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�UN PROYECTO DE PASTOR?

Wilson Cobaleda C�rdenas

A�o de Pastoral

Considero que ha faltado pensar, adem�s del proyecto de vida, en el proyecto de pastor, es decir, en mi proyecto de pastor.

 

“Sucede que yo ten�a un plan...

� Pero no tuve tiempo de cont�rselo a nadie !

El llamado fue tan fuerte, tan insistente

�que ni siquiera pude hablar sobre mi proyecto ! 

�Yo ten�a un plan de vida !

�Todo estaba previsto !

Pero el Se�or Jesucristo

ten�a su plan tambi�n. !” 1

“Yo ten�a un barco y una red.

Mi barco se deslizaba y navegaba mar afuera.

Yo arrojaba mi red y, a veces, llenaba el barco,

y, a veces, no pescaba nada...

Un d�a �l pas� a mi lado y me dijo :

Deja las redes y el barco. Ahora vas a pescar la humanidad.

�Ven conmigo !

Y yo fui”.2

Como fruto de una reflexi�n en la cual particip�, cuyo tema era “Yo soy el Buen Pastor”,� y enriquecido por los frutos de� mi formaci�n,� me sent� impulsado a escribir este ensayo.�

Reconociendo lo valioso que ha sido la� experiencia en el A�o de Pastoral, y apreciando mi proceso formativo, quiero expresar aquello que como futuro pastor considero que es necesario fortalecer o incluir dentro de la formaci�n en el Seminario.�

Un d�a, Jes�s llam� a Sim�n Pedro, a Andr�s, a Mateo, a Santiago, a Juan, y dem�s ap�stoles, y los involucr� dentro de su misi�n dada por el Padre.� A unos los llam� desde su condici�n de pescadores ; a otro desde su labor como recaudador de impuestos, etc.�� Del mismo modo, Jes�s llam� a cada uno de los sacerdotes del mundo, a cada uno de los sacerdotes de nuestra Arquidi�cesis, y, por supuesto, a nosotros los seminaristas que queremos responder a ese llamado.

Pero... �Para qu� nos llam�? �Para enviarnos a predicar ? S�, pero eso no fue, ni es su primera intenci�n, seg�n el Evangelio de Marcos 3,14.� En este pasaje leemos que Jes�s llam� a unos hombres - primero - para que “estuvieran con �l” , y luego s�, para “enviarlos a predicar”.

Cuando nosotros nos vinculamos a la formaci�n del Seminario buscamos responder a ese llamado que nos hace Jes�s, - como lo hizo antes� a otros hombres -,� para “estar con �l” primero que todo.� Tal invitaci�n supone el sentirse cada d�a “caminando con Jes�s”, conoci�ndolo e identific�ndose con �l y con su proyecto. Estar con �l, implica� el ir reconociendo y acogiendo los valores de la persona de Jes�s por medio de su Palabra ; implica ver con la mirada de Cristo, pensar como Cristo, obrar como Cristo, etc.� Por supuesto que tales logros se pueden alcanzar de manera din�mica y progresiva, desde la formaci�n en el Seminario, pues a esta instituci�n se ingresa no siendo “sacerdotes”, sino para formarnos como sacerdotes.� El tiempo y los medios se nos brindan, en lo posible,� para discernir y alcanzar tal vocaci�n.

Estar con �l, con Jes�s, es ser con �l otro Cristo, que acoge el plan que el Padre me tiene preparado. La vocaci�n a la vida presbiteral es entonces, camino con Jes�s, al lado de Cristo, de la mano con Cristo.�

Desde nuestra etapa primera en el Seminario empezamos a orientar la vocaci�n dentro de un proyecto de vida : mi proyecto de vida.� Con ello se busca que el joven que se forma en el Seminario - reconoci�ndose como persona, con capacidades, cualidades y defectos - encause su vida y la vocaci�n a la cual se siente llamado, dentro de un proyecto de vida, de manera que pueda ir viendo y evaluando su proceso personal, a la luz de Jesucristo� y de la formaci�n que est� recibiendo.�

No cabe duda que identificarse dentro de un proyecto de vida personal es de incalculable valor.� Quien vive fuera de un proyecto personal de vida no tendr� claridad sobre su raz�n de ser y de elegir.� Nosotros tenemos esa posibilidad y la enriquecemos gracias a nuestros formadores y, de manera especial, a nuestro director espiritual.

Pero en aquello que quiero profundizar directamente con este escrito es en lo siguiente :� todos comprendemos que dentro del proyecto de vida personal, l�gicamente consideramos el llegar a participar un d�a de las �rdenes sagradas del diaconado y presbiterado.� Si as� no lo fuera estar�amos en el lugar equivocado. M�s a�n: las metas que uno se propone a nivel intelectual, espiritual, comunitario y apost�lico se orientan a formar de manera �ntegra al futuro sacerdote. Sin embargo, considero que ha faltado pensar, adem�s del proyecto de vida, en el proyecto de pastor, es decir, en mi proyecto de pastor. �C�mo as�? Aunque en el proyecto de vida se contempla la figura del sacerdote como pastor, es preciso profundizar e involucrarse m�s concretamente en mi proyecto como pastor.

