro conjunto numeroso de variables.
Dentro de este segundo conjunto sobresale
un grupo de variables que denominamos “cr�ticas”, debido a que en
ellas se concentra, al mismo tiempo, un alto grado de influencia y
de dependencia. Ni mucho menos son de f�cil manejo, pero cualquier
acci�n que se logre ejercer sobre ellas tendr� gran repercusi�n sobre
el sistema. Son de destacar las siguientes: el Desarrollo social,
el Crecimiento econ�mico, la Igualdad de oportunidades, la Cultura
din�mica, el Estado, la Personalidad b�sica del colombiano y la Equidad.
Sobre este conjunto de variables, cuya mayor�a son de car�cter social,
se debe comentar que constituyen el “tend�n de Aquiles” o la raz�n
de ser del sistema. Obs�rvese la importancia individual de cada una
de ellas y su importancia colectiva. All� se encuentra, ante todo,
el Estado como protagonista de un sistema donde el sujeto est� caracterizado
por la Personalidad b�sica del colombiano. Ese sistema debe operar�
bajo el principio b�sico de la Equidad o justicia social, seg�n la
cual todos los miembros de la sociedad deben gozar de Igualdad de
oportunidades, para que toda la sociedad pueda asumir en sus manos
la responsabilidad de su propio destino (cultura din�mica), con el
fin de lograr, en forma equilibrada, el mayor crecimiento econ�mico
junto con el m�ximo desarrollo social.
El tercer conjunto est� compuesto
por las variables “resultado”. Son variables cuya caracter�stica fundamental
es su alto grado de dependencia unido a un muy bajo grado de influencia
sobre el sistema. Por lo tanto, constituyen las salidas o resultados
del sistema. All� est� ubicada la “pobreza” con todas sus manifestaciones
y grados; el nivel de “calidad de vida” y las “expectativas de la
poblaci�n; la producci�n; la Inversi�n; el empleo y la capacidad de
ahorro, entre otras.
Diversos comentarios se pueden hacer
desde el punto de vista social.� En primer lugar, se constata que
el nivel de calidad de vida es el resultado del sistema por excelencia,
asociado� a las expectativas de la poblaci�n. En segundo lugar, el
an�lisis estructural refleja el car�cter altamente dependiente de
las variables relacionadas con la pobreza. Esto significa que la pobreza,
en general, no se soluciona actuando directamente sobre ellas sino
sobre el conjunto de las variables influyentes en el sistema. Desde
el punto de vista econ�mico, resulta igualmente interesante, observar
c�mo la producci�n, la inversi�n, la oferta de manufactura y comercio
informal, y los consumidores, aparecen como variables resultado del
sistema, lo mismo que las variables relacionadas con el empleo y la
capacidad de ahorro.
Finalmente, se detecta un cuarto
conjunto de variables caracterizado por sus m�nimos grados de influencia
y de dependencia con relaci�n al sistema. Constituye lo que denominamos
variables “insignificantes” para el sistema o “falsos problemas”,
en cuyo caso no vale la pena invertir energ�as en ellas, pues, ser�
muy despreciable su influencia sobre el sistema. Figuran dentro de
este conjunto variables tales como: la Infraestructura f�sica, las
Redes de informaci�n, el Contrabando, las Adicciones (Alcoholismo,
drogadicci�n…), los Organismos multilaterales, los Servicios informales
etc... Estas variables, si bien tienen importancia
en s� mismas, dejan de tenerla en relaci�n con el sistema espec�fico
bajo an�lisis.
Cuatro grandes retos
para superar la pobreza en Colombia
Si bien, el Estado Colombiano ha
venido haciendo esfuerzos loables, a trav�s de los gobiernos de turno,
para lograr metas de crecimiento econ�mico y de desarrollo humano
importantes, no obstante, en nuestra opini�n, esos esfuerzos se han
centrado en el manejo de variables coyunturales como dictado de la
pol�tica econ�mica. Por el contrario, sobre los profundos problemas
sociales de tipo estructural, es muy poco lo que se ha venido haciendo.
