LA TEOLOG�A
PASTORAL URBANA
huellas de un camino recorrido
Jaime Alberto Mancera
Casas, Pbro.
Universidad Pontifica de M�xico
En los �ltimos a�os hemos visto en nuestro continente
latinoamericano c�mo ha ido surgiendo una reflexi�n teol�gico-pastoral
que ha acompa�ado diversos procesos eclesiales en la b�squeda y desarrollo
de una acci�n evangelizadora en las grandes ciudades. Numerosos te�logos
pastoralistas, a trav�s de sus esfuerzos de aproximaci�n al
fen�meno urbano, su discernimiento pastoral y su participaci�n en
procesos eclesiales concretos, han afrontado el desaf�o que las grandes
ciudades latinoamericanas plantean a la Iglesia y han trazado lentamente
un camino que es importante reconocer y retomar a la hora de asumir
actualmente el reto de una pastoral urbana.
Aparentemente es poco lo reflexionado al respecto,
pero al observar el horizonte, no podemos dejar de mencionar, entre
muchos, algunos nombres significativos, que resuenan en este itinerario
de b�squeda: Jorge Jim�nez, Ra�l M�ndez, Eduardo Pe�a y Francisco
Ni�o, en Colombia; Pedro Trigo, en Venezuela; Jorge Seibold
y Carlos Galli, en Argentina; Segundo Galilea y Cristian Parker en Chile; Antonio Gonz�lez, en Paraguay; Benjam�n Bravo,
Abel Fern�ndez, Alfonso Vietmeier y Francisco
Merlos en M�xico. Pero de manera particular sobresalen, por sus valiosas
intuiciones y por su constancia para impulsar esta reflexi�n: Jos�
Comblin, Alberto Antoniazzi, Raimundo
Caramuru y Jo�o Batista Libanio,
en Brasil.
Tambi�n han sido significativos los momentos y espacios
de encuentro que se han tenido a nivel regional y a nivel continental,
con el fin de compartir, articular y enriquecer las propias reflexiones.
Desde el primer encuentro realizado sobre el tema, y convocado por
el Instituto Pastoral Latinoamericano (IPLA) en S�o
Paulo (1965), hasta el 1r. Congreso Interamericano de Pastoral Urbana,
organizado por el Espacio de Pastoral Urbana y la Universidad Pontificia
de M�xico, en Ciudad de M�xico (2001) y el II Seminario sobre Pastoral
de Meg�polis, convocado por el CELAM en
Santiago de Chile (2003).�
Otro espacio de reflexi�n de la problem�tica pastoral
urbana ha estado en los procesos sinodales que han realizado diversas
di�cesis urbanas en el continente, y que les ha permitido pensarse
y repensarse a s� mismas en relaci�n con la cultura urbana.
Esta memoria teol�gico-pastoral, que ha venido constituyendo
una verdadera “teolog�a pastoral urbana” debe convertirse hoy para
nosotros en una fuente y espacio de investigaci�n y de di�logo pastoral;
de tal manera que, al ir sistematizando los diversos puntos de vista,
las intuiciones, las perspectivas articuladoras, las experiencias
realizadas, nuestro discernimiento pastoral, m�s all� de seguir el
riesgo de� la fragmentaci�n, se fundamente, tanto en la Palabra de
Dios, como en lo que el Esp�ritu ha ido haciendo surgir a trav�s de
la acci�n y reflexi�n pastoral en las grandes ciudades, a lo largo
de los �ltimos a�os.
Aproximaci�n al fen�meno urbano
Todo intento de reflexi�n y sistematizaci�n de la
pastoral urbana parte de una pregunta: �qu� es la ciudad?, o mejor
a�n: �qu� es el fen�meno urbano?. Dentro del proceso y evoluci�n del discernimiento
teol�gico-pastoral, los pastores y te�logos han intentado responder
esta pregunta recurriendo a la ayuda de las ciencias humanas. Este
ejercicio de interdisciplinariedad les ha permitido tener en cuenta
unas problem�ticas y unas categor�as de an�lisis, que luego han sido
mediaci�n para el ejercicio teol�gico-pastoral y que manifiestan la
complejidad del campo de la acci�n evangelizadora.
Podemos identificar b�sicamente tres
enfoques complementarios que han orientado esta aproximaci�n al fen�meno
urbano:
Epistemol�gico
En primer lugar se ha planteado el
problema epistemol�gico, reconociendo las dificultades que plantea
el conocimiento mismo de la ciudad y, por tanto, la necesidad de un
trabajo interdisciplinar que fundamente
la reflexi�n teol�gica y promueva la constante actualizaci�n.