Cuando digo “mi proyecto de pastor”, no quiero afirmar que sea algo rotundamente m�o o de cada uno, pues sabemos que el Pastor es Cristo y que nosotros debemos formarnos a imagen de �l.� Pero s� es preciso acogerlo de manera directa y personal.

Considero que este segundo proyecto se podr�a tomar de manera seria y consciente desde la formaci�n teol�gica.� No estoy afirmando que el proyecto de vida sea inadecuado, pues, como lo dije antes, es de incalculable valor. Pero pienso que el seminarista que contin�a su formaci�n en la teolog�a, siendo escogido como candidato a las �rdenes sagradas y participando de los ministerios del lectorado y del acolitado, debe identificarse de manera m�s profunda� con el proyecto de pastor.�� Dios ha escogido a unos para que sean pastores y gu�as del pueblo, que camina hacia la Casa del Padre.

El proyecto de pastor debe dar a conocer a aqu�l que busca ser pastor, ser presb�tero dentro de la comunidad. El sacerdote es pastor si en �l se reflejan los valores de Cristo, Buen Pastor que anima, socorre, conoce, va en busca de la oveja perdida, pastorea y apacienta, hasta dar la vida por las ovejas.�

Si el seminarista o di�cono pr�ximo a ordenarse no� se reconoce como pastor ; m�s a�n, no reconoce su ser de pastor al estilo de Jes�s, dif�cilmente ser� la presencia de Jes�s pastor en la comunidad que se le confiar�.

Para llegar a ser pastor seg�n el coraz�n de Dios, es necesario tener la experiencia de que Cristo es mi Pastor. Si le reconozco como Pastor, me reconozco como oveja de su redil, que est� junto a �l para “estar con �l”, como lo dec�amos al principio.� Habi�ndome reconocido como oveja del redil, puedo luego sentirme llamado por el Pastor para apacentar su reba�o.� “El pastor es tomado de entre los hombres para dedicarse a las cosas que tienen relaci�n con Dios. Es elegido d�bil y vulnerable para que, como Jes�s, el Buen Pastor, pueda compadecerse entra�ablemente de las debilidades de quienes debe servir y pastorear”.3

No basta con contemplar en el proyecto de vida, mi vocaci�n de pastor.� Es preciso reconocerme dentro de un proyecto de pastor, teniendo como modelo a Cristo, Buen Pastor. En los a�os de teolog�a y, de acuerdo a los ministerios que el seminarista va recibiendo y en los cuales empieza a participar, la gente pide y espera de �l rasgos de ese pastor que a ejemplo de Jes�s, ser� la cabeza un d�a de la comunidad.� Aunque s�lo el ministro ordenado presb�tero es considerado pastor, es preciso que en los �ltimos a�os de la formaci�n el te�logo se piense ya como pastor, para que acoja aquello que lo debe identificar como presb�tero.

“En pocas palabras podemos decir que ser Pastor m�s que un oficio es una manera de vivir.� Es una proyecci�n de los sue�os de Dios, de su paternidad desbordante y responsable.� No es un tiempo y ni siquiera una parte de la vida.�� Es una consagraci�n plena y total para pertenecer a Dios, para acoger, engendrar, animar y acompa�ar a su pueblo”.4

El pastor debe escuchar y contemplar el plan del due�o de las ovejas. La comunidad necesita descubrir la presencia del Buen Pastor en aqu�l que �l ha elegido.

�Quienes nos formamos en esta Casa buscamos ser pastores al estilo de Jes�s, y de ello vamos a dar raz�n en nuestro trabajo pastoral un d�a.5 No olvidemos que el �xito del pastor no se expresa en su beneficio personal, sino en el beneficio que su presencia y labor produce en la comunidad. Lo que celebra y contempla el pastor con su comunidad debe producir que Cristo siga amando a las ovejas.

Para nadie es mentira que ser pastor al estilo de Jes�s es dif�cil, y m�s en estos tiempos. Pero el� reto est� ah� y hay que enfrentarlo. “Y cuando aparezca el Supremo Pastor, recibir�is la corona de gloria que no se marchita” (1 Pe. 5, 4).•

NOTAS

1 FERN�NDES, de Oliveira, Jos�, Pbro. No le digas no a Dios. Ediciones Paulinas. Segunda Edici�n, Bogot�, 1984; p�g. 16.

2 Ibid. P�g. 26.

3 PRECHT, Ba�ados, Cristi�n, Pbro. Un PASTOR que ACOGE y ACOMPA�A. CELAM.Colecci�n Tercer Milenio. Santa Fe de Bogot�, D.C. 199; p�g. 16.

4 Ibid. p�g. 37.

5 El padre Cristi�n Precht Ba�ados, secretario Adjunto del Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM, en su libro �PASTORES AL ESTILO DE JES�S� hace una excelente presentaci�n de la figura del sacerdote como pastor dentro de la comunidad. Es recomendable su lectura.

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