Nuestra conclusi�n derivada del estudio, se basa en la necesidad de
incidir en los problemas sociales y econ�micos estructurales que producen
la situaci�n de pobreza en la sociedad colombiana. Esta conclusi�n
la expresamos a trav�s de cuatro grandes retos:
Primer reto:
“Pasar de una Sociedad Desarticulada a una Sociedad Integrada”
Se entiende por
sociedad “desarticulada” aquella donde se da un alto grado de incertidumbre,
l�ase falta de confianza, junto con un bajo nivel de institucionalidad
y, por sociedad “integrada” aquella construida sobre una institucionalidad
s�lida a favor de los derechos humanos al tiempo que goza de un alto
nivel de confianza en sus instituciones.
Estudios actuales se�alan la “confianza”
como un factor decisivo para el desarrollo econ�mico y social, factor
que est� estrechamente relacionado con los niveles de inversi�n y
de consumo econ�mico. Hemos identificado, adem�s, dos situaciones
generadoras de desconfianza, la primera asociada con la situaci�n
de orden p�blico del pa�s, ligada al problema del narcotr�fico y,
la segunda, al manejo adecuado de ciertas variables econ�micas.
En cuanto al primero, es evidente
que el problema de la hoy denominada narcoguerrilla es un factor determinante
de la falta de confianza en el pa�s, tanto por parte de los mismos
inversionistas nacionales como por parte de los extranjeros. Para
nadie es un misterio que el problema del narcotr�fico es un problema
global estrechamente ligado a la demanda mundial por el consumo de
drogas il�citas, como tampoco hay duda sobre el hecho de que los grupos
insurgentes encontraron en el negocio de las drogas un medio altamente
eficiente para su financiaci�n. El narcotr�fico
es un negocio multinacional globalizado como cualquier otro. Mientras
no se produzca un cambio radical en la pol�tica internacional con
respecto al consumo o a la legalizaci�n de la droga, al pa�s no le
queda otra alternativa diferente a combatirla y a expulsarla de su
propio territorio, por el solo hecho de recuperar la confianza absolutamente
necesaria para su desarrollo, como objetivo fundamental.
La paz, en t�rminos globales, es
un t�pico resultado del sistema socioecon�mico; la negociaci�n pol�tica
de una paz duradera y sostenible, basada en la justicia social, significa
llegar a acuerdos estructurales de fondo; no consiste simplemente
en llegar a acuerdos de intercambio humanitario -deseables pero insuficientes-
ni en la reintegraci�n de los levantados en armas a la vida civil
-corolario de un acuerdo pol�tico de fondo-. Los acuerdos definitivos
tienen que ver directamente con cambios estructurales que implican
desde� la organizaci�n actual del Estado, pasando por la superaci�n
de los grandes problemas nacionales -el principal, la pobreza- y el
fortalecimiento de la democracia. Los retos de la paz, en �ltimo t�rmino
se confunden con los retos que estamos analizando para superar la
pobreza.
El otro factor que afecta la confianza
es el grado de �xito obtenido a trav�s del manejo de ciertas variables
econ�micas clave. Digamos que las estrategias b�sicas en el campo
de la pol�tica econ�mica se han desarrollado tradicionalmente en este
terreno y que, aparte de las discusiones eminentemente acad�micas
sobre el particular, el pa�s ha logrado a trav�s de los �ltimos cincuenta
a�os, un manejo m�s o menos exitoso de las mismas.
Pero, todo lo anterior, tampoco es
suficiente dentro de este primer reto estructural. A la falta de confianza
hay que a�adir una institucionalidad d�bil, la cual a su turno, tambi�n
es causa de incertidumbre. La institucionalidad tiene que ver con
la normatividad de la sociedad. El problema de la normatividad es
que no basta con tener leyes excelentes y bien estructuradas, es necesario,
adem�s, que el esp�ritu de esas leyes sea asimilado e interiorizado
por la sociedad. Lo contrario, lleva a una especie de esquizofrenia
social que un pol�tico colombiano describi� como dos pa�ses: “el pa�s
formal y el pa�s real”, y que DURKHEIM, caracteriz� como un estado
de anomia. Salir de ella implica lograr un gran “consenso social”
sobre el pa�s que queremos todos los colombianos; sobre c�mo debe
ser esa nueva Colombia en la cual quepamos todos y participemos todos
en su construcci�n.
