Es hora de
desenterrar el tesoro,
para compartir sus riquezas con
los demás…
Por Yarolt
Contreras, estudiante del último año de formación del Seminario
y en la actualidad, Diácono
de
Quisiera
compartir con los lectores de la página del Seminario -cuando estoy a pocos
meses de culminar mi proceso de formación inicial- lo que ha significado para mí, la experiencia formativa en esta Casa,
aunque, de antemano, sé que es imposible abarcar en pocas palabras, el
reconocimiento de todos los dones, las oportunidades, los encuentros formativos
y los rasgos del perfil sacerdotal que el proceso educativo del Seminario ha
forjado, con
En primer lugar, el Seminario se ha convertido en Escuela de Discipulado, como lugar privilegiado donde tuve los
espacios y las oportunidades de encontrarme con el Señor y de instruirme a
través de
En segunda instancia, el Seminario se convirtió en espacio privilegiado para la maduración humana, afectiva y comunitaria de mi vocación, permitiendo a través de todas las herramientas ofrecidas, el crecimiento en la sana autoestima, el autoconocimiento, la autoaceptación de mis limitaciones y el aprovechamiento de mis cualidades al servicio de mis hermanos de comunidad y de las diversas personas que encontré en las distintas comunidades parroquiales, a las cuales he servido y a quienes recuerdo con agrado.
En
un tercer momento, esta Casa, orientada hacia la formación de verdaderos pastores a ejemplo de nuestro señor Jesucristo,
Maestro, Sacerdote y Pastor, me brindó los instrumentos necesarios para
crear en mí, una inteligencia creyente, amante de
En cuarto lugar, esta Casa y todos los que en ella viven, me enseñaron a través de la vida comunitaria, a valorar el don del otro, de su vocación y de la gradualidad de su respuesta en este proceso. Eso enriqueció mi cercanía y fraternidad con cada uno de ellos, así como la visión sobre el otro y sus riquezas, que con el paso de los años, se fue ampliando y convirtiendo para mí en continuo ejercicio de mi corresponsabilidad frente a sus procesos.
¿Qué
decir en el ámbito de la experiencia pastoral? El aprendizaje y la adquisición de la sabiduría, las habilidades y el
corazón del Buen Pastor que hoy se necesitan en el testimonio y la acción
pastoral de nuestra ciudad, fueron constantemente forjadas en mi proceso, a
través de las prácticas pastorales que el Seminario me brindó durante estos
años. Con gratitud, recuerdo las
Parroquias de Santa María de Caná, Santa María de Jerusalén y María Estrella de
Evangelización, al periódico El Catolicismo, al Centro de Pastoral Vocacional y
Por
lo tanto, vivir y formarse en el Seminario, es una opción que implica coraje,
conciencia y responsabilidad, de frente a la decisión asumida. Se requiere una
profunda opción de fe en Jesucristo y en
Al concluir este proceso de formación inicial, me siento comprometido a retribuirle a Dios en primer lugar y al Seminario, todo lo que me han concedido en estos años de la única manera que puede corresponder a lo recibido: con el buen ejercicio del ministerio a favor de los fieles y de las comunidades donde sea enviado por el Señor Arzobispo. Esto implica pensar que la formación es un proceso inacabado y que antes bien, es necesario continuar el proceso desde otra modalidad, bajo la perspectiva de un nuevo horizonte que se visualiza y que permite divisar nuevos campos con tesoros, que exigirán por aquello mismo que poseen entrañablemente, dejar todo lo que se tiene para adquirirlos, desenterrarlos y compartirlos en sus riquezas con los demás.