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Temas para la catequesis

LA POBREZA, UN NUEVO ENFOQUE

Alberto Alvarado Acevedo
Soci�logo - Investigador del IPD de la Universidad Javeriana
Profesor de Sociolog�a en el Seminario Mayor de Bogot�

El problema de la pobreza ha sido objeto de m�ltiples definiciones, an�lisis y sugerencias de soluci�n. Pero, tan compleja es la problem�tica, que dif�cilmente se encuentra una definici�n sobre la cual exista consenso para ahondar, enseguida, en su an�lisis y concluir en soluciones congruentes.

El presente art�culo se basa en una reciente investigaci�n realizada en el Instituto de Pol�ticas para el Desarrollo -IPD-, de la Universidad Javeriana [1] . El enfoque es interdisciplinario, desde el �ngulo de dos disciplinas de las ciencias sociales: la sociolog�a y la econom�a.

Hay una concepci�n bastante com�n en algunos c�rculos de la pol�tica y de la academia. Seg�n esta concepci�n, la pobreza es carencia y las carencias explican la pobreza… Infortunadamente, esta concepci�n de la pobreza no nos permite avanzar ni en el entendimiento del porqu� de las carencias ni en el planteamiento de soluciones… Necesit�bamos, ir m�s all� de las descripciones, abordar la investigaci�n sobre la pobreza con otro enfoque.

El estudio se inici� a partir de una pregunta muy simple: �C�mo viven los pobres? La revisi�n de la literatura nos mostr� diferentes estrategias de supervivencia de los grupos sociales que viven por debajo de la l�nea de pobreza, esto es, con menos del ingreso equivalente a dos d�lares al d�a. En este estado de la investigaci�n, vimos claramente que el abordaje de la pobreza a partir del an�lisis de las situaciones particulares de la misma se agotaba muy r�pidamente en cuanto a la explicaci�n global del fen�meno, conclusi�n que nos llev� a hacernos la siguiente pregunta: �Globalmente, c�mo se produce la pobreza? Esta pregunta nos condujo, finalmente, al an�lisis global de la pobreza tomando como m�todo el An�lisis de Sistemas, cuyas conclusiones se presentan en forma muy resumida en este art�culo.

La Pobreza

En el contexto latinoamericano, durante las �ltimas d�cadas se han realizado esfuerzos importantes para refinar la medici�n de la pobreza. No obstante, hay consenso entre los estudiosos del tema en que estos esfuerzos se llevaron a cabo sin haber profundizado ni aclarado el concepto mismo de pobreza. En la evoluci�n del concepto se pueden identificar tres grandes etapas:

En la primera etapa, el enfoque predominante correspondi� a una concepci�n evolucionista de la sociedad. �La ideolog�a del �progreso�, afirma Fernando MIRES, supone que la sociedad avanza (vertical o zigzagueante) desde estadios inferiores hasta superiores, quemando etapas en su inevitable recorrido. Esta concepci�n se enmarca dentro del enfoque evolucionista de la historia y de la sociedad, cuya matriz fundamental era el crecimiento econ�mico� [2]

La concepci�n evolucionista llev� a otro enfoque muy frecuente en los estudios sobre la pobreza, el dualismo social, seg�n el cual, en toda sociedad� hay un centro y una periferia. El centro est� constituido por la sociedad que denominamos avanzada, mientras en la periferia quedan relegados los marginados, o sea, los que no lograron integrarse a ese centro.

En los a�os sesenta, Roger Veckemans en Chile, desarroll� la teor�a de la �marginalidad� basado en las ideolog�as del desarrollo, esto es, en la creencia que el desarrollo de la t�cnica o de las fuerzas productivas iba a terminar secularizando definitivamente al mundo tradicional. En esa construcci�n ideol�gica, la marginalidad fue vista como un espacio intermedio entre tradici�n y modernidad. La integraci�n de los marginales que deber�a resultar de la expansi�n de la modernidad, era necesario encauzarla e institucionalizarla. De ah� la necesaria injerencia del Estado en las ideolog�as de la marginalidad.

El colapso de la teor�a de la marginalidad llev� a algunos soci�logos a construir una teor�a de acuerdo con la cual la pobreza, en todas sus formas, ya no aparec�a como un resabio del pasado sino como campo de reproducci�n de la misma sociedad. Tal fue la teor�a de la �informalidad�. El concepto de �sociedad informal� si bien es continuador del de �sociedad marginal�, se diferencia de este �ltimo en que la informalidad no est� situada fuera sino dentro de la �sociedad�, de modo que la l�gica de la raz�n dualista heredada de los marginalistas es trasladada al interior mismo del concepto de sociedad.