Este debe ser el tema fundamental
en una futura y deseable mesa de negociaci�n con los grupos en conflicto
para lo cual, es necesario preparar un ambiente nacional de apertura
y de respeto por las ideas de los otros, ambiente que exige esfuerzos
por parte de todos los grupos sociales en conflicto y que debe aceptar
como principio una actitud de “perd�n” y olvido. Sin embargo, este
perd�n no puede ser impuesto a la fuerza desde arriba; para que sea
un perd�n con eficacia social, debe ser fruto de un reconocimiento
de los delitos sociales por parte de quienes piden el perd�n y de
una aceptaci�n social por parte de quienes lo otorgan. Esto requiere
trabajo y direcci�n, no hay que esperar a que se d� en forma espont�nea.
Pensamos que la Iglesia Cat�lica, aprovechando su alto grado de credibilidad
dentro del contexto colombiano, tiene un papel muy importante que
jugar en este escenario, abanderando esa campa�a por el “perd�n” social
de los colombianos, condici�n “sine qua non” para pasar, definitivamente,
de una sociedad desarticulada a una sociedad integrada.
Segundo reto:
Pasar de una Gesti�n P�blica ineficaz a una situaci�n de Gesti�n P�blica
eficaz y eficiente
Este segundo reto, en uno de sus
componentes, est� ligado al anterior. Por una parte, tiene que ver
con la superaci�n de lo que hemos denominado “Gesti�n P�blica Ineficaz”
generada por la desarticulaci�n del Estado que acabamos de analizar,
junto con un bajo nivel de “gobernabilidad”. La gobernabilidad, por
su parte, est� estrechamente ligada a la eficacia y a la eficiencia
de las instituciones del Estado. En otras palabras, no podr� haber
gobernabilidad en un Estado que vive en una patol�gica crisis institucional.
El riesgo que corre un gobierno bien intencionado y a�n acertado en
sus decisiones, es el fracaso final de su gesti�n cuando las instituciones
del Estado permanecen en crisis.
Por lo tanto, el reto que se le presenta
al Estado colombiano para lograr una aut�ntica gobernabilidad y consecuentemente
una Gesti�n Publica eficaz y eficiente, se basa en la reforma efectiva
del Estado desde el punto de vista del acceso real al verdadero poder
pol�tico de los ciudadanos en los niveles m�s cercanos a su contexto
de vida. Esto comienza por la reforma de los partidos pol�ticos que
deben ser espacios privilegiados de participaci�n pol�tica ciudadana.
Tercer reto:
Pasar de una sociedad PREMODERNA a una sociedad MODERNA
Aqu� entramos en el campo de la cultura
al afirmar, que solo una peque�a parte de la poblaci�n colombiana
ha asimilado los valores propios de un pensamiento moderno, esto es
de corte cient�fico-tecnol�gico. La mayor�a de la poblaci�n, se mueve
a�n dentro de moldes culturales de tipo tradicional donde predomina
el pensamiento m�tico-sagrado. Por otra parte, sostenemos que la mentalidad
democr�tica es muy d�bil en el contexto colombiano, donde prevalece
una democracia representativa sobre un tipo de democracia participativa.
Es, predominantemente, en la poblaci�n de origen campesino donde prevalecen
las pautas de comportamiento tradicionales asociadas a un sistema
de relaciones sociales primarias de car�cter informal y de tipo afectivo.�
La sustituci�n del pensamiento tradicional por un pensamiento cient�fico
- tecnol�gico est� estrechamente relacionada con el contacto con la
sociedad moderna donde predominan las relaciones sociales secundarias
de car�cter formal y de tipo contractual. Las sociedades industriales
y post-industriales se caracterizan por ser generadoras de este tipo
de relaciones incubadas en las condiciones laborales propias del sistema
empresarial.
