UNA ESPIRITUALIDAD NUEVA?
NO, UNA ESPIRITUALIDAD RENOVADA
Rafael Rodrguez Crdenas
Tercero de Teologa
El trabajo monogrfico
que estoy realizando (Dimensin espiritual del sacerdocio, segn
Juan Esquerda Bifet), tiene como fin escudriar el perfil del
buen pastor para el siglo XXI que nos presenta Juan Esquerda
Bfet, especialmente en su obra: Teologa de la espiritualidad
sacerdotal. En ella expone la vida del sacerdote, como una
vida esencialmente relacionada no con una idea o con un programa,
sino con la persona viviente del Seor. La finalidad es descubrir
el perfil del pastor que necesita nuestra Iglesia Particular
de Bogot para el siglo XXI. No es un tratado histrico sobre
el ministerio, ni un manual de respuestas o soluciones ministeriales
de frente a la realidad social; se pretende adquirir
una conciencia ms clara de la identidad sacerdotal, que es
ms una cuestin de vivencia que de exposicin o disquisicin
terica. Mostrar que esta vivencia tiene su punto de arranque
en una iniciativa de Cristo, que nos llama para estar con l
y para enviarnos a predicar, y que esta llamada o vocacin sacerdotal
es una participacin en el ser (consagracin) y en la misin
de Cristo Sacerdote. La espiritualidad o estilo de vida
apostlica sacerdotal estar siempre en relacin estrecha con
el hecho de participar en el ser sacerdotal de Cristo, para
prolongar su palabra, su accin sacrificial, salvfica y pastoral.
Es, pues, una espiritualidad que se basa en el hecho de ser
enviados, de modo permanente, por Cristo Resucitado1.
Mostrar tambin que aquella llamada fue un encuentro que se
convirti en misin, a travs de un proceso de amistad y de
sintona con los criterios, la escala de valores y las actitudes
del Buen Pastor. La vida sacerdotal es, pues, relacional,
como de amistad vvida en la presencia permanente del Seor2.
Tiene como fin mostrar tambin que la espiritualidad
sacerdotal significa un estilo de vida como el de Jesucristo,
es decir, una vida segn el Espritu y que, para ser testigo
y signo del Resucitado se debe vivir segn el Espritu de l
mismo que nos convierte en sus testigos, en unas circunstancias
humanas con cretas de lugar y
de tiempo, siendo as constructor de la comunin y artfice
de paz en un mundo dividido por las guerras, las discordias
y las ideologas; un sacerdote que ame y acoja, que sirva y
se entregue por su Iglesia.
Este trabajo,
adems de contener las ideas (a mi juicio) ms sobresalientes
de Juan Esquerda Bifet, pretende llevar un mensaje a todo aquel
que llegue a leerlo. Este autor, tan profundamente cristiano,
nos ofrece en su pensar los elementos para una reflexin (una
nteriorzacn) acerca de nuestra razn de ser, de nuestra
misin en el mundo. La concepcin del autor sobre la espiritualidad
sacerdotal est impregnada de un cristianismo autntico, de
una experiencia misionera y de una intimidad profunda con el
Resucitado.
Su reflexin
nos ayuda a descubrir las maravillas del amor de Dios en cada
persona que pasa a nuestro lado, especialmente en los pobres,
enfermos, nios, marginados, olvidados, personas que conviven
con nosotros y cuyos valores y servicios quedan en el anonimato.
Nos ayuda a vislumbrar la obra de arte de amor que Cristo est
realizando en cada uno de nuestros prjimos. Esto exige a quien
se prepara para recibir tan gran ministerio, un conocimiento
de la espiritualidad sacerdotal, no cimentada en pensamientos
abstractos y pasados sino en doctrinas contemporneas fieles
al modelo de pastor que quiso y quiere el Seor Jesucristo.
Considero que
la sntesis teolgica mejor lograda sobre el sacerdocio, en
esta poca postconciliar es la que presenta Juan Esquerda Bifet,
en sus obras, especialmente en: Teologa de la espiritualidad
sacerdotal. Profundiza acerca de la misma en
pensamientos contemporneos a la luz del Evangelio y del modelo
de Jesucristo Buen Pastor. No es una espiritualidad desencarnada
o inalcanzable, sino una espiritualidad en favor de los hombres,
fundamentada en el verdadero Hombre: JESUCRISTO.
Su espiritualidad
sintoniza con los cambios tan rpidos y profundos que envuelve
nuestra sociedad y que parecen forjar una nueva etapa histrica
ms tcnica y pluralista. Estos cambios llevan al hombre a preguntarse
angustiosamente sobre su misin en el mundo, sobre sus esfuerzos
individuales y colectivos, sobre el sentido ltimo de las cosas
y del hombre (GS. 3).
Se experimenta hoy un materialismo individualista,
un consumismo que lleva al deterioro de los valores familiares
bsicos, de la honradez pblica y privada, etc, y, con todo
esto es una sociedad que nos cuestiona (GS. 7). Ve que, a veces,
nuestro concepto de Dios es de una idea o de una cosa til,
que no se nota mucho un convencimiento de nuestra vocacin y
gusto por lo que estamos haciendo; parecen primar otros intereses
que no son coherentes con nuestro estilo de vida.
