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Temas para la catequesis

EL PLAN PASTORAL DE LA ARQUIDI�CESIS DE BOGOT�
Y EL MODELO ECLESIOL�GICO SUBYACENTE

 

Por Germ�n Medina Acosta
Doctor en Teolog�a
Pontificia Universidad Salesiana
Roma

En Occidente, a partir del Concilio Vaticano II, estamos asistiendo a un cambio de perspectiva respecto de la iglesia local [1] . Hoy se hace cada vez m�s evidente el protagonismo que, desde su misma condici�n eclesiol�gica, corresponde a cada iglesia local en su acci�n evangelizadora. Como parte viva y actuante de la Iglesia Universal, la iglesia particular marcha y act�a en medio del mundo. No puede, por tanto, ser ajena a los influjos provenientes de ese mundo en que debe cumplir su misi�n evangelizadora [2] . El Concilio ha precisado la relaci�n entre el subsistir local de la Iglesia y su ser universal con una encarnaci�n en la realidad hist�rico-social y ha contribuido a sentir y vivir como propia de cada iglesia particular la situaci�n problem�tica del mundo y de la iglesia universal [3] .

Quisiera en el presente art�culo reflexionar en torno al modelo eclesiol�gico presente en el Plan Global de Pastoral 1999-2008 [4] de la Arquidi�cesis de Bogot�. Recordemos que este Plan ha sido, en cierto modo, la desembocadura del proceso Sinodal 1989-1998 y que el S�nodo nos educ� en la pedagog�a de la consulta (escucha, discernimiento y respuesta). Seg�n este mismo esp�ritu de discernimiento, considero conveniente detenerme a valorar cr�ticamente la que puede ser considerada la carta de navegaci�n de nuestra acci�n pastoral en la Arquidi�cesis. Este ejercicio de volver sobre la pr�ctica para reflexionar cr�ticamente sobre ella, transformarla y proyectarla, alimenta la Teolog�a Pastoral. Quisiera contribuir a hacer todav�a m�s expl�cito el modelo de Iglesia que nuestro plan pastoral maneja. Para esto iniciar� diciendo una palabra acerca de la transformaci�n de los modelos eclesiales en la Iglesia, luego har� referencia expl�cita al caso de la Arquidi�cesis de Bogot� y a su Plan Global de Pastoral para terminar planteando la valoraci�n cr�tica sobre el mismo.

1.�������� La metamorfosis en la autoconciencia de la Iglesia

La conciencia eclesial y eclesiol�gica, [5] a partir del Concilio Vaticano II, [6] ha sufrido y contin�a sufriendo cambios muy profundos. Estos cambios tienen que ver sobre todo con los modelos eclesiol�gicos o modos de concebir la Iglesia. [7]

El reciente proceso de transformaci�n de la autoconciencia de la Iglesia se puede describir en t�rminos de una verdadera metamorfosis con etapas o fases identificables a partir del Concilio Vaticano II. [8]

Una primera etapa hace referencia al abandono del modelo preconciliar o modelo eclesiol�gico institucional; una segunda se refiere a la propuesta del primer modelo eclesiol�gico conciliar contenida en la Constituci�n Dogm�tica Lumen Gentium y cuya acentuaci�n viene dada a la �Iglesia-comuni�n�; una tercera etapa se refiere a la propuesta del segundo modelo Conciliar, la cual viene formulada fundamentalmente en la Constituci�n Dogm�tica Gaudium et Spes y cuyo acento viene dado a la �iglesia-servidora de la humanidad�; una cuarta etapa llamada posconciliar, fruto de una relectura del modelo conciliar eclesiol�gico de la Gaudium et Spes a partir de la situaci�n del continente latinoamaricano, propuesta en sus l�neas esenciales en la III Conferencia General del Episcopado latinoamericano y que es llamada por algunos �la Iglesia de los pobres�. [9] Cada uno de estos modelos eclesiol�gicos posee rasgos caracter�sticos propios que considero importante identificar.