En una primera instancia, el acelerado
proceso de urbanizaci�n del pa�s ofrece ya un primer elemento a favor
del cambio de mentalidad. Sin embargo, el cambio en la estructura
demogr�fica, por s� solo, no produce el cambio cultural aludido, es
necesaria adem�s la intervenci�n de ciertas instituciones culturales
clave: la educaci�n y la econom�a en este caso espec�fico.
El cambio de pautas culturales
tradicionales en modernas compete, en primer lugar, al sistema educativo
por cuanto es �l, a quien corresponde en forma directa, la creaci�n
de pautas de comportamiento moderno derivadas del pensamiento cient�fico-tecnol�gico.
No cabe duda del valor de esta variable estrat�gica dentro del sistema
que venimos analizando. As�, pues, es necesario redoblar los esfuerzos
que el estado colombiano ha venido haciendo en este campo.�
La econom�a,� por su parte, a trav�s
de sus diversos subsistemas de acopio, producci�n,� distribuci�n,
financiaci�n etc. es una aut�ntica escuela de cambio de valores tradicionales
en modernos. El problema radica, en que no toda la poblaci�n en edad
econ�micamente activa se encuentra vinculada al sistema econ�mico
formal. El ambiente cultural de lo que se ha venido denominando econom�a
“informal” es, por el contrario, reproductor de pautas de comportamiento
tradicional. Los esfuerzos que diferentes gobiernos han hecho para
impulsar la econom�a informal como soluci�n a la pobreza, si bien
son loables, no obstante constituyen t�picas medidas coyunturales
y transitorias.
Otro caso muy diferente es el cambio
de valores autoritarios por valores democr�ticos. El tema del autoritarismo
y la democracia tiene que ver directamente con la concepci�n cultural
que se tenga con relaci�n al ejercicio del poder, siendo �ste el dominio
de la instituci�n pol�tica. Sin embargo, las pautas de comportamiento
autoritario o democr�tico introducen sus ra�ces en el �mbito familiar.
La forma como se toman las decisiones en la familia puede ser de tipo
autoritario, cuando est�n centradas exclusivamente en cabeza de uno
de los dos c�nyuges, o de tipo democr�tico, cuando existe un equilibrio,
al menos� entre marido y mujer cuando no entre los hijos tambi�n,
con relaci�n al ejercicio de la autoridad. La profunda evoluci�n cultural
de los �ltimos cuarenta a�os, en el caso colombiano, est� estrechamente
relacionada con este tema. La lucha por la igualdad de derechos entre
el hombre y la mujer est� en el n�cleo de esta evoluci�n. El verdadero
cambio cultural en esta materia se producir� en la medida en que se
desmonte el sistema pol�tico autocr�tico de corte clientelista.
En este campo, la responsabilidad recae en forma directa sobre los
partidos pol�ticos que deben evolucionar en varias direcciones: del
bipartidismo al pluripartidismo y del partido clientelista
de masas al partido ideol�gico.
El otro desaf�o fundamental de la
democracia es el paso de la democracia representativa a la democracia
participativa. La primera tuvo su origen en el S. XIX “ante la resignaci�n
de que “solo una peque�a porci�n de la poblaci�n contaba con una adecuada
educaci�n, dispon�a de recursos materiales, gozaba de acceso a informaci�n
sobre asuntos p�blicos y ten�a el tiempo para utilizar dicha informaci�n
responsablemente”. Los partidos pol�ticos
encuentran su raz�n ser como mediadores representativos de los ciudadanos
elegidos por per�odos definidos de tiempo y de espacio. Se sugiere,
entonces, la extensi�n de lo que hoy se denomina democracia “participativa”
entendida, como “aquella democracia en la cual los espacios de decisi�n
desbordan las instituciones tradicionales -el sufragio y el parlamento-,
los sujetos pol�ticos van m�s all� de la acci�n partidista y el m�todo
de decisi�n privilegiado es la construcci�n de acuerdos... En esta
perspectiva, la democracia participativa no sustituye a la representativa,
ni se identifica con la democracia directa, sino que avanza en la
construcci�n de mecanismos que acercan la pr�ctica del gobierno al
ideal de la democracia como gobierno del pueblo o autogobierno”.