En la segunda etapa, varias teor�as centraron su atenci�n sobre tres categor�as de “carencias” [3] : a) Como carencia o NBI (Necesidades B�sicas Insatisfechas). En esta categor�a se incluyen las diversas corrientes que entienden la pobreza como carencia, ausencia de posibilidades o falta de satisfacci�n de una o m�s necesidades b�sicas para alcanzar un nivel de vida digno. Bajo este enfoque, la pobreza se entiende como un fen�meno multidimensional y se define en t�rminos de d�ficit de satisfacci�n de necesidades b�sicas distintas a la sola alimentaci�n. As� la pobreza es una situaci�n que impide al individuo o a la familia satisfacer una o m�s necesidades b�sicas. b) Como carencia de ingresos. La falta de ingresos suficientes para adquirir los bienes y servicios esenciales para vivir, es otra forma de carencia. Una persona se considera pobre s�lo cuando su nivel de ingreso es inferior a una l�nea de pobreza definida. Se basa en juicios de valor sobre los niveles m�nimos de bienestar aceptables para llevar una vida digna y sobre los grados de privaci�n que se consideren intolerables. Su c�lculo requiere la construcci�n de indicadores que buscan medir los niveles de vida alcanzados por la poblaci�n, en t�rminos de logro o d�ficit en la satisfacci�n de necesidades b�sicas. c) Como deficientes condiciones de vida. Esta propuesta fue desarrollada por la Misi�n Social del Departamento Nacional de Planeaci�n de Colombia a partir de una concepci�n del bienestar y de las necesidades b�sicas que se fundamenta en dos afirmaciones principales: 1. La existencia de un �nico conjunto de necesidades humanas que no var�an en el tiempo, aunque s� cambien sus satisfactores. 2. La posibilidad de definir un subconjunto de necesidades cuya no satisfacci�n durante un largo per�odo de tiempo podr�a llevar a la muerte.

Las formas de superar la pobreza se refieren, entonces, a la compensaci�n y/o a la satisfacci�n de esas necesidades. Las propuestas toman en consideraci�n, principalmente, la insuficiencia de ingresos, la incapacidad para satisfacer las necesidades b�sicas y la conjunci�n de las dos anteriores.

Finalmente, la tercera etapa corresponde a una concepci�n estructural de la sociedad, que nosotros compartimos, la cual entiende la pobreza como un problema social causado por las relaciones econ�micas, sociales y pol�ticas de la sociedad [4] . Es la estructura socioecon�mica de la sociedad la que produce situaciones de pobreza. Pero, mientras los estructuralistas basan la superaci�n de la pobreza, en la teor�a de Amartia Sen, seg�n la cual la soluci�n de la pobreza� se logra mediante el desarrollo de las capacidades individuales con el fin de obtener el pleno ejercicio de sus derechos, nosotros intentamos una nueva aproximaci�n al diagn�stico y a las soluciones a partir de un enfoque global e interdisciplinario basado en el an�lisis de sistemas.

An�lisis sist�mico de la pobreza

La pobreza, seg�n nuestro enfoque, es el resultado de un sistema. En su concepci�n m�s simple, un sistema es un conjunto de elementos interrelacionados entre s� a trav�s de lazos de influencia y de dependencia y que tienen un comportamiento unificado. Al concebir la pobreza desde el punto de vista sist�mico se entiende que es el resultado de un complejo conjunto de variables de distinta naturaleza (econ�micas, sociales, pol�ticas, culturales etc.) entrelazadas a trav�s de estrechas relaciones de interdependencia mutua; por lo tanto, para superar la pobreza, primero es necesario conocer c�mo est� constituido el sistema; enseguida, entender c�mo opera el sistema en su conjunto y, finalmente, determinar el tipo de variables que inciden sobre ella desde el punto de vista de su “operatividad” para formular soluciones eficaces y eficientes.

La exhaustiva revisi�n de la literatura nos permiti� identificar un total de 116 variables relacionadas con el sistema generador de pobreza. El an�lisis de las relaciones de influencia y de dependencia de estas variables nos permiti� clasificarla en cuatro grandes grupos.