En el modelo preconciliar [10] la Iglesia es vista como una sociedad (instituci�n) jur�dicamente perfecta, autosuficiente e independiente. En virtud del triple poder transmitido por Cristo (ense�ar, santificar y gobernar) es poseedora de la santidad y de la verdad y se identifica con el Reino. Ella est� en abierta contraposici�n (ant�tesis) con el mundo en lo referente al error, al pecado, a la corrupci�n. Fuera de ella no hay salvaci�n, de ah� su tendencia integrista; su estructura es piramidal (el v�rtice concentra el poder separando cl�rigos-laicos). La Iglesia local es una subdivisi�n de la Iglesia universal cuyo centro es Roma (centralismo, uniformidad).

En el primer modelo conciliar [11] o de �comuni�n�, la Iglesia es sacramento (signo e instrumento) de la comuni�n entre Dios y los hombres y de todos los hombres entre s�. Jesucristo contin�a, en la sacramentalidad comunional de la Iglesia, su funci�n: servir a la comuni�n universal a trav�s de la sacramentalidad del amor fraterno. La Iglesia es peregrina, provisoria, germen y fermento del Reino. Todos sus miembros se encuentran en condiciones de igualdad en el servicio rec�proco. Existe gradualidad en la comuni�n (comuni�n no plena de los �hermanos separados�). En este modelo la Iglesia se percibe todav�a muy centrada en s� misma (tendencia eclesioc�ntrica), no necesitada del mundo para definirse, pues se encuentra superpuesta al mundo que es externo a ella. Su misi�n en el mundo no es constitutiva de su ser. En esta visi�n eclesiol�gica se le reconoce a la Iglesia particular consistencia eclesial, ella conserva toda la cualidad y propiedad del conjunto: ser presencia y manifestaci�n plena del misterio de la Iglesia universal; el car�cter de catolicidad est� radicado en lo espacio-sociocultural (asunci�n creyente de la leg�tima particularidad y originalidad sociocultural: inculturaci�n de la fe en el espacio). La uni�n de caridad define la relaci�n entre iglesia universal e iglesia particular. Roma preside la uni�n de caridad, la uni�n en la diversidad de todas las iglesias locales.

En el segundo modelo conciliar [12] o del �servicio�, se asume y se abre la perspectiva del modelo de comuni�n. La Iglesia es sierva de la humanidad, se encuentra en estado de misi�n hacia el mundo. La salvaci�n hace relaci�n a toda la humanidad (exigencia evang�lica). La Iglesia est� en el mundo para el mundo. He aqu� el giro o cambio de perspectiva: la Iglesia es sierva de la humanidad, se pone a su servicio y aporta al mundo desde la perspectiva de su fe en el evangelio de Jes�s. Pasan a un primer plano los problemas humanos. Se desarrolla as� la dimensi�n prof�tica de la existencia cristiana y eclesial que va a ser traducida en el �di�logo� como servicio. La Iglesia es continuadora de este di�logo-servicio con el mundo establecido por su maestro; a trav�s de este di�logo puede aprender tambi�n del mundo. El Reino est� en el mundo, en el hombre y en la mujer concretos (historicidad y responsabilidad humanas), la Iglesia es fermento de este Reino. La historia es historia de salvaci�n o de perdici�n, lugar del misterioso plan de Dios. De esta manera los laicos, por su �ndole secular, pasan a la vanguardia de la Iglesia; no obstante debe haber una cooperaci�n efectiva y eficaz entre todos los miembros de la Iglesia. Se piensa el ecumenismo en t�rminos trans-eclesiales. La Iglesia particular es una verdadera Iglesia, es decir una Iglesia en medio del mundo, que busca vivir en su interior la comuni�n fraterna a la luz de la propuesta evang�lica pero que abre esta comuni�n orient�ndola al servicio de la humanidad. Es as� una Iglesia extrovertida (tendencia trans-eclesial), no replegada en s� misma, abierta a los problemas de todo g�nero, de los hombres y de las mujeres entre los cuales vive y act�a. Descentrada de s� misma pone al centro de su atenci�n y de sus principales preocupaciones las �alegr�as y las esperanzas�, las �tristezas y las angustias� del mundo. No obstante para algunos este modelo eclesial permanece en lo abstracto, donde lo real se mantiene ausente.