Para llegar a la democracia participativa
real, adem�s de la reforma interna de los partidos, se hace necesaria
una pedagog�a pol�tica, basada sobre todo en la transparencia, eficacia
y eficiencia del Estado.
4. CUARTO RETO:
Pasar de un modelo liberal “MANCHESTERIANO” a un
modelo INTEGRAL de desarrollo humano
El liberalismo “manchesteriano�
� hoy retomado por el neoliberalismo- se fundament� en el individualismo
y predic� la liberaci�n de las fuerzas de la oferta y la demanda plasmada
en el conocido lema del �laissez faire�. Todo lo que sea controlar
en sus efectos la libre acci�n de la oferta y de la demanda en el
mercado es artificial y da�ino. Considera esta escuela que la libertad
es el resorte que mueve al hombre en su af�n creador y, llega hasta
abandonarlo al resultado del libre juego de las fuerzas del mercado,
sin importarle ni mucho ni poco el que prolifere la desigualdad, la
injusticia y la miseria que, de paso considera pasajeras, mientras
se alcanza un nivel de desarrollo tal, que sus beneficios desbordan
en favor de todos los miembros de la sociedad.
Que este ideal libertario no corresponda
a la realidad, es asunto comprobado. Por lo tanto, se hace indispensable
la intervenci�n del Estado como garante del bien com�n a trav�s de
determinados objetivos: el pleno respeto de los derechos humanos;
aplicar la justicia conmutativa en derecho bajo condiciones de igualdad;
ejercer a cabalidad el poder monop�lico para la preservaci�n de la
ley; velar por la seguridad e integridad del territorio nacional e
implantar los preceptos de la justicia distributiva. Estos objetivos
constituyen en esencia el contenido de la pol�tica social con enfoque
sist�mico.
En un an�lisis detallado de las pol�ticas
sociales aplicadas por los �ltimos gobiernos desde 1980 hasta el 2000,
el CINEP detect� a trav�s de la lectura
de los planes de desarrollo que, “que las pol�ticas macroecon�micas
se han distanciado de las pol�ticas sociales. Todav�a m�s, la pol�tica
econ�mica ha ido en contra de dicha integraci�n porque los equilibrios
macro contin�an consider�ndose fines en s� mismos. El bienestar de
las personas se ha puesto en un segundo lugar, despu�s de la consecuci�n
de los equilibrios macro. De hecho, la evoluci�n de la pobreza y de
la desigualdad muestra que la calidad de vida se deterior� en los
noventa… El desprecio por el Estado y la institucionalidad de lo p�blico
se ha terminado reflejando en una acentuaci�n de la dicotom�a entre
las pol�ticas econ�micas y sociales”.
El manejo equilibrado de las pol�ticas
econ�micas y sociales para lograr el desarrollo integral es posible,
siempre y cuando exista conciencia clara en el Estado sobre cuatro
condiciones fundamentales: 1) Necesidad de intervenir desde el Estado
en forma decidida, tanto en el campo econ�mico como en el social;
2) Necesidad de una Gesti�n P�blica eficaz y eficiente como se analiz�
al ocuparnos del segundo reto; 3) Decidida intenci�n de permitir en
forma efectiva una amplia participaci�n democr�tica en el proceso
para lograr el desarrollo integral; 4) Ejercer un liderazgo claro
para lograr el consenso social sobre las metas del desarrollo integral,
lo que implica, una clara conciencia nacional de que el pa�s se salva
a condici�n de que se produzca un esfuerzo mancomunado de todos los
grupos y sectores sociales, sin excepci�n alguna.
4. Reflexiones
finales:
La “riqueza humana” ata�e al tipo
de sociedad ideal en el cual, en primer lugar, el ser humano pasa
de ser objeto pasivo del desarrollo a ser sujeto activo del mismo
y, en segundo lugar, se da en sociedades que alcanzan elevados niveles
de desarrollo econ�mico y social mediante el ejercicio de la cultura
din�mica, lo cual corresponde al concepto de desarrollo integral expuesto
en p�ginas anteriores, donde la “calidad de vida” se convierte en
el indicador b�sico del desarrollo humano.