El primero est� constituido por variables “dadas” o “par�metros”, esto es, variables sobre las cuales, en la mayor�a de los casos, el sistema cuenta con muy pocas posibilidades de modificaci�n. La “globalizaci�n” es un t�pico par�metro; hay que contar con ella como algo dado; a lo sumo, se puede asumir una posici�n cr�tica sobre la misma. El “modelo econ�mico”, aunque en principio puede ser modificado o a�n sustituido por otro, no obstante, no es realista pensar en que sea factible hacerlo, por lo menos en el corto o mediano plazos. Otro tipo de variables pertenecientes a este conjunto est� compuesto por aquellas que se pueden tomar o dejar. Caso t�pico es la “doctrina social de la Iglesia” que, como cuerpo doctrinal que establece el “deber ser” de las relaciones sociales internas y externas de un sistema socioecon�mico, a la luz de los principios o criterios cristianos, es susceptible de tomarlo o dejarlo, pero en caso de asumirlo ejercer�a una importante influencia sobre el sistema. Finalmente, otro grupo de variables pertenecientes a esta categor�a, est� conformado por las que denominamos variables “fuerza”, o sea, aquellas que gozando de gran influencia sobre el sistema, son susceptibles de ser controladas o intervenidas para su mejoramiento. Pertenecen a este grupo, variables tales como: la Gobernabilidad, el Nivel educativo, la Mentalidad democr�tica, la Inflaci�n, el Equilibrio fiscal, los Intereses etc.

Un segundo conjunto est� determinado por las variables que llamamos de “trabajo”. Son variables con alta influencia sobre el sistema pero que, al mismo tiempo, son dependientes en distinto grado. Se clasifican como variables de trabajo por cuanto es en ellas donde se deben concentrar los esfuerzos para lograr una mayor din�mica del sistema. A este grupo, pertenecen variables tales como: la Pol�tica social, el Respeto a los derechos, el Desarrollo humano, la Distribuci�n de la riqueza, el Capital social como activo, los Monopolios econ�micos, los Salarios, el Nivel de empleo, la Pol�tica econ�mica, el Precio de los bienes finales… La acci�n sobre estas variables deber� ser objeto de serias discusiones, toda vez que no pueden ser abordadas de manera directa, pero ofrecen la posibilidad de incidir significativamente sobre otro conjunto numeroso de variables.

Dentro de este segundo conjunto sobresale un grupo de variables que denominamos “cr�ticas”, debido a que en ellas se concentra, al mismo tiempo, un alto grado de influencia y de dependencia. Ni mucho menos son de f�cil manejo, pero cualquier acci�n que se logre ejercer sobre ellas tendr� gran repercusi�n sobre el sistema. Son de destacar las siguientes: el Desarrollo social, el Crecimiento econ�mico, la Igualdad de oportunidades, la Cultura din�mica, el Estado, la Personalidad b�sica del colombiano y la Equidad. Sobre este conjunto de variables, cuya mayor�a son de car�cter social, se debe comentar que constituyen el “tend�n de Aquiles” o la raz�n de ser del sistema. Obs�rvese la importancia individual de cada una de ellas y su importancia colectiva. All� se encuentra, ante todo, el Estado como protagonista de un sistema donde el sujeto est� caracterizado por la Personalidad b�sica del colombiano. Ese sistema debe operar� bajo el principio b�sico de la Equidad o justicia social, seg�n la cual todos los miembros de la sociedad deben gozar de Igualdad de oportunidades, para que toda la sociedad pueda asumir en sus manos la responsabilidad de su propio destino (cultura din�mica), con el fin de lograr, en forma equilibrada, el mayor crecimiento econ�mico junto con el m�ximo desarrollo social.

El tercer conjunto est� compuesto por las variables “resultado”. Son variables cuya caracter�stica fundamental es su alto grado de dependencia unido a un muy bajo grado de influencia sobre el sistema. Por lo tanto, constituyen las salidas o resultados del sistema. All� est� ubicada la “pobreza” con todas sus manifestaciones y grados; el nivel de “calidad de vida” y las “expectativas de la poblaci�n; la producci�n; la Inversi�n; el empleo y la capacidad de ahorro, entre otras.

Diversos comentarios se pueden hacer desde el punto de vista social.� En primer lugar, se constata que el nivel de calidad de vida es el resultado del sistema por excelencia, asociado� a las expectativas de la poblaci�n. En segundo lugar, el an�lisis estructural refleja el car�cter altamente dependiente de las variables relacionadas con la pobreza. Esto significa que la pobreza, en general, no se soluciona actuando directamente sobre ellas sino sobre el conjunto de las variables influyentes en el sistema. Desde el punto de vista econ�mico, resulta igualmente interesante, observar c�mo la producci�n, la inversi�n, la oferta de manufactura y comercio informal, y los consumidores, aparecen como variables resultado del sistema, lo mismo que las variables relacionadas con el empleo y la capacidad de ahorro.

Finalmente, se detecta un cuarto conjunto de variables caracterizado por sus m�nimos grados de influencia y de dependencia con relaci�n al sistema. Constituye lo que denominamos variables “insignificantes” para el sistema o “falsos problemas”, en cuyo caso no vale la pena invertir energ�as en ellas, pues, ser� muy despreciable su influencia sobre el sistema. Figuran dentro de este conjunto variables tales como: la Infraestructura f�sica, las Redes de informaci�n, el Contrabando, las Adicciones (Alcoholismo, drogadicci�n…), los Organismos multilaterales, los Servicios informales etc... Estas variables, si bien tienen importancia en s� mismas, dejan de tenerla en relaci�n con el sistema espec�fico bajo an�lisis.

