Carta publicada por el padre ALFONSO LLANO
ESCOBAR, S.J. en su columna dominical en El Tiempo, Bogotá,
octubre 13 de 2002, con la siguiente introducción: "Al
regresar de mi periplo por Tierra Santa, Roma y Gijón
(España), donde asistí a un Congreso Mundial de
Bioética, me encontré en el correo con una verdadera
joya que quiero compartir con mis lectores. Se trata de una
"carta abierta" dirigida al presidente Bush, escrita
por un jesuita estadounidense. No he leído texto más
oportuno, claro y contundente. Impresiona la franqueza con que
le habla al Presidente y aun le ordena. Compruébelo leyendo
usted mismo esta obra de arte, de amor y de paz.
"Mi
nombre es John Dear y soy sacerdote jesuita, director de retiros
y escritor. He pasado los últimos veinte años trabajando
entre los pobres, tanto aquí como en el extranjero, y denunciando
la guerra y las armas nucleares.
Le escribo para pedirle que ponga fin inmediatamente al bombardeo
de Afganistán, deje de preparar otras guerras, recorte el
presupuesto del Pentágono drásticamente en lugar de
aumentarlo, levante las sanciones contra Irak, deje de suministrar
ayuda militar a Israel, detenga el apoyo estadounidense a la ocupación
palestina, condone la deuda del Tercer Mundo, desmantele todo nuestro
armamento de destrucción masiva, abandone sus planes de Escudo
Antimisiles de Guerra de Galaxias, se adhiera a la Corte Penal Internacional
y al Derecho Internacional y cierre nuestros propios campos de entrenamiento
terrorista.
Siguiendo la tradición del reverendo Martin Luther King Jr.
y Dorothy Day, creo que la violencia como respuesta a la violencia
solo conduce a más violencia, que la guerra nunca podrá
resolver nuestros problemas, que no existe una tal guerra justa,
que Dios nunca bendice la guerra y que estamos condenados a sufrir
más atentados terroristas a consecuencia de nuestro militarismo
y beligerancia en el mundo.
La única solución a estas crisis internacionales es
vencer el mal con el bien, no con más mal. Ello significa
que tenemos que ganarnos al mundo con amor no violento. Debemos
cambiar el rumbo de nuestro país, dar de comer a cada niño
y refugiado hambriento del planeta, erradicar la pobreza tanto de
casa como del extranjero, detener todas las injusticias y la ayuda
militar. Crear una nueva política exterior no violenta que
sirva a la humanidad, y apoyar los equipos internacionales no violentos
pacificadores auspiciados por la ONU. La violencia no solo es inmoral
e ilegal, es poco práctica a todas luces. Su violencia global
está condenada al fracaso y conducirá a un mayor sufrimiento,
ya que solo provocará mas hostilidad en el mundo.
En nombre del Dios de la paz, por favor, dé marcha atrás
a su carrera de destrucción y diríjanos por un nuevo
camino hacia una paz duradera, con justicia para todos los pueblos
del planeta.
He leído que usted es cristiano. Permítame añadir
que Jesús no era violento y que hablaba en serio cuando nos
instaba a no bombardear a nuestros enemigos sino a amarlos. Más
aún: creo que eso significa que Dios es un Dios de paz y
no de violencia.
Si quiere seguir a Jesús y adorar al Dios de paz, debe renunciar
a esta guerra y emprender el camino del desarme, la justicia para
los pobres y la salud de la humanidad. No puede servir al Dios de
la paz y a los falsos dioses de la guerra al mismo tiempo.
Quiero que sepa que millones de personas como yo por todo el país
seguiremos oponiéndonos a sus políticas y a sus guerras
y que consagraremos nuestras vidas al ejercicio de una resistencia
pacífica a las guerras de Estados Unidos. Me dedico a viajar
de tiempo completo por el país hablando a decenas de miles
de estudiantes y fieles y encuentro muy poco apoyo a la guerra.
Seguiremos orando por la paz, desfilando por la paz, hablando alto
por la paz, trabajando por la paz, y resistiremos su empecinada
oposición a la paz. Podría ahorrarnos muchas molestias
y ahorrar más muertes por el mundo asumiendo una postura
elevada, adoptando la visión de la no violencia, ejerciendo
un auténtico liderazgo moral y encaminándonos por
un nuevo sendero hacia un mundo sin guerra, hambre, opresión
o injusticia. Esa es la única forma de garantizar que no
habrá más atentados terroristas.
Que el Dios de la paz nos bendiga a todos.
Atentamente, P. John Dear"
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