Se reconoce que el conocimiento de
lo “urbano”, fundamento de la reflexi�n pastoral, va m�s all� de una
simple percepci�n inmediata y de una captaci�n de datos, y se abre
a todo un proceso� epistemol�gico complejo que integra diversas categor�as
geogr�ficas, econ�micas, pol�ticas, socio-culturales y religiosas;
que debe atender a los aspectos comunes y a los particulares, a componentes
estructurales y coyunturales, as� como a los diagn�sticos precisos
y sistem�ticos, globales y sectoriales, seculares y religiosos, y
a las proyecciones sobre los mismos. Adem�s, al considerar la ciudad
dentro de un contexto m�s universal, como el campo experimental privilegiado
de los avances de la modernidad, la posmodernidad
y de la globalizaci�n, se afirma entonces que no puede haber un estudio
que no tenga en cuenta sus tendencias y repercusiones.
Hist�rico
En segundo lugar se ha hecho una
aproximaci�n hist�rica, puesto que la ubicaci�n de la ciudad dentro
del contexto de la historia regional y universal, ha sido un recurso
para que algunos te�logos fundamenten sus reflexiones, reconociendo
las categor�as permanentes o esenciales del fen�meno y sus aspectos
coyunturales, as� como los procesos de transici�n que ha vivido.
Es un hecho, que las urbes latinoamericanas
encuentran las ra�ces de su identidad, no s�lo en el proceso de industrializaci�n
vivido en el siglo XIX, sino tambi�n en los acontecimientos de su
colonizaci�n espa�ola o portuguesa y en los procesos de independencia
y vida republicana, que han dejado su huella en ellas. Esta visi�n hist�rica es cuestionada
por algunos, que desconf�an de una reflexi�n que tenga como presupuesto
la continuidad fundamental de la ciudad desde los tiempos b�blicos
hasta hoy, dada la complejidad y la especificidad de la ciudad contempor�nea,
y postulan la necesidad de estudiar cada ciudad en su momento hist�rico,
en su din�mica espec�fica, en sus complejas relaciones con el sistema
pol�tico-econ�mico mundial actual.
Antropol�gico
En tercer lugar, la reflexi�n teol�gico-pastoral ha
asumido la ciudad, antes que como un ente en s� mismo, como un �fen�meno
humano�; es decir, en su relaci�n con el hombre concreto, que
se constituye en origen, raz�n, autor, actor, producto y v�ctima de
la ciudad.
Desde este punto de vista se han reconocido unas categor�as
que son constitutivas del fen�meno urbano, que generan un ambiente
espec�fico y un perfil antropol�gico dominante.� Algunas de esas categor�as,
a las que se hace referencia con frecuencia, son: la explosi�n demogr�fica
y la consecuente densidad de poblaci�n, el cruce de mentalidades agrarias,
modernas y posmodernas, el desarrollo y especializaci�n de las funciones
y sujetos sociales; la expansi�n de las comunicaciones y su constituci�n
como red abierta y global, la movilidad y desplazamiento internos
y externos, la fuerza del mercado y del consumo, las formas de participaci�n
ciudadana, el desarrollo de las estructuras econ�micas, sociales y
culturales; la diversificaci�n de culturas, pensamientos, ofertas,
posibilidades en todos los aspectos de la vida, las redes simb�licas
que se tejen y los imaginarios urbanos que las generan.
El sujeto urbano que se constituye, y que los
te�logos y pastoralistas identifican como
interlocutor de la pastoral urbana, dependiendo del proceso de inserci�n
en esta cultura urbana, est� marcado por la exaltaci�n de su subjetividad;
realidad ambigua, puesto que por una parte lleva al individuo a reconocerse
a s� mismo como responsable de su propia construcci�n y destino, pero
por otra, en la b�squeda de su individualidad se encuentra ahogado
en medio de la multiplicidad de ofertas que lo hacen un sujeto fragmentado,
sin referentes aut�nticos de sentido, y en una permanente modificaci�n
de sus relaciones con los dem�s y con la naturaleza; en una nueva
comprensi�n y relaci�n con el tiempo y con el espacio. Un sujeto que
vive su experiencia religiosa en un contexto de pluralismo religioso,
de religiosidad popular, de p�rdida de la dimensi�n social de la religi�n
o privatizaci�n de la religi�n, como lo llaman algunos, y de re-significaci�n
de las expresiones religiosas tradicionales.
Un sujeto que vive en la tensi�n entre lo p�blico
y lo privado, entre su mundo vital y el sistema que lo rige; un sujeto
que experimenta, en su gran mayor�a los procesos de exclusi�n social,
y en medio del espect�culo, la belleza, el mercado y la novedad que
le ofrecen la ciudad, lucha por vivir su libertad.