Cuatro grandes retos para superar la pobreza en Colombia

Si bien, el Estado Colombiano ha venido haciendo esfuerzos loables, a trav�s de los gobiernos de turno, para lograr metas de crecimiento econ�mico y de desarrollo humano importantes, no obstante, en nuestra opini�n, esos esfuerzos se han centrado en el manejo de variables coyunturales como dictado de la pol�tica econ�mica. Por el contrario, sobre los profundos problemas sociales de tipo estructural, es muy poco lo que se ha venido haciendo. Nuestra conclusi�n derivada del estudio, se basa en la necesidad de incidir en los problemas sociales y econ�micos estructurales que producen la situaci�n de pobreza en la sociedad colombiana. Esta conclusi�n la expresamos a trav�s de cuatro grandes retos:

Primer reto: “Pasar de una Sociedad Desarticulada a una Sociedad Integrada”

Se entiende por sociedad “desarticulada” aquella donde se da un alto grado de incertidumbre, l�ase falta de confianza, junto con un bajo nivel de institucionalidad y, por sociedad “integrada” aquella construida sobre una institucionalidad s�lida a favor de los derechos humanos al tiempo que goza de un alto nivel de confianza en sus instituciones.

Estudios actuales se�alan la “confianza” como un factor decisivo para el desarrollo econ�mico y social, factor que est� estrechamente relacionado con los niveles de inversi�n y de consumo econ�mico. Hemos identificado, adem�s, dos situaciones generadoras de desconfianza, la primera asociada con la situaci�n de orden p�blico del pa�s, ligada al problema del narcotr�fico y, la segunda, al manejo adecuado de ciertas variables econ�micas.

En cuanto al primero, es evidente que el problema de la hoy denominada narcoguerrilla es un factor determinante de la falta de confianza en el pa�s, tanto por parte de los mismos inversionistas nacionales como por parte de los extranjeros. Para nadie es un misterio que el problema del narcotr�fico es un problema global estrechamente ligado a la demanda mundial por el consumo de drogas il�citas, como tampoco hay duda sobre el hecho de que los grupos insurgentes encontraron en el negocio de las drogas un medio altamente eficiente para su financiaci�n [5] . El narcotr�fico es un negocio multinacional globalizado como cualquier otro [6] . Mientras no se produzca un cambio radical en la pol�tica internacional con respecto al consumo o a la legalizaci�n de la droga, al pa�s no le queda otra alternativa diferente a combatirla y a expulsarla de su propio territorio, por el solo hecho de recuperar la confianza absolutamente necesaria para su desarrollo, como objetivo fundamental.

La paz, en t�rminos globales, es un t�pico resultado del sistema socioecon�mico; la negociaci�n pol�tica de una paz duradera y sostenible, basada en la justicia social, significa llegar a acuerdos estructurales de fondo; no consiste simplemente en llegar a acuerdos de intercambio humanitario -deseables pero insuficientes- ni en la reintegraci�n de los levantados en armas a la vida civil -corolario de un acuerdo pol�tico de fondo-. Los acuerdos definitivos tienen que ver directamente con cambios estructurales que implican desde� la organizaci�n actual del Estado, pasando por la superaci�n de los grandes problemas nacionales -el principal, la pobreza- y el fortalecimiento de la democracia. Los retos de la paz, en �ltimo t�rmino se confunden con los retos que estamos analizando para superar la pobreza.

El otro factor que afecta la confianza es el grado de �xito obtenido a trav�s del manejo de ciertas variables econ�micas clave. Digamos que las estrategias b�sicas en el campo de la pol�tica econ�mica se han desarrollado tradicionalmente en este terreno y que, aparte de las discusiones eminentemente acad�micas sobre el particular, el pa�s ha logrado a trav�s de los �ltimos cincuenta a�os, un manejo m�s o menos exitoso de las mismas.

Pero, todo lo anterior, tampoco es suficiente dentro de este primer reto estructural. A la falta de confianza hay que a�adir una institucionalidad d�bil, la cual a su turno, tambi�n es causa de incertidumbre. La institucionalidad tiene que ver con la normatividad de la sociedad. El problema de la normatividad es que no basta con tener leyes excelentes y bien estructuradas, es necesario, adem�s, que el esp�ritu de esas leyes sea asimilado e interiorizado por la sociedad. Lo contrario, lleva a una especie de esquizofrenia social que un pol�tico colombiano describi� como dos pa�ses: “el pa�s formal y el pa�s real”, y que DURKHEIM, caracteriz� como un estado de anomia. Salir de ella implica lograr un gran “consenso social” sobre el pa�s que queremos todos los colombianos; sobre c�mo debe ser esa nueva Colombia en la cual quepamos todos y participemos todos en su construcci�n.