En el modelo posconciliar [13] surge de la constataci�n del hecho de �los ricos cada vez m�s ricos a costa de los pobres cada vez m�s pobres�. En orden a superar este conflicto se habla de la iglesia de los pobres como expresi�n de la opci�n de Jes�s por los pobres concretos, reales, en condici�n de inhumanidad (econ�mica, social, pol�tica, cultural). Esta opci�n manifiesta la dimensi�n prof�tica fundamental de la Iglesia, la cual implica: darse cuenta de la situaci�n de pobreza (conocerla), descubrir las causas que la generan, hacer propia la causa de los pobres (su liberaci�n), quitar el apoyo a aquellos que producen y reproducen su marginaci�n y pobreza, asumir un estilo de vida consecuente con la opci�n. Este modelo reconoce la presencia del �misterio de iniquidad� en la realidad hist�rica. Jes�s es hist�rico (actu� entonces y act�a ahora), la realidad� presente no refleja el Reino, la liberaci�n es integral (de todo el hombre y de todos los hombres), los principales sujetos de la eclesialidad son los pobres, por eso la Iglesia es �Iglesia de los pobres�; El criterio fundamental para la iglesia local es la opci�n por los pobres. Las comunidades eclesiales de base son el lugar por excelencia de experiencia eclesial (Iglesia popular). Es necesario discernir las diversas formas de pobreza hoy y construir la comuni�n en la diversidad.

2.�������� El caso de la Arquidi�cesis de Bogot�

El S�nodo de Bogot� se quiso entender desde sus inicios como un �vigoroso proceso de renovaci�n en pastores y fieles. En sus criterios y modos de obrar, en los logros que se propone alcanzar�. [14] Todo �l proceso sinodal va a significar la germinaci�n de una verdadera transformaci�n eclesial en el �mbito local. Acerca de esta transformaci�n har� referencia m�s adelante cuando describa y analice los procesos de cambio en el �mbito local.

Utilizando la met�fora de "la cris�lida" [15] , tengo que afirmar que el proceso de transformaci�n eclesial en la Arquidi�cesis todav�a es germinal. Si bien el lenguaje que se utiliza en los documentos habla de un cambio de mentalidad, de un enfoque nuevo de iglesia (la iglesia de la comuni�n y del servicio como se le denomina en algunos apartes de los documentos sinodales), al hacer referencia a las estructuras y organismos que vehiculan la participaci�n, se constatan contradicciones, vac�os que desconciertan. Es el caso de la escasa referencia al laico en las "estructuras" de participaci�n. Otra cosa para ser revisada y confrontada son las actitudes que encarnan las reales representaciones o modelos de ser iglesia.

Si se tratara de se�alar en qu� momento del proceso de transformaci�n se encuentra la Arquidi�cesis yo la ubicar�a, con ciertas dudas, entre la segunda y tercera etapas o fases de la metamorfosis. Preferir�a, vali�ndome de una categor�a tra�da de las ciencias sociales, hablar m�s bien de una "hibridaci�n eclesiol�gica". Es decir, de una eclesiolog�a en la que coexisten contempor�neamente rasgos de todas las etapas, aunque se privilegien algunos.

Existe otra imagen o met�fora que podr�a ayudarme a expresar lo que pienso: es la imagen de las olas. El proceso que ha vivido y est� viviendo la Arquidi�cesis se asemeja al movimiento de las olas, sobre todo cuando la marea es alta. Al observar el comportamiento de las olas vemos que unas y otras son parte del mismo mar, cada vez diferentes. Cada ola se superpone a la siguiente y a la anterior. Aunque las olas en la superficie tienen momentos de cresta y depresi�n, en la profundidad hay otras fuerzas operantes no tan evidentes.

