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Cardenal
Eduardo Pironio
Alegr�a
de la perfecta asimilaci�n del Verbo:
de realizar plenamente
la imagen de Cristo en la tierra, de asimilar su alma filial, sacerdotal
y de v�ctima. De ser plenamente Cristo a los ojos del Padre. Por
consiguiente, ser su permanente y sustancial glorificaci�n.
Alegr�a
de ser mediador:
de realizar la idea fundamental de la mediaci�n de Cristo: hundido
en la Trinidad y hundido en los hombres. De ser la s�ntesis de la
humanidad ante el Padre. Experimentar la alegr�a inagotable y siempre
nueva de la Liturgia: de la Misa y del Breviario.
Alegr�a
de ser ministro y dispensador,
es decir, instrumento vivo de la Trinidad. No s�lo representante.
El ministerio sacerdotal no es una simple legaci�n, sino
una verdadera instrumentalidad viva. En la misma l�nea de la instrumentalidad
sacramental y de la instrumentalidad f�sica de la Humanidad de Cristo.
Aunque en un plano de causas segundas: s�lo la Trinidad es causa
principal de la gracia; la Humanidad de Cristo es causa instrumental
primera; los sacerdotes y los sacramentos son causa instrumental
segunda. �La definici�n del ministro es id�ntica a la del instrumento�.
Alegr�a
de darse siempre:
de sentir que las almas
lo van devorando en la caridad y que Dios mismo lo va consumiendo
en el amor. Alegr�a de sentir que su vida va siendo fecunda, no
en la medida en que aparece y brilla, sino en la medida en que se
entierra y se ofrece. Alegr�a de saber que somos �tiles cuando el
Se�or nos inutiliza.
Alegr�a
del desprendimiento, de la liberaci�n:
de no pertenecerse,
sino de pertenecer a la Iglesia y a las almas. De no ser due�o de
sus cosas, de su tiempo, de su salud y de su vida.
Alegr�a
de la virginidad sacerdotal:
cuando la castidad es plenitud espiritual y no ausencia o represi�n.
Es plenitud de amor y condici�n de verdadera paternidad. Es participaci�n
de la virginidad fecunda y luminosa del Verbo y de Mar�a Sant�sima.
Alegr�a
de saberse amado particularmente por el Padre:
porque el padre no ama sino a Cristo. Y el sacerdote es plena realizaci�n
de Cristo.
Alegr�a
de la cruz:
porque sabemos que entonces es infaliblemente fecundo nuestro ministerio.
Y en la medida de la cruz est� la medida de nuestro gozo. San Ignacio
M�rtir escribe a los Romanos: �Oh, hermanos m�os, no quer�is
poner obst�culos a mi felicidad, no me quit�is esta alegr�a�.
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