Este debe ser el tema fundamental en una futura y deseable mesa de negociaci�n con los grupos en conflicto para lo cual, es necesario preparar un ambiente nacional de apertura y de respeto por las ideas de los otros, ambiente que exige esfuerzos por parte de todos los grupos sociales en conflicto y que debe aceptar como principio una actitud de “perd�n” y olvido. Sin embargo, este perd�n no puede ser impuesto a la fuerza desde arriba; para que sea un perd�n con eficacia social, debe ser fruto de un reconocimiento de los delitos sociales por parte de quienes piden el perd�n y de una aceptaci�n social por parte de quienes lo otorgan. Esto requiere trabajo y direcci�n, no hay que esperar a que se d� en forma espont�nea. Pensamos que la Iglesia Cat�lica, aprovechando su alto grado de credibilidad dentro del contexto colombiano, tiene un papel muy importante que jugar en este escenario, abanderando esa campa�a por el “perd�n” social de los colombianos, condici�n “sine qua non” para pasar, definitivamente, de una sociedad desarticulada a una sociedad integrada.

Segundo reto: Pasar de una Gesti�n P�blica ineficaz a una situaci�n de Gesti�n P�blica eficaz y eficiente

Este segundo reto, en uno de sus componentes, est� ligado al anterior. Por una parte, tiene que ver con la superaci�n de lo que hemos denominado “Gesti�n P�blica Ineficaz” generada por la desarticulaci�n del Estado que acabamos de analizar, junto con un bajo nivel de “gobernabilidad”. La gobernabilidad, por su parte, est� estrechamente ligada a la eficacia y a la eficiencia de las instituciones del Estado. En otras palabras, no podr� haber gobernabilidad en un Estado que vive en una patol�gica crisis institucional. El riesgo que corre un gobierno bien intencionado y a�n acertado en sus decisiones, es el fracaso final de su gesti�n cuando las instituciones del Estado permanecen en crisis.

Por lo tanto, el reto que se le presenta al Estado colombiano para lograr una aut�ntica gobernabilidad y consecuentemente una Gesti�n Publica eficaz y eficiente, se basa en la reforma efectiva del Estado desde el punto de vista del acceso real al verdadero poder pol�tico de los ciudadanos en los niveles m�s cercanos a su contexto de vida. Esto comienza por la reforma de los partidos pol�ticos que deben ser espacios privilegiados de participaci�n pol�tica ciudadana.

Tercer reto: Pasar de una sociedad PREMODERNA a una sociedad MODERNA

Aqu� entramos en el campo de la cultura al afirmar, que solo una peque�a parte de la poblaci�n colombiana ha asimilado los valores propios de un pensamiento moderno, esto es de corte cient�fico-tecnol�gico. La mayor�a de la poblaci�n, se mueve a�n dentro de moldes culturales de tipo tradicional donde predomina el pensamiento m�tico-sagrado. Por otra parte, sostenemos que la mentalidad democr�tica es muy d�bil en el contexto colombiano, donde prevalece una democracia representativa sobre un tipo de democracia participativa.

Es, predominantemente, en la poblaci�n de origen campesino donde prevalecen las pautas de comportamiento tradicionales asociadas a un sistema de relaciones sociales primarias de car�cter informal y de tipo afectivo.� La sustituci�n del pensamiento tradicional por un pensamiento cient�fico - tecnol�gico est� estrechamente relacionada con el contacto con la sociedad moderna donde predominan las relaciones sociales secundarias de car�cter formal y de tipo contractual. Las sociedades industriales y post-industriales se caracterizan por ser generadoras de este tipo de relaciones incubadas en las condiciones laborales propias del sistema empresarial.

En una primera instancia, el acelerado proceso de urbanizaci�n del pa�s ofrece ya un primer elemento a favor del cambio de mentalidad. Sin embargo, el cambio en la estructura demogr�fica, por s� solo, no produce el cambio cultural aludido, es necesaria adem�s la intervenci�n de ciertas instituciones culturales clave: la educaci�n y la econom�a en este caso espec�fico.