El S�nodo ha significado una gran oleada (movimiento) que ha dinamizado la Arquidi�cesis, ha activado fuerzas, movimientos, mentalidades que est�n latentes, a pesar de las formulaciones en los documentos. En seguida subrayo algunos de los rasgos m�s relevantes del modelo eclesial presente en el Plan Global de Pastoral en la Arquidi�cesis.

3.�������� Rasgos caracter�sticos del modelo eclesiol�gico

Para indicar los rasgos del modelo eclesiol�gico, establezco dos tipos de acentuaciones: una global y otra sectorial.

3.1. Acentuaci�n global

Es preciso recordar que el Plan Global de Pastoral es una aplicaci�n de las declaraciones sinodales. El S�nodo hab�a optado desde un principio por tener al Concilio Vaticano II como su faro y soporte. El Plan Global manifiesta una evoluci�n en cuanto a la auto-comprensi�n de iglesia se refiere: de una la iglesia de "comuni�n y participaci�n" pasa a autodenominarse "Iglesia del amor y del servicio".

3.2. Acentuaci�n sectorial

Analizo aqu� los diversos �mbitos de relaci�n de la Iglesia.

En el �mbito de la relaci�n entre Iglesia y Cristo

Asume la imagen de Jes�s Buen pastor como icono del servicio evangelizador. [16] Pone como centro de toda su vida y acci�n la Palabra de Dios para que Jesucristo, revelaci�n de la misericordia del padre sea conocido, seguido, celebrado y testimoniado en la iglesia y en la sociedad. [17]

En el �mbito de la relaci�n entre Iglesia y Reino de Dios

La tarea de la Iglesia en Bogot� es hacer presente el reino de Dios, siendo fieles a los signos y acciones que hizo Jes�s: el anuncio, la celebraci�n y la espiritualidad, la vida comuni�n y el servicio. [18]

La Iglesia est� al servicio de la construcci�n del reino a trav�s de los signos de la pastoral prof�tica, lit�rgica, de comuni�n y participaci�n, y de pastoral social. [19] Est� llamada a ser "Buena noticia" del reino desde peque�as comunidades, haci�ndose pr�jimo de los hombres y mujeres en la ciudad, camino del Reino. [20]

En el �mbito de la relaci�n entre Iglesia y salvaci�n

La Iglesia en Bogot� est� llamada a ser "sacramento universal" de salvaci�n: movida por la nueva y definitiva ley que es el amor misericordioso reconoce en el que sufre la presencia de Dios y la sirve con la humildad y prontitud. [21]

En el �mbito de la relaci�n entre los miembros de la Iglesia

La Iglesia es pueblo de Dios en comuni�n, templo edificado con piedras vivas. En Bogot� la Iglesia necesita reconstruir su tejido eclesial para vivir como comunidad de comunidades, en la que todos nos reconozcamos miembros activos y responsables de la misi�n de servicio misericordioso (familia, peque�as comunidades, parroquia, asociaciones de fieles y movimientos apost�licos, ni�os, adolescentes y j�venes, multitudes). [22]

En el �mbito de la relaci�n de la Iglesia con otras confesiones cristianas

En orden a la comuni�n se necesita propiciar, inspirados en el amor del padre, el di�logo ecum�nico de acuerdo con las orientaciones del magisterio de la Iglesia. [23]

En el �mbito de la relaci�n entre Iglesia y el mundo

El lugar sagrado de la manifestaci�n de Dios es el mundo, el lugar elegido para la comuni�n con �l. Lo sagrado est� en la humanidad de cada persona asumida en la humanidad de Jes�s. [24]

La Iglesia en Bogot� se propone construir e impulsar comunidades eclesiales arraigadas en la palabra y en la practica de la misericordia de Jesucristo, comunidades Buena noticia, levadura transformadora del tejido de nuestra sociedad. La sociedad es camino del reino.

La iglesia en Bogot� buscar� inculturarse para ser Buena noticia de vida, para ser presencia significativa en la cultura de la regi�n y en los niveles de generaci�n y transmisi�n de la misma.

