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PRESENTACI�N
Un joven que se prepara hoy en d�a para la vida
sacerdotal, percibe r�pidamente que tiene que tener un m�nimo
conocimiento de muchos campos del saber, si quiere ser efectivo
en su respuesta al mundo actual. Y si se est� formando para ser
sacerdote en la ciudad de Bogot�, los retos saltan a la vista
por s� solos. Desde luego que tendr� que tener una s�lida formaci�n
teol�gica y pastoral y una vida espiritual y moral que sea a la
vez luz para s� mismo y para los dem�s. Pero hay muchos campos
por abarcar.
Bogot� plantea, junto con el pa�s, unos interrogantes
que merecen ser abordados con profundidad por quienes la servimos
en labores pastorales, ya como sacerdotes, ya como seminaristas.
La compleja realidad de los derechos humanos, tan vilipendiados
en el pa�s y tambi�n en las condiciones socioecon�micas de esta
ciudad, no nos puede pasar desapercibida. La renuncia pr�ctica
a la fe que muchos cristianos han hecho al sumergirse en un mundo
obsesionado con la producci�n y el pragmatismo, plantea serios
interrogantes al evangelizador. Bogot�, a�n con lo que sabemos
de ella, sigue siendo una realidad por definir con claridad y
una realidad que millones de personas recorren a diario en medios
de transporte que parecen mantener en estado de sopor y silencio
a los ciudadanos. Todo esto hay que mirarlo con detenimiento y
as� lo hacen algunos de nuestros escritores en esta ocasi�n, en
este n�mero once de la revista del Seminario de Bogot�.
Inevitable y necesariamente vuelven los seminaristas
sobre la realidad sacerdotal. Es su sue�o y es su reto, hoy m�s
complejo que nunca. Rememoran a los sacerdotes que ya han hecho
un largo recorrido pastoral, se preguntan por el perfil m�s adecuado
para los tiempos presentes, tratan de especificar cu�l sea la
verdadera espiritualidad del sacerdote diocesano y se inquietan
por saber c�mo hacer de su oraci�n un c�ntico verdadero y no un
simple acto rutinario, a veces, distante de su propio coraz�n.
Nunca ser� suficiente el tiempo, la reflexi�n y el estudio que
se haga sobre la realidad sacerdotal pues sus dimensiones son
tan hondas como la persona misma de Cristo y las necesidades de
los hombres.
Un n�mero m�s bien
variado es el que ahora presentamos. La vida es variada. Los intereses
var�an de persona a persona y ah� est� la riqueza de la humanidad.
Sin embargo, nos anima un solo prop�sito en esta tarea: no dejar
ni un instante de pensar y de comunicar nuestro pensamiento. All�
se deben reflejar nuestras grandes inquietudes y all� deben surgir
nuestros aportes a la marcha de la Iglesia y de la misma humanidad.
P. Rafael de Brigard
Director
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