El cambio de pautas culturales tradicionales en modernas compete, en primer lugar, al sistema educativo por cuanto es �l, a quien corresponde en forma directa, la creaci�n de pautas de comportamiento moderno derivadas del pensamiento cient�fico-tecnol�gico. No cabe duda del valor de esta variable estrat�gica dentro del sistema que venimos analizando. As�, pues, es necesario redoblar los esfuerzos que el estado colombiano ha venido haciendo en este campo.�

La econom�a,� por su parte, a trav�s de sus diversos subsistemas de acopio, producci�n,� distribuci�n, financiaci�n etc. es una aut�ntica escuela de cambio de valores tradicionales en modernos. El problema radica, en que no toda la poblaci�n en edad econ�micamente activa se encuentra vinculada al sistema econ�mico formal. El ambiente cultural de lo que se ha venido denominando econom�a “informal” es, por el contrario, reproductor de pautas de comportamiento tradicional. Los esfuerzos que diferentes gobiernos han hecho para impulsar la econom�a informal como soluci�n a la pobreza, si bien son loables, no obstante constituyen t�picas medidas coyunturales y transitorias.

Otro caso muy diferente es el cambio de valores autoritarios por valores democr�ticos. El tema del autoritarismo y la democracia tiene que ver directamente con la concepci�n cultural que se tenga con relaci�n al ejercicio del poder, siendo �ste el dominio de la instituci�n pol�tica. Sin embargo, las pautas de comportamiento autoritario o democr�tico introducen sus ra�ces en el �mbito familiar. La forma como se toman las decisiones en la familia puede ser de tipo autoritario, cuando est�n centradas exclusivamente en cabeza de uno de los dos c�nyuges, o de tipo democr�tico, cuando existe un equilibrio, al menos� entre marido y mujer cuando no entre los hijos tambi�n, con relaci�n al ejercicio de la autoridad. La profunda evoluci�n cultural de los �ltimos cuarenta a�os, en el caso colombiano, est� estrechamente relacionada con este tema. La lucha por la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer est� en el n�cleo de esta evoluci�n. El verdadero cambio cultural en esta materia se producir� en la medida en que se desmonte el sistema pol�tico autocr�tico de corte clientelista. En este campo, la responsabilidad recae en forma directa sobre los partidos pol�ticos que deben evolucionar en varias direcciones: del bipartidismo al pluripartidismo y del partido clientelista de masas al partido ideol�gico.

El otro desaf�o fundamental de la democracia es el paso de la democracia representativa a la democracia participativa. La primera tuvo su origen en el S. XIX “ante la resignaci�n de que “solo una peque�a porci�n de la poblaci�n contaba con una adecuada educaci�n, dispon�a de recursos materiales, gozaba de acceso a informaci�n sobre asuntos p�blicos y ten�a el tiempo para utilizar dicha informaci�n responsablemente”. [7] Los partidos pol�ticos encuentran su raz�n ser como mediadores representativos de los ciudadanos elegidos por per�odos definidos de tiempo y de espacio. Se sugiere, entonces, la extensi�n de lo que hoy se denomina democracia “participativa” entendida, como “aquella democracia en la cual los espacios de decisi�n desbordan las instituciones tradicionales -el sufragio y el parlamento-, los sujetos pol�ticos van m�s all� de la acci�n partidista y el m�todo de decisi�n privilegiado es la construcci�n de acuerdos... En esta perspectiva, la democracia participativa no sustituye a la representativa, ni se identifica con la democracia directa, sino que avanza en la construcci�n de mecanismos que acercan la pr�ctica del gobierno al ideal de la democracia como gobierno del pueblo o autogobierno”. [8]

Para llegar a la democracia participativa real, adem�s de la reforma interna de los partidos, se hace necesaria una pedagog�a pol�tica, basada sobre todo en la transparencia, eficacia y eficiencia del Estado.

4. CUARTO RETO: Pasar de un modelo liberal “MANCHESTERIANO” a un modelo INTEGRAL de desarrollo humano

El liberalismo “manchesteriano� � hoy retomado por el neoliberalismo- se fundament� en el individualismo y predic� la liberaci�n de las fuerzas de la oferta y la demanda plasmada en el conocido lema del �laissez faire�. Todo lo que sea controlar en sus efectos la libre acci�n de la oferta y de la demanda en el mercado es artificial y da�ino. Considera esta escuela que la libertad es el resorte que mueve al hombre en su af�n creador y, llega hasta abandonarlo al resultado del libre juego de las fuerzas del mercado, sin importarle ni mucho ni poco el que prolifere la desigualdad, la injusticia y la miseria que, de paso considera pasajeras, mientras se alcanza un nivel de desarrollo tal, que sus beneficios desbordan en favor de todos los miembros de la sociedad.

Que este ideal libertario no corresponda a la realidad, es asunto comprobado. Por lo tanto, se hace indispensable la intervenci�n del Estado como garante del bien com�n a trav�s de determinados objetivos: el pleno respeto de los derechos humanos; aplicar la justicia conmutativa en derecho bajo condiciones de igualdad; ejercer a cabalidad el poder monop�lico para la preservaci�n de la ley; velar por la seguridad e integridad del territorio nacional e implantar los preceptos de la justicia distributiva. Estos objetivos constituyen en esencia el contenido de la pol�tica social con enfoque sist�mico.

En un an�lisis detallado de las pol�ticas sociales aplicadas por los �ltimos gobiernos desde 1980 hasta el 2000, el CINEP [9] detect� a trav�s de la lectura de los planes de desarrollo que, “que las pol�ticas macroecon�micas se han distanciado de las pol�ticas sociales. Todav�a m�s, la pol�tica econ�mica ha ido en contra de dicha integraci�n porque los equilibrios macro contin�an consider�ndose fines en s� mismos. El bienestar de las personas se ha puesto en un segundo lugar, despu�s de la consecuci�n de los equilibrios macro. De hecho, la evoluci�n de la pobreza y de la desigualdad muestra que la calidad de vida se deterior� en los noventa… El desprecio por el Estado y la institucionalidad de lo p�blico se ha terminado reflejando en una acentuaci�n de la dicotom�a entre las pol�ticas econ�micas y sociales”.

El manejo equilibrado de las pol�ticas econ�micas y sociales para lograr el desarrollo integral es posible, siempre y cuando exista conciencia clara en el Estado sobre cuatro condiciones fundamentales: 1) Necesidad de intervenir desde el Estado en forma decidida, tanto en el campo econ�mico como en el social; 2) Necesidad de una Gesti�n P�blica eficaz y eficiente como se analiz� al ocuparnos del segundo reto; 3) Decidida intenci�n de permitir en forma efectiva una amplia participaci�n democr�tica en el proceso para lograr el desarrollo integral; 4) Ejercer un liderazgo claro para lograr el consenso social sobre las metas del desarrollo integral, lo que implica, una clara conciencia nacional de que el pa�s se salva a condici�n de que se produzca un esfuerzo mancomunado de todos los grupos y sectores sociales, sin excepci�n alguna.

4. Reflexiones finales:

La “riqueza humana” ata�e al tipo de sociedad ideal en el cual, en primer lugar, el ser humano pasa de ser objeto pasivo del desarrollo a ser sujeto activo del mismo y, en segundo lugar, se da en sociedades que alcanzan elevados niveles de desarrollo econ�mico y social mediante el ejercicio de la cultura din�mica, lo cual corresponde al concepto de desarrollo integral expuesto en p�ginas anteriores, donde la “calidad de vida” se convierte en el indicador b�sico del desarrollo humano.

Para lograr esta meta ambiciosa del desarrollo integral, es necesaria una gesti�n p�blica eficaz basada en una s�lida institucionalidad y apoyada en una eficiente gobernabilidad que busque el equilibrio entre el desarrollo econ�mico y social, por una parte, y el desarrollo cultural, en el sentido de la cultura din�mica, por la otra.

La cultura din�mica, concepto acu�ado por el soci�logo franc�s Pierre Henry Chombart de Lauwe [10] , como “adquisici�n constante y acci�n que se torna hacia el futuro y permite a los hombres de una civilizaci�n asumir progresivamente la direcci�n de su propio destino”, es una clara concepci�n solidaria o societal que hunde sus ra�ces en el pensamiento sociol�gico franc�s heredado de Emile DURKHEIM.

Esta concepci�n de la relaci�n sociedad-cultura es sustancialmente diferente a la concepci�n anglosajona seg�n la cual, “la sociedad es m�s una suma de individuos que responden competitivamente a las condiciones del mercado” [11] . Es, en ese sentido, como en la propuesta de A. Sen, “las capacidades hacen referencia a la libertad de las personas para decidir sobre sus empe�os y optar por las oportunidades que les permitan desempe�ar un papel individual y social satisfactorio para su crecimiento personal”. [12] Estando en parcial acuerdo con Sen, pensamos que el desarrollo de las capacidades no es solamente un problema individual sino colectivo, esto es cultural y, m�s espec�ficamente, propio de la cultura din�mica. El problema radica en saber cu�les son los mecanismos concretos de la cultura din�mica para lograr respuestas colectivas pertinentes y acertadas tendientes a superar la pobreza.

En primer lugar, se parte del reconocimiento expl�cito de que la pobreza, tal como lo hemos venido demostrando en este estudio, es el resultado o producto de un sistema socioecon�mico deficiente, por lo tanto, cualquier acci�n correctiva debe estar orientada a producir impactos significativos sobre el sistema global y no meramente individuales, si pretenden ser efectivas.

En segundo lugar, se confirma la importancia y eficacia del capital social, aplicado a nivel de la sociedad global, para producir ese tipo de respuestas colectivas, constituyendo, uno de los mecanismos concretos para incrementarlo, la apertura de canales eficaces y eficientes de participaci�n de la sociedad civil en la toma de decisiones. Esto implica la organizaci�n de esta �ltima en agrupaciones s�lidas que neutralicen la atomizaci�n en la cual se encuentra actualmente fragmentada. Las respuestas individuales son ineficaces; la eficacia de las respuestas culturales estriba en la fuerza social que ellas generan, pero estas respuestas colectivas son fruto de grandes movimientos sociales con fuerza pol�tica impulsados, bien sea a trav�s de los partidos pol�ticos y/o de la sociedad civil organizada, y deseablemente avalados por el Estado.

Finalmente, Colombia est� obligada a superar la situaci�n actual de conmoci�n interior producto del enfrentamiento armado entre las fuerzas de la guerrilla, los paramilitares y las fuerzas del Estado que tiene un trasfondo y una explicaci�n global en la situaci�n social y econ�mica del pa�s. La paz pol�tica estable y duradera, exige acuerdos sobre cambios estructurales basados en la justicia social que se identifican con los retos que hemos analizado para superar la pobreza. Mientras esto no se logre, tampoco habremos alcanzado una paz duradera.

La respuesta a los cuatro retos estructurales planteados, conducir� indefectiblemente al “desarrollo cultural”, en el sentido de la cultura din�mica, y �ste, combinado con el desarrollo econ�mico y social, deber� dar como resultado sist�mico la “riqueza humana” por contraposici�n a la “pobreza humana” que, en �ltimo t�rmino, implicar� la erradicaci�n estructural y coyuntural de la pobreza.



[1] ALVARADO, Alberto y VIVAS, Alejandro. An�lisis sist�mico de la pobreza. IPD. - U. Javeriana, Bogot�, 2003.� (Documento en proceso de publicaci�n)

[2] MIRES, Fernando. El discurso de la miseria o la crisis de la sociolog�a en Am�rica Latina. Editorial Nueva Sociedad, Caracas, 1993.

[3] ALVAREZ MAYA, Mar�a Eugenia y MART�NEZ HERRERA Horacio. El desaf�o de la pobreza. FUNDACI�N SOCIAL. Bogot�, 2001

[4] Para mayor informaci�n sobre este enfoque, v�ase: CORREDOR MART�NEZ, Consuelo. El problema de la pobreza: una reflexi�n conceptual. En Pobreza y Desigualdad. CINEP. Bogot�, 1999

[5] Seg�n estudios, los recursos que provienen de alg�n tipo de vinculaci�n directa o indirecta con el cultivo, la producci�n y el tr�fico de coca�na, financian en m�s del 40% a la guerrilla de las FARC y alcanzan a ser el 70% de los ingresos de los grupos de extrema derecha o paramilitares.

[6] El narcotr�fico, es hoy un negocio globalizado que mueve, seg�n la ONU, 400.000 millones de d�lares al a�o es decir el 8% del comercio mundial, es tambi�n globalizado porque nutre otro negocio il�cito como es el tr�fico de armas (80 millones de rifles AK-47 se negocian en el mercado negro al a�o). El armamento decomisado a la guerrilla en Colombia es casi todo de fabricaci�n norteamericana e israel�. Igualmente, el negocio de la droga compite con el tr�fico de personas que deja utilidades cercanas a los 7000 millones de d�lares y al blanqueo de dinero de estos negocios representa entre el 2 y el 5% del PIB mundial seg�n concluye la ONU.

[7] The Economist 1996. Citado por Luis Jorge GARAY, Construcci�n de una nueva sociedad. Tercer Mundo, Bogot� 1999, p. 50

[8] LONDO�O, Juan Fernando. �Aproximaci�n a la democracia participativa�. En: Sociedad Civil, Control Social y Democracia Participativa. FESCOL, Bogot�, 1997. p. 24

[9] ARCOS, Oscar, BECERRA Emperatriz y otros. Pol�ticas Sociales en Colombia 1980 - 2000. CINEP-COLCIENCIAS, Bogot� 2002, pp. 72 y ss.

[10] CHOMBART DE LAUWE, Paul Henry. Transformations de l’environnement des aspirations et des valeurs. Editions du CNRS. Paris, 1976. P. 8

[11] UNIOPSS - MINIST�RE DE L’EMPLOI ET DE LA SOLIDARIT�. Exclusion Sociale et Pauvret� en Europe. La documentation fran�aise, Paris, 2001, p. 14

[12] Citado por Consuelo Corredor. Op. Cit. p. 59

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