Para lograr esta meta ambiciosa del
desarrollo integral, es necesaria una gesti�n p�blica eficaz basada
en una s�lida institucionalidad y apoyada en una eficiente gobernabilidad
que busque el equilibrio entre el desarrollo econ�mico y social, por
una parte, y el desarrollo cultural, en el sentido de la cultura din�mica,
por la otra.
La cultura din�mica, concepto acu�ado
por el soci�logo franc�s Pierre Henry Chombart de Lauwe, como “adquisici�n constante
y acci�n que se torna hacia el futuro y permite a los hombres de una
civilizaci�n asumir progresivamente la direcci�n de su propio destino”,
es una clara concepci�n solidaria o societal
que hunde sus ra�ces en el pensamiento sociol�gico franc�s heredado
de Emile DURKHEIM.
Esta concepci�n de la relaci�n sociedad-cultura
es sustancialmente diferente a la concepci�n anglosajona seg�n la
cual, “la sociedad es m�s una suma de individuos que responden competitivamente
a las condiciones del mercado”. Es, en ese sentido,
como en la propuesta de A. Sen, “las capacidades hacen referencia
a la libertad de las personas para decidir sobre sus empe�os y optar
por las oportunidades que les permitan desempe�ar un papel individual
y social satisfactorio para su crecimiento personal”. Estando en parcial
acuerdo con Sen, pensamos que el desarrollo de las capacidades no
es solamente un problema individual sino colectivo, esto es cultural
y, m�s espec�ficamente, propio de la cultura din�mica. El
problema radica en saber cu�les son los mecanismos concretos de la
cultura din�mica para lograr respuestas colectivas pertinentes y acertadas
tendientes a superar la pobreza.
En primer lugar, se parte del reconocimiento
expl�cito de que la pobreza, tal como lo hemos venido demostrando
en este estudio, es el resultado o producto de un sistema socioecon�mico
deficiente, por lo tanto, cualquier acci�n correctiva debe estar orientada
a producir impactos significativos sobre el sistema global y no meramente
individuales, si pretenden ser efectivas.
En segundo lugar, se confirma la
importancia y eficacia del capital social, aplicado a nivel de la
sociedad global, para producir ese tipo de respuestas colectivas,
constituyendo, uno de los mecanismos concretos
para incrementarlo, la apertura de canales eficaces y eficientes de
participaci�n de la sociedad civil en la toma de decisiones. Esto
implica la organizaci�n de esta �ltima en agrupaciones s�lidas que
neutralicen la atomizaci�n en la cual se encuentra actualmente fragmentada.
Las respuestas individuales son ineficaces; la eficacia de las respuestas
culturales estriba en la fuerza social que ellas generan, pero estas
respuestas colectivas son fruto de grandes movimientos sociales con
fuerza pol�tica impulsados, bien sea a trav�s de los partidos pol�ticos
y/o de la sociedad civil organizada, y deseablemente avalados por
el Estado.
Finalmente, Colombia est� obligada
a superar la situaci�n actual de conmoci�n interior producto del enfrentamiento
armado entre las fuerzas de la guerrilla, los paramilitares y las
fuerzas del Estado que tiene un trasfondo y una explicaci�n global
en la situaci�n social y econ�mica del pa�s. La paz pol�tica estable
y duradera, exige acuerdos sobre cambios estructurales basados en
la justicia social que se identifican con los retos que hemos analizado
para superar la pobreza. Mientras esto no se logre, tampoco habremos
alcanzado una paz duradera.
La respuesta a los cuatro retos estructurales
planteados, conducir� indefectiblemente al “desarrollo cultural”,
en el sentido de la cultura din�mica, y �ste, combinado con el desarrollo
econ�mico y social, deber� dar como resultado sist�mico la “riqueza
humana” por contraposici�n a la “pobreza humana” que, en �ltimo t�rmino,
implicar� la erradicaci�n estructural y coyuntural de la pobreza.