El lugar clave de nuestra Iglesia est� all� donde acaece el sufrimiento humano: pobres y empobrecidos, alejados e indiferentes, los que sufren y hacen sufrir [25]

Buscar� dialogar con los diversos sectores de la sociedad para trabajar conjuntamente en la reconstrucci�n del tejido social y en el cambio de estructuras al servicio del bien com�n (�mbito del bien com�n -nivel de promoci�n humana y liberaci�n, nivel de cultura de la solidariedad, nivel de justicia y paz-, �mbito de la vida- nivel del respeto y defensa de la vida, nivel de los derechos y deberes humanos-). [26]

En el �mbito de la relaci�n entre Iglesia particular e Iglesia universal

Esta relaci�n viene mediada y centrada en la figura del obispo. El obispo, como leg�timo sucesor de los ap�stoles, atiende su misi�n como testigo de Cristo en la Iglesia particular que se le ha confiado y apacienta sus ovejas, bajo la autoridad del sumo pont�fice, como Pastor propio, ordinario e inmediato de ellas, ejerciendo el oficio de ense�ar, santificar y regir. [27] Posee la potestad que se requiere para su cargo pastoral y es, al mismo tiempo, el responsable de la Iglesia y, por tanto, quien debe procurar que los fieles sostengan y promuevan las obras de la evangelizaci�n y apostolado. [28] No hay referencia expl�cita a la Iglesia particular como presencia de la Iglesia universal.

4. Valoraci�n cr�tica

El Plan Global de Pastoral no se comprende bien fuera de su contexto: el sexto S�nodo Arquidiocesano. El S�nodo representa para la Arquidi�cesis de Bogot� un acontecimiento generador de transformaciones que a�n se encuentran en estado de germinaci�n: no s�lo podemos reconocer una visi�n de Iglesia de comuni�n (desde la perspectiva del Concilio Vaticano II) sino del servicio (referida a la ciudad -postconciliar-).

Por el lenguaje y por los hechos se podr�a hablar de una hibridaci�n eclesiol�gica, lo cual significa la coexistencia de diversos rasgos de los diferentes modelos.

Se percibe una gran contradicci�n entre las primeras partes del Plan (respuesta a la luz de la par�bola, la estructura del plan, el objetivo, los criterios generales, los campo, �mbitos y niveles) y las estructuras y organismos pastorales. La estructura sigue siendo vertical, excluyente de la participaci�n efectiva de los laicos. Esta participaci�n se insin�a de forma impl�cita en el �mbito parroquial y en las asociaciones e institutos seculares. La estructura debe ser consecuencia de lo anterior. Se mantiene una estructura preconciliar para un proyecto posconciliar de Iglesia.

No obstante la importante referencia a la ciudad, a la importancia de un trabajo mancomunado con diversas instituciones para hacer ciudadan�a, y a pesar de invitar a reconocer los signos de la presencia del Verbo en la cultura, se sigue manteniendo un tono de autosuficiencia: nosotros estamos bien, ellos est�n mal. Hacerse pr�jimo significa tambi�n no s�lo acoger, tambi�n es importante dejarse acoger. Muchos pueden ser para la iglesia los pr�jimos que le ayuden a redescubrir su identidad.

Dentro de estos "muchos" los pobres de la ciudad son los primeros. El S�nodo y el Plan Global hacen referencia a los pobres. Pero se diluye la opci�n por ellos. Es parad�jico: si nos fij�ramos en qui�nes fueron las personas que acudieron a la convocatoria del S�nodo (a las asambleas, a los encuentros) tendr�amos que reconocer que, precisamente los pobres de nuestras comunidades (adultos mayores, pensionados, j�venes, ni�os, desempleados, con dificultades) fueron los que sostuvieron el proceso. El hecho es que nuestras comunidades reales son iglesias de los pobres pero no lo reconocemos suficientemente.