Nos encontramos en una sociedad
que, aunque casi perdidos los valores humanos y cristianos,
pide signos claros de una vivencia radical y exige coherencia
y rectitud de vida. La gente misma tiene una conciencia muy
clara de que el sacerdote debe ser una persona distinta, que
convenza con un estilo de vida coherente, e ilumine con sus
intereses qu es lo que vale la pena para luchar en la vida.
Saben que en la voluntad del sacerdote deben primar slo los
intereses de Cristo. Para poder prolongar a Cristo, el
sacerdote arriesga todos sus intereses personales. Su espiritualidad
queda orientada a dar la vida, para poder prolongar la accin
y el estilo apostlico del Seor3.
Nuestra sociedad necesita signos
claros de la muerte y resurreccin del Buen Pastor. El mismo
autor lo entiende as cuando hablando del hombre tcnico se
refiere a que: Este hombre necesita signos y testigos
de la presencia de Dios y de Jess Resucitado; necesita hombres
que hayan experimentado el encuentro y el dilogo con Dios y
con Jess de Nazareth, que vive resucitado entre nosotros4
Hoy la gente pregunta sobre nuestra
experiencia de Dios (EN, 76), especialmente cuando pare
ce que Dios calla o est ausente,
cuando parece que Dios se aleja y abandona al hombre en los
momentos ms difciles de su vida. Esta realidad actual cuestiona
principalmente al sacerdote y le urge a redescubrir una dimensin
sapiencial y contemplativa, de modo particular cuando la pregunta
proviene tambin de religiones cristianas que se han separado
de la Iglesia Catlica y estn empeadas en la bsqueda de Dios
y que han quedado profundamente impresionadas ante el Dios Amor
predicado por Jess, del que el sacerdote debe ser testigo y
signo de su presencia amorosa (Hch. 2,32).
En definitiva nuestra sociedad no
pide una espiritualidad nueva, sino sacerdotes renovados y convencidos
de su ministerio. Necesita sacerdotes que encarnen, que hagan
vida el Evangelio y lo presenten en actitudes de acogida, de
escucha, de comprensin para con cada hermano que sufre, que
lucha, que trabaja, que le toca vivir la manipulacin de una
sociedad a la que slo le interesa la eficiencia, el rendimiento,
y se olvida que detrs de ese hermano que trabaja, que sirve,
hay una persona que necesita comprensin, amor, respeto. Un
hombre que sea consciente de que ninguna situacin histrica
y social por moderna que parezca escapa a la posibilidad humanizante
del Evangelio.
El sacerdote debe ser tambin un
experto en el conocimiento cultural, filosfico y social de
su comunidad. Adems de la prctica y la experiencia en la liturgia,
en la oracin, el sacerdote debe ser prctico en conocer y comprender
al hombre de hoy. Los evangelizadores deben ser expertos
en humanidad, que conozcan a fondo el corazn del hombre de
hoy, participen en sus gozos y esperanzas, y, al mismo tiempo,
sean contemplativos enamorados de Dios, capaces de poner el
mundo moderno en contacto con las energas vivificantes del
Evangelio5.
A la actividad pastoral del sacerdote no puede escapar ninguna actividad
humana concreta: familia, progreso, cultura, economa, trabajo,
poltica, etc. Pero debe ceirse a lo que es su trabajo especifico:
Garantizar la luz del mensaje de Cristo, que llega a toda
situacin humana concreta, sealando directrices claras sobre
los derechos fundamentales, denunciando el error y el mal, respetando
las personas y dejando en libertad las mltiples posibilidades
de las opciones tcnicas6.
En ltimo lugar mencionando lo ms esencial
en la vida del presbtero, debe ser un hombre muy cercano al
ser humano en su situacin concreta. La cercana sacerdotal
al hombre concreto debe ser una prolongacin de la actitud permanente
del Buen Pastor, que vino para evangelizar a los pobres (Lv.
4,18). El Seor se acerc a todos, especialmente en las circunstancias
de bsqueda (Nicodemo, Zaqueo), de pecado (Samaritana, Magdalena),
de enfermedad (ciegos, leprosos, paralticos, etc) de pobreza
material, de marginacin, etc. Debe el ministro ser consciente
de que es en estas circunstancias en las que el hombre est
ms dispuesto a recibir el Evangelio, que le puede liberar del
propio egosmo, o de las propias pasiones y de la opresin de
los otros, por un camino de justicia y de verdad en la caridad
(Ef 4,15). La ciudad necesita sacerdotes expertos en
humanidad, que conozcan a fondo el corazn de su gente para
darle sentido a su actividad humana y hasta su misma existencia.
NOTAS
1
ESQUERDA BIFET, Juan, Te hemos seguido. B.A.C. Madrid,
1986. p 49
2
IBID., p. 69
3
IBID., p. 58
4
ESQUERDA BIFET, Juan, Teología de la espiritualidad
sacerdotal. B.A.C. Segunda edición. Madrid, 1976, p.17,
5ESQUERDA BIFET, Juan, Signos del Buen Pastor. Vol 1.
Celam. Primera Edición. Santafé de Bogotá,
1989, p.28
6ESQUERDA BIFET, Te hemos seguido. p. 115