Pistas sugeridas en el discernimiento
pastoral urbano
Con base en las aproximaciones al fen�meno urbano,
se han desarrollado una serie de pistas de discernimiento que se�alan
posibles comprensiones y proyecciones de la tarea evangelizadora de
la Iglesia en las grandes ciudades del continente.
Algunos elementos comunes a dichos discernimientos
son:
el reconocimiento del desfase
en que se encuentra la oferta evangelizadora y las reales necesidades
de evangelizaci�n se�alas en las aproximaciones a la realidad urbana;�
la necesidad de reconocer
y restablecer el sentido profundamente antropol�gico que encierra
la ciudad;
el desaf�o de llevar a cabo
una verdadera inculturaci�n del Evangelio,
a partir de un discernimiento evang�lico de la cultura urbana, evitando
tanto una descalificaci�n absoluta de la misma misma,
como una asimilaci�n ingenua.
�El desaf�o de generar una eclesiolog�a,
para una Iglesia m�s “urbana”, referida a la concreci�n del Reinado
de Dios en el contexto de las ciudades, en una revaloraci�n de la
Iglesia local y su relaci�n con la ciudad, como hist�ricamente se
desarroll�.
La necesidad de una renovaci�n de los modelos pastorales,
marcados a�n por la comprensi�n agraria de la religi�n, y de las estructuras
pastorales, de tal manera que se adapten mejor al sujeto y a las din�micas
de la vida urbana.
El desaf�o de generar una lectura teol�gica de la
ciudad, que como una l�mpara, vaya iluminando los caminos posibles
para recorrer y llevar a cabo la acci�n� misionera y pastoral.
Y junto a estos aspectos comunes tambi�n podemos identificar
marcos espec�ficos de comprensi�n de la problem�tica pastoral urbana,
que han servido y pueden servir para entender muchos de los problemas
que estamos teniendo actualmente y sobretodo, que pueden ayudarnos
en la generaci�n de procesos pastorales m�s creativos. Algunos de
esos marcos de comprensi�n son:
La transformaci�n de la experiencia religiosa urbana:
Para algunos autores es fundamental el reconocimiento del cambio que
hay en la experiencia religiosa, puesto que la religiosidad del hombre
urbano no se basa en la experiencia de la limitaci�n humana, como
pasa en la vida del campo, y que conduce al reconocimiento de la necesidad
de Dios en la vida, sino que la experiencia del poder humano sobre
la naturaleza por medio de la t�cnica, generada por la ciudad, con
el consecuente� sentimiento de autosuficiencia humana, choca con un
discurso pastoral que pretenda presentar a Dios como una necesidad.
Todo esfuerzo por presentar el mensaje cristiano, como una intervenci�n
gratuita de Dios en la historia personal, de tal forma que interpele
a esta nueva cultura, se podr�a llamar pastoral urbana. Este desaf�o se hace m�s complejo
cuando se reconocen las din�micas de resignificaci�n de lo sagrado,
en las cuales las cosas seculares han sido cargadas de sentidos religiosos
y por el contrario, las cosas tradicionalmente reconocidas como sagradas,
han sido vaciadas de sus sentidos religiosos y se ven s�lo con una
mirada secular.
La ciudad, como escenario de la transici�n cultural,
confronta y desaf�a la mentalidad, las formas y las metodolog�as de
la evangelizaci�n:� es fundamental el reconocimiento
del cambio que estamos viviendo en las formas como los sujetos se
entienden a s� mismos, act�an y se expresan, modificando el estilo
de relaci�n con los dem�s, con los espacios, con las temporalidades
y con Dios. Rastrear cada uno de estos aspectos y confrontarlos en
sus implicaciones con la presencia y acci�n eclesial se convierte
en una tarea por hacer.
De manera particular, existen tres desaf�os que plantea
esta transici�n cultural: la multiculturalidad,
el pluralismo de ofertas religiosas y la situaci�n de pobreza y exclusi�n
que se ha generado. La Iglesia como comunidad, debe aprender y ense�ar
a vivir en medio de esa diversidad, y debe comprometerse en la eliminaci�n
de las situaciones de exclusi�n, mediante una pedagog�a y una pragm�tica
inculturadas.