[1] Por Iglesia local entiendo un grupo de creyentes en Cristo que posee una aut�ntica consistencia eclesial y una relaci�n constitutiva con el lugar como elemento importante de su identidad. Para una mayor profundizaci�n acerca de este concepto v�ase A. CONTRI, La teologia della Chiesa locale e i suoi orientamenti fondamentali, en "Euntes Docete" 25 (1972) 339-342.

[2] SEXTO S�NODO ARQUIDIOCESANO DE BOGOT� (=SAB), Anuncio, en Declaraciones Sinodales, Santaf� de Bogot�, Publicaciones de la Arquidi�cesis de Bogot� (=PdA), 1998, 76.

[3] Desde esta perspectiva puede leerse por ejemplo la Gaudium et Spes.

[4] Cf SAB, Plan Global de Pastoral. Arquidi�cesis de Bogot� 1999-2008 (=PGP), Bogot�, PdA, 1999.

[5] Por �conciencia eclesial� entiendo la percepci�n inmediata que de la relaci�n Iglesia-realidad poseen sus miembros; y por �conciencia eclesiol�gica� la percepci�n reflexiva que ellos establecen de la misma.

[6] El Concilio Vaticano II se constituy� en un verdadero proceso de transformaci�n de la autoconciencia de la Iglesia, en un proceso de cambio profundo que se inici� con el abandono oficial de un determinado modelo eclesiol�gico y continu� con el empe�o conciliar de buscar y proponer nuevos modelos eclesiol�gicos. Este proceso no finaliz� con el Concilio Vaticano II sino que prosigui� en el per�odo postconciliar y se encuentra todav�a en curso (cf Luis GALLO, Chiesa, en Mario MIDALI - Riccardo TONELLI [Edd.], Dizionario di Pastorale Giovanile, Leumann [Torino], Elle Di Ci, 1992, 168).

[7] Por modelo eclesiol�gico entiendo la presentaci�n esquem�tica de la manera englobante y al mismo tiempo angular como, en un determinado contexto hist�rico-cultural, los miembros de la Iglesia piensan, viven, organizan y hacen funcionar la iglesia misma.

[8] Cf Luis GALLO, Chiesa, 168; La Chiesa di Ges�. Uomini e donne per la vita del mondo, Leumann (Torino), Elle Di Ci, 1993, 23-53.

[9] Cf Luis GALLO, Chiesa, 169 y 170.

[10] Cf ibid., 171y 172.

[11] Cf ibid., 173 y 174.

[12] Cf ibid., 174 y 175.

[13] Este modelo tiene su origen en el contexto latinoamericano cuando se busca leer la realidad de Am�rica Latina la luz de las inspiraciones de la Gaudium et Spes. Ya en germen se manifiesta en la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en Medell�n (Colombia) y la propuesta sustancial va a ser establecida por la Tercera Conferencia General de Episcopado Latinoamericano llevada a cabo en Puebla (M�xico). Posteriormente va a ser asumida por otras iglesias del mundo pobre (�frica, Asia pobre) (cf ibid.).

[14] SAB, Anuncio, 82.

[15] Se trata de una met�fora que describe gr�ficamente el proceso de transformaci�n de la autoconciencia de la Iglesia acerca de s� misma y de su relaci�n con el mundo. Dicho proceso viene descrito desde antes del concilio Vaticano II hasta nuestros d�as como sigue: preconcilio, concilio (primera, segunda y tercera etapa), postconcilio (cf Luis GALLO, La Chiesa Locale Soggetto della Pastorale e della Catechesi. Dispensa, Roma, 1999-2000, p 14).

[16] Cf PGP, 27.

[17] Cf ibid., 69.

[18] Cf ibid., 51.

[19] Cf ibid., 53.

[20] Cf ibid., 57.

[21] Cf ibid., 33

[22] Cf ibid., 72 y 73.

[23] Cf ibid.

[24] Cf ibid., 31.

[25] Cf ibid., 64.

[26] Cf ibid., 77.

[27] Cf ibid., 82; CONCILIO VATICANO II, Decreto Conciliar Christus Dominus (=CD), 11.

[28] Cf ibid.; CD., 6 y 7.

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