El profundo sentido antropol�gico que encierra la
ciudad, marca el camino a seguir en la pastoral urbana: la ciudad
es una construcci�n humana y refleja las aspiraciones m�s profundas
del hombre. Sin embargo, muchos aspectos sociales y culturales est�n
generado, por el contrario, un proceso deshumanizador, hundiendo a
los ciudadanos en un caos e impidi�ndoles ser constructores de posibles
sentidos de la existencia m�s humanos y de una realidad social m�s
justa y solidaria, desde los valores de la dimensi�n trascendente
de la existencia. La Iglesia est� llamada a reconocer este� proceso,
que se da sobretodo a nivel de la dimensi�n simb�lica de la existencia
social, y a ofrecer el Evangelio como una alternativa de sentido al
caos en que viven los ciudadanos. Esta tarea le exige una actitud
de permanente discernimiento de las din�micas generadoras de sentido
que ya el Esp�ritu ha suscitado en los contextos de exclusi�n, una
gran capacidad de adaptaci�n de sus estructuras y la generaci�n de
nuevas simb�licas que le permitan presentarse como una comunidad alternativa
al caos, con rostro solidario y humano, aut�ntico sacramento de salvaci�n.
Algunas constantes
Es interesante anotar que todas las
reflexiones se generan a partir de la actitud honesta de aceptar que
no se conoce la ciudad y que las acciones pastorales, a pesar de la
sincera voluntad evangelizadora, no convergen con la vida y la problem�tica
de la ciudad. De ah� la necesidad de recurrir a las b�squedas que
el hombre mismo ha hecho sobre la problem�tica urbana, desde las ciencias
sociales. El fen�meno urbano no es s�lo un problema de la Iglesia,
como dec�a Pablo VI, es un desaf�o a la sabidur�a humana, a su capacidad
de organizaci�n y de imaginaci�n prospectiva.
Pero el desaf�o no s�lo est� a nivel
del conocimiento de la ciudad, sino tambi�n de la misma reflexi�n
teol�gica. Es necesario continuar en la b�squeda iniciada por Jos�
Comblin, en su libro Teolog�a de la ciudad,
de una lectura desde el �mbito de la revelaci�n sobre la ciudad, que
permita descubrir su sentido m�s profundo y su vinculaci�n con la
econom�a de la salvaci�n, sobretodo en la imagen de la Jerusal�n Celestial,
la ciudad que nos viene de lo alto (cf.
Ap 21). Junto a esta lectura, tambi�n est�
el clamor por una eclesiolog�a que permita
a la comunidad eclesial comprenderse a s� misma ni frente, ni contra,
ni al margen de la ciudad, sino presente y actuante como servidora
del Reino que acontece en el complejo entramado urbano; en el ejercicio
real de la caridad y del testimonio cristiano, y que le permita abrirse
a un trabajo ecum�nico y con otras fuerzas vivas, por la reconstrucci�n
de la ciudad; una visi�n de la comunidad eclesial como Iglesia local,
y en relaci�n a la Iglesia universal, que genere una� identidad tanto
a nivel personal, como social o p�blico.
La mayor�a de las reflexiones realizadas
ponen en cuesti�n la simplificaci�n de la problem�tica con el uso
de los conceptos de “evangelizaci�n de la cultura urbana” e “inculturaci�n
del Evangelio en la ciudad”. Hay quienes aplican estos conceptos de
manera gen�rica, sin pensar suficientemente en sus implicaciones espec�ficas,
y otros, a partir de cada categor�a urbana, van viendo las implicaciones
que se desprenden para la evangelizaci�n. �C�mo entender el problema
de la evangelizaci�n de la cultura urbana,� cuando esa cultura es
un sujeto complejo, que tiene como caracter�stica valores dominantes
y globalizantes, pero a la vez, un constante cambio y re-interpretaci�n
de los mismos, a nivel individual y social?
Estos son s�lo algunos aspectos que
encierra el campo de la reflexi�n teol�gico-pastoral-urbana. Una reflexi�n,
que aunque inici� en nuestro continente hace cuarenta a�os, tiene
toda la actualidad y apenas est� comenzando. Una reflexi�n que hay
que enriquecer con las luces que nos vienen desde otros continentes.
Una reflexi�n que a la manera de un laberinto, nos lleva al descubrimiento
de nuevos corredores que hay que explorar y de nuevos espacios por
reconocer. Un ejercicio teol�gico que estamos llamados a continuar
nosotros hoy. Una reflexi�n, que aunque nos habla de una realidad
que nos desborda en nuestro compromiso eclesial, nos pone en camino
de creaci�n y compromiso, de actitud confiada en el Esp�ritu, como
lo vivieron los primeros cristianos cuando expandieron el Evangelio
por las ciudades del Imperio Romano y se jugaron sus vidas por ello.